Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]

20150828

Recomendación: 'Just breath' - Pearl Jam


Eddie Vedder, vocalista de esta banda de grunge de Seattle, representa con su voz mis dudas exactas. Sin importar la canción, siempre coinciden con alguna intención.

Esta letra en particular, me recuerda esas situaciones en las que fui feliz. Esos momentos que guardo bajo llave y ahora son mi una herencia para mi yo de mañana.

Porque de eso está hecha la felicidad: de momentos. De varios 'a veces' unidos. De algunas posibilidades que sí fueron y de lo que no se pregunta porque se intuye. Y aunque no se vea, se palpa. Esta canción me permite tocar otra vez esos a veces. Y agradecerles que hayan sido.

---
Ivonne Veciana

20150825

Mala

No es que que haya tomado la decisión de desaparecer de un día a otro de nuestras vidas la convierta en una persona mala, no, no es eso; pero la forma en cómo nos dejó en medio de la nada, en medio de planes y de sueños a futuro... Eso no se hace. Y digamos que yo fui el que menos salió perdiendo de esta desaparición súbita. 
Apenas estábamos comenzando a darle forma al café Limbo, al lugar de libros e intelectuales que habíamos soñado desde el día que nos dimos cuenta de que no encajábamos en la oficina y teníamos que tener un plan be de salida. El Limbo, decíamos, y nos matábamos de la risa... Y como les iba diciendo, está también el esposo, Mario, con el que apenas tenían cuatro años de casados, un tipo un poco parco, para mi gusto, sin mucha conversación. Si me lo hubiera encontrado alguna vez por separado de Estela, nunca me hubiera imaginado que pudieran tener una relación. Ni siquiera sexual. Imagínense. Qué bueno que no tuvieron hijos. Sino, estarían los hijos y Mario. Y Saúl. Saúl era un tipo de greñas largas y mirada profunda que venía por ella antes del tiempo que destinábamos para nuestras reuniones de trabajo. Lo de la mirada profunda lo decía ella. Que la mataba su mirada. Que le había dado miedo desde el primer día que lo vio a los ojos. Lo había conocido en La Casa Tomada en una de esas tantas exposiciones a las que le gustaba ir y a las que yo le huía. Allí lo conoció, entre Pilseners y cigarros y a la noche siguiente ya estaban entre más Pilseners y cigarros. Y así sucesivamente. Al principio fue una cosa mas bien intelectual, o al menos eso me decía ella. El hombre le llevaba alrededor de diez años y yo creo que la había embobado con sus palabras. Había que ver la cara que ponía ella cada vez que Saúl le hablaba. Parecía como si el mundo entero desapareciera cuando estaban juntos, no solo para ella. Para él también. Era una cosa extraña. Se lo dije desde el principio, desde que no había pasado a mayor cosa que las cervezas y los cigarros, que iba a acabar mal ese asunto, era demasiado intenso, se sentía desde que tal Saúl entraba a nuestro lugar de las reuniones, una energía extraña, llamémosle casi cósmica, se apoderaba de la escena, y, no les miento, parecía que corrientes eléctricas de todos los colores volaban alrededor de ellos. Como buen observador que soy de las relaciones humanas, la cosa me parecía extraordinaria, les juro que no me aguantaba por el día en que todo ese asunto energético se consumara, claro, no iba a poder estar presente, a menos que ellos me lo permitieran; pero imaginarme toda esa luz desbordando por cada uno de los poros de los susodichos; me daba una curiosidad extrema. Por eso no me molestaba que Saúl llegara e interrumpiera nuestras reuniones de trabajo en las mejores partes, en esos momentos en que ya estábamos llegando a algo, como a seleccionar el menú apropiado, o encontrar los nombres ideales para nuestras quince variedades de café. Mario no se daba cuenta, se imaginarán, como en la mayoría de estos casos. A mí me conocía desde los días en que eran todavía novios y yo era el mejor amigo de la oficina. Confiaba en mí. El pobre. Yo tenía la asignación de dar fe que ella estaba conmigo hasta altas horas de la noche trabajando en el proyecto, esa era mi misión. Y nunca tuve que cumplirla, Mario confiaba demasiado en mí y en ella. Creo que siempre tuvo la impresión de que yo era gay y no representaba ninguna amenaza para su mujer. Y, bueno, he de confesar que en algún momento de nuestras vidas me había interesado mucho. Mucho, dije. Ya no caminan mujeres como esa en este mundo, entendiendo como mundo este paisito reducido a un amplio patio de hacienda. Pueblo, llamémosle, mejor. Este pueblito. Pero bueno, yo conozco mis límites, y en un acto de total valentía, decidí, a tiempo, que no iba a poder con una mujer como esa. Me gusta demasiado la vida pausada. Con altos por aquí y por allá solo cuando yo lo quiero o necesito. Esa mujer me iba a volver loco, señores.


