Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
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20170224

Tipos de rosario


Relato edición "Yo fui una vez" de Silvio Rodríguez

Existen tipos de rosario, así como hay todo tipo de días: los días nublados que se alían con un sol canicular que propaga el vapor y el dolor, son días que caben esta tipología de días que se encuentran descritos rigurosamente en la agenda de 2008 de Cynthia. La mamá de Cynthia coleccionaba rosarios de todo tipo, y ese día no estaba pensando en ellos. 31 grados, dos baldes; La Herradura, Merliot; ¿habrá algún tipo de vino que se llame Merliot? Cynthia se levantó (cuando es de noche, desde las mesitas de madera de la Herradura de Merliot, no se nota el vapor inusual de la mitad del año) y en la cola –––que siempre se hace, que nunca termina– se despreocupó por lo que ocurría en la mesa, en la barra, en el pasillo, en la calle. Tres personas delante de ella tenían que orinar (o ajustarse el sostén, o putearse a sí mismos con un poquito de agua en la frente o…) y era, al fin, un privilegio no huirle a sus estupideces. Se imagino tocándose el vientre, porque sus manos no lo sobaron, no tal cual… Buscó cómo acomodarse sus manos, en esa fila, esa noche húmeda como la mañana con nueve días de retraso en los que se sintió los senos más grandes, hasta que encontró cómo colocarlas en las bolsas del pantalón ajustado y desteñido… Se las mordió, antes, justo antes de resignarse con las palmas sudadas al efecto de esa noche. En un par de años, no le fuera a causar este estrés. ¿Qué más va a hacer? Manejar, mantener al niño, y estar soltera y, de alguna manera, trabajar y estudiar; ¿pero en qué órden? Y cuando el tipo barbudo y brilloso salió del baño, perturbando el orden de la cola formada con mucha gracia sobre el suelo mojado por el vaivén de baldes y hieleras, volvió a ver a Cynthia y bajó un poco la mirada. Con sincronía imperceptible, el hombre, factor de disrupción de la cola, le vio el escote a la muchacha y reveló un rosario muy similar al –así como hay tipos de días o días de todo tipo, hay distintos tipos de rosario– al que cuelga del cuello de la lámpara de la mesa de noche de la mamá de Cynthia. Su “Él” usaba un rosario muy similar, y rebotaba contra su pecho cuando estaba encima de ella, y aquel ir y venir distorsionó el significado de cada perlita de madera y la única salida era rezarle a otro tipo de rosario, que no le recordara a ninguno de esos hombres. Después de la ida al baño, verse en el espejo, buscar una barriga nueva en su perfil contra el espejo sucio del bar, regresar a la mesa a fingir que todo está igual de bien o de mal que siempre, Cynthia se iría a dormir con un rosario turquesa, sin ninguna perlita de madera.

20160203

Lo que necesitamos...

Era mil novecientos ochenta y nueve, yo me asomaba a la adolescencia y definitivamente no entendía mi lugar en el mundo, no era niña, tampoco una señorita. La vida se me asomaba haciéndome guiños en aquellos días. Tuve una buena época entre mi quinto y sexto grado. Aprendí que, como los gatos, tenía garras y podía usarlas o esconderlas. Pese a mi hermetismo, me hice aún más callada y desconfiada y me encaminé a la vida que me esperaba.

Hace dos noches me soñé de esa edad, entre los 12 y los 13 años, en mi sueño me veía con el uniforme del colegio  y aquella niña se sentaba a platicar conmigo, mi yo de 38 años, me hizo recordar las tardes de tareas, las soledades del patio colegial, las tardes comiendo mangos maduros en el techo de mi casa de la infancia, de mi eterno esfuerzo por aprender a nadar en la interminable piscina del colegio, de mis lecturas a escondidas con la lámpara que me regaló mi abuelo antes de morir, me hizo recordar que la vida sencilla y sin pretensiones es una forma de vida. Al despertar de aquel sueño lo primero que vino a mi mente fue esta canción, la misma que tarareaba mientras Samuel, el muchacho que manejaba el microbús escolar, ponía a todo volumen y la cantaba a grito pelado, mientras una veintena de niños y niñas veíamos los carros pasar.

Decidí que sería nuestra canción para esta quincena en Nongirly Blue, porque a veces hay que seguir solo el mero gusto de mecer la cabeza mientras suena una vieja canción. Porque al final, a veces, lo único que necesitamos es recordar una época feliz de la vida.

Que disfruten What it takes, de Aerosmith

20150921

Reza por mi

Texto insirado en
Cupid Carries a Gun - Marilyn Manson
--*--

Cuando la muerte venga,
cuando me pida cuentas,
y me exija moverme de tus brazos.

Cuando me mire a los ojos
y yo sepa reconocerla,
estando cansada de todo.

Cuando sienta el frío interminable
de un viento ajeno que viene por mi
y solo sepa recordar tu nombre.

