Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]

20140129

La comida


Texto inspirado en Metropolis, Owl City


Tomó la pequeña caja metálica y el trozo de mantel que llevaba a diario. Buscó el lugar más apartado y cómodo del jardín trasero, debajo de una palmera artificial que le servía como sombra. Extendió allí aquel trozo de tela corroída que, pese a ser usado a diario, siempre parecía curiosamente limpio.
Se sentó y sacó su comida. Sin prisa, comenzó a almorzar. Aquellos 20 minutos de pausa en la Corporación eran sagrados para ella, una especie de ritual.

Comía sola. El resto de obreros se acurrucaban junto al muro exterior de la sección C del edificio 3 de la Corporación, uno junto al otro, casi codo a codo, disputándose la sombra que proyectaba la estructura y la sensación de frescura que les proporcionaba el contacto con aquel muro gris.

A ella, la que comía sola, la miraban con desprecio o, en el mejor de los casos, con indiferencia. No era solo que comiera sola, que tuviera la desfachatez de preferir la grama artificial al piso del patio, como el resto, sino que además comía despacio, en un ritual religioso que abarcaba los 20 minutos de la pausa. 

Los demás, exhaustos, engullían la ración lo más rápido que podían, a modo de aprovechar el tiempo restante para cerrar los ojos y hacer un simulacro de siesta. Aquel muro parco se mimetizaba entonces con el gris de los trajes de aquellos seres agotados, inmóviles y silenciosos, hasta que la sirena avisaba que había finalizado la pausa.

Pero antes, mientras tragaban la ración la observaban, despreciándola por lo que interpretaban como un tonto afán de superioridad. Ella, tan obrera como el resto, tan de gris como el resto, comía sola, bajo un trozo de plástico que simulaba una palmera y, para colmo, se atrevía a no comer la ración como se debía.

Desde hacía un par de décadas el dinero había sido sustituido por una especie de sistema de intercambio trabajo-por-bienes. Se trabajaba para las corporaciones y se recibía el pago a través de una tarjeta que sólo servía para comprar lo que la corporación en cuestión producía. La gente, entonces, comenzó a intercambiar los productos y así aún había algo de variedad.

Pero en las ciudades de la periferia, como esta, sólo existía una gran corporación y no había modo de adquirir cosas que no fueran despachadas por la misma, dependiendo del puesto y salario que se tuviera.
Así, la comida se limitaba a la ración: una proteína sintética que asemejaba a lo que en otros tiempos debió ser la carne molida, grasa también sintética, papas y pan, que se cosechaban dentro de la sección B del edificio 1.

La gente mezclaba la carne con las papas en una especie de guiso, y lo comía frío en la pausa de la 1 de la tarde, alternando grandes cucharadas de ración con mordidas al pan.

Pero ella no comía eso. De lejos la veían sacar cada vez cosas diferentes: ese lunes era una torta de carne metida entre dos trozos de pan, y unas papas que había cortado muy finas y sofrito con cuidado. Comía despacio, saboreando cada bocado con la parsimonia de quien no tiene aún una jornada de 7 horas de trabajo que completar. Terminaba justo antes del toque de la sirena, doblaba su mantel y regresaba a su puesto.

Ese día, una mujer un poco mayor que ella no soportó más, y le gritó, a modo de reclamo: "¿Acaso no tienes miedo?".

"Miedo", pensó ella. En aquel sitio el miedo era el sentimiento común entre la gente que, conforme y desesperanzada, agradecía tener un trabajo en la corporación para poder comer y vestirse, tener derecho a la ración y a los trajes grises. Afuera, cientos de menos afortunados morían de hambre, mataban para robar raciones, o sucumbían producto de cualquier enfermedad cuyo tratamiento no pudieran costear.

Recordó entonces a sus padres, fallecidos un año atrás luego de contraer una fiebre. Ella había solicitado, en vano, que los atendieran en la Corporación, y luego hizo un pedido de medicinas como si fuesen para ella. Cuando el pedido fue aprobado, sus padres llevaban tres meses de muertos.

Era ya de noche y caminaba hacia su casa. "Miedo", seguía pensando. El miedo era el motor que hacía funcionar aquella maquinaria que en otros tiempos se hacía llamar sociedad. El monstruoso capitalismo que controlaba todo los había vuelto piezas iguales de un mismo aparato, los había vuelto individuos idénticos, al mejor estilo de la utopía comunista que alguna vez, cuando niña, escuchó relatar de boca de su padre. Solo que aquí nadie era feliz. Todos tenían miedo, por miedo se levantaban en la mañana, por miedo iban a trabajar, con miedo regresaban a sus casas y se encerraban durante la noche.

El miedo, por supuesto, era a la muerte. La marginalidad, la incapacidad de comprar medicinas o alimentos, la violencia que cada vez era más cotidiana, todo llevaba a lo mismo, a la muerte. Para ella, en cambio, esa inminencia de la muerte había sido una suerte de liberación. Desde que se había quedado sola veía todo de forma distinta, y más que miedo había llegado a una especie de aceptación. Por eso buscaba, a toda costa, que sus días no fueran idénticos. Por eso veía el cielo y disfrutaba el agua y llenaba sus pulmones del aire limpio que aún se respiraba bajo el domo de la Corporación.

Por eso se fascinaba ante la vista de algún pájaro, cada vez más raro en aquella remota Metrópolis. Por eso ponía su alma en cada cosa que hacía, desde limpiar su minúscula casa hasta atender su segmento de la línea de producción en la Corporación.

La muerte, la inminencia de la muerte, la había hecho feliz, por primera, vez, desde que era niña. Ese convencimiento de que la vida era algo sumamente frágil y efímero le ayudaba a disfrutar cada momento, cada minuto, y la motivaba a preparar cada noche su almuerzo para el día siguiente, con el primor de un condenado que alista su última comida.

Pensaba en todo eso y sonreía. Y así, sonriendo, continuó el camino a su casa. 