– Y esa es la mejor decisión que he tomado en mi vida.

Porque luego de algunos meses transpirando colores con Saúl en los escenarios más bizarros de la ciudad, ella desapareció. El primero en notar la ausencia fue Mario, claro. Ella no había faltado ni una noche a calentar la cama. Me llamó por teléfono alrededor de las cinco de la mañana. Parco, como siempre. Que si yo sabía en dónde estaba. Y yo no sabía. ¿Y qué iba a decir? Entenderán que lo primero que pensé fue que se les había ido la mano con Saúl y las corrientes de colores y había amanecido con él en alguno de sus escenarios favoritos. Y le llamé. Y no, no estaba con ella. Y a ese punto entenderán que se apoderara de mí la angustia. Saúl se quedó de lo más tranquilo. "Ya va a aparecer", me dijo. Que andaba en esos días pensando en darse un tiempo libre, que quizás se lo había tomado. Pero yo era su mejor amigo, se suponía. Su mejor amigo que a esas alturas no sabía nada. Menos mal que el calmado Mario se tomó su tiempo para notificar a la policía. Menos mal que el intenso Saúl lo pensó dos veces antes de aparecerse en la historia contando su verdad. Porque a las diez de la mañana en punto apareció el mensaje en el WhatsApp de cada uno:

La vida está llena de ausencias.

Que no quería seguir siendo la ausencia de nadie y que nadie siguiera siendo una ausencia demasiado profunda en su vida. Eso nos dijo. Que iba a estar bien y que si le daba la gana cuando se asentara en la vida nos iba a dar su paradero. Eso nos dijo.

Días después, pasado el asombro, Mario, Saúl y yo nos reunimos para hablar de ella. Había mucho que contar y compartir, la verdad. No nos alcanzó una noche, ni varias, ni siquiera un mes. Seguimos reuniéndonos regularmente, hasta que Mario y Saúl decidieron unirse conmigo en la creación y apertura de Limbo. Desde aquí cuento esta historia, en la que no piensen que Estela es la mala. Ya saben, nunca hay malos ni buenos. Seguramente ella sigue tratando de llenar sus ausencias. 


20150824

Sorbo a sorbo

Relato inspirado en Mala de La Garfield


Ya no recuerda cómo empezó todo. Sabe que alguna vez su vida fue tranquila, aburrida y que alguna vez amó a alguien de cara difusa que ya no recuerda. Quizás fue feliz, ya no lo sabe. Lo único que le importa es encontrar algo que pueda saciar su sed de una vez por todas. Los días pasan lentos y parsimoniosos y ella contempla las hojas del calendario con desgana. Se siente vacía de nuevo. Poco a poco decide que no puede quedarse esperando a que su salvación caiga del cielo: empuja a un lado sus dudas y sale a buscarla.


Nada le importa más que su sed entonces. En su cabeza, todo da vueltas. La sensación de soledad la abruma. Escoge una calle oscura y se funde con la negrura de la noche. Paciente, espera. Cierra los ojos y se da cuenta de cada reacción de su cuerpo: cada inhalación, cada gota de sudor, cada temblor. A lo lejos todo se magnifica y escucha... Desde el gato en la esquina dentro de un basurero, un vigilante que anuncia la medianoche con un silbato y los tacones de una mujer que va suspirando. Sigue esperando, sabe que tarde o temprano va a encontrar lo que busca. Después de un par de horas, se da cuenta que no está de suerte. Llega el amanecer y se resigna a no encontrar sosiego una vez más.