Cuando mi reloj quiera detenerse sin opciones,
le diré que regrese por donde vino:
Que no hay corazón que deje de latir si sigues conmigo,
que no tiene nada que llevarse si mi vida está contigo,
que esta alma que nunca dejó de errar no es mía en verdad.
Que toda yo viví por vos.

Que venga otro día,
que busque a quién cazar,
porque estos labios solo conocen tu nombre.
Y no puede decidir por mi, si soy de ti.

Cuando esa vieja amiga que -que en verdad nunca se fue-
quiera decidir mi último camino,
le diré que te consulte primero
lo que ya decidiste cuando los besos los repartimos.

Que sepa que mi cuerpo te responde,
que no depende de mi cambiar de lugar.

Ni siquiera respirar es cosa mía,
estas manos que no dejan de buscarte,
que te vea sonreír si no me cree.

¿Qué hará esa triste consejera cuando me busque y sepa que mi vida y muerte hace ratos no me pertenecen?

20150811

Rerecomendación: La Garfield - "Mala"

Aquí está la canción que te comenté esta tarde. Es una banda indie de Monterrey, me parece una genialidad y este tema es una maravilla. 

Ojalá te guste y consideres que vale la pena compartirlo.

Saludos.
JR



Así empecé a escuchar La Garfield, cuando me recomendaron esta canción que ahora yo recomiendo para Non-Girly Blue. 

La Garfield me suena familiar pero no me acuerda a nada, y no sé cómo definir el tono ni los sonidos. Identifico que por allí son animados por emociones y sentimientos y en "Mala", una historia.

¿Qué nos dice? ¿Qué nos cuenta? ¿Que nos deja contar?

Esta rerecomendación combina mi manía por acumular probar cosas nuevas a las que no le asociamos ideas o experiencias anteriores y, también, el inevitable juego de asociaciones al que somos sujeto al ver una misma escena, escuchar una misma canción, con diferente subjetividad.






20150713

La mala memoria que no tengo


Relato inspirado en "Self esteem" de Offspring
Por: Ivonne Veciana

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Lo bueno y lo malo de la memoria, es que no aprendió a mentir.

Podemos intentar reprogramar un recuerdo,
Sumar o restarle a una situación,
Adelantar lo que queremos o fingir que nunca pasó.

Convencernos de algo invisible y jurar por lo más sagrado que fuimos testigo, o bien ponernos de rodillas y e implorar al olvido que nos abrace hasta no recordar.
Acomodar momentos en otro tiempo, suponer que todo lo que pasó fue por una buena razón y hasta aducir demencia cuando ya no podemos más.

Pero lo bueno y lo malo de la memoria, es que es nuestra mejor editora:
Nos recuerda datos exactos, nos presume claridad y no le importa si no la podemos aceptar, le informa a la conciencia que estamos haciendo trampa y ahí es cuando saca del basurero esa hoja que arrancamos y tiramos para no volver a leer.

La memoria es eso: la mejor escritora feroz, con dientes de perra, anotaciones de jueza y alma triste.

La que guarda todo por obligación, aunque también se muera por olvidar.

20150701

The Offspring y su forma de calmarme

Lo confieso, estoy enojada.

Desde hace dos días todo me molesta, me enerva la impuntualidad, me descuadra que me dejen plantada, me llena de indignación que me dejen hablando sola. Los seres humanos en general me decepcionan, por ello, hace mucho tiempo empecé a vivir sin expectativas, para que no me las pisoteen. Pero he fallado, a veces confío, me acerco y me encariño. A veces, en algunos casos, es un error.

Luego viene la barbarie no solo personal, sino también las malas noticias, niñas de 6 años violadas, asesinatos de gente que va a trabajar, el desbordamiento de la violencia, la escasez, la mala repartición de las riquezas, la memoria histórica olvidada y la amnesia colectiva y selectiva.

Como cereza del pastel, anoche olvidé mis llaves en la oficina y no podía entrar a mi casa, pensé mucho camino a casa de la única persona que me soporta cuando mi demonio interior aparece, le acaricia el lomo a la bestia en la que cabalgo y me dice cosas como... "no vale la pena".

No soy mejor persona que otros, de hecho siempre me he considerado un poco odiosa, un poco altiva y de remate alguien me dio la paja de que soy inteligente, a veces lo dudo. En tiempos como estos, cuando los calendarios no cuadran, cuando el tiempo no me alcanza, cuando estoy pasando por grandes cambios, cuando llego a un hogar nuevo, cuando me da miedo dañar a otros con mis propios daños me da por enconcharme, me alejo, prefiero la soledad. Al regresar a mi casa, con las llaves de repuesto en la mano, lloré. He muerto un poco.