Therion, el metal sinfónico y las sinergias



Esta semana las Non-Girly Blue escribiremos relatos inspirados en Wine of Aluqah, una de mis canciones favoritas de Therion.
El metal sinfónico es, para muchos, un gusto adquirido. El primer paso es superar el prejuicio. Mucha gente tiende a vincular el género del metal con ruido, estridencia y hasta satanismo. Aunque mis gustos personales van más al heavy y al speed metal, he descubierto en el metal sinfónico piezas de una enorme belleza, con una ejecución preciosa y discos completos que te empilas a escuchar de principio a fin porque cuentan historias.
Esta fue la primera vez que me tocó sugerir la canción que nos inspiraría los textos de la semana. Me decidí por Therion porque el grupo de mujeres que escriben en este blog tienen gustos musicales variopintos, pero siempre encontramos sinergias. Nos une el gusto por la música, el apetito por descubrir y que no le tememos a lo nuevo. Karla, como sabrán, tiene gustos musicales parecidos a los míos, pero para el resto será la primera vez que escuchen metal, metal sinfónico, o simplemente a Therion.
Espero que todos disfrutemos este experimento, y ojalá más de alguno le encuentre gusto a este género musical, en lo que a mí respecta estoy ansiosa de leer lo que mis compañeras escriban.
Que tengan una buena semana.

20140127

La ciudad.


(Relato breve inspirado en Metrópolis de Owl City)

Caminaremos por las calles de la ciudad buscando las sombras entre escombros de un día que pasó: bártulos por todas partes, olores a podredumbre, papeles que se lleva el viento, chuchos viejos y algo moribundos arrastrando las patas y las garrapatas. Caminaremos por las calles de la ciudad, te digo, hasta un parque iluminado algo sepia con una glorieta pre-histórica y miles de árboles que de seguro ya están hartos de ver pasar tanto cuento como el de nosotros: manita agarradas como adolescentes, sonrisas algo tontas, las ganas de borrar las vidas y ser solo ese par de vidas. Así como las nuestras. En esa glorieta probablemente yeda a miados, y a hombres que pasaron y descansaron y a mujeres que lloraron sin consuelo y a sonrisas cholcas y a ganas y a sexo. En esa glorieta no me va a importar cómo huele, porque vos y yo también vamos a tener ganas allí. Ganas de ser lo que no somos. Y te voy a ver a los ojos. Sin preguntas. Y me vas a ver a los ojos. Sin miedo. Con carros que pasan a lo lejos sobre calles llenas de cartones y basura y pasos que se alejaron y se encontraron y se alejaron otra vez y se volvieron a encontrar y así infinitamente hasta llegar allí, donde vos y yo solo vamos a ser dos sombras más en la noche, alejados del infortunio ese. Este. Y te voy a besar. Te lo prometo. Y tal vez deje allí mi corazón. Pequeño, febril, aprimaverado.

20140126

"Metropolis" - Owl City

El contraste, en eso se resume ese período. A pesar de que no era primera vez, para ninguna de las dos, que había que acostumbrarse a algo nuevo -- hablando de las veces que a una le había tocado mudarse de casa, y a la otra de colegio y de grupos extracurriculares -- este fue de los cambios más decisivos, para ambas; y no lo vivieron igual. Contraste, choques, como colores que paradójicamente van bien juntos; pero ellas se conocían.

Cambiar de ciudad, de país, de cultura, de necesidades, de ritmo, de opinión. No basta con hablar el mismo idioma que ellos: hay cosas que no podés traducir, porque culturalmente no se dicen. Va a haber un choque, vas a vivir y convivir con diferencias que hasta te pueden seducir. No es que sean tan extraños los nuevos contextos que uno no tiene más opción que extrañar: es que uno no tiene más opción que aprender, y el reto es acostumbrarse a dejarse llevar, a seguir adelante e incluso romper con la idea de que allí vamos a estar, pues porque sí se conocían ellas dos. Vivían juntas, es más. Y las palabras de aquel amigo comenzaron a tener sentido: "Te vas a dar cuenta que aunque vivás con alguien, vas a estar vos sola. Es sólo una persona más."

Las avenidas amplias, invadidas por el ruido del tráfico y el zumbido de las preocupaciones de quienes habitan esta gran ciudad, diferente al lugar en el que crecieron... Calcular cuánto tiempo se necesita para recorrer la distancia del apartamento a la parada, y del tranvía al campus; salvo que sea día de coger el bus, o el tren, de esos días de ir más lejos... Para después volver, y en el regreso contemplar las opciones más atractivas que la cocina para uno... Todo opaca la compañía, profundiza la privacidad y hace más agudas a las dudas. Y las personas nuevas que vienen y van, se pierden... Hasta que, con el tiempo, la perspectiva cambia y logras ver cómo hacen parte de este cuadrado que se ha ido pintando. Tan llenos de vacío eran los días que el cielo podía estar azul, coqueteando con algunas nubes que lo complementan perfectamente, y no se dejaba ver. Opacado por los edificios y estructuras que agudizan las dudas, que no les pertenece, que les pregunta qué están haciendo aquí. Son quiénes son por este viaje constante, que se volvió cotidiano; por atravesar las diferencias hasta encontrarse.

Entre copas y bebidas compartían la risa, las ganas de olvidar el día y la sed de que valga la pena. Se hacían una y otra taza de té, pues hace frío y sus respectivos secretos se querían conocer. El diálogo era el mejor ansiolítico, te mandaba a la cama conforme con tu soledad y tus preguntas. Estaban también el café y los cigarros, reservados para los momentos compatibles con el estímulo de la cafeína y la nicotina, momentos para confundir al placer. Quizás nadie las conoce como ellas se conocen, ellas quienes terminaron de conocerse a ellas mismas en el vaivén del cambio.

Compartieron el contraste entre ellas mismas y la ciudad que las acogió. La amistad quedó intacta, a pesar de que ahora no son las mismas calles, paredes y ventanas que las rodean. Parte de conocerte es conocer adónde vas a ir después, o adónde querés regresar, o adónde te querés quedar.

