Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
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20150224

Sabor a madera y hielo

Relato inspirado en "Let's stay together" - Al Green

Hoy tengo ganas de poder tomar. ¿Te acordás, vos, de cuando podía tomar un montón de whiskey? Te preocupabas incluso, al verme insistir en que quería otra ronda, derramar la cerveza, continuar sacando palabras de allí donde parece que no hay nada más, para luego subirme a otro carro y seguir tomando de ese whiskey que vive en mi bodega.

Pues sí, si yo no manejaba ni nada. El peligro era únicamente no despertarme cuerda al día siguiente, sino colgando de la misma cuerda que afloja mi cordura que solo a veces me preocupaba.

Hoy tengo ganas del lujo de poder saborear el sentimiento de pérdida y confusión, a punta de tabaco y ese sabor a madera y hielo. Que se pierdan de vista los himanes de la cocina al beneficio de una madrugada que se extiende. Que corran libres mis deseos y que me estanquen mis ilusiones, mi pasiones, mis reacciones, mis decisiones cuestionables y mi sed.

Hoy tengo ganas de perderme en mis preguntas y recuerdos. Que brinquen y me saquen de quicio mis ansias, hasta que me lleven a espacios inéditos en los que puedan dialogar todas las partes que habitan en mí para poder alcanzar los momentos que todos dicen deber perseguir. ¿Te acordás cuando me reconocías en todos mis altos y bajos? Me deslisaba del sofá en el que bailaban las consecuencias de borracheras al cobrar consciencia posthuma de las sensaciones y las réplicas de una libertad que no fue, que fue atrapada, animada; distinta.

Hoy tengo ganas de permitirle a mi cuerpo pruebas abstractas de contradicciones aparentes e intercambiar mensajes con quien quiera degustar sin adueñarse de nada, pero también de rendirme a solas, de tirar la toalla antes de volverla a agarrar, antes de seguir. Cuando despierte empapada de más, con el peso sobre el ceño; cuando me hayan sacudido momentos que entienden de dualidad y expresiones de la misma, y cuando yo sepa adonde ir… Ahí es cuando vendré a recoger los pedazos que valen la pena, lo que no pesa, lo que suma, lo que haga posible la vida con las expresiones que topan, se caen, se aquebrantan y regresan.

Hoy tengo ganas de nadar en lo que temo me va a volver loca y de verme enfrentada a las manifestaciones de lo que comparto de mi ser. ¿Te acordás de las cartas a las que ninguno le ponía mucho cuidado, pero que lograban rescatar las dimensiones de nuestras vidas? Y aunque lo recuerdes o lo hayas olvidado, aunque sea difícil no disociar el ahora, aunque se sienta como ayer…


Tengo ganas de poder bajarle un poco a la luz, mas no dormirme. De aplaudir al encontrar la mejor manera de convivir con los altos y bajos que me acarician cuando les digo que me dejen, de reír con la seguridad de que a mí sí me hace sentido y de vivir tranquila con una mente inquieta. Que mis reproches se evaporen y le abran el paso a sumergirme en cada emoción que me atraviese, cada verbo que me anime, cada ráfaga de escenarios improbables que me impactan antes de tiempo. Que  mi refugio se extienda más allá de los momentos efímeros en los que se fusionan mis recuerdos con mis deseos mis.

20150223

"Let's Stay Together" - Al Green




          Viajaron por 2,556 días. Atravesando las arenas interminables del tiempo el uno, surcando las nubes de la imaginación el otro. Así casual… quizá allá por el paso 14,244 del uno, quizás por el aleteo 4,490 del otro, se encontraron en uno de esos viajes sin destino, sin promesas, sin retornos; porque así de diferentes, el uno desde el cielo y el otro desde la tierra, se cruzaron únicamente para mantenerse juntos desde la distancia. 

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NGB.DA20150224

20150213

Expiación


Aquel había sido un día particularmente extenuante. Tomó sus pastillas y luego de algún tiempo se durmió. Pronto comenzó a soñar. Soñaba con una casita de madera y un portón, con una mecedora y una hamaca. Con un vestido de algodón, aquel vestido blanco de florecitas amarillas y con su olor a limpio, a jabón de pacunes y a Heno de Pravia. Lloró y las lágrimas rodaron desde sus ojos cerrados hasta sus orejas, pero no pudo despertar.

En el sueño buscaba su mano, después de cuatro o cinco intentos logró tomarla, y la llevó hasta la hamaca. Se sentaron a la par. Le apretó la cintura y hundió la nariz en su pelo, en aquella maraña de colochos descuidados, negros, brillantes, y sintió el olor del amor joven. La apretó más y más, hasta que ella, agobiada, lo apartó muerta de risa.

—¿Qué te pasa, loquito?
—No, no, dejame agarrarte, por favor, no te vayás.
Aquella criatura aún con alma infantil tomó el ruego más como un reto o una invitación a jugar, que como una petición seria, y riendo aún más se levantó y comenzó a huir de él.
—¡No! Por  favor, por favor, vení, dejame besarte, por favor.