De nuevo, comienza un día repleto de preguntas para ella. Se acuerda que dejó a alguien esperando pero no deja que eso la distraiga. Todo es nuevo y la luz del sol está especialmente brillante, sus ojos arden y quiere evitar a la gente. Quiere llorar y no puede, todo se ahoga en su garganta y hierve su cabeza con más preguntas que la noche anterior. Ha pasado algún tiempo sin poder entender cómo es que todo de un momento a otro parece fastidiarla más de lo normal. La música es algo más que un par de notas para sus oídos, nadie parece entender todos los matices que una canción lleva sino ella, nadie busca entenderlo y no logra concebir cómo es que no oyen las trompetas, las cuerdas de cada guitarra y bajo que suena. Sin querer, cierra los ojos y comienza a caminar por la acera, casi cantando. Ama la música porque es lo único que logra apartarla un poco de tanta incertidumbre, adora la seda que entra por sus oídos, las notas que acarician sus sentidos. Siente cada vibración, disfruta el toque del viento sobre su piel que se siente casi de papel. De repente hay silencio y vuelve la ansiedad. Deja de estar tranquila y se da cuenta que debe verse como una loca bailando en plena calle, está segura que los demás la miran y lo que menos desea es llamar la atención. Asustada y nerviosa, se cubre la cara y sale corriendo lo más rápido que pueda hasta su casa, dispuesta a ver llegar la noche de nuevo.


Ha hojeado libros, ha intentado dormir y no ha podido, No ha comido, no ha bebido nada. No es ella misma. No se siente completa, no como hace dos días. Elástico, el tiempo la traiciona y se enrosca en su cerebro, torturándola. No soporta el pasar de las agujas del reloj, la nada que pasa con las horas, minutos, segundos. Finalmente, comienza a oscurecer y ve su oportunidad.


Toma lo que necesita y busca un lugar nuevo donde buscar. Descarta los parques. Hay demasiada gente allí. No toma en cuenta las plazas porque le han fallado demasiadas veces. Detrás de las tiendas puede ser, usualmente hay quienes se quedan allí después de las jornadas de trabajo. Sabe que quien sea ese a quien encuentre, tiene que estar solo, estar callado y tener ese aire de desamparo de quienes no han conocido nada que los ilumine todavía.  Si llega con una sonrisa, es probable que alguien le sonría y le pregunte qué hace tan sola, que le ofrezca acompañarla a su casa, que le brinde un hombro donde llorar para lamentarse de sentirse tan abandonada en una ciudad tan grande. Se lo imagina. Tal vez le pregunten por quién llora o para adonde va. Intenta hacer su mirada lo más líquida y pequeña que puede. Ellos se pierden por un par de pequeños ojos vidriosos. Para rematar, deja mostrar un hombro y suspira.


Sabe reconocer a aquellos que intentan buscar presas sin saber que son ellos mismos los que terminan siendo las presas. Ha pasado años haciendo esto, tantos que ya no puede precisar cuándo fue la primera cacería. Sabe reconocer a los depredadores fallidos. Sabe cómo ir sacando lo más asqueroso de ellos y lo más frágil de ella misma para tentarlos. Alguien que se alimenta de almas sabe cómo obtenerlas.