Había elegido otra canción para esta quincena, pero me decanté por esta, "Self esteem" es un gran recuerdo de que puedo detener a los que me enervan, de que puedo controlarme y no matar con la mirada a los demás, de recordarme que la música, sobre todas las cosas, es un bálsamo que nos cubre luego de un mal día.


20150630

Amor Líquido

Relato inspirado en Special to Me de Jessica Harper.
Por Flor Aragón

1.
Se había clavado, como dicen, por varios meses con el tema de los amores líquidos de Bauman, desde que le había conocido por referencia en una de sus clases de la maestría. Le atrajo el concepto de la liquidez de las cosas, la modernidad, la educación, el conocimiento, las relaciones; pero, sobre todo, el amor. El amor. Ese, en el que él había tenido tanta mala suerte, dejándolo solo y con escombros a sus recién estrenados treinta años. "Nada de enamorarse," decía Bauman en alguna parte de su libro. "Nada de esas súbitas marcas de emoción que lo dejan sin aliento: nada de esas emociones que llamamos amor, ni de esas a las que sobriamente llamamos deseo..." Amaneció esa mañana leyendo al maestro y, luego de que la última tipa en cuestión se había ido con algunos regalos de más y los mejores recuerdos de su vida en un viaje de fin de semana a Roatán, en donde habían departido y compartido con hippies de todas partes del mundo en una playa oscura y anodina; esa madrugada, todavía con el recuerdo del sabor a cerveza y marihuana de la boca de ella rondándole la mente, había decidido dedicarse al amor líquido. Esas relaciones que se dejan ir colándose entre las manos a capricho. No le costó mucho volverse un experto, ya había conocido de cerca todo tipo de relaciones, y se daba cuenta de que, de alguna manera, él había sido el amor líquido de muchas, de esas que nunca se dejaron atrapar, que se diluyeron sin mirar atrás, a las que no se les movió ni la más mínima fibra de sus átomos incoloros para irse con la corriente; dejándolo mudo e impávido frente a cada final. Así que, digamos que, en menos de una semana estaba estaba listo para salir al mundo en su nuevo estado fluido. En ese en el que no se iba permitir ni el más pequeño desliz. Ya no. Nunca más.

2.
Ni sus amigos le vieron por varios meses mientras se dedicaba a derramarse por los más insólitos lugares de San Salvador. Bares, fiestas privadas, fiestas sin invitación, antros, lugares anónimos que subrayaban más sus ganas de diluirse en cada relación. En donde conocía mujeres equis, mujeres genéricas, mujeres cero a la izquierda; como decidió llamarlas en su mismo juego, en su mismo ir y venir todas las noches probando que sí, que contra toda teoría, el amor y el deseo se podían medir y frenar. Se volvió todo un experto en callar y anular cualquier ansia y emoción, cualquier gana de despertar junto a un cuerpo que pudiera darle calor o cariño, sexo o ternura. Se volvió un experto en no volver a caer ante cualquier mirada que se derritiera bajo un rimmel bien puesto, ante unos labios que sonrieran con comisuras demasiado pronunciadas. No, ningún color de labios, ningún batir de pestañas lo podían conmover. Ni siquiera las palabras suaves y comprometidas de alguna mujer que en medio de la noche o la madrugada le pudiera hacer ninguna petición o reclamo. No. Era, finalmente inmune a cualquier luna que se deslizara por cualquier espalda cercana, a cualquier canción que le cantaran cualquier noche, al sonido callado de un par de lágrimas rodando por un rostro, a cada palabra que sonara como amor o cariño o seguridad o quedémonos a dormir o quiero que seas parte de mi vida y mis noches o no importa cuánto escondas o cuánto sentimiento acumulado o cuántas ganas te lleven a mirarme de esa forma o a soñar conmigo cada domingo en la tarde mientras tu mano se desliza suave entre tus piernas. No. Nada de eso le inmutaba. Quería ser alguien y para eso tenía que ser nadie. Anónimo. Sin amor. Sin deseos.

3.
Hasta que, claro, siempre hay un hasta que o un pero en cualquier historia de este tipo; pasaron varios años y nuestro querido y bastante anónimo personaje llego a aquel bar, aquella noche, de aquel abril medio cálido, medio lluvioso. No era como cualquier abril, como podrán ver, no en cualquier abril llueve suave y se apagan las luces en la fiesta. En ese sí, y nuestro amigo, buscando algún fósforo en la barra se la encontró a ella. Jimena. Lista, viva, envidiable. Sentada en un banco de madera como si nada. Como si esperara la vida o como su mirada estuviera dispuesta a matar o a derretir o solo a mirar como se miran las cosas que pasan y no tienen ningún sentido. Nuestro amigo le pidió un fósforo o fuego o lo que sea como se pide un taxi o se pide perdón. Ella le dio un encendedor como se da un buenos días o la propina o la vida. Él le dijo gracias o quién sabe...

No llegan hasta ningún lugar las palabras.