Las lágrimas le rodaban por las mejillas, en el sueño y en la realidad. La criatura que corría paró de pronto, asustada por aquel a arranque sentimental.

—¿Qué te pasa, mi vida? ¿Qué te pasa? ¿Quién te hizo algo?
—No entendés, amor, no entendés, vení, he querido abrazarte desde hace tanto, dejame besarte, por favor, dejame besarte.

Ella seguía extrañada pero se dejó besar, abrazar, acariciar... lo tomó de la mano de nuevo y lo llevó adentro. Lo acostó en la cama de pita, siguió besándolo, acariciándole el pelo, rascándole la cabeza suavecito, diciéndole en el oído ya calmate loquito, a saber qué te pasó pero ya, ya estoy aquí con vos, dejá de llorar que me partís el alma, dame esa boquita, tranquilo, no tengás miedo de nada, y él, él se asía a aquel cuerpo juvenil como si no hubiera nada más allá, como si el vacío lo jalara, y la besaba y quería explicarle, lloraba y le pedía perdón, la penetraba y lloraba más, sentía en sus entrañas el calor que había conocido hace décadas, y le parecía irreal, imposible, efímero...

Quedaron acostados apenas uno junto al otro, en la estrecha cama de pita. Ella le pasaba los dedos por el pecho, jugando con su piel, con sus vellos, en la ingenua felicidad de quien se sabe con la vida por delante.

—No entendés, no entendés, perdoname, te juro que no quise que nada fuera así de mal, te lo juro. Te prometo que voy a aprovechar el tiempo, que voy a estar aquí, vos vas a ser lo más importante, no, vos sos ya lo más importante. Bien sabés que te amo, te he amado desde que te reíste conmigo la primera vez, y te voy a amar para siempre, creéme, te voy a amar para siempre, no logro olvidarte, no quiero, no quiero, vení.

Ella lo veía extrañada, sin entender nada, y redobló entonces los mimos en un intento por consolarlo, como cuando se calma a un niño asustado. Él luchaba por explicarle, porque tratar de expiar en esos segundos una vida de arrepentimientos, por querer rescatar en ese instante todos los años desperdiciados, pero no pudo. Finalmente sucumbió al deleite de los sentidos y se durmió junto a ella, aún llorando.


Las lágrimas caían desde sus ojos cerrados hasta sus orejas, y el agua en los oídos terminó por incomodarlo. Despertó de súbito y se secó con la manga. Buscó en vano a la novia veinteañera, a la casa de pueblo, a la cama de pita. No estaban más. Solo quedaba el doloroso vacío, el recuerdo, y el amargo espacio libre que no alcanzaba nunca a ocupar en su solitaria cama de viudo.

Miss Cecile

Relato inspirado en "Let's stay together" de Al Green



Miss Cecile y sus caderas de mulata. Temblorosa, se mira en el esposo, suspira y se da un beso en el reflejo. Se da la vuelta y mira su pelo. Baila, contenta, pensando en besos robados, suspiros y flores. El frío entra por la ventana acariciando su piel.

Miss Cecile sigue mirándose, recorriendo sus años en forma de lunares, cicatrices, canas y marcas. Ve la ventana y la cierra para evitar que los fantasmas de sus recuerdos se le escapen.

Miss Cecile se viste, vuelve al espejo y adivina las curvas bajo su ropa. Curvas que antes provocaban miradas lascivas, curvas que ya no se ven sino en su mente.

Miss Cecile mira sus ojos, su piel. Canela, caramelo, nata oscura quemada por el tiempo. Vuelve a darse un beso y recuerda cómo antes eran otros labios que se posaban en los suyos. Recuerda los días de disco, lentejuelas y música.

Miss Cecile abre el closet y toma su vestido dorado de baile, sus tacones altos brillantes y se los pone en lugar del camisón. Del joyero escoje unas argollas enormes, tres brazaletes anchos y así lista, se mira al espejo y siente de nuevo el humo del estudio de aquella noche, el ronronear de los grillos en la oscuridad y esa voz ronca que la invitó a bailar. Sin sentir cómo, comienza a cantar y a girar de felicidad. El esfuerzo la cansa.


Mira qué encanto, por qué tan sola, quieres bailar, acompáñame,  vamos a platicar, cuéntame tu vida, solo vine a conocer gente, que quieres que te diga encanto, el encanto, ven conmigo, mírame y vamos a bailar, no conocía este lado de la ciudad, quédate conmigo, me tengo que ir, quédate solo esta noche, mira cómo brilla el vestido, son lentejuelas, este lugar es pésimo, sí, no me dejes sola, no, ven y escápate conmigo, sí, quiero ver este vestido más de cerca, ilumíname, quieres venir, ven conmigo, déjame solo, no me dejes sola, déjame ir, qué noche, quédate conmigo, vamos a bailar, ven conmigo, juntos para siempre, qué hermosos ojos, me encanta tu pelo, baila para mí, vamos juntos, bailemos juntos, déjame ir, no me dejes sola, sí acepto, miremos el mar, bailemos juntos, vivamos juntos, sí, quiero irme, no, déjame ir, no me dejes sola, por qué tan sola, quédate conmigo, siempre juntos, ya vine, no te conocía, luces bien, Cecile de mi vida, Cecile por siempre, adiós Cecile.