"Metrópolis" - Owl City



          Apareció al atardecer, atado en una de las rejillas de mi balcón, lleno de colores y un sobre color rosa. Mi nombre estaba impreso en finas letras doradas. Al abrirlo, mariposas diminutas volaron en todas direcciones y un collar con una pequeña llave color esmeralda cayó al suelo. Una corriente de aire me indicó que era hora de zarpar. Y así lo hice. Tomé la pequeña llave y la colgué en mi cuello y sin dudarlo, me embarque en ese globo gigante multicolor, emprendiendo un viaje por los cielos, entre nubes de algodón y dorados rayos de sol.


          Me elevé por los aires, hacia una travesía sin retorno, acompañada por bandadas de gaviotas, navegando sobre un océano de aguas turquesas y reflejos mágicos de sol sobre las crestas de las olas. Grupos de delfines saltaban emocionados de tal forma que parecía una danza sincronizada.

          Tomé la llave turquesa y la coloqué dentro del motor. El globo comenzó a a elevarse hasta que me me perdí en un cielo infinito color lavanda con pinceladas de nubes rosas en el horizonte. Por un instante, el tiempo se detuvo, no había nada a mi alrededor más que espacio. El mundo estaba allá abajo, tan distante y diminuto que parecía surreal. Pequeñas gotas de agua se condensaron en mi rostro. Una corriente de aire me arrastró hacia un bosque de nubes. Escapé de tormentas, esquivé imponentes montañas, y al anochecer, el mundo allá abajo se convirtió en una gigante constalación vibrante de energía y amor.

          Si, es cierto cuando dicen que el amor te eleva por los aires, llevándote por travesías indescriptibles. Más que un cliché, es una realidad. Así me encontré cuando llegaste a mí, disfrazado de globo multicolor. Aún después de este tiempo, sonrío como idiota enamorada, deseando verte una vez más. Como una adicción, una dulce adicción al placer que me provoca verte sonreir una y otra vez. 





NGB. DA20140126

20140124

Metrópolis

Relato inspirado por la canción homónima de Owl City.

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5:00 a.m.

La vida aún está a oscuras, tengo miedo de salir, de no encontrar nada a mi paso. Me da miedo todo... el viento, la soledad, el frío, no adaptarme, no entender, no aprender, los extraños, que me juzguen, que algo me salga mal, todo puede suceder y a esta hora todo es merecedor de mi miedo.

Me enfundo en mi sueter, no puedo quedarme acá encerrada, la casa es refugio solo cuando realmente el tiempo que paso es controlado, no me gusta estar sin trabajo, detesto no sentirme productiva, me aterra la idea de depender de otros... el dinero siempre ha sido un problema... ahora menos, pero no dejo de temer a la falta de él. Como si eso fuera importante.

Debo salir ya, ir al trabajo... ni siquiera sé si a esta hora pasan los buses ya. Una sola ruta me lleva desde mi casa a mi nueva oficina. El recorrido es corto, lo que me preocupa es que no a amanecido.

Tomo mi cartera, mis ganas de trabajar, mi coraje y mi mejor cara para enfrentarme a cualquier problema y salgo de mi casa.

Comprobé lo que se vislumbrara desde mi ventana... el sol no ha salido... la calles está sola, hace frío, el viento baila entre mi cabello suelto... camino a mitad de la calle, es la forma más segura de trasladarme desde mi casa hasta la parada del bus, al menos eso creo. Camino, escucho mis propios pasos, el retumbo de mi corazón, me abrazo a mí misma para guardar un poco de calor. Para consolarme un poco. Las últimas semanas no fueron muy buenas que digamos, pero... he sobrevivido a cosas peores. No entiendo por qué he sentido tanto temor en las últimas horas. Estoy loca... me lo digo en un murmullo mientras llego a la parada y espero el bus.

Justo entonces sucede.

Veo más allá de mi nariz y descubro mi ciudad... está ahí... desperezándose, estirándose, llenando sus pulmones, sabe que el sol se acerca... se ve perfilarse el horizonte con una breve y hermosa línea dorada... las nubes empiezan a pintarse... todo es tan hermoso y yo no lo había visto. No me había percatado de eso que pasaba fuera de mí por estar pensando en el miedo, en protegerme, en no tropezar. Todo estaba ahí. Todo estaba ahí... y era hermoso.

Cada una de las luces que estaban posadas sobre el manto de la ciudad fueron apagándose... también las estrellas que me acompañaron cuando salí de la casa fueron apagándose, lentamente se despidieron de mis ojos, solo una persistía cerca del horizonte, fuerte, contundente, tenaz... un poco terca. No es estrella... es Marte y yo estoy ahí para verlo, para recordar que él con su espíritu guerrero me llama desde la oscuridad para llevarme de la mano hacia la luz, hacia el sol.

Metrópolis se despierta a mis pies, la veo desde la cima de la montaña... mientras espero el bus que me conectará con el mundo entero. Ya no tengo miedo, avanzo.

20140120

¿En donde vas a dejar tu corazón?


Es uno de esos días en que me duele el corazón y no sé porque, quisiera saberlo. Quisiera entenderlo. Ni siquiera sé si el dolor que tengo es el vacío que ya no esta conmigo.

Nunca se han preguntado ¿a dónde dejamos nuestro corazón?

¿A quién le pertenece?

Muchas veces lo dejamos guardado en otras ocasiones, lo dejamos tirado.

Pero mejor escucha esto:

20140113

"45:33" - LCD Soundsystem

     "Calm down. Keep it cool. Remember to breathe..." -John whispered while was looking for a latch, a crack, anything he could use to get through that thick bullet-proof window that separated him from freedom. "Fuck me! Fuck me!" He screamed while smashing his fist on the glass. He turned around only to find an endless dark room. "This is it. Game over. Fucking Sharon was right". He realized he was trapped, like a rat in a cage. That no matter what he did, he could not escape. They got him, and execution was only a matter of hours. 

     He was breathing heavily, sweat coming down from his forehead. For the first time since his first day at the academy, he was terrified. "No escape at all." He murmured while he took a desperate look at the room for a door, a gap in the ceiling, anything that he could use as an escape door. 