Porque el amor, el deseo, o como quieran llamarle; se solidifica de alguna manera, queridos amigos, que ninguna teoría o filosofía puede explicarlo.

20150629

Microcuento bailable


Relato inspirado en 'Special to me' de Jessica Harper
Por: Ivonne Veciana

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Cuando entró al antro, no podía creer que sus amigos le habían convencido de ir a ver bailes exóticos. Pensó que si su familia o compañeros de trabajos le vieran en ese estado: con una botella de ron en la mano y pagando el cover para ver nudistas bailar, se le armaría una revuelta.

Se sentaron en la mesa y pidieron la otra botella de ron, de todo modos, estaba en oferta para las fiestas grupales. Sintió todo el humo de quienes fuman cigarros -normales y chistosos- ponerle rojos los ojos, alguien le pellizcó una nalga y un mesero le pasó golpeando la cabeza con su bandeja al ir de prisa hacia la mesa VIP de la esquina donde celebraba su cumpleaños el empresario soltero del año junto a su grupo de amigos ricachones.

Justo cuando pensaba que quería irse a dormir a su casa porque no era parte de esa realidad nocturna, se apagaron las luces, se iluminó la pista central y el público aplaudió para dar la bienvenida al personaje de striptease más famoso del momento. Su coordinación con la música, los pasos modernos, la forma de bailar en el tubo, la canción particular con la que se quitaba los pantalones... era una locura la que desataba entre la gente que moría por ponerle todo tipo de cosas en la tanga: billetes, tarjetas de presentación, servilletas con números de teléfono y llaves del hotel de quieres llegaban como turistas a ese rincón de la capital siguiendo el mito.

Cuando no podía sentir más incomodidad ante ese espectáculo y sus amistades parecían absortas, sintió una mano sobre su hombro. No podía creer que semejante personaje se acercara para detener su partida: "espérame hasta que termine el show", le dijo entre los gritos de su grupo.

Se volvió a sentar con la cabeza girando entre el ron, el humo, los amigos y la música.

Cuando se encontraron en el pasillo de los baños, le preguntó si el show le había parecido aburrido como para levantarse así

_Eeeh... claro que sí, bailas muy bien...

_¿Pero?

_Nada... bueno...

_¿Nunca habías visto a un hombre hacer eso?

_Eeeh... no... la verdad no. Es nuevo estar en un club de striptease masculino

_Si te doy mi número de teléfono ¿llamarías?

_ [...]

_Jajaja... Que haga esto como trabajo nocturno, no significa que no me gusten las mujeres o que no pueda estudiar leyes durante el día

_Bueno, yo pensé que... la forma por como... es decir...

Le tomó la mano y con el lapicero que colgaba de la guía telefónica le anotó su número en la palma.

_Llama. En verdad me gustaría invitarte a salir.

20150616

Susana, Leo, los perros y las cicatrices


Relato inspirado en 'Danzón'
Por: Ivonne Veciana
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Cuando llegó a la playa, no esperaba encontrarse con un torneo de surf femenino. Había viajado varios kilómetros para huir de los que en vacaciones inundaban como hordas las playas detrás de su casa y se veía obligado a llevar su amargura a otro lugar.

Por eso subía a sus tres mejores amigos a la vieja camioneta Chevy restaurada en casa: un labrador negro como el carbón, un pastor alemán con aires de nobleza y uno de raza incierta, más feroz y autónomo que los otros dos. Coal, Sergeant y Whiskey. Durante tres meses empacaba más pertenencias de sus perros que propias, el bastón con el que impulsaba su pierna desaparecida en Irak y soportaba que le doliera esa herida por varias horas al volante hasta llegar a otra playa lo más alejada posible de la civilización veraneante. Elegía ese otro lugar porque siempre tenía prohibición de nadar por las corrientes traicioneras y pasaba casi vacía; pero el vigilante de Clearwater Beach había sido amigo del abuelo de Leo cuando llegaron como inmigrantes a Nueva York y lo dejaba hospedarse en una cabaña abandonada que poco a poco iba reconstruyendo.

Ahora estaba igual de atestado de gente y debía ponerle correa a Whiskey, el único volátil de los tres, para evitar algún accidente.

Al entrar a la vieja casa fue directo a la cocina para guardar y ordenar las compras del mercado para sobrevivir las primeras dos semanas. Coal fue detrás de él, mientras que Sergeant y el criollo corrieron al cuarto de baño.

De inmediato escuchó un grito, varias cosas que caían en la ducha y Coal se unió a los otros dos canes en sus ladridos. Tomó su bastón,sacó su navaja suiza que escondía en su bota especial y fue en busca de sus perros y el grito. Encontró a una joven deteniendo la cortina de la ducha con una mano y un bote de shampoo en la otra para defenderse de sus tres agresores.