Miss Cecile recuerda. Miss Cecile duerme. En la bruma de sus sueños, ve la imagen de quién siempre la amo cuando los demás se iban. Miss Cecile mira su rostro en el espejo.


Amores

Escrito inspirado en la canción de Al Green - Lets Stay Together

por: Ivonne Veciana

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Amores que crecen sin podarse. Despeinados, libres, largos. Acicalados de rutinas.

Amores deliciosamente equivocados, polvosos, lentos y un poco atrasados. Pendientes y en pausa.

Cariñitos lejanos, volados, volcados. Estirados en un mapa. Inquietos, telefónicos, escritos, enviados.

Escondidos, doblados, archivados. Intento de olvido. Amores delineados. Aceptados, crecidos, indefinidos. Infinitos.

20150211

Crisis

Texto basado en "Let's stay together" de Al Green.

Oda a un mal día.




Sabía que no saldría completa de aquella habitación, al menos intentaría salir de una sola pieza.

"Cerrá" - escuchó la voz del jefe - "sentate" - fue la siguiente orden.

Era difícil no ser autómata ante el enojo instalado en aquellos ojos, sabía que lo que discutirían es el trabajo atrasado, el trabajo poco creativo, el trabajo rutinario. Era difícil no obedecer. Era difícil conformarse. Le dolía la cabeza, no dijo nada, no escuchó sus pasos que dio desde la puerta hasta la inmensa mesa de cristal en medio de la sala. "Cristo, ampárame" logró pensar. Era lo único lógico y honesto que había pensado en todo el día.

Tener un mal día es lo más común. Lo que no es común es lo que sucedió a continuación. En sus manos traía una pequeña libreta amarilla, de esas genéricas para anotar ideas genéricas y para anotar, traía entre sus dedos un lapicero genérico. Se sentó.

No lograba escuchar lo que le decía el hombre, en su cabeza sonaba incesante la letra de la canción que la martillaba desde 48 horas atrás. Quería desesperadamente escapar.

Tomó su lapicero con la determinación necesaria para ignorar al hombre que la había citado para discutir su último texto. Jamás había trabajado de copy. Jamás lo haría de nuevo... con fuerza clavó el lapicero en su brazo izquierdo, acertando justo en la vena adecuada, a pesar del dolor y del grito del jefe, tuvo la buena voluntad de arrastrar la punta del arma, antes lapicero, y abrir de tajo el lugar por donde la vida se liberaría. Jamás estarían juntos, ella y sus textos. Jamás escucharía esa horrible canción de nuevo.

La sangre se esparció sobre el vidrio de la mesa... lo último que escuchó fue la voz de su jefe... "Vieja!".

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"Cerrá" - escuchó la voz del jefe - "sentate" - fue la siguiente orden.

Let's, we ought to stay together




Let me say that since, baby, since we've been together

Loving you forever is what I need

Oh let me be the one you come running to
I'll never be untrue

Oh let's, let's stay together
Lovin' you whether, whether
Times are good or bad, happy or sad, alright, oh yeah
Whether times are good or bad, happy or sad


Como me encanta "Let's stay together" (1971).

Al ritmo y con los beats heredados de la carrera como baterista de soul, Al Green canta y enamora. Emociona con sus falsettos, de los cuales él dudada. Willie Mitchell, el productor, dice que la única vez que se peleó con Al Green fue por "Let's stay together", porque Al Green "no creía que iba a ser un hit" después de reescribir la letra en como 5 minutos antes de grabar. 

Pasó a ser número 1 como por 19 semanas y considerada la canción número 60, además de ser retomada en bodas y cenas de San Valentín porque, pues sí, es sobre el amor. "Incondicional" le llaman unos, yo le digo íntimo a esa característica de trascender las barreras de las circunstancias externas a cómo se ven dos personas, cómo estas entienden su relación. O, bueno, no sé; quizás me equivoco, pero creo que no debería de costar tanto quererse.

Y lo que aprendí de Quentin Tarantino en Pulp Fiction (1994), de la escena en la que vemos la espalda de Marsellus Wallace poniéndole condiciones estrictas a Butch (Bruce Willis), es que Let's stay together es más. Es tan buena, tan seductora que puede darle vida a muchos escenarios. "Pride only hurts, it never helps", le dice a Butch. "On the fifth your ass goes down".

Puede ser la canción que escuchás para despejar la mente al punto de que estás sola e invencible, puede ser el detonador de nostalgia y de afecto, puede ser la que bailás con alguien con quien compartís el buen humor, puede ser el motor de conservación y amor-propio o, al contrario, un momento de entrega y de dejar todo. ¿Quién sabe? Todo puede pasar.