Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
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20151028

Piénsalo bien

Por Ivonne Veciana
Texto inspirado en The Bad seeds de Nick Cave & PJ harvey

---*---

Piensa bien antes de querernos,
toma distancia de los cuerpos y piensa.
Aléjate de las ganas y la almohada,
escápate de las ideas e ideales y míranos bien.

Yo no peso palabras,
no mido significados ni pienso en simbolismos.
No abrazo a escondidas ni callo lo que quiero.

No disimulo miradas,
no me guardo lo que siento,
nunca negaré tu nombre,
no me esconderé para llorarte,
no pido permiso para verte,
no informo de intenciones ni me disculpo por los ímpetus.

No me conformo,
no sé esperar,
desayuno tarde,
ceno arte,
 y soy mala para olvidar.

Piensa bien si te ahoga lo incondicional.
Avisa con tiempo si el baile te asusta,
o las brisas y brujas nos las sabes llevar.

Piénsatelo bien si no estás dispuesto a volar,
o te molestan los sueños ajenos,
porque no pregunto antes de atreverme,
porque no mentiré para tu comodidad.

No serás mi héroe ni salvador,
no evito lo cursi ni lo imposible,
no necesito un proveedor,
no medito las locuras ni me adapto a la costumbre,
y ciertamente, no respondo bien a horarios ni autoridad.

Mis manos indiscretas siempre lo serán.
Mi lengua húmeda siempre te buscará.
Nunca veo a los flancos para saber quién mira,
y pierde importancia el cuerpo cuando encuentro tu mirar.

Piensa bien antes de querernos porque no hay regreso cuando logremos estar.

20150921

Reza por mi

Texto insirado en
Cupid Carries a Gun - Marilyn Manson
--*--

Cuando la muerte venga,
cuando me pida cuentas,
y me exija moverme de tus brazos.

Cuando me mire a los ojos
y yo sepa reconocerla,
estando cansada de todo.

Cuando sienta el frío interminable
de un viento ajeno que viene por mi
y solo sepa recordar tu nombre.

Cuando mi reloj quiera detenerse sin opciones,
le diré que regrese por donde vino:
Que no hay corazón que deje de latir si sigues conmigo,
que no tiene nada que llevarse si mi vida está contigo,
que esta alma que nunca dejó de errar no es mía en verdad.
Que toda yo viví por vos.

Que venga otro día,
que busque a quién cazar,
porque estos labios solo conocen tu nombre.
Y no puede decidir por mi, si soy de ti.

Cuando esa vieja amiga que -que en verdad nunca se fue-
quiera decidir mi último camino,
le diré que te consulte primero
lo que ya decidiste cuando los besos los repartimos.

Que sepa que mi cuerpo te responde,
que no depende de mi cambiar de lugar.

Ni siquiera respirar es cosa mía,
estas manos que no dejan de buscarte,
que te vea sonreír si no me cree.

¿Qué hará esa triste consejera cuando me busque y sepa que mi vida y muerte hace ratos no me pertenecen?

20150529

Soñar con insomnio



Escrito por: Ivonne Veciana
---


Anoche me costó dormir. Siempre he tenido al insomnio como compañero de cama; pero anoche estaba particularmente grave. Quizás porque bebí una taza de café en la tarde y  el café puro después de las 2 pm me produce el triple de problemas para dormir.

En fin, logré conciliar el sueño pasada la una de la mañana. Comenzó a llover y usualmente eso me ayuda. Creo que la lluvia de madrugada me recuerda a la casa de mis abuelos donde pasé un par de años de mi infancia. Recuerdo el olor de las galletitas de mi abuela, los sonidos que salían de la oficina de abuelo donde daba consultas y hasta la calma de una calle secundaria donde en esa época no transitaban muchos autos, solo personas a pie con su canasto del mercado bajo el brazo sin miedo a ser asaltados.

Escribir sobre mis sueños nunca ha sido fácil. Suelo repetir muchas escenas de un sueño y luego las reproduzco en  otro sueño. Puedo levantarme, volverme a acostar y retomar el sueño exactamente donde lo dejé y otras veces escribo en una libreta que dejo a propósito sobre mi mesa de noche para anotarlos, y al día siguiente no recuerdo absolutamente nada de lo que estoy leyendo.

Mis sueños son muy reales: si sueño que corro o voy huyendo me levanto asustada, agitada y con la certeza que hay alguien debajo de la cama. Si sueño con mis abuelos (ya fallecidos), despierto sintiendo su olor, si en el sueño lloré, al levantarme me seco las lágrimas y veo la almohada con un círculo mojado. Y el colmo: he soñado que no puedo dormir.