Deberías comer

"A secret place in public"
escena de Frances Ha
relato inspirado en "Mala"-La Garfield


Era imposible identificar en qué momento había aprendido a dar mordidas tan grandes, pero lo hacía, muda. A eso se debía su manera tosca de masticar y de allí venía también el ritmo acelerado con el cual Marielos se terminaba su comida. A menudo, el vacío pos-hamburguesa le dejaba chance de comer algo extra… Y si no era en el almuerzo, eran esos espacios entre comidas con boquitas saladas pero, ¿qué más va a comer? ¿Lechuga? Si nos malacostumbramos, comemos un montón y a Marielos no le molestaba la carga que tener aguante y buen diente, pero–


–...Entonces, eso fue lo que me dijo.–


Natalia no había tocado su comida, porque tiene la manía de hablar y hablar, más aún los días en los que tiene cosas que contar. Esto de salir a almorzar se había convertido en una rutina, al punto en el que si alguien mencionaba el nombre de ese restaurante de mariscos, Marielos no podía evitar asociarlo a su amiga y reaccionar con un mensajito de What’s App. Marielos solo había mantenido contacto con Natalia. Pero, ¿cómo así? Si es fácil mantener contacto con la gente. Lo es, pero Marielos exagera y lleva todo a un extremo: hay gente con quien habla, de la que se rodea para ir de un lugar a otro, pero solo con Natalia permanece ese contacto cercano que hace que uno vuelva a ver a la persona y sentirse entero. Natalia es una extensión de Marielos. Marielos, por ende, puede estar en dos lugares a la vez. Puede desplazarse, y estar quieta a la vez; un guiño basta y un pongámonos al día, al rato. Natalia es su extensión, su amiga del alma con quienes posaban en fotos llenas de brackets y espinillas, y estos almuerzos elegantes tienen todavía esa malicia y sencillez de las escapadas y los escondederos.


Ahora le tocaba hablar a Marielos, mientras Natalia tocaba con delicadeza su sándwich que ya se había enfriado. Le dio un par de mordiscos, mientras Marielos fingía no haber perdido el hilo de la tragedia greco-romana de la semana. Mostraba interés y daba consejos en vano como Ya no le hablés, Esta vez déjense de ver, pensando en que ¿y uno qué sabe de estar en los zapatos de los demás? Natalia y su novio habían jugado antes a un ping-pong de ruptura y esta vez probablemente iban a volver a hacer lo mismo, independientemente de qué opinaba Marielos. El tercer mordisco quedó a medias y Natalia casi que empujó su platillo cuando puso el sándwich.


–Deberías comer, Nat. Y dormir.


La solución a las ojeras no es el maquillaje. Es la salud. Y esa figura tan delicada de Natalia no es accidente, tampoco.


–Ya me llené, Mariel. Y me duele el pecho.


–No fumés. Y pidamos la cuenta, así te podés ir a descansar.–dijo Marielos, buscando al mesero y haciendo ademanes incómodos.

Nat se le quedó viendo al vacío, probablemente exteriorizando la confusión interna, buscando cómo manejar una situación que doblega lo racional.

–¿Vos cómo hiciste para estar tan tranquila cuando cortaste?–preguntó la amiga a Marielos, quien vive todo con una aparente resiliencia e integridad.


–La verdad, Nat, es que cuando el tipo cuyo nombre no quiero repetir (porque se me revuelven las tripas cuando digo su nombre y se me viene el de Ella) viene y me manda al chorizo, me pongo yo a pensar en Puta, yo he sido él. Así como él por x o y razón la regó al actuar como actuó, yo he sido estúpida e insensata, o como querrás llamarlo. Yo he sido la mala.


Y se extendió hasta que cada una firmó sus vouchers, recriminándose un poco por las veces en las que ella ha actuado mal a fuerza de no saber cómo actuar. Se culpa mucho, pues ha sido muy exigente con terceros como para no ser exigente con ella misma. Pero esos vaivenes del karma no iban a llevar a ningún lado, así que Marielos cerró con un apretón de mano y un:


–¿Sabés qué? Hacé lo que tengás que hacer y no perdás de vista que vos has hecho las cosas bien. Pensá en vos y que el resto siga. Y comé, Nat.

¿Qué más decir? Si cada una tiene su manera de comer, de caminar, de reaccionar.

“Mala” —La Garfield




I thought you were supposed to be good. 
Aren't you the... "good" man?
- Roy Batty. Blade Runner.



