Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
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20170224

Tipos de rosario


Relato edición "Yo fui una vez" de Silvio Rodríguez

Existen tipos de rosario, así como hay todo tipo de días: los días nublados que se alían con un sol canicular que propaga el vapor y el dolor, son días que caben esta tipología de días que se encuentran descritos rigurosamente en la agenda de 2008 de Cynthia. La mamá de Cynthia coleccionaba rosarios de todo tipo, y ese día no estaba pensando en ellos. 31 grados, dos baldes; La Herradura, Merliot; ¿habrá algún tipo de vino que se llame Merliot? Cynthia se levantó (cuando es de noche, desde las mesitas de madera de la Herradura de Merliot, no se nota el vapor inusual de la mitad del año) y en la cola –––que siempre se hace, que nunca termina– se despreocupó por lo que ocurría en la mesa, en la barra, en el pasillo, en la calle. Tres personas delante de ella tenían que orinar (o ajustarse el sostén, o putearse a sí mismos con un poquito de agua en la frente o…) y era, al fin, un privilegio no huirle a sus estupideces. Se imagino tocándose el vientre, porque sus manos no lo sobaron, no tal cual… Buscó cómo acomodarse sus manos, en esa fila, esa noche húmeda como la mañana con nueve días de retraso en los que se sintió los senos más grandes, hasta que encontró cómo colocarlas en las bolsas del pantalón ajustado y desteñido… Se las mordió, antes, justo antes de resignarse con las palmas sudadas al efecto de esa noche. En un par de años, no le fuera a causar este estrés. ¿Qué más va a hacer? Manejar, mantener al niño, y estar soltera y, de alguna manera, trabajar y estudiar; ¿pero en qué órden? Y cuando el tipo barbudo y brilloso salió del baño, perturbando el orden de la cola formada con mucha gracia sobre el suelo mojado por el vaivén de baldes y hieleras, volvió a ver a Cynthia y bajó un poco la mirada. Con sincronía imperceptible, el hombre, factor de disrupción de la cola, le vio el escote a la muchacha y reveló un rosario muy similar al –así como hay tipos de días o días de todo tipo, hay distintos tipos de rosario– al que cuelga del cuello de la lámpara de la mesa de noche de la mamá de Cynthia. Su “Él” usaba un rosario muy similar, y rebotaba contra su pecho cuando estaba encima de ella, y aquel ir y venir distorsionó el significado de cada perlita de madera y la única salida era rezarle a otro tipo de rosario, que no le recordara a ninguno de esos hombres. Después de la ida al baño, verse en el espejo, buscar una barriga nueva en su perfil contra el espejo sucio del bar, regresar a la mesa a fingir que todo está igual de bien o de mal que siempre, Cynthia se iría a dormir con un rosario turquesa, sin ninguna perlita de madera.

20150504

Plaza Salvador

Los Amantes de Marc Chagall

Texto inspirado en
Relato inspirado en Ostatnie Lato XX Weiku de Komety
Era un martes, a media semana de enero iba, caminando hacia todo lo que lo pendiente del resto de sus años, cuando se fijó por primera vez en Plaza Salvador. ¿Se estaría refiriendo a El Salvador, este pequeño monumento incrustado en el barrio de Varsovia? Moja droga, le decía él al oído cuando se permitían caminar el largo del río. Kocham cie, le iría a firmar luego cuando todo se condensara en cartas postales, porque primero hubo caminatas e invitaciones a salir de estos espacios circulares de verbena y masajes de ego para discutir y platicar y viajar, poco a poco, a los recuerdos el uno del otro. Luego cesaron las miradas, quedaron las palabras al aire e impresas en el cartón de cartas postales.


Ella firmada en español y con mucho cariño tácito que llevaba el eco de cuando a media caminata se volvían a ver a los ojos y guardaban el sentimiento de que era la primera vez que veían a los ojos a alguien que hace mucho conocían.. cuando no se conocían. ¿Cómo pronunciar nombre de ella? Si los alfabetos eran tan distintos pero cachaban en el aire sonidos y semejanzas y en la traducción se perdían las construcciones gramaticales pero no el sentido de un yo también ni de un yo entiendo, el privilegio de dos personas que juraban ser amigos de toda la vida, a quienes les dolía separarse cuales amantes enamorados.


Ella iba a llegar a Varsovia, algún día, solo para que se juntaran de nuestros los brindis de El Salvador y Polonia, brazos cruzados, y rieran todo. Uno creería que a medida se escurre el tiempo esos elementos que carecen de sentido se van llenando de significado, cuando para estos había tanto que permanecía sin casar con ninguna pieza de sus reflexiones. Claro, ¿cómo iba a querer alguien el bigote de Hitler? No era necesario especificar que no le gustaba el fascismo, al contar de la vez en la que se empezó a quitar la barba y el bigote la primera vez.


Reirían de ello una vez más en las ciudades costeras y al sur por Dachau y Auschwitz, aunque no al mismo tiempo. Ella iba a entender, por fin, la sensación de cortar las conexiones con la capital y escaparse a los paisajes húmedos y grises y encontrarían nuevas frases para el glosario que iban armando, más allá de nazdrovie y drogo. Y estando más cerca, así como estaban, quizás pasaría algo que rompa la promesa de amistad, como dicen que ningún lazo fraterno es del todo inquebrantable. De cerca pasarían por encima de los dibujos de la facultad de arquitectura de Varsovia o dibujo en Cracovia.


Y las palabras nuevas y el sabor de las aventuras dibujadas en un bar con luz tenue, un círculo polaco alrededor de la salvadoreña, vivían y crecieron en una libreta que tenía escrito Warsaw en la portada. El cuaderno está untado de pistas que pueden reconstruir lo que nunca sucedió, todo lo que evoca Plaza El Salvador, aun después de que las postales hayan hecho la brecha más grande. Pues, de repente las postales ya no venía desde Varsovia. Luego vinieron los viajes a México, al Oeste de EE.UU., inquietudes con respecto a si seguir con el dibujo, y pedazos de historias que perdían vigencia y relevancia tan rápido como el pasar de semestres que, luego, uno justo después de otro, cobran un ritmo que conexiones tempranas son incapaces de alcanzar. a