     "Don't close the door. Just don't close the damn door." He laughed in dispair. "How could I've been this stupid and close the door? Idiot! Idiot! Idiot! Door: open. Shot in the head. What could be so possibly difficult about that?" 
     "John?" -a voice came from the other side of the room. 
     "Oh great! Just fucking great! My kind of lucky day. Fucking Sharon was right about everything! Not even a thousand drills could save me from my own stupidity." He collapsed by the wall next to the closed door. 
    "John?" -asked the voice. "John, what time is it?"
    "What?" 
    "I said... What time is it?"
    "What? Why?
    "They should be here by now... But... Somehow they're not. The door has a 33 minutes auto-lock sequence. It guess it's been... What? 45 minutes already? And they haven't showed up yet."
     He looked at his watch. 21:45. 
     "Shit! You're right."
     "Like hell I am."
     "This must be some kind of a joke. A set-up..."
     "Or not." 

     John realized he was not talking to Jane, she would never know such an information about lock sequences or security matters. Whoever he was talking to, had a lot of information he was missing, and by the serious tone of her voice, he knew it was very important information. 

     "You're not Jane."
     "And you're not the smartest ass in the Force."
     "Shut up! Don't you dare to press my buttons or I will..."
     "Or you will what? Kill me for the second time? Considering how you missed while there was still light in the room, I highly doubt you can shoot me in the dark." She laughed. "Now shut up smarty boy, if you want to get out of this and avoid execution, we must work together on this."
     "All right! Fine! Whatever!"
     "I'm Harris. Detec-"
     "Detective Joan Harris?"
     "The same."

TBC
--
NGB. DA20140112

20140112

El personaje

(Relato inspirado en Audiosurf, LCD Soundsystem)


Caminarás por esa calle todos los días, la misma calle gastada con sus grietas y sus plantas que se marchitan y sus polvos en cada acera y sus carros mal estacionados en cada esquina. Caminarás de cierto con la cabeza gacha porque después de tantos meses te podrás el camino de memoria: el mismo vendedor ambulante de café ofreciendo el mismo pan dulce, el mismo vendedor al que no mirarás nunca a los ojos; la misma joven empleada de gobierno, apresurada por llegar a tiempo a la oficina, el mismo carro azul que tocará dos veces el claxón y maldecirá siempre a las siete y veinticinco. Siete y veinticinco, sabrás todos los días. Caminarás al oír el claxón y sabrás que vas a tiempo, demasiado temprano para lo impuntuales que son tus compañeros, demasiado a tiempo todos los días, casi como para ir a abrir las puertas, casi como para ir a poner el café, casi como para leer todas las noticias matutinas. Al legar a la esquina caminarás como si nada, aminorarás el paso porque odiarás llegar tan temprano, cuando las ventanas todavía no ha sido abiertas y el encierro de la oficina delata a los que en la noche, mientras hacían el turno, se fumaron más de un cigarro en los pasillos que estará prohibido. Aminorarás el paso, sí, levantando un poco la vista, dándote cuenta de que es noviembre y a algunos árboles se les estarán cayendo las hojas, como un otoño verdadero, como un norte en el que no estarás, ni nadie, como un norte europeo en el que quisieras estar pero no, estarás aquí o allí o en ese lugar equis, como querrás llamarle. Caminarás sintiendo cómo se desgastan a tu paso una milésima de centímetro cada una de tus suelas. Caminarás y en el silencio ensordecedor de la mañana querrás que tus pasos suenen más fuerte, querrás oírlos resonar como tambores, como un tan-tan-tan o pom porom pom pon de desfile, para que aplaquen la bulla de carros y gentes y movimiento y vida, una vida que no querrás entender ni compartir, una vida que querrás que se cuele entre tus suelas como las briznas minúsculas e imperceptibles de polvo o de la caca petrificada de ese perro que se te cruzará antes de pasar a la otra calle exactamente a las siete treinta y tres, el perro famélico y callejero con la piel pegada a las costillas que serán tan fácil contarle, el perro que te mirará a esa hora con los ojitos de súplica esperando que le tirés al menos un pedazo de galleta de la que sabrás que va en tu mochila porque la habrás guardado antes de salir, antes de salir y después de contestarle su mensaje de esa mañana, su buenos días como todos los días, el buenos días que te despierta o te termina de despertar todas las mañanas, el buenos días que es como un augurio o un prólogo o un llamado o una esperanza, de esas que no son verdes ni azules ni de color definido, más bien una esperanza de color amable, de color divertido con recónditos escondites en donde colgarse, caminarás y pensarás que es como un minúsculo libro en donde entrar, porque cada mañana te esperará en silencio con una nueva historia que contarte y reconstruirán cada historia entre los dos, entre los dos encontrarán finales posibles porque a esas alturas estarán aburridos de la realidad de papeleos y ajustes y reuniones y más papeleos y más ajustes y más reuniones y más reuniones y más reuniones y se hablarán bajito buscando los posibles caminos, las posibles salidas a cada uno de sus embrollos, para lo que ella será especialista: enredarse en las más absurdas historias, “tenés una maña para conocer personajes ficcionables”, le dirás en una de esas, porque será la verdad, su vida parecerá mentira, su vida parecerá una montaña rusa y querrás subirte con ella cada mañana, cada día, cada medio día, cada noche... Caminarás la siguiente cuadra pensando en qué cuento inventarán ahora, en qué canción va a ser parte de la pista musical de este día. Hoy vendría bien LCD Soundsystem pensarás, mientras las hojas de los tales árboles crujen bajo tus pasos que ahora sí suenan pero no como tambores, sino como un cronch-cronch demasiado aturdido; pensarás que vendría bien algo electrónico cuando las hojas ya demasiado secas se quiebran bajo tus suelas, bajo tus pasos, bajo tus zapatos que gastarán una milésima de centímetro cada mañana. Caminarás un poco más rápido con todo el polvo y caca de chucho y hojas secas que se han ido pegando en tu silencio, y en la última esquina que tendrás que cruzar, una señora te preguntará la hora, la hora qué es todos los días, te lo preguntará como si fueras profeta o adivino o al menos mago, te preguntará la hora a la misma hora todos los días y entonces sabrás que ya estarás más cerca, que serán las siete y cuarenta y seis y que tu oficina estará a la vuelta y le dirás la hora amablemente y ella seguirá su camino como una piedra que va rodando cuesta abajo, con una mirada triste que no te importará descifrar porque estarás ya en la esquina y te caerá un mensaje recordándote que hay una nueva historia para este día, y que tendrás la oportunidad de hacer lo que querrás con este nuevo personaje, que este personaje es tuyo. Eso te dirá en el mensaje y caminarás por esa calle, esa misma calle de todos los días y a esa hora el sol se colará entre los árboles dándole al paisaje un aura misteriosa y pasará un carro, el mismo carro de las siete cincuenta y uno y levantará hojas, basuras y todo lo que irremediablemente queda en la calle, pero ya no estarás allí para mirarlo. Estarás abriendo la puerta. Estarás entrando a la oficina con olores a cigarros y a café y a gente recién bañada y ella estará allí sentada, ofreciéndote su sonrisa a medias. Te acercarás a ella esperando a que comience. Ella se agachará como para contarte un secreto. Vos la oirás con seriedad y atención, mientras ella se proclama diciendo: “caminarás por esa calle todos los días...”