     Hay cosas malas, como eso de irse, pero no en dulces besos durante orgasmos de colores, sino que irse a medias en ese exótico e infinito REBOUND1. 


rebound 1 |ri'bound, 'rë,bound|

Source: Urban Dictionary
Going from one relationship to the next right away to avoid the pain of a breakup.
ORIGIN late Middle English: from Old French rebondir, from re- ‘back’ + bondir ‘bounce up.’


     Eso de enamorarse se va pareciendo a ese ciclo de clásicos que ponen en el cine cada dos meses: películas que ya viste en repetidas ocasiones, en la pantalla de la computadora, en el monitor del pseudonovio, en la televisión en la casa de mamá; pero  que, de vez en cuando, hace bien —tan bien, demasiado bien— magnificar la ya conocida historia en un 16:9 remasterizado (sepa la gente de cine qué significa eso), amplificar la fantasía en un dolby 7.5 y maravillarse con la restauración del color, ahora “digital” como anuncia orgullosa la publicidad.

     Otras veces se parece a un ciclo de venganzas eso de enamorarse. Venganzas inconscientes. Una eterna rueda de caballito 

          haces-y-te-hago, 
          hiciste-y-te-harán, 
          olvidar-para-asombrarse 
          cuando todo es realidad,
     cuando las acciones impulsivas de uno, de dos, de tres, —de todos—revitaliza el fuego de aquello que quedó en el tintero del karma y
          ¡juácata! 
     te regresa como golpe de karateka en la nuca, en la espalda, en las piernas o en donde carajos sea que caiga el dolor y el estrés.

     Es una repetición eso de enamorarse, 

          de buenos y malos, 
          de obsequios y regalos, 
          de besitos abreviados y 
          orgasmos prestados, 
     de sentir así, parecido
          (parecido nueslomismo)
     a lo que ya se ha vivido y
     escribir, con más o menos palabras, 
     lo mismo.
     De cantar y enrojecerse y
     decir pa'no olvidar y 
     olvidar pa'no decir. 

     Así, un ciclo es eso de enamorarse, eso de dejarse perder y dejar que otros se pierdan, no en uno, sino que en ellos mismos. Así de ciclos y vicios es eso de enamorarse. Una vez más —o menos—un ciclo de salvación, de perdición. Para otros, de redención, pero para todos, una eterna REN-DI-CIÓN.

     Otras veces se va pareciendo a las piñatas eso de enamorarse. 
          ¡Izquierda! ¡Derecha!
          ¡Arriba! ¡Abajo!
          ¡Cabesha! ¡Eshtómago!
          ¿Shapato?

     A una excesiva celebración unánime o a la ronda infinita del juego de sillas 
          7 contra 6
          6 contra 5
               canta, canta la canción,
               rueda, rueda el corazón,
          5  contra 4
               se detiene, luego un golpe
               sin an-ti-ci-pa-ción;
          4 contra 3
          3 contra 2
               van saliendo con aplausos,
               premios de con-solación.
          2 contra 1
               ¡cabesha! 
               ¡eshtómago!
               ¿shapato? 
     y termina en un
          exceso
               ex-seso
                    ex-eso 
     1 para 1
          ¡aplausho para el marashito!
     ...
     pa pá
      pa ra ra ra ra 
          pa ra rá
             ...
               pa pá
                    pa ra ra ra ra 
                         pa pa rá
                         ... 
                         (¿ya she va mamita?)
                         shalú pue!)

      Así, un intenso loop histriónico, una repetición con—muy breves—lapsos de lucidez. Es toda una vuelta, un show, una fantasía rimbombante mejor que las luces Campero o las de Nayib.
     Enamorarse.
     En-
          amor-
               arse.

                    (arse?)



arse |ärs|

British spelling of ASS2.
ORIGIN Old English ærs, of Germanic origin; related to Dutchaars and German Arsch .

ass 2 |as| (Britarse)

noun     N. Amer. vulgar slang
  • a person's buttocks or anus.
  • a stupid, irritating, or contemptible person.
  • women regarded as a source of sexual gratification.
  • oneself (used in phrases for emphasis): get your ass in here fast | the bureaucrat who wants everything in writing so as to cover his ass.


