Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
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20151030

De agua y arena


inspirado en Henry Lee de Nick Cave / PJ Harvey




El viento peinaba su pelo,
su pelo perfumado y revuelto.
El mar rugía a lo lejos y opacaba mi voz
que intentaba decirle absurdas palabras de amor.


Mis ojos lloraban de pena,
mi pecho estallaba.
Tanto fantasma de sueños sin acabar,
fantasías sin lograr,
rostros sin conocer,
canciones sin cantar,
palabras sin poder salir.


Salían por mis ojos
traicionando mi imagen, mi postura
de guardián impasible, de roca invencible.


Me volvía de arena,
derrumbándome grano a grano.


Seguía diciéndole frases absurdas,
lanzando promesas ilusas,
rogando por un beso de sus labios quemantes,
suplicando por una mirada,
algo de su encanto.


Todo se estrellaba contra su sonrisa de mármol.
Era hermosa en su simpleza, rebosante de paz.
En vano intentaba hacerla reaccionar.


Pasaban las horas y mi voz subía de tono,
rugía más que el mar, más que el viento.
Fue entonces que ví... ví el terror en sus ojos.
Intenté suplicarle, apagar ese miedo.


No entendía ella mi amor,
no entendía el tormento
de saberme solo por siempre
sin el calor de sus huesos,
sin su hermosura simple
y su pelo revuelto.


No entendí yo su horror, ni su miedo,
ni el sudor frío ni su temblor
cuando mis palabras absurdas
comenzaron a rugir más fuerte que el viento.


Huyó de mi,
despreció mis lamentos,
prefirió el abrazo de agua y sal
que gemía bajo sus pies en un abismo abierto.




Inspirado también en Annabel Lee de Edgar Allan Poe

20151028

Piénsalo bien

Por Ivonne Veciana
Texto inspirado en The Bad seeds de Nick Cave & PJ harvey

---*---

Piensa bien antes de querernos,
toma distancia de los cuerpos y piensa.
Aléjate de las ganas y la almohada,
escápate de las ideas e ideales y míranos bien.

Yo no peso palabras,
no mido significados ni pienso en simbolismos.
No abrazo a escondidas ni callo lo que quiero.

No disimulo miradas,
no me guardo lo que siento,
nunca negaré tu nombre,
no me esconderé para llorarte,
no pido permiso para verte,
no informo de intenciones ni me disculpo por los ímpetus.

No me conformo,
no sé esperar,
desayuno tarde,
ceno arte,
 y soy mala para olvidar.

Piensa bien si te ahoga lo incondicional.
Avisa con tiempo si el baile te asusta,
o las brisas y brujas nos las sabes llevar.

Piénsatelo bien si no estás dispuesto a volar,
o te molestan los sueños ajenos,
porque no pregunto antes de atreverme,
porque no mentiré para tu comodidad.

No serás mi héroe ni salvador,
no evito lo cursi ni lo imposible,
no necesito un proveedor,
no medito las locuras ni me adapto a la costumbre,
y ciertamente, no respondo bien a horarios ni autoridad.

Mis manos indiscretas siempre lo serán.
Mi lengua húmeda siempre te buscará.
Nunca veo a los flancos para saber quién mira,
y pierde importancia el cuerpo cuando encuentro tu mirar.

Piensa bien antes de querernos porque no hay regreso cuando logremos estar.

20151027

“Henry Lee” —Nick Cave & PJ Harvey


(fragmento de "Henry Lee" - texto en proceso)

     “¿Cuál es tu nombre?”, preguntó.
     “No tengo, Señor”, dijo la muchacha encogiéndose de hombros.
     “¿Cómo que no tienes nombre?”
     “Nunca me ha hecho falta señor. Cuando me necesitan me dicen '¡Hey tú! Ven acá'. Otras veces me llaman con silbidos. Sólo la señora de la panadería ocasionalmente me llama ‘Anabel’”, dijo mientras sus mejillas pecosas se sonrojaban ligeramente.
     “Anabel”, repitió pensativo.
     “Es un bonito nombre cuando lo dicen otras personas pero no creo que sea un nombre digno para mí”.
     “¿Por qué dices eso?”
     “Pues verá, Anabel suena bastante real. Uno de esos nombres que pasea por salones y baila de la mano de elegantes caballeros. No es un nombre para andar cortando ramas y dejar las manos en el campo. No. Para nada. Muchos dicen que la señora Lizbeth, la panadera, enloqueció desde que mataron a su marido. Yo no creo que haya sido eso. Yo más bien creo que fue porque no tiene a quien llamar por su nombre. Por eso prefiero seguir viviendo sin nombre, para que nadie enloquezca por mi culpa”.
     “¡Qué cosas dices!”, dijo con una mezcla de furia y ternura. “Nadie se vuelve loco por no tener nombres que mencionar. La verdadera locura es andar por ahí sin un nombre que mencionar ni recordar. Así que si alguien ha de llamarte Anabel, ese seré yo. No se hable más.”