20140106

En pausa

Vio su reloj. Era tarde ya para salir al trabajo. Le dio un último sorbo a su café, tomó su teléfono, su bolso y se puso los tacones. En el ascensor que la llevaría al lobby de su edificio sintió de nuevo esa angustia que en los últimos días le había clavado un dolor inexplicable en el cuello, uno que ni su quiropráctico ni su siquiatra habían logrado aliviar.

Ese día le darían la respuesta a su gran propuesta. Había madurado esa idea por semanas y la había trabajado durante meses. Había dejado en ello su corazón, su —escaso— tiempo libre y muchas de sus horas de sueño, pero estaba convencida de que sería la respuesta a todos sus problemas. Durante los últimos cinco años había trabajado para esa gran empresa que de joven siempre le había fascinado, gracias a la que se había enamorado de su oficio, y en la que se habían formado y habían brillado muchos de los colegas que consideraba maestros, de los que esperaba aprender.

Pero la compañía hacía tiempos que vivía más de su prestigio que de su desempeño. La gente que ella admiraba se había ido largando, poco a poco, y pocos de los que quedaban contaban con su respeto.

"Esto será un antes y un después", se repetía, mientras trabajaba en su proyecto. Lo había cuidado como a un hijo, lo había mimado, arreglado, nutrido, como se hace con un vástago, con un fruto de las entrañas. ¿Acaso no lo era esta idea loca que la había convencido de que lograría finalmente el trabajo gratificante que había soñado siempre? Recordó todo el amor que había puesto en esta propuesta, y sonrío, aliviada. Nada que se haya hecho con tanto empeño puede quedarse sin ser.

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Salió de la oficina de su jefe con un gesto de serenidad que pocas veces habían visto sus compañeros. Se paró un momento después de cerrar la puerta, y sonrió. Siguió caminando hasta su escritorio. Cerró la computadora, tomó sus libros y los guardó en una caja. Salió sin despedirse, con pasos pausados, después de dejar su gafete con la recepcionista.

Sus compañeros la buscaron hasta pasadas dos semanas, pero no la encontraron ni en su casa, ni a través de su móvil. Apareció un mes después, a través de un post de FB, intencionadamente publicado con georeferencia: "Hola a todos. Me les perdí, sí, pero es que estaba en pausa. Estuve en pausa cinco años, pero ya retomé mi vida. - desde Barcelona".

20140104

Bañado de negro

(Relato inspirado en Paint It Black de Rolling Stones)

La orden fue clara: poner una señal con pintura negra en las puertas de las casas que tenían que pasar por alto y correr.

Correr hasta dejar atrás toda la historia de esa guerra, de los miles de muertos vistos en los cementerios cada mañana, correr como loco, como si el mundo se fuera acabar esa madrugada, correr como único alivio a todos esos años de miedo, pintar las puertas: las rojas, las celestes, las amarillas; pintarlas y correr, correr dejando los pasos atrás, correr como un simulacro, como queriéndose agarrar la vida, como queriendo ganarla, la vida de verdad, esa vida que de verdad se merecía, esa vida por la que estaba gritando desde diez años atrás cuando apenas era un niño, y ahora no, no tanto, había crecido, había visto morir a su papá, desaparecer a su mamá, irse a sus hermanos, y ahora no le quedaba nada más que correr, pintar las puertas, pintarlas como le habían, dicho marcar las puertas de las familias que no habían estado con los militares, las que no los habían apoyado, las que no les había dado de comer tenía que pintarlas y correr, no dejar de correr nunca le habían dicho, no mirar atrás porque ese sábado daban inicio a la ofensiva final, ese sábado iban a tomarse las calles, los pasajes, las casas; esa noche iban a liberar el país y el tenía que correr, que correr para salvarse, para no estar allí, correr hasta donde pudiera y pintar las puertas, dejar señales, correr correr correr, correr como una salvación, como un socorro, como un grito de auxilio, correr para redimirse, correr para empezar de nuevo, correr para encontrar su pasado, correr para que su vida sirviera de algo, correr como una excusa, correr como si el miedo ya no existiera y no te hubiera perseguido durante tantos años, correr como si la soledad no fuera estar solo, correr para encontrar algo adelante, correr sin mirar atrás, correr llorando, correr gritando, correr como si el corazón tuviera que salirse, correr entre las casas, las calles, debajo de los árboles, entre los carros y las paredes cayendo, correr entre las balas y los ruidos de helicópteros volando, encima volando, cerca volando, correr mas rápido que el helicóptero, correr entre los soldados, correr en sentido contrario que ellos, correr, verlos entrar en las calles, los pasajes, pasar debajo de los árboles, entre las casas, correr mientras oye los disparos, correr en contra, correr hacia dónde no sabe, correr, seguir pintando paredes, correr como única forma de creer, como único sentido de la vida, como único motivo para viviendo, correr por todos los muertos, por todas las bombas, por todos los que huyeron, por todos los que escaparon, por todos los muertos con sus pieles pálidas y sus ojos abiertos, correr porque no queda otra cosa, correr porque ya no le queda nada, correr aunque ya no queden calles que seguir corriendo, correr aunque ya no hay pasajes, aunque ya no hay puertas, correr porque atrás hay bombas, balas, helicópteros, porque atrás hay fuego y muerte, correr para resucitar, correr para no tener miedo, correr, tirar la pintura y la brocha, seguir corriendo hasta donde ya no suena nada, donde solo hay campo y más campo y más campo...