Se quedó en  la puerta y ella volvió a gritar. Leo hizo una señal de "afuera" a sus perros y cerró la puerta para que ella saliera de esa situación en paz.

A los 15 minutos, ella salió del baño con una mochila al hombro y más sonrojo que un atardecer.

_ ¿Quién eres y qué haces aquí? -Preguntó Leo si dejar de cortar filetes de pescado

_ Lo lamento mucho... no sabía que alguien venía aquí y yo necesitaba alejarme un poco de la gente del torneode surf porque...

_ No me interesa. Pregunté quién eres y qué haces aquí.

_ Susana. Me llamo Susana y no sabía que el viejo vigilante había dado permiso para que alguien...

_Yo pago por esta cabaña -interrumpió Leo- No me interesa lo que el viejo Joe te haya dicho. Esta casa está habitada los tres meses de verano, ¿Entendido? .

_ No pretendía quedarme, solo necesitaba una ducha en privado porque...

Y Leo dejó caer en el fuego las verduras picadas de su tabla de madera que hicieron un ruido suficiente para cortar la explicación de Susana. Al ver que su interlocutor ni siquiera la miraba, se acomodó la mochila en el otro hombro y salió dando un portazo que hizo temblar la pequeña ventana de la sala.

Leo se sentó en el sofá gigante con su plato recién servido y cuando estaba a punto de destapar la cerveza, se dio cuenta que ninguno de sus tres perros estaba en la casa. De un saltó en un solo pie llegó a la puerta, apoyó el bastón para bajar los escalones y se fue siguiendo el rastro a perfume que su invitada no deseada dejó al irse.

Ella casi llegaba a la playa donde estaban reunidas sus colegas de surf y no se había percatado que detrás venían los tres amigos que le habían dado un susto al salir de la ducha.

Escuchó que gritaban su nombre _¡¡Susana!!

Volvió a ver y era Leo tratando de correr en un solo pie y bastón con la cara descompuesta de pensar a sus perros como perdidos. Casi nunca se separaban de su lado. Los tres habían sido rescatados de un refugio de animales durante la guerra y estaban a punto de ser sacrificados hasta que él recibió su baja y decidió calmar sus demonios acompañándose de la soledad de esos tres desafortunados. Pagó una buena suma para traerlos hasta su casa y procurarles rehabilitación en una veterinaria mientras él aprendía a usar una pierna de acero y a cocinar comida que no saliera de latas con sello del gobierno federal.

Cuando ella identificó que era Leo, vio a unos metros que los tres perros venían siguiéndola emocionados, como si ella los guiara al agua donde tanto les gustaba jugar. Se agachó para abrazarlos y Leo vio cómo esos tres insoportables se dejaban acariciar por esa perfecta desconocida que les besaba la trompa como si no tuviera miedo a perder la nariz de una mordida.

_Tranquilo, no sabía que estaban aquí.

_Lo sé. Nunca se van así, no se qué pasó...

_¿Les gusta pasear? Podría pasar a traerlos cada tarde para sacarlos si es que tu no puedes

_No es necesario. Mi pierna no interfiere en su rutina de ejercicio. Están entrenados para ayudarme

_Lo siento, no quise decir eso. Me refería a que...

_Así déjalo. Nos vamos.

Hizo de nuevo la señal con su mano y los tres perros enfilaron de regreso a la casa.

La mañana siguiente Leo despertó sin el peso de los perros sobre su cama. Supuso que habían vuelto a huir buscando el mar -o a ella- y cuando salió del cuarto con el bastón, los vio echados en la alfombra de la sala mirando la puerta, como esperando a alguien.

Se asomó por la ventana y vio a Susana subiendo los escalones y antes que tocara le abrió

_Te dije que no necesito que los saquen a pasear

_No vine por los perros. Necesito que me dejes duchar aquí

_¿Ah?... pero qué...?

_Por favor

_Si eres competidora tienes tu propia ducha, ¿no?, ¿Se están hospedando en el...

_No, Algunas no alcanzamos habitación en el hotel y nos quedamos en una casa compartida. Con cocina y duchas compartidas y necesito ducharme aquí.

_No entiendo qué tiene que ver. No me parece correcto.

_¡Por favor! -Levantó la voz en tono demandante, como si estuviera harta de pedirlo

Leo le vio la expresión de súplica y en silencio se apartó dejándola entrar. Los perros se fueron detrás de ella al baño y Leo preparó dos cafés mientras veía las tres colas que casi nunca se movían por él.

Cuando la cafetera sirvió la segunda taza, regresó al sofá grande de la sala para esperar a que su autoinvitada siempre no deseada saliera y le diera alguna explicación. Vio la puerta del baño entreabierta, se inclinó un poco para evaluar si la vista y el ángulo alcanzaban para ver algo y... sí, la vio salir de la bañera con la toalla cubriéndole la espalda. Se volvió a sentar en la otra esquina del sofá pensando que estaba loco. Primeros sus perros actuaban extraño y ahora él. Tanto tiempo en entrenamiento y en guerra habían destrozado más su interacción con la sociedad que la soledad que siempre lo acompañó.