     —Y tú, ¿te enamorass?
     —A poco no cabrón. Ya ves qu'eso de enamorarse es malo. 


               (¡malo!)
               (¡malo!)
               (¡malo!)

     Malo como la mano-araña en Alien y Prometheus. 
     Malo como la soledad.
     Malo como una flatulencia pues enamorarse no es amor, güey. 
     Enamorarse es— 
          (si, eso es)
     tupidez.







—DA20150824
 


20150811

Rerecomendación: La Garfield - "Mala"

Aquí está la canción que te comenté esta tarde. Es una banda indie de Monterrey, me parece una genialidad y este tema es una maravilla. 

Ojalá te guste y consideres que vale la pena compartirlo.

Saludos.
JR



Así empecé a escuchar La Garfield, cuando me recomendaron esta canción que ahora yo recomiendo para Non-Girly Blue. 

La Garfield me suena familiar pero no me acuerda a nada, y no sé cómo definir el tono ni los sonidos. Identifico que por allí son animados por emociones y sentimientos y en "Mala", una historia.

¿Qué nos dice? ¿Qué nos cuenta? ¿Que nos deja contar?

Esta rerecomendación combina mi manía por acumular probar cosas nuevas a las que no le asociamos ideas o experiencias anteriores y, también, el inevitable juego de asociaciones al que somos sujeto al ver una misma escena, escuchar una misma canción, con diferente subjetividad.






20150810

"No More I Love You's" - The Lover Speaks



          Con la misma perspicacia con la que le amó, así también traspasó el silencio con odiosa sonoridad, arrebatando para siempre la santidad de todas esas cosas que guardaba en su cuerpo; apuñalando su alma con un sesgo mortal, y quitando de una vez por todas, el velo inmaculado de la ignorancia.
          No había marcha atrás. ¿Cómo haberla? Si como cauce de río Esteban se desbordó a gritos y, tal cual sobreviviente de un naufragio, Clarissa no hizo más que observarle silente mientras se sumergía para siempre en sahumerios autistas, carentes de verdades, de miradas y de palabras. 

          ¿Por qué era importante hablar de eso? ¿Por qué tenía que ser el silencio la calma precisa y las palabras torbellinos? Quizás porque nunca entendieron que eran solamente amantes del silencio, más no el uno del otro. Quizás porque tampoco entendieron que las verdades que se callan son como piedrecillas que se cargan dentro del zapato derecho —o izquierdo, o ambos—, lacerando paso tras paso hasta que no queda otro remedio que detenerse a medio camino, vaciarlo y, en el dolor de la cicatriz, encontrar la paz. Quizás porque es verdad que no es más importante lo que se dice sino lo que se calla.
          Pero basta de quizás porque aunque nos lleven a caminos y verdades aparentes, no terminaremos más que con un puñado de especulaciones dignas de revisiones literarias o, en el mejor de los casos, psicológicas.
          La única certeza es que entre Esteban y Clarissa se hacía tan poco y se decía mucho menos aún, que meses después cuando Esteban recordase ese arrebato de palabras, lo recordaría como un monólogo entre su borrachera y su sobriedad; porque así sin darse cuenta e
ran tan caprichosos los dos, que de la negación de Clarissa para hablar se nutría la negación de Esteban para aceptar que entre ellos el silencio nunca construiría la tan anhelada amistad que necesitaban para perdonarse, mas que los improperios salvajes, las verdades que tan cruelmente se habían ocultado.