Correr.

Correr le dijeron, correr hasta donde ya no quede más ciudad, correr a pesar de las balas y de las bombas y de los helicópteros, correr sin mirar atrás le dijeron, correr sobre el campo, correr sobre la grama, correr viendo las flores, correr viendo los árboles, correr para olvidar le dijeron, correr y nada más, correr más allá, hasta donde la respiración y las piernas aguanten, eso le dijeron, correr hasta los campos de caña.

Correr hasta los campos de caña.

Hasta los campos de caña recién quemados, hasta ese desierto bañado de negro.

Detenerse allí.

Mira hacia arriba y ve el cielo, negro también, con ceniza negra que cae como lluvia. Ceniza, quién sabe, de donde viene.


20140102

2013... se fue

tal cual como llegó... con la misma canción.

No quiero decir que este año recién terminado fue malo, no. Fue duro, sí. Fue duro empezar sola, luchar con cuestiones de salud que me daban un inmenso pánico, con inestabilidad laboral, con un futuro incierto, con una mudanza que me debía, luego un accidente de tránsito, el inicio en un nuevo lugar de trabajo al que tuve que adaptarme más de lo que creí. Seguir batallando con mi salud, con mis miedos y mis inseguridades. Fue duro.

Pero también fue hermoso... escribir, caminar, conversar, conocer a algunas personas, darme permiso de quedarme acostada cuando algo me dolía demasiado, tomar decisiones que me parecieron las adecuadas, luchar por lo que he deseado con toda mi alma, viajar a lugares acompañada de Miguel o de mi hermana, los alimentos compartidos con las personas que he amado con constancia desde que eran unos niños. 

Lo lindo de este año que se va es haber sabido que por muy malo que haya sido mi día... siempre hay un nuevo día a pocas horas y que ese día será mejor.

Niriel lo decía ayer en el tuiter... ser optimista cansa, tiene razón. Yo no puedo ser optimista siempre, me canso, me lleno de hastío, me detengo a ver el amanecer... porque es justo a esa hora en la que el aire me trae esperanzas. Me recuerda que soy fuerte y que he descansado para tomar nuevo impulso.

El 2014 inicia con sus preocupaciones, con sus desplantes, el dolor ha regresado, la familia sigue sin entenderme y yo a veces, solo a veces, sigo sintiéndome sola. Muy sola.

Es ahí cuando entra la música a hacerme compañía, a darme lo que siempre restituye mi espíritu. El 2013 se va, el 2014 va a penas parqueándose y yo sé que muchas cosas serán las mismas, otras mejorarán y (pues ni modo) otras empeorarán, pero no importa. Siempre un nuevo día, un mejor día se avecina.

Eddie Vedder ya lo dijo en "Better days", esos sonidos sanadores, su mantra absoluta, su claridad en la oscuridad me recuerda... lo importante es el amor. El amor a una misma, a los que nos rodean, a la vida completa. El amor es lo importante.



I'm running from something
i'm running towards the day
wide awake
a whisper once quiet
now rising to a scream
i am me

i'm fallin', free fallin'
world's calling me
above my needs
oh, i'm soaring
yeah and darlin'
you'll be the one
that i can need
still be free
our futures paved
with better days


20140101

Brindis con una canción. "Dear Brother" - Puscifer



El año en una canción... es una tarea prosaica resumir todo un año de música en una sola canción, especialmente cuando tengo +200GB de música en el computador, y a eso, hay que sumarle toda la música nueva que he venido a conocer este año. 


Sin embargo, si hay una canción que pueda concluir el 2013, si hay una canción que rondó mi cabeza, que me hizo tararear y llorar, es “Dear Brother” de Puscifer. Maynard siempre sabe cantar esos insights directamente a mi corazón.


A mi corta edad, si… corta aunque no parezca, he aprendido que la vida no es más que una constante de pérdidas, no me mal interpreten pues no lo escribo en un tono fatalista, más bien lo escribo con la esperanza de la libertad, pues mientras más pierdes, más ganas.

Si, ya sé, suena a un razonamiento orwelliano, a un juego de doblepiensa “la guerra es la paz”, “la libertad es la esclavitud”, “la ignorancia es la fuerza”, pero es cierto.

La vida no es más que un ejercicio continuo de desapegos, de “holas” y “adioses” y siempre hay una canción para cada momento. “Dear Brother” es esa canción.


Por más que intenté alejarme, por más tierra que inventé poner de distancia, aquí me encuentro parafraseando a Jodorowsky, pues “regreso a él con la terquedad de una brújula." ¿Será apego?

No sé si es amor, pero es sin duda uno de los sentimientos más preciosos que he sentido ultimamente. Contrario a los demás que prefiero ignorar, este es uno de esos que sostengo en alto, como se sostienen los estandartes; como un farol prendido alumbrando mi camino durante las noches; como un espíritu añejado por el tiempo en barricas de experiencia digno para un brindis, o dos… o tres…

Y por eso brindo con esta canción. Por no querer decir adiós. Porque sé que el sentimiento es mutuo. ¡Salud!







NGB. DA20140101



Sexo, pudor y mi canción del año.

Antes que nada
No hay nada mejor que la música
La música es lo mejor que me dejó el 2013
Y sí, Music is My Hot Hot Sex

En resumen, esta canción dice todo lo que siento por la música:


Ajá, pero entonces...

Después de haber hecho múltiples revisiones, haber preseleccionado y haber hecho un recuento sobre mi música, concluí y me cuestioné: ¿realmente tendré una favorita? ¿realmente puedo resumir un año en una canción?

No puedo quedarme con una sola, es injusto, la música y yo tenemos una relación abierta; un día estoy con una canción y al otro día con otra, todo depende como me sienta, cada canción cumple su objetivo y aquí, así es, me voy con quien me haga vivir de mejor manera el momento en el que estoy pasando, esta relación muchas veces... es complicada, porque pues, cada canción me hace sentir algo diferente. Y bueno, no sé con quien quedarme. Es una relación basada en la libertad y la esencia de mis sentimientos.

