Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]

20140112

El personaje

(Relato inspirado en Audiosurf, LCD Soundsystem)


Caminarás por esa calle todos los días, la misma calle gastada con sus grietas y sus plantas que se marchitan y sus polvos en cada acera y sus carros mal estacionados en cada esquina. Caminarás de cierto con la cabeza gacha porque después de tantos meses te podrás el camino de memoria: el mismo vendedor ambulante de café ofreciendo el mismo pan dulce, el mismo vendedor al que no mirarás nunca a los ojos; la misma joven empleada de gobierno, apresurada por llegar a tiempo a la oficina, el mismo carro azul que tocará dos veces el claxón y maldecirá siempre a las siete y veinticinco. Siete y veinticinco, sabrás todos los días. Caminarás al oír el claxón y sabrás que vas a tiempo, demasiado temprano para lo impuntuales que son tus compañeros, demasiado a tiempo todos los días, casi como para ir a abrir las puertas, casi como para ir a poner el café, casi como para leer todas las noticias matutinas. Al legar a la esquina caminarás como si nada, aminorarás el paso porque odiarás llegar tan temprano, cuando las ventanas todavía no ha sido abiertas y el encierro de la oficina delata a los que en la noche, mientras hacían el turno, se fumaron más de un cigarro en los pasillos que estará prohibido. Aminorarás el paso, sí, levantando un poco la vista, dándote cuenta de que es noviembre y a algunos árboles se les estarán cayendo las hojas, como un otoño verdadero, como un norte en el que no estarás, ni nadie, como un norte europeo en el que quisieras estar pero no, estarás aquí o allí o en ese lugar equis, como querrás llamarle. Caminarás sintiendo cómo se desgastan a tu paso una milésima de centímetro cada una de tus suelas. Caminarás y en el silencio ensordecedor de la mañana querrás que tus pasos suenen más fuerte, querrás oírlos resonar como tambores, como un tan-tan-tan o pom porom pom pon de desfile, para que aplaquen la bulla de carros y gentes y movimiento y vida, una vida que no querrás entender ni compartir, una vida que querrás que se cuele entre tus suelas como las briznas minúsculas e imperceptibles de polvo o de la caca petrificada de ese perro que se te cruzará antes de pasar a la otra calle exactamente a las siete treinta y tres, el perro famélico y callejero con la piel pegada a las costillas que serán tan fácil contarle, el perro que te mirará a esa hora con los ojitos de súplica esperando que le tirés al menos un pedazo de galleta de la que sabrás que va en tu mochila porque la habrás guardado antes de salir, antes de salir y después de contestarle su mensaje de esa mañana, su buenos días como todos los días, el buenos días que te despierta o te termina de despertar todas las mañanas, el buenos días que es como un augurio o un prólogo o un llamado o una esperanza, de esas que no son verdes ni azules ni de color definido, más bien una esperanza de color amable, de color divertido con recónditos escondites en donde colgarse, caminarás y pensarás que es como un minúsculo libro en donde entrar, porque cada mañana te esperará en silencio con una nueva historia que contarte y reconstruirán cada historia entre los dos, entre los dos encontrarán finales posibles porque a esas alturas estarán aburridos de la realidad de papeleos y ajustes y reuniones y más papeleos y más ajustes y más reuniones y más reuniones y más reuniones y se hablarán bajito buscando los posibles caminos, las posibles salidas a cada uno de sus embrollos, para lo que ella será especialista: enredarse en las más absurdas historias, “tenés una maña para conocer personajes ficcionables”, le dirás en una de esas, porque será la verdad, su vida parecerá mentira, su vida parecerá una montaña rusa y querrás subirte con ella cada mañana, cada día, cada medio día, cada noche... Caminarás la siguiente cuadra pensando en qué cuento inventarán ahora, en qué canción va a ser parte de la pista musical de este día. Hoy vendría bien LCD Soundsystem pensarás, mientras las hojas de los tales árboles crujen bajo tus pasos que ahora sí suenan pero no como tambores, sino como un cronch-cronch demasiado aturdido; pensarás que vendría bien algo electrónico cuando las hojas ya demasiado secas se quiebran bajo tus suelas, bajo tus pasos, bajo tus zapatos que gastarán una milésima de centímetro cada mañana. Caminarás un poco más rápido con todo el polvo y caca de chucho y hojas secas que se han ido pegando en tu silencio, y en la última esquina que tendrás que cruzar, una señora te preguntará la hora, la hora qué es todos los días, te lo preguntará como si fueras profeta o adivino o al menos mago, te preguntará la hora a la misma hora todos los días y entonces sabrás que ya estarás más cerca, que serán las siete y cuarenta y seis y que tu oficina estará a la vuelta y le dirás la hora amablemente y ella seguirá su camino como una piedra que va rodando cuesta abajo, con una mirada triste que no te importará descifrar porque estarás ya en la esquina y te caerá un mensaje recordándote que hay una nueva historia para este día, y que tendrás la oportunidad de hacer lo que querrás con este nuevo personaje, que este personaje es tuyo. Eso te dirá en el mensaje y caminarás por esa calle, esa misma calle de todos los días y a esa hora el sol se colará entre los árboles dándole al paisaje un aura misteriosa y pasará un carro, el mismo carro de las siete cincuenta y uno y levantará hojas, basuras y todo lo que irremediablemente queda en la calle, pero ya no estarás allí para mirarlo. Estarás abriendo la puerta. Estarás entrando a la oficina con olores a cigarros y a café y a gente recién bañada y ella estará allí sentada, ofreciéndote su sonrisa a medias. Te acercarás a ella esperando a que comience. Ella se agachará como para contarte un secreto. Vos la oirás con seriedad y atención, mientras ella se proclama diciendo: “caminarás por esa calle todos los días...”

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