—NGB20150810 

La historia sin título de Juana Velasco

joe webb - hand cut collageRelato inspirado en No More I-Love-You's de The Lover Speaks
y Sandman de Neil Gaiman

Juana da la impresión de guardar muchas historias mas no cuenta casi nada. Sin embargo, arrastra un aura y a veces elementos de alguien que ha vivido, como fotos enmarcadas y joyería extranjera y el color rojo se pone más vivo, al parecer, cada vez que ella está cerca. “Es que ella es como reservada” pero sí, seguro, tiene historias fragmentadas e inocuas que no salen a la luz, formando un patrón secreto comparable a su aglutinación de lunares y manchas sutiles, pecas que van apareciendo tras haber sido germinadas por la sobreexposición solar de los años 90. Juana culpa a los genes del lado de su madre que le regalaron piel muy sensible (pero habrá que ver si es cierto o si es irresponsabilidad de ella, ya que también te va a decir que no fuma para luego echarse un cigarro de escondidas en la azotea).

Sus lunares son del color de sus ojos amielados (pero menos dulces que la miel) que son del color de su collar de ámbar, puro ámbar que hoy día no se consigue a ese precio. (Si vamos a contar la historia de Juana, vamos adecir esto). El collar vive guardado en un cajón y sale solo cuando la ocasión amerite, como si las invitaciones a bodas y cócteles vinieran con un +1 imaginario alusivo a este accesorio preciado, la cita predilecta, el fiel acompañante. En el espacio que separa a un evento de otro, Juana olvida que Él la dejó por una tal Ámbar, quien luego fue madre de hijos que no fueron de Juana pero que bien hubieran podido ser de ella.

La historia es menos compleja que una trama Almodovareña y en eso siempre descansaba Juana, respondiéndose en su mente cuando alguien le preguntaba y a ella le daba por decir solo pistas de una historia que se puede resumir en la de un compromiso (importante que fue) roto, en un lugar deforme metido entre El Salvador y Guatemala.

Empieza en el 1999, en un paisaje del que resalta un apego latente al grunge: a los elementos skate y surf que lucíamos los jovencitos fresas-bohemios del istmo Centroamericano, se suman los trozos de camisas cuadriculadas y jeans desteñidos con huecos y rotos de Juana y su pandilla. Él se llamaba Johann y seguían escuchando babosadas de los 80’s y 90’s, a pesar de que supuestamente la cancha ya es de otros.  Siendo Juana alguien que se tomaba las cosas en serio a pesar de no parecer ni particularmente exigente ni particularmente descuidada, la relación de la joven bachiller y el amigo alemán avanzó con esa naturalidad que es impermeable e inmune a lo que esperaran, quisieran, dijeran los demás. Todo desaparece a medida avanza y solo existe Johann y el devenir de ambos depende de esta relación. La frase recurrente que aparecía en la mente de la muchacha cuando volvía a ver al hombre era Si este es el hombre con quien estaré para siempre, estaré contenta con todo lo que no tendré, una visión menos romántica pero no menos enamorada que fue vigente desde 11vo grado hasta un 31 de julio de 2007, según lo que aparece apuntado en una agenda de Quino que le regalaron a Juana en diciembre de 2006 y que le sirvió para rellenar agujeros emocionales con ideas.

No es que le haya mentido, pero definitivamente no hubo la valentía de decirle la verdad sin filtros. Lo dicho fue una verdad parcial que llegó hasta hacerla sentir culpable. ¿Será el tiempo que Juana pasa en la universidad? Medicina es bien difícil y demanda mucho tiempo, pero en ningún momento habían amenazas. Si existía una tal Ámbar o no, si era que el amor había migrado o que nunca existió… Nada iba a cambiar lo que tres días de duelo con el son de “No more I love yous”, “Breaking up is hard to do” y “Learnin’ the blues” la llevaron a concluir: el tipo se va, como en un poema de Shel Silverstein (“Goodbye then, Donald, I’m leaving you”) pero sin el carisma romanticón dentro de lo trágico. La salida era, entonces, que ella también se fuera de allí donde estaba y algo que le parecía muy, muy lógico era nunca más volver a algo semejante a esos con Johann. (No, ni cerca.)