Pero, ajá, mi canción del año, mi canción que me hizo llorar, que me hizo reir, que me hizo pensar. Es All I Know de Washed Out, chavalos, esta canción, es simplemente INCREIBLE.

Pocas canciones tienen mi esencia y esta la tiene.




Y mi mejor descubrimiento es este y este es el que me interesa que conozcas y con el que seguramente crearé historias es con Dan Croll.





Lo amo.




Esta es mi playlist del 2013.. Complicado decidirse por una, complicado..

Mi año en una canción.

(O mejor que sean dos)

Este año fue bastante fértil en el tema música, conocí a grupos, cantantes y músicos como Feist, Incubus, The Weekend, Washed Out, Asobi Seksu, Otis Redding... Y la lista sigue. Pero, probablemente, de todos los artistas que llegaron a mis oídos en el 2013 al que más cariño le he tomado es a Leonard Cohen. Sí, ya conté un poco la historia en Limbo-Nimbo, y sí, también me excusé por haberlo dejado entrar en mi vida hasta ahora, no sé por qué no lo había conocido antes. En fin: amo a Leonard Cohen más de lo que él y ustedes se imaginan. Cada una de sus canciones para mí fue una sorpresa solo comparada al sorbete de coco... Sí, el descubrimiento de más de 20 de sus canciones se realizó en un mismo día y creo que como en dos horas, más que un descubrimiento fue una revelación. Cuando llegué a I'm Your Man pensé que ya lo había oído todo y que podía morir tranquila.

¡Leonard Cohen cantame I'm your man al oído! Aunque seás un viejito que ya no da más. Pueden oír la canción aquí y díganme si no es lo más sexy que han oído en su vida. ¡¡Díganme!!

En fin, que el colmo de las canciones de Leonard Cohen es Take This Waltz y, ajá, la anterior no era la primera canción de la que iba a hablar aquí, digamos; sino que la del vals, que resulta está basada en el poema Pequeño Vals Vienés de Federico García Lorca:

En Viena hay diez muchachas, 
un hombro donde solloza la muerte 
y un bosque de palomas disecadas. 
Hay un fragmento de la mañana 
en el museo de la escarcha. 
Hay un salón con mil ventanas. 
¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals con la boca cerrada. 

Este vals, este vals, este vals, 
de sí, de muerte y de coñac 
que moja su cola en el mar. 

Te quiero, te quiero, te quiero, 
con la butaca y el libro muerto, 
por el melancólico pasillo, 
en el oscuro desván del lirio, 
en nuestra cama de la luna 
y en la danza que sueña la tortuga. 
¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals de quebrada cintura. 

En Viena hay cuatro espejos 
donde juegan tu boca y los ecos. 
Hay una muerte para piano 
que pinta de azul a los muchachos. 
Hay mendigos por los tejados. 
Hay frescas guirnaldas de llanto. 
¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals que se muere en mis brazos. 

Porque te quiero, te quiero, amor mío, 
en el desván donde juegan los niños, 
soñando viejas luces de Hungría 
por los rumores de la tarde tibia, 
viendo ovejas y lirios de nieve 
por el silencio oscuro de tu frente. 
¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals del "Te quiero siempre". 

En Viena bailaré contigo 
con un disfraz que tenga 
cabeza de río. 
¡Mira qué orilla tengo de jacintos! 
Dejaré mi boca entre tus piernas, 
mi alma en fotografías y azucenas, 
y en las ondas oscuras de tu andar 
quiero, amor mío, amor mío, dejar, 
violín y sepulcro, las cintas del vals.


Y lo que tengo que decir respecto a esto es que, aunque el español es un idioma mucho más poético que el inglés (bueno, eso siento yo), Leonard Cohen hizo una interpretación maravillosa del poema en su canción... Puedo decir, y por favor no me escupan ni tiren piedras, que me gusta más su interpretación que el propio poema de Lorca. Aquí la canción:


Lo maravilloso de Take This Waltz, y es a donde quería llegar, es que me causa tanta alegría cuando la escucho, que a veces la pongo en repeat cuando manejo. Sí, es rico manejar en carretera oyendo esa canción. Es una canción alegre, digamos, aunque realmente la letra hable de amores imposibles y cosas así... Leonard Cohen (y Lorca, por supuesto) me inspiraron a ir a Viena un día de estos, un día no tan próximo, pues.

Repito: Leonard Cohen, te amo. :)

La segunda canción, la "mejor que sean dos" es Perfect Day de Lou Reed. Miren, yo ya la había oído antes, era fan de Lou Reed y su Take a Walk In The Wild Side (¿y quién no?), pero este año, de alguna manera se convirtió también en una canción para manejar, para manejar hacia el horizonte mientras cae el ocaso... Algo así. Y aunque mucha gente me dice que es una canción triste, a mí no me lo parece. La siento feliz. Una canción feliz como para caminar por allí un sábado en la tarde y que el cielo esté inexplicablemente azul y lleno de nubes. Eso. Y el pobre Lou se murió este año. Un fin de semana en que yo estaba con una propensión impresionante a la tristeza, se murió un domingo, creo. Y lo lloré. Y escribí un relato en su honor aquí en este blog. Les dejo aquí esta versión de la canción que fue hecha para un promo de la BBC, hay varios artistas conocidos en este video, hay otros que no tanto.


Y bueno, eso es todo, creo. Obviamente hay muchas, muchas canciones este año, tengo una cantidad exagerada de playlists en el iTunes. Tienen que saberlo: hago playlist para todo, o al menos eventos u ocasiones especiales. Entre muchos de ellos están el Playlist VV (vale verga), Para Llorar, Narcisos, Miércoles, Para Desayunar y así... Ahora, con mi nueva cuenta en Spotify estoy conquistando el mundo de los playlists. Es un éxito, si no tienen su cuenta: ábranla.

Y feliz año nuevo.

"Paint It Black" - Rolling Stones





I

          —¡Frank! ¡Frank Elliot! Dijeron que enviarían a uno de los mejores, pero jamás imaginé que te enviarían a ti. —exclamó James con asombro mientras se levantaba de su escritorio para saludar a Frank. 

