Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
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20150602

Telaraña


Relato inspirado en I don't think you anymore, but I don't think about you any less de Hungry Ghosts.

Enciende unas candelas y la música duele en alguna parte. Abre otra botella de vino. Su mirada se desliza en las sombras, con las sombras que van y vienen con la luz. Nada queda de esa sonrisa que solía lucir cuando en los días de diciembre nos conocimos y corríamos por la vida como si se fuera a terminar de pronto. Algo tiene la noche, la madrugada que ya no es una promesa como cuando teníamos veinte años, si no una amenaza.

"Así como sos", dice. "Así como sos", y lo repite. 

Así como soy le da la oportunidad a todos de saber que pueden confiar en mí, que puedo entender todo, por más difícil que sea, por más fuerte que sea verlo entramando su alma de una manera inesperada, desolada, desconsolada. 

"No entiendo en lo que te has convertido, pero no importa". Le digo.

No quiere decir que no esté allí sentada, sintiendo cómo algo se desliza entre nosotros, como una araña pequeña bordando hilos invisibles. Sintiendo cómo de una manera sincronizada la araña le va envolviendo el cuerpo en líneas. Líneas que antes no existían. 

"No hay lugar más solo que saber lo que los demás no saben." Dice, casi envuelto en el blanco de la araña.

Eso es lo que tengo. Lo que me da. Lo que no podía imaginar antes del vino y las velas y sus palabras sonando allí, vuelto un ovillo. Eso es lo que me ha dado. Lo que me queda. "Lo que los demás no saben".

Necesito huir y lo hago.

Abro la puerta. La cierro detrás con todas mis ganas.

Allá atrás queda el amigo que fue.

"I Don’t Think About You Anymore” - Hungry Ghosts.



          “Está bien. Las dejaré salir pero nada encontrarán, solo el vacío.”


          Con paciencia y diligencia abrió las 8 ventanas de cristal teñido de todos los colores por imaginar, elaborado por todos los artesanos de todos los mundos que habían existido y habrían de existir.

          Una por una salieron flotando en una especie de bruma incolora. Como fantasmas se desplazaron las ochenta y cuatro mil Penumbras a través de la vastedad del espacio para encontrar exactamente nada. Ni un sonido, ni un suspiro, ni una emoción para alimentarse y fabricar fantasías o ficción. Eleonor tenía razón: nada había para ellas allá afuera. Nada, solamente un espacio infinito sin tiempos ni dimensión.

          Por ocho mil trescientos cincuenta y seis milenios vagaron en necedad buscando esquinas, buscando rincones, buscando corazones dónde habitar pero fue todo vanidad. En el espacio ya no se encerraba, ni se emitían sombras ya. El mundo, de Penumbras, no necesitaba más.


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NGB.DA20150602


Pasos perdidos


Relato inspirado en I don´t think about you anymore but i don´t think about you any less de Hungry Ghosts.

Al amor que me espera cada noche.



La sombra bañaba el piso mientras él sigilosamente los acariciaba con cada paso dado. Siempre se preguntaba por qué tanta soledad, por qué tanto silencio, no entendía... ella llegaba a penas unas horas por las noches, ¿era un fantasma? ¿era un recuerdo? ¿era una alucinación?

La espera cada hora del día, siempre veía el paso de la luz por las ventanas, desde la mañana, cuando ella desaparecía al filo de las 7 a.m. hasta su regreso. A veces regresaba temprano, a las 7 p.m., pero habían épocas en las que su ausencia era más larga y aparecía hasta en la madrugada.

Todo era parco, a pesar de la luz cuando ella no estaba, pero cuando aparecía con el manto oscuro de la noche su vida se iluminaba. Había alguien a quien acariciar, a quien mirar con amor, recorría la casa buscándola, guiado por el sonido de su voz... lo llamaba y él hipnotizado acudía a verla.

Sus pasos perdidos, su mirada llena de amor era el mejor regalo para la mujer. Cada noche ella regresaba del trabajo, cansada, pensando muchas cosas y él la esperaba, ella se quedaba dormida acariciando su bello pelaje. Amaba ser gato.


La última gota



Relato inspirado en
I don't think about you anymore but I don't think about you any less de Hungry Ghosts




Eran las seis de la mañana y ya había desayunado un huevo tibio, una tostada con sardinas y tomado un vaso de leche. Preparó la taza y la apartó, dejándola junto a la ventana. Se levantó, lavó los platos y fue a regar los geranios. El jardín se marchitaba lentamente, cocinándose en su propia sopa de vapores hediondos. Lamentó tener que dejar morirse a los helechos y de dejar que las rosas aguantaran sed, pero eso iba a tener que dejar paso a otras cosas más importantes. Miró de nuevo esa selva que tenía encerrada entre barrotes de hierro y suspiró por todas esas plantas ahogadas buscando algo de frescura. Hacía calor, pero era ese vapor espeso y pegajoso del verano, no un simple subidón de temperatura. De todas formas, donde él vivía siempre había niebla y lluvia, algo de calor era un buen cambio.