Volvió a inclinarse hacia el ángulo del baño y la vio de espalda frente al espejo ahumado por el agua caliente. Soltó su cabello. Era en verdad negro y más corto de lo que se notaba. Pasó su mano por el espejo para limpiarlo. Y en ese reflejo la vio acariciar dos grandes cicatrices.

Se quedó congelado aguantando la respiración tratando de entender cómo alguien tan joven y aparentemente sana podía no tener su cuerpo completo. En ese mismo segundo recordó las cicatrices de su pierna y cómo poco a poco la fue perdiendo hasta ganarse el apodo de 'Ironman' cuando le instalaron la de acero. Recordó despertar en la cama de un hospital cutre con gente agonizando a ambos lados. Recordó las veces que se ha despertado con dolor en una pierna que ya no existe.

Susana salió del baño con su mochila al hombro. Caminó hacia la puerta y cuando dijo "gracias", sacó a Leo de su s recuerdos y  la detuvo:

_Preparé café

_¿En serio?, pensé que no era bienvenida aquí

_No lo eres. Pero es importado y se enfría... -Le acercó la taza a la orilla de la mesa

Ella la tomó y se sentó en la esquina donde minutos antes había sido espiada.

Leo la observó de reojo tratando de ver cómo su ropa tenía la curva normal de sus senos y se preguntaba si esas prótesis funcionaban similar a su pierna...

_¿Puedo preguntar qué te pasó en la guerra? -Dijo ella

_¿Cómo sabes que...?

_Tus placas de metal cuelgan de tu cuello, y...también...tu....

_Pierna. -Leo la miró fijamente y sintió una profunda confianza con su desconocida nunca bienvenida.

Pasaron toda la mañana hablando de Irak, las Torres Gemelas, política internacional, los estudios de relaciones internacionales de Susana, su amor por el mar, su cáncer y doble mastectomía a los 28 años, la emboscada del escuadrón de Leo, la metralleta que vaciaron en su pierna, sus perros con sus propias cicatrices. Todos en esa sala tenían más de una herida física y varias emocionales que les costaba compartir con alguien más porque no soportaban la lástima ni los beneficios de discapacitados que la sociedad brinda para sentirse menos culpable.

Cocinaron el almuerzo entre las historias de sus respectivos padres. De cómo los de Leo lo convencieron de unirse al ejército siendo él un vegetariano pacifista y cómo los de Susana quisieron tomar decisiones por ella pensando que le ayudaban con su enfermedad pero en realidad la enfermaban más asfixiándola.

Las historias de la tarde surgieron caminando los cinco hacia el mercado de frutas frente al parque. Dejando que Coal, Sergeant y Whiskey disfrutaran el césped, la tierra y los charcos, que asustaran a los patos y se dejaran acariciar por los niños que los sobornaban con pan y dulces para acercarse.

El atardecer lo vieron a la orilla del lago de los patos. Vieron a todas las familiar regresar a sus casas, las aves esconderse para dormir y ellos continuar con sus aventuras de adolescentes y niños, mucho antes que sus pesadillas se hicieran realidad.

Leo no sabía cómo acercarla a él para besarla. Le daba miedo ponerle la mano en la espalda, en los hombros, no estaba seguro de dónde tocar. Había entendido porqué esa chica buscaba esconderse cada tanto de la multitud y necesitaba una ducha privada, un espacio solo para ella y su cuerpo en recuperación. Y él sabía exactamente cómo era eso.

Apenas estaba procesando lo que sentía al soltarle a ella cada una de sus historia; pero cada recuerdo que intercambiaban los hacía más ligeros. Cada palabra pronunciada era un alivio.

De regreso en la cabaña, Leo servía los tres platos a sus canes hambrientos que esperaban sentados en fila a la orilla del lavaplatos. Cuando sirvió el último y se apoyó sobre la mesa de la cocina para descansar su pierna, sintió las manos de Susana en su espalda. Eso lo paralizó aún más que verla a ella en la mañana en su baño frente al espejo. Cuidó de no mover sus manos. Ella se colocó frente a él, se inclinó tomándole la cara y lo besó.  Lo suficiente para cicatrizar.



20150602

Telaraña


Relato inspirado en I don't think you anymore, but I don't think about you any less de Hungry Ghosts.

Enciende unas candelas y la música duele en alguna parte. Abre otra botella de vino. Su mirada se desliza en las sombras, con las sombras que van y vienen con la luz. Nada queda de esa sonrisa que solía lucir cuando en los días de diciembre nos conocimos y corríamos por la vida como si se fuera a terminar de pronto. Algo tiene la noche, la madrugada que ya no es una promesa como cuando teníamos veinte años, si no una amenaza.