          —Shhh… pero no le digas a nadie. Ya sabes como es esto. “top secret" —dijo Frank guiñando el ojo.
          —¡Ja! Nunca cambias, Frank. Llegas justo a tiempo, Josh te está esperando.
          Caminaron por un pasillo estrecho, lleno de cajas y archiveros. El lugar parecía una bodega en lugar de una estación policial.
          —Veo que han estado muy ocupados… —dijo Frank observando a su alrededor.
          —Ni te imaginas. Hemos tenido un par de semanas caóticas. Te lo juro Frank, este caso realmente me va a sacar canas verdes. No sabes la presión que tenemos sobre nosotros. La policía, la prensa, el juez… ¡Josh!. Especialmente Josh, está como loco, quiera una declaración ya.

          —¿No ha soltado nada aún?
          —¡Nada! Parece que mil gatos le comieron la lengua a esa perra estúpida. Tiene dos meses de estar en esa celda apestosa, sin comida decente, ni duchas… durmiendo en el suelo… nada parece importarle; ni siquiera cuando Josh le dijo que el juez sería Emma Johnson. Ni siquiera él logró sacarle una palabra. Nada parece importarle realmente… ¡Por Dios!, te juro que si yo fuera ella, me inventaba cualquier historia con tal de evitar…
          —¿De evitar qué? ¿“La Granja”? —interrumpió Frank abruptamente.
          Los ojos de James se llenaron de terror. Con mano temblorosa, abrió la puerta de la sala dejando que Frank entrara primero.



II 



Josh Duane se encontraba de espaldas a la entrada principal, estaba de pie con los brazos cruzados, observando a través del cristal, hacia el otro lado de la sala.
          —Llegas tarde. ¿Fue largo el vuelo o es que se te pegaron las cobijas otra vez, Elliot? —dijo Josh sin dejar de ver por el cristal.

          —Largo vuelo, señor.
          —Muy bien. James tiene toda la información del caso.
          James le entregó una carpeta negra y gruesa junto con una grabadora de voz y una bolsa con varios cassettes. Josh se alejó del cristal, se dio la vuelta para ver a Frank.
          —Javier estuvo aquí la semana pasada. Nada especial ese muchacho a decir verdad. Es más reputación que otra cosa.
          —No entiendo Señor
          —Ya van dos meses Elliot… me está irritando los nervios. Nadie parece poder sacarle algo, ni siquiera yo. Estamos quedando mal… No quiero recurrir a métodos extremos, pero tenemos que tener un caso armado pronto.
          —¿Qué tan pronto?
          —Emma Johnson viene dentro de dos semanas...
          —¿Dos semanas? — interrumpió James con asombro, mirando con desesperanza a Frank.

          —No se preocupe Señor. Dos semanas son suficientes.
          —Lo mismo dijo Javier… y Sheila… y James. —dijo mirando seriamente a James mientras se acercaba a Frank.
          —Tendrá todo lo que necesita para el juicio. Cuente con eso.
          —Eso espero. Después de todo, tenemos al *mejor* detective con nosotros dijo en tono sarcástico, dandole dos palmadas en el hombro. —Pero no es tu habilidad lo que me preocupa. Es ella. Pase lo que pase Elliott, mírame, pase lo que pase, hazla hablar.




III 



          —Julia. Julia Carson. —suspiró Frank mientras hojeaba pacientemente el portafolio negro que contenía todos los detalles, notas, declaraciones y fotografías del caso. —¿Sabes por qué estás aquí, Julia Carson?
          —No. No tengo la menor idea. —dijo encogiéndose de hombros.
          Frank agudizó la mirada, inspeccionando cuidadosamente su rostro.   
          —Debes saber, Julia Carson, que no soy como los demás. No soy como Javier, ni como Josh, ni como el estúpido de James. Si piensas que el silencio jugará a tu favor, haré todo lo que esté en mis manos para que descubras lo equivocada que estás. —dijo en un susurro acercándose a Julia. 
          Julia permaneció inmutable, sin embargo Frank se dio cuenta de la ligera dilatación de sus pupilas.    
          —Ahora, regresando al tema principal ¿Sabes por qué estás aquí?  
          —No. 
          —Triple homicidio en primer grado. —leyó en voz alta. 
          Frank mostró una de las fotografías a Julia. 
          —¿Reconoces a esta persona? 
          Julia no dijo nada. Se mantuvo mirando fijamente al cristal. Frank miró fijamente a Julia por varios minutos, tomó la fotografía y cerró la carpeta. 
          — Julia. Mírame Julia. —dijo en un tono suave, casi amigable. —Si hay algo que quieres, Julia, más que cualquier otra cosa, incluso tu libertad, es estar cerca, muy cerca él… pero tienes que entender que, hoy por hoy, esa no es una opción. ¿Y sabes por qué no es una opción? —dijo en un tono sombrío. —Porque fuiste tú quien decidió escapar. 
          Julia apartó lo ojos del cristal y miró a Frank con asombro. Sintió una corriente helada en el estómago, por un instante tuvo ganas de vomitar.  
          —¿Qué? ¿Realmente te sorprende que lo sepa? Julia, por favor… no todos estamos ciegos. Está escrito claramente en todos lados, en la forma en que miras hacia el cristal, en tus palabras… o mejor dicho, ausencia de palabras. —dijo con desprecio. 
          Julia sintió un impulso de saltar hacia el y ahorcarlo en ese mismo instante, sin embargo, sabía que Josh estaba al otro lado del espejo, observando.  
          —No… no es así lo que real... 
          —¿Ah no? ¿No es eso lo que realmente sucede? —  dijo con curioso sarcasmo. 
          —¡No! No es así… — repitió con voz quebrada. 
          —Entiendo. 
          Después de varios minutos de reflexión, se puso de pie y viendo hacia el cristal hizo una señal con la mano. 
          —Eso es todo por ahora —le dijo en un susurro. —Continuaremos mañana.
          Dos guardias entraron a la sala.  
          —Llévensela. — ordenó Frank.





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