     A la mañana siguiente, la recién bautizada Anabel despertó antes que los gallos. Salió a la oscuridad donde una luna curiosa espiaba sobre los tejados y el jardín. No sintió frío pues un fuego se encendía en su interior. ¿Sería la emoción de tener un nombre, de tener a alguien que se preocupara por ella? Nunca nadie se había fijado en ella, por eso no tenía ningún nombre que le fuera propio. Más bien se veía a sí misma como una herramienta para todas esas tareas que nadie quería hacer, todas esas actividades que los demás tachaban de impropias y desagradables. Había dejado de preocuparle desde hace mucho tiempo el no tener un nombre. Contrario a lo que cualquiera pudiera pensar, era fácil vivir sin nombre. Nadie sabía realmente nada de ella y nadie se preocupaba por ella. No tenía que rendirle explicaciones a nadie y era libre para ir y venir como le pareciera. Entonces lo supo. No era fuego lo que en su interior se había despertado. Era la preocupación de tener que responderle a alguien por las cosas que siempre había hecho pero que al no tener nombre no tenía que explicárselas a nadie. Lo pensó por un momento y se dio cuenta que era peligroso tener un nombre. Uno que todos pudieran pronunciar. Uno que todos pudieran recordar.
     Un amanecer naranja se vislumbraba en el horizonte. La puerta de la habitación principal se abrió. Trató de esconderse detrás de los arbustos pero fue demasiado tarde.
     “Buen día Anabel”, sonrió el indeseado visitante.
     Como un animal asustado, presa de un depredador, la muchacha retrocedió sin éxito. No había lugar dónde escapar.
     “Buenos días”, susurró.
     Una gallina pasaba por su lado. La recogió con sus brazos y desviando la mirada avanzó hacia el gallinero, escapando de la vista de tan atroz cazador. Henry Lee sonrió para sí mismo. Una ternura profunda se apoderó de su interior.
     En la cocina, el día comenzaba a calentar no sólo la estufa sino que la vida de la casa. Las criadas iban y venían cargando cubetas de leche, agua y mantequilla. Se preparaban para un gran día.
     Luego de un tibio baño, Henry Lee revisó con extremo detalle sus prendas habituales que Josefina, la mucama, había lavado el día anterior. No había ningún rastro de sangre. Se preguntó si la joven campesina sabría distinguir la sangre del lodo, pero al recordar la amabilidad de sus anfitriones, supo que ni siquiera podían distinguir la mantequilla de la manteca.
     Se vistió sin prisas. Por primera vez desde que dejó Villa Cavilha se permitió arreglarse sin la incertidumbre de la persecución. Se peinó los cabellos, se afeitó la barba al ras y se perfumó con el agua de maderas que le había dejado la mucama la noche anterior.
     Deambuló por las instancias de la habitación dubitativo de acercarse a la jovencita que horas antes le había esquivado. Se preguntaba si realmente tendría la intención de acercarse más, de ser responsable de ese nombre que tan despreocupadamente le había otorgado la tarde anterior. Recordó la mirada de la chica y comprendió que ese silencio no era timidez campesina como había pensado al principio, sino que miedo.  Supo que no era un juego. Que un nombre no era solamente una manifestación de simpatía, ni un apelativo para identificar a alguien más. Era una responsabilidad.
     Entendió entonces que más que un nombre, había creado la idea de una vida. La ilusión de una personalidad que no solo afectaría a la vida de una simple muchacha campesina, sino que el rumbo de todo un pueblo. 



—DA20151027/1230

20151021

De Nick Cave y dramas junto a PJ Harvey


Disfrazada en una canción de cuna, PJ Harvey y Nick Cave mezclan la gravedad, la pasión, el drama y las emociones restringidas en una historia de amor imposible, mientras dulces caricias nos despiden en un suave baile de vals.

Nick Cave es de mis grandes amores platónicos y descubrir esta pieza junto a PJ Harvey —y leer que además fueron de esas parejas explosivamente creativas en los 90s—, enciende aún más mi deseo y admiración por ambos artistas y sus propuestas creativas.

En mi imaginario, Henry Lee se presenta en una escena Shakesperiana, de campos verdes y tierras lejanas donde amores negados mueren trágicamente para nunca ser encontrados; donde la niebla y los días grises de lluvias, como los que este octubre trae, dibujan el paisaje habitual. Me pregunto qué otras imagenes puede evocar esta melodía. 


—Delmy Alvarenga