Mi madre cuenta historias del peor período de insomnio que he tenido en la vida: la adolescencia. Supongo que entre el trastorno de sueño heredado, las hormonas de la época y las presiones imaginarias que uno solito se impone para sentirse grande y dejarse de ver en el espejo a ese ser humano que ya no es ni pollo ni gallo.

Ella y yo dormíamos en habitaciones opuestas. Cuenta que una vez escuchó la puerta de mi cuarto, mis pasos por el pasillo, abrí la puerta de su cuarto y ahí me quedé viéndola. Ella se despertó asustada pensando que algo me pasaba, me preguntó varias veces si estaba bien; pero nunca respondí. Se levantó de la cama y dice que me tronaba sus dedos en mi cara para que reaccionara. Yo estaba con los ojos abiertos sonriéndole. Me tomó de la mano y me llevó de nuevo a mi cama, me arropó y regresó a su cuarto pensando a cuál de sus amigos médicos podía preguntarle por semejante episodio.

Otra noche, cuenta que me escuchó gritar en mi cuarto: "¡puta! ¡no me importa!"... entró para preguntar con quién estaba peleando y me vio profundamente dormida.

Anoche -por ejemplo- soñé con dos ballenas. Una negra parecida a las orcas y una totalmente blanca, como una jorobada albina. Ambas nadaban al lado de la otra en un río, no en el océano. Era un río turbio, de agua café y una velocidad increíblemente rápida. Ellas iban cerca de la orilla derecha y solo alcanzaba a ver sus dorsales haciendo olas.

Recuerdo que yo las veía desde arriba, esperaba que sacaran la cabeza del agua para verlas. Sentía que necesitaba verlas; pero alguien me llamaba. Tenía la prisa de irme rápido; pero no quería perderme la oportunidad de saber que esas dos ballenas estaban bien y que llegarían seguras al mar.

Había bebido mucha agua antes de acostar, así que en la madrugada tuve que levantarme. recuerdo haber pensado "ojalá pueda verle la cara a esas dos". Me volví a dormir; pero el sueño que retomé fue otro:

Estaba en una terraza de un edifico alto; pero era realmente un jardín inmenso, como si el Central Park estuviera en una azotea. Venía caminando de la mano de un hombre a quien nunca le vi la cara me él venía cantando y yo burlándome de su acento en inglés. Nunca distinguí de dónde era.

Fue algo que comencé a soñar en enero y me había pasado en la cabeza solo un par de veces, nunca pensé que le daría secuencia a esa escena cuando esperaba retomar a las ballenas.

Ambos de la mano nos acercábamos a una vendedora de flores que las tenía al lado de un camino donde pasaban muchos corredores y madres paseando a sus bebés. Cada vez que estaba a punto de verle la cara, me despertaba.

Y ni hablar de cuando sueño con mi abuela. La madre de mi madre fue una mujer con exceso de pantalones para su época y con exceso de sazón en sus comidas que siguen siendo legendarias. Cuando sueño con ella siempre intercambiamos recetas o me da consejos de lo que sea que me pasa en mi vida actual. Creo que ella es mi angel de la guarda porque de otra manera no me explico cómo sabe exactamente qué decirme cuando me la encuentro en sueños.

Cuando más me cuesta dormir, es cuando más tangibles son mis experiencias oníricas en ese plano que no termino de aprender a manejar. No es un tema fácil para hablar con cualquier persona porque siempre me sonríen con un poco de ternura pensando "toma leche caliente y nos vemos mañana".

Creo que es poca la gente que le pone atención a su inconsciente en ese estado , vulnerable; pero real. Son pocos los que se toman en serio las señales, mensajes, desahogos y temas no resueltos en sueños, como reflejo de lo que pueden hacer mejor cuando están despiertos.

Salir a correr 4 Kms. antes de dormir me está ayudando para que mi cerebro descanse mejor por la noche; pero los sueños siguen y a veces el insomnio es más fuerte que el ejercicio físico. Así que les iré contando por aquí cualquier otro sueño. Y si tienen alguna interpretación que quieran compartir, es bienvenida.

Feliz noche.


20150203

Lo que ya tenías

Cuando regresó del viaje, sacó la llave del pantalón con la mano derecha mientras dejaba en el suelo su maletín con las pocas prendas que se había llevado.