La había dejado y ella, a su vez, dejó ropa que le recordara a él, boletos de conciertos a los que habían ido y planes de conciertos a los que querían ir; se fue la tarjeta de crédito a nombre de ella pero en manos de él y, también, las llaves de sus casas. El carro, él lo quiso devolver pero Juana no quería entonces, bueno, si así va a ser que se venda, mejor, ¿no? Adiós a las familias extendidas con mucho dolor pero con una frialdad falsa que ella trató de mantener, tratando de simular el borrón y cuenta nueva con el que él, Yohann, el novio de años atrás con quien tomaban micheladas con jugo de tomate y jugaban serio, le había dicho que No, ya no. Y con eso se fue la frase aquella y entró la nueva, la de Nunca más vuelvo a salir con alguien.

Pasaron años y nunca nadie pudo romper este compromiso con una vida alterna a la que Juana le apostó por años. En este compromiso exploró muchas disciplinas y ni una comprometía a la otra: podía pasar de squash a tejer y de tejer a natación y las vacaciones dependían de qué se le antojaba a ella. Paty, me dijo una vez, he estado con alguien desde que tengo 16 años y esta es primera vez que no tengo el reflejo de “Esperá, le voy a preguntar a Yohann” cuando alguien me invita a una fiesta. Ahora, ¿qué depende de él? ¡Nada!

Ella y yo no nos conocimos, porque esto es ficción y yo no lo soy, pero la historia continua así:

Su fase de “me liberé, me liberé” se prolonga como un acto consciente, una renuncia que no implica irse y volver pero con la cola entre las patas; una operación exitosa que requirió de muchas salidas con anillos de mentira que le daban licencia de decir Eh, estoy casada, sorry, salidas voluntarias con parejas más jóvenes (pues Juana había calculado que si ellos eran menores y además estaban emparejados, entonces no habría nadie a quien presentarle, y esa comodidad era su idea de diversión). Hubo, en paralelo, un discurso chiquito amargado de El amor no existe y de Jamás volveré que se fue diluyendo hasta convertirse en un No, yo no sé, no he conocido a nadie.

Pues no había conocido a nadie. Muy ensimismada y encerrada, fueron los años más tercos de alguien que suponía ser relajada con todo. (¿Qué le hiciste, Yohann?) Y entonces, ¿se le habrá acercado alguien que, al darle a un saco roto de un compromiso con la soltería perpetua, desistió de todos esfuerzos? Es que era interesante y sus ojos que combinaban con su piel y su pelo libre te atraían a la primera y te pegabas contra el vidrio. No hay que nadar contra la corriente –decía mi Padre– al menos que seas Juana Velasco Paredes, apellidos que ella nunca soltaría (pues, según ella, no iría a contraer matrimonio.) Otra noche más con jet lag y las manos untadas de vaselina dentro de calcetines para mermar la resequedad de la piel viajera, seguido de un sábado de Encendamos la tele y tomemos vino mientras jazz suena y resuena en las cuevas de la cabeza.

Claro que no todas las noches/días eran así (si algo es constante, es el cambio) y fue en uno de estos cambios que conoció a Manuel Antonio. No, no nos conocemos de antes, estoy seguro pero, ¿y entonces cómo explicar la familiaridad? Su voz, incluso, suena conocida y Juana reconoce hasta su perfume. Viene de una gaveta llena de lavanda y musas ubicada en el ático de la familia Velasco, pero el dice que no, que es de un viaje a Marruecos y que el olor se enamoró de él al punto que lo siguió. Y siguieron hablando y ríeron y, en un ingenuo intento de calmar los nervios inexplicables, las rodillas de Juana se rozaban y la fricción aumentaba a menudo este tipo ponía sobre la mesa las cartas que le mueven las fibras a Juana, a quien sí, le puede decir Juanita, dale.

Esa noche en la que Juana le perdió el miedo a los diminutivos rompió su compromiso con nunca jamás volver a salir con alguien, no sin antes pedir perdón porque creyó que era para siempre esto de renunciar al amor, pero heme aquí con alguien. Se llama Miguel Antonio y ya le dije que si vamos a estar juntos que más vale se corte ese pelo tan largo que tiene, una de las condiciones estipuladas en una negociación a la cual le siguieron tantas historias como los lunares color ámbar que arrugan la piel de Juana Velasco de Ríos.