Seis y treinta. Cerró la puerta del jardín, revisó que no quedara nada sucio en la mesa y se adelantó a darse un baño. Revolvió el jabón, tomó la esponja y se propuso quedar muy limpio. "Ojalá el jabón también me limpiara por dentro", se dijo. Salió de la tina y dejó un sendero líquido en el piso. Apenas terminó de vestirse, tomó una toalla y con cuidado secó el piso, hasta el último azulejo. "Alguien puede caerse aquí, pero... ¿Quién?", pensó. Satisfecho, terminó de arreglarse. Tomó el perfume y usó unas gotas en su cuello, detrás de la oreja y cerca de la solapa. Con la mayor suavidad posible, acomodó su pelo y lo dejó justo como quería. Se arregló la corbata, confirmó que tenía un pañuelo en la bolsa derecha, revisó el pliegue de cada pierna de su pantalón y vio sus pies con cuidado. No quería ponerse algún par de calcetines con hoyos. Lustró bien sus zapatos hasta dejarlos relucientes. Se los puso y se miró en el espejo. Estaba listo para el día.



Ocho y cuarenta. Había pasado leyendo un buen rato el libro de la semana anterior, sentado en la terraza. En esa misma terraza había recibido sorpresas, alegrías y malas noticias. La misma terraza de siempre, mustia y gris. Tomó un trapo y comenzó a limpiar las tablas de la entrada, viendo a la gente pasar. Lo miraban extrañados de verlo limpiar su casa, se olvidaban de su soledad y él suponía que no habría problema en que pensaran algo distinto a la realidad. Barrió el suelo polvoso y por último enderezó una canasta colgante que estaba torcida desde hace ya algunos días. Ya no quiso pensar en cuánto había vivido en ese lugar, así que tomó una bolsa y se fue a la calle de los vendedores.



Once y veinte. Probó dulces, saludó al panadero, encargó una flauta de pan por la que no volvió, compró un par de ciruelas y se sentó en el parque después de haber caminado mucho. Había un niño jugando con barcos de papel en una fuente, un perro saltando, niñeras con vestidos largos, abuelas cosiendo sentadas y quejándose de sus males, un vendedor de globos. Todo demasiado feliz, demasiado brillante. La luz del sol en todo su esplendor comenzaba a ahogarlo, a dejarlo aturtido, a sofocarlo. Ya se acercaba el mediodía y el calor estaba mucho más fuerte en el parque que en su casa. Por más que lo intentó, la imagen de su cara se dibujaba en su mente una y otra vez. Eran los árboles, las flores. todo. Eran las risas, los amantes en las bancas de madera vieja, los susurros. Primero fue el movimiento de las hojas, como el de su pelo castaño. Luego, alguien fumando un cigarrillo y tarareando... justo como ella lo hacía cuando lavaba los platos. Los sonidos también tenían la culpa: en las piedras redondas y lisas de la acera, sonaban zapatos como cuando salía ella a recibirlo. Comenzó a caminar de vuelta a casa.



Doce y cincuenta y tres. Sentado, comiendo sus ciruelas después del almuerzo, volvió a pensar en ella. Habían pasado tres años, cuatro meses, veintisiete días y catorce horas desde que se había ido. Había vivido en paz durante todo ese tiempo, sumido en su rutina, limpiando la casa, cocinando su comida y saliendo a la calle, leyendo sus libros. Los días le habían parecido siempre lánguidos y aburridos pero los llenaba con algo que hacer para mantenerse despierto y ocupado. Pero los últimos días no habían sido así, algo había pasado aquella última noche del Jueves, cuando soñó con ella. Soñó que le hablaba, que aclaraban todo el misterio de su partida y que veía sus ojos claros mirándolo, haciéndolo sentir tan desnudo como cuando nació, obligándolo a confesar todos sus miedos, sus vacíos y todo aquello que le hacía rumiar su recuerdo todos los días. Hablaron y hablaron. Cuando despertó, ya no quiso seguir con su rutina. Ya la cumplía por el hábito de lo cotidiano nada más, quería seguir viendo esos ojos. Fue entonces que, a media ciruela, volteó a ver la taza tentadora que había dejado lista tan temprano. Pensó en los borrachos y sus excusas para beberse sus angustias. Sonrió.



"Sí, talvez tenga que beber para olvidar". Y acarició la porcelana curva de su taza favorita.

20150520

De fantasmas hambrientos y otros espíritus

Los recuerdos, los sueños y las ideas son como los fantasmas: muy etéreos, invisibles y extraños pero llenos de vida propia. Allí están siempre y solo quien los tiene en mente los puede ver realmente.






¿Por qué digo esto? Porque curiosamente el grupo que interpreta la canción para esta semana se llama "Hungry Ghosts" (Fantasmas hambrientos) y su canción evoca justo eso: el acto de recordar y no querer hacerlo. Como los fantasmas, a veces esas mismas ideas o esos mismos recuerdos y sueños nos acosan. La mejor forma de espantarlos es darles un nombre o una historia.

Cuando oí esta canción por primera vez, me sorprendió su título tan largo: "I don't think about you anymore but I don't think about you any less" y a la vez me encantó todo ese universo de notas tan deliciosamente misteriosas que me estallaban en la cabeza, dando paso a muchas ideas. La canción es instrumental, así que para mí es perfecta para escribir, es como un lienzo en blanco al momento de pintar.