Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
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20141015

Porros, copas y estrellas




Relato inspirado en "Luz de día" - Enanitos Verdes


Santiago vino de Argentina. Con sus sandalias, sus pizzas y sus porros. Lo conocí cuando acababa de abrir la Trattoria, una amiga me lo presentó como el mejor anfitrión de Robledondo. Me ofreció una ensalada mientras abría una botella de vino, se reía siempre a pierna suelta, pero en ese entonces yo no lo sabía todavía.

Esa noche en la pizzería tenían una session de jazz deliciosa, con diferentes músicos, todos amigos de Santiago. Cada quien agregaba su toque personal, pero el resultado era tan dulce a los oídos que embriagaba. El humo de los porros no me dejaba respirar pero disfruté esa música como nunca. Pasó un buen rato mientras escuchaba cada nota, cada matiz y me asombraba cómo esos músicos, sin conocerse antes, habían logrado encajar tan bien y producir esas tonadas armoniosas.

Mi nariz cobarde me traicionó y al poco rato tenía una alergia insoportable. Tuve que salir del salón a la terraza a respirar. Toda la fachada de sofisticación se me cayó y me resigné a quedarme fuera, viendo las estrellas. Al poco rato, llegó Santiago.

- ¿No te querés quedar adentro? Mirá que la música está linda... ¿O no te gusta?
- Ahhh... Sólo estaba tomando aire. No fumo.
- Ah, les digo entonces que bajen los porros.
- No quiero ser una aguafiestas. Acá eso es legal. Yo soy la ridícula que viene de un país sin porros en los bares.

Santiago me regaló entonces otra de sus enormes sonrisas.

- No te sintás así. Vení, cométe una pizza. O mejor aun, yo te la traigo.

Regresó con una copa de vino y una tabla de madera donde venía la pizza.

- Mirá, te la hicieron de salame. ¿O le decís salami? Da igual, espero que te guste.

Le dí las gracias y comencé a comer. Me seguía contando de su hija, Estrella, que recién había llegado a visitarlo pero que no quería irse sin conocer la Trattoria y me confesó que le apenaba saber que su hija fumaba igual que él. Había llegado hace tres días a Robledondo y todavía no la veía. No contestaba sus llamadas.

- Seguro está de farra. Yo ya estoy viejo, pero ella no. Debería de acordarse que estas cosas a la larga afectan.


Fue la primera vez que lo ví pensativo en toda la noche. Luego pasamos un largo rato hablando de los errores de su hija, de cómo se podía hacer que la pizza supiera mejor, de las plantas del jardín, de las estrellas en el cielo que le recordaban a su hija y del disco que pensaba grabar con sus amigos. Me dijo el posible nombre: "El retorno del Capitán Cáñamo". Estallé y no aguanté la risa, dije que era el nombre más absurdo que había oído para un disco y que a Estrella no le haría ninguna gracia.


- Si hasta la portada tengo ya, mirá: salgo yo con un fondo azul y hojitas alrededor. ¡Es sublime! Mirá ve, si hasta parezco un angelito.
- No sós vos hablando, son el vino y los porros. Estás loco, Santiago.


Las horas morían y seguíamos hablando. De verdad era un anfitrión genial y un amigo único. La Trattoria cerró sus puertas, pasaron los meseros y se apagó el jazz. Amaneció sin que nos diéramos cuenta y sentados en la terraza, vimos al cielo.

- Mirá ve, ya no hay estrellas.

Y con un suspiro hondo, volvió a reír, con una risa visceral que despertó al perro.

Así, de nuevo

(Relato inspirado en "Luz de día" - Enanitos Verdes)

Los que conocían la historia, sabían que él había dejado una huella imborrable. Y eso que nadie conoce la historia, que es de quien la cuenta. Esas fueron las palabras que tomó prestadas de la canción de Enanitos Verdes, "Luz de día"; antes de cambiarla por "Tu cárcel, la que me hacía llorar desde mi Sony Discman... pero, bueno, enfín...) Recuerda la carta que decía "Pase lo que pase, no-sé-qué, no-sé-cuantos, has dejado una huella que nadie va a poder borrar" pero no lograba reconocerse en esa voz de quince años.

Los que no conocían la historia, se podrían imaginar que se trataba de aquel primer amor que te coge por sorpresa cuando estás joven, de la aventura y el morbo de lo imposible. El tenía 18, ella 15, y hablaban y salían, y pasaron a besarse y a esconderse. Con cuidado, sí, que nadie se diera de cuenta de lo que ella a penas y entendía que estaba sucediendo. Se escondían en las sombras de la Candelaria.

Años los separaban y en el paladar de Cristina estaba esa huella, sabor imborrable. Años pasaban y los momentos contados en los que se encontraban en Bogotá, los espacios que los acogieron y que ninguno puede negar, se distinguían porque despertaban ese sabor a que no tienen ya nada en común.

-- ¿Qué más?

Una pregunta tan sencilla, hecha tan al aire, llena de su sensibilidad.

Lo que nadie sabía era el rencor que Cristina no podía soltar, incapaz de olvidarlo. El tenía ahora 26, ella 23. 10 años han pasado y ella no ha olvidado su ingenuidad, la desigualdad, la mala experiencia, la frialdad de sus ¿Qué más?, cada año, recalcando el error de su inexperiencia, pues no llegan más lejos. ¿Habrá más detrás de eso?