"Así como sos", dice. "Así como sos", y lo repite. 

Así como soy le da la oportunidad a todos de saber que pueden confiar en mí, que puedo entender todo, por más difícil que sea, por más fuerte que sea verlo entramando su alma de una manera inesperada, desolada, desconsolada. 

"No entiendo en lo que te has convertido, pero no importa". Le digo.

No quiere decir que no esté allí sentada, sintiendo cómo algo se desliza entre nosotros, como una araña pequeña bordando hilos invisibles. Sintiendo cómo de una manera sincronizada la araña le va envolviendo el cuerpo en líneas. Líneas que antes no existían. 

"No hay lugar más solo que saber lo que los demás no saben." Dice, casi envuelto en el blanco de la araña.

Eso es lo que tengo. Lo que me da. Lo que no podía imaginar antes del vino y las velas y sus palabras sonando allí, vuelto un ovillo. Eso es lo que me ha dado. Lo que me queda. "Lo que los demás no saben".

Necesito huir y lo hago.

Abro la puerta. La cierro detrás con todas mis ganas.

Allá atrás queda el amigo que fue.

20150529

Soñar con insomnio



Escrito por: Ivonne Veciana
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Anoche me costó dormir. Siempre he tenido al insomnio como compañero de cama; pero anoche estaba particularmente grave. Quizás porque bebí una taza de café en la tarde y  el café puro después de las 2 pm me produce el triple de problemas para dormir.

En fin, logré conciliar el sueño pasada la una de la mañana. Comenzó a llover y usualmente eso me ayuda. Creo que la lluvia de madrugada me recuerda a la casa de mis abuelos donde pasé un par de años de mi infancia. Recuerdo el olor de las galletitas de mi abuela, los sonidos que salían de la oficina de abuelo donde daba consultas y hasta la calma de una calle secundaria donde en esa época no transitaban muchos autos, solo personas a pie con su canasto del mercado bajo el brazo sin miedo a ser asaltados.

Escribir sobre mis sueños nunca ha sido fácil. Suelo repetir muchas escenas de un sueño y luego las reproduzco en  otro sueño. Puedo levantarme, volverme a acostar y retomar el sueño exactamente donde lo dejé y otras veces escribo en una libreta que dejo a propósito sobre mi mesa de noche para anotarlos, y al día siguiente no recuerdo absolutamente nada de lo que estoy leyendo.

Mis sueños son muy reales: si sueño que corro o voy huyendo me levanto asustada, agitada y con la certeza que hay alguien debajo de la cama. Si sueño con mis abuelos (ya fallecidos), despierto sintiendo su olor, si en el sueño lloré, al levantarme me seco las lágrimas y veo la almohada con un círculo mojado. Y el colmo: he soñado que no puedo dormir.

Mi madre cuenta historias del peor período de insomnio que he tenido en la vida: la adolescencia. Supongo que entre el trastorno de sueño heredado, las hormonas de la época y las presiones imaginarias que uno solito se impone para sentirse grande y dejarse de ver en el espejo a ese ser humano que ya no es ni pollo ni gallo.

Ella y yo dormíamos en habitaciones opuestas. Cuenta que una vez escuchó la puerta de mi cuarto, mis pasos por el pasillo, abrí la puerta de su cuarto y ahí me quedé viéndola. Ella se despertó asustada pensando que algo me pasaba, me preguntó varias veces si estaba bien; pero nunca respondí. Se levantó de la cama y dice que me tronaba sus dedos en mi cara para que reaccionara. Yo estaba con los ojos abiertos sonriéndole. Me tomó de la mano y me llevó de nuevo a mi cama, me arropó y regresó a su cuarto pensando a cuál de sus amigos médicos podía preguntarle por semejante episodio.

Otra noche, cuenta que me escuchó gritar en mi cuarto: "¡puta! ¡no me importa!"... entró para preguntar con quién estaba peleando y me vio profundamente dormida.

Anoche -por ejemplo- soñé con dos ballenas. Una negra parecida a las orcas y una totalmente blanca, como una jorobada albina. Ambas nadaban al lado de la otra en un río, no en el océano. Era un río turbio, de agua café y una velocidad increíblemente rápida. Ellas iban cerca de la orilla derecha y solo alcanzaba a ver sus dorsales haciendo olas.

Recuerdo que yo las veía desde arriba, esperaba que sacaran la cabeza del agua para verlas. Sentía que necesitaba verlas; pero alguien me llamaba. Tenía la prisa de irme rápido; pero no quería perderme la oportunidad de saber que esas dos ballenas estaban bien y que llegarían seguras al mar.