Falta que se sienten a averiguarlo, como cuando los juntaron. Bebieron y bailaron, una noche en Andrés. ¿Porqué reían tanto? ¿Acaso no habían perdido ya la superficie que tenían en común? ¿Qué va a pasar?

Llegando a su apartamento, estaban solos, y Cristina reconocía de manera más y más clara cuanto le gustaba su compañía. Dejaban de importar las diferencias en puntos de vistos, el vacío que los uno, el rencor y la sensación de deuda... a medida crecían el placer, el goce. De algo tan nocivo que comprometió aquella vez a sus sentidos y a su razón, ella estaba sacando placer. El placer que persiguió a los 15 años, el placer que le habían prometido los patrones que la rodeaban.

Las sombras de la Candelaria los abrazaban mientras él la besaba, ella que lo perdonaba a medida la besa. Quería, quería, lo quería, no se quería, podía. ¿Qué iba a contar él, a su regreso? ¿Qué van a decir cuando regrese? Con cuidado, que van a despertar a la abuela, y la hermana tampoco puede saber. Así, con la fuerza que le agarra las piernas, así, de nuevo; ya no importa.

20141005

El recuerdo que quería borrar

Relato inspirado en "Luz de día" de Enanitos Verdes.

Si pudiera borrar un recuerdo sería el de aquella canción, siempre me cayó mal. No sé por qué, en general me gustan las canciones de amor, pero esa está ligada al recuerdo de un mal amor de cuando era una mujer muy joven.

Los ingredientes hervían a borbotones y ella danzaba al ritmo de la radio, era una diva de la cocina, en especial cuando sabía que Mario llegaría a comer, aquella época de pobrezas no desestimaba la creatividad y cuando se puso a tocar cacerolas se armó de valentía y se puso a hacer una sopa de pollo. Todo iba bien, hasta que los primeros acordes pastosos de aquella canción empezaron a sonar y ella no logró llegar a tiempo a la perilla del radio para cambiarla. Era demasiado tarde. El recuerdo había llegado.

No recuerdo su nombre, es increíble, solo recuerdo el peso de su cuerpo sobre mí y que puedo decir, sin miedo, que la primera vez que tuve oportunidad de sorprenderme con la sexualidad fue con él, por supuesto, ya había tenido sexo antes, pero él me arrastraba a la orilla del desamparo envuelta en la desnudez y la desfachatez. Me sentí en sus manos la mujer más hermosa. 

Metió la cuchara de madera para sacar algunas verduras y verificar que estuvieran cocidas adecuadamente, era en vano, quería pensar en otras cosas, pero en su cabeza había una sola cosa: molestia. No sabía por qué, el tipo se había ido hace tanto tiempo, que no recordaba cosas esenciales como su nombre, su rostro o su forma de roncar al dormir. Solo sabía que, además del abandono del que fue víctima hace más de diez años, lo que le atormentaba es que jamás al infame le gustó cómo cocinaba. El muy atrevido.

Marío ya va a venir y no tiene por qué enterarse de este mi mal humor, nada tiene que ver él con mis malos recuerdos y mis pelazones mentales, además, fue hace tanto tiempo, jamás pienso en lo que pasó, a menos que suene esa estúpida canción.

Ella estaba de mal humor, mientras tapaba la sopa se le zafó la manta y al tratar de evitar que se cayera al suelo la tapa, se quemó. El ruido y desparpajo espantó al gato que era testigo de la sopa, de la canción, del recuerdo y el mal humor. El pobre animal se fue con una corridita graciosa a meterse bajo la cama, era un genial espacio para esconderse de las neurosis de su dueña.

Y porque puedo mirar el cielo,
besar tus manos,
sentir tu cuerpo,
decir tu nombre...

¿Cómo es posible que me irrite tanto esa canción? El tipo ni siquiera fue tan importante en mi vida... creo que estuvimos juntos menos de dos meses... prácticamente lo que hizo fue darme algunos orgasmos y joderme la canción.

Regresó a la cocina luego de mojarse las manos que se quemó con el vapor de la olla llena de sopa, pensó que era una suerte que no hubiera arrojado la sopa sobre sí. Una quemada de esa magnitud sería fatal, pero peor aún... No tendrían qué almorzar aquel día. Le partía el alma pensar que no le daría de comer a Mario.

Soy una ridícula.

Porque puedo ser luz de noche
ser luz de día 
frenar el mundo por un segundo

Algo pasó cuando terminó la canción... escuchó la llave de Mario que entraba en la cerradura, ella corrió a la sala del apartamento a encontrarlo, él entró y traía entre sus manos nada más que un libro que le acompañaba y al verla sonrió, ella lo besó en el pacífico silencio de una mala canción. Sintió los brazos de él rodeándole la cintura y cómo le devolvía el beso.

Ella estaba feliz de verlo... "La sopa ya está". Él se sintió aliviado de escucharla, traía mucha hambre. Se acercó a la cocina y llevó a la mesa los platos que ella sirvió. Ambos se sentaron ella jamás volvió a recordar al tipo de antaño... por si acaso, procuraría no volver a escuchar aquella fea canción. La vida era buena. Ahora.