Había bebido mucha agua antes de acostar, así que en la madrugada tuve que levantarme. recuerdo haber pensado "ojalá pueda verle la cara a esas dos". Me volví a dormir; pero el sueño que retomé fue otro:

Estaba en una terraza de un edifico alto; pero era realmente un jardín inmenso, como si el Central Park estuviera en una azotea. Venía caminando de la mano de un hombre a quien nunca le vi la cara me él venía cantando y yo burlándome de su acento en inglés. Nunca distinguí de dónde era.

Fue algo que comencé a soñar en enero y me había pasado en la cabeza solo un par de veces, nunca pensé que le daría secuencia a esa escena cuando esperaba retomar a las ballenas.

Ambos de la mano nos acercábamos a una vendedora de flores que las tenía al lado de un camino donde pasaban muchos corredores y madres paseando a sus bebés. Cada vez que estaba a punto de verle la cara, me despertaba.

Y ni hablar de cuando sueño con mi abuela. La madre de mi madre fue una mujer con exceso de pantalones para su época y con exceso de sazón en sus comidas que siguen siendo legendarias. Cuando sueño con ella siempre intercambiamos recetas o me da consejos de lo que sea que me pasa en mi vida actual. Creo que ella es mi angel de la guarda porque de otra manera no me explico cómo sabe exactamente qué decirme cuando me la encuentro en sueños.

Cuando más me cuesta dormir, es cuando más tangibles son mis experiencias oníricas en ese plano que no termino de aprender a manejar. No es un tema fácil para hablar con cualquier persona porque siempre me sonríen con un poco de ternura pensando "toma leche caliente y nos vemos mañana".

Creo que es poca la gente que le pone atención a su inconsciente en ese estado , vulnerable; pero real. Son pocos los que se toman en serio las señales, mensajes, desahogos y temas no resueltos en sueños, como reflejo de lo que pueden hacer mejor cuando están despiertos.

Salir a correr 4 Kms. antes de dormir me está ayudando para que mi cerebro descanse mejor por la noche; pero los sueños siguen y a veces el insomnio es más fuerte que el ejercicio físico. Así que les iré contando por aquí cualquier otro sueño. Y si tienen alguna interpretación que quieran compartir, es bienvenida.

Feliz noche.


20150507

Kashmir, o el oasis que no encontró Plant



Tendría seis años la primera vez que escuché Kashmir. Me crié en un entorno familiar amplio, con tíos jóvenes, lo que fue una bendición en términos musicales, pues me rodearon de las grandes bandas desde muy pequeña. Sin embargo, recuerdo que esa primera vez me pareció una canción larga, de mayor. Eran mis tiempos de cantar y bailar a Enrique y Ana.

A mis 13 ya le había agarrado gusto a Led Zeppelin. Stairway to heaven e Immigrant song sonaban en los cassettes que grababa luego de pedirlas a la radio. Pero al escuchar de nuevo Kashmir, la experiencia fue completamente diferente. La música tiene innumerables propiedades. Te cambia el ánimo, te relaja, te transporta.

Para mí, Kashmir es todo esto junto, y más. En mis momentos de mayor estrés, o de bloqueo mental, es siempre un oasis. Un oasis, como el que Robert Plant de seguro fantaseó encontrar mientras cruzaba el Sahara, en una experiencia que un par de años después dio a luz esta sublime canción, parte del álbum Physical Graffiti, de 1975.

El propio Robert se refirió muchas veces a Kashmir como la "canción definitiva" para Zeppelin. Aún no le perdono que haya prestado la intro para "Come with me", con Puff Daddy... pero eso es tema aparte.

Esta quincena las Non-girly Blue nos transportaremos con la impecable instrumentalización y la etérea lírica de este tema. Esperamos que nos acompañen para leer el resultado. 

20150323

Llueven subjuntivos















Relato inspirado en Kitsch en C, de Cartas a Felice.

Podría ser que ese dolor en el corazón le durara toda la vida. Y él lo sabía. A lo mejor lo supo desde el principio, quizás desde que ella se le apareció con el pelo revuelto y los zapatos gastados de tanta vuelta por el mundo. En ese momento él supo que podría mirarla dormir todos las noches.

– Me gustaría apagarte la luna cada vez que sea necesario–, le ofreció él.


Puede que haya sido lo único que podría darle; no permitir que la luna le empañara la mirada. Esa mirada de ámbar desmesurado que le haría pensar en todos los "y si" que fueran posibles. Y así sería siempre. Él queriéndole tapar la luna, los defectos y las imperfecciones para que ella pudiera levantarse cada mañana; fresca y sonriente, mirando las nubes y los amaneceres, pensando en palabras como nadie más podría hacerlo, como tal vez solo ella pudiera, cada vez que quisiera. O que imaginara. 

– Deberías saber que la vida real es una mentira –, le dijo ella una mañana.

Tal vez enojada por el descubrimiento de que, cada noche, por más intentos de él de opacar la luna, esta siguiera estando tras las cortinas. 

• Foto, Flor Aragón