No había terminado de introducir la llave en la chapa cuando ésta se abrió. "Bienvenido", escuchó detrás de la puerta y sonrió.

Terminó de correr la puerta y la vio. Con un vestido claro muy escotado para esa hora de la noche; pero que a él le encantaba porque le destacaba sus dos atributos favoritos de ella: los ojos y los hombros. Lo que más extrañaba de su cuerpo cuando viajaba.

Se dieron un beso largo en la puerta, entró hasta la sala y se dejó caer en el sofá muerto en vida por semejante viaje en carretera. Siempre que regresaba juraba no volver a hacer ese viaje por tierra; pero siempre terminaba inventando excusas para ir a los países vecinos a hacer lo suyo: cuestionar el sistema educativo y buscar librerías de segunda mano que casi vaciaba -igual que su billetera- y regresar con más peso en la maleta del que sentía en el alma.

Rachel terminaba de preparar la cena entre la cocina y la mesa del comedor mientras Tomás sacaba del maletín arrastrado hasta sus pies lo que había comprado para ella, metiéndolo en la bolsa de su pantalón.

Se sentaron a comer mientras él platicaba de sus recientes experiencias entrelazando situaciones, nombres y lugares. No terminaba de contar una historia cuando ya había comenzado otras dos. Ella lo veía sonriendo de lada mientras pensaba que la pasta había quedado un poco seca, que quizás le ponía más salsa y qué lástima que no había encontrado hongos frescos en el mercado porque le gustaba más la salsa blanca que la boloñesa para esos espaguetis pasados de calor.

Tomás ignoraba que ella divagaba entre su pasta recién hecha, el vestido que le estaba causando frío en la espalda, las veces que él le había llamado en cada uno de sus viajes y todo lo que se le estaba atorando en la garganta por decirle.

Él hablaba y hablaba de Nicaragua, Comparaba Managua que le resultaba profundamente árida y aburrida con Masaya y Granada que le hacían sentir en otra época. Y quizás eso le aliviaba. Comentaba del queso trenzado y de la horchata con hielo que le regalaba la señora cerca de su hospedaje, de sus compañeros asesores que siempre terminaban buscando bares nudistas en cada pueblo; pero que él no iba y así sucesivamente cada detalle de sus aventuras como director de la nueva propuesta educativa que trataba de implementar en las escuelas de la región y esperaba que Nica le diera más suerte que el desastre vivido en Guatemala por la negativa del Ministerio de Educación a reconocer como lenguas oficiales la cantidad de dialectos indígenas, además del castellano.

Rachel acomodaba su cabello castaño sobre un hombro y sobre el otro y se levantaba a dejar y traer vasos y platos a la cocina que iba apilando al lado del garrafón con agua. Pensaba que cuando lo compraron con Tomás apenas tenían unos meses de iniciada su relación y habían peleado por el color del grifo plástico para el agua embotellada. Ella quería el azul y Tomás quería el gris. Compraron el celeste.

Se apoyó sobre el lavaplatos y respiró profundo. Él la llamó al ver que no regresaba a la mesa. "Rachel, amor... nena, Rachel...", escuchaba ella pensando que siempre había odiado su nombre y más desde que se instaló en el país. Por él, con él, en su casa, abandonando su vida apacible en San Francisco como maestra de kinder. Adoraba el acento con el que pronunciaba ese "Rachel". No era ni el sonido de la ch, ni el sonido de la q. Era una mezcla suave que solo Tomás sabía pronunciar para derretirle la vida.

Se asomó por una columna de la cocina para responder a sus llamados con la misma sonrisa de enamorada que tuvo para él desde el principio. Sus brazos cruzados sobre el abdomen solo se separaban para seguirse acomodando el cabello mientras desatascaba las palabras de su garganta.

Con un pie arrastró una maleta hasta quedar entre ella y la columna de la cocina. Cuando Tomás se fijó en ese movimiento, al fin calló. "¿Qué pasa nena?" preguntó sintiendo la adrenalina previa a morir en el campo de batalla.

-"Dejé mi país por ti, mis niños del kinder, mis padres, mis amigos y la beca que me habían dado para el doctorado..."

-"Pero dijiste que no te la habían dado. Eso fue hace tres años y..."

-"Fuiste mi prioridad. Por eso no dije nada. Quería darme la oportunidad de venir aquí. Contigo"

-"...Sí; pero...¿no eres feliz?"

-"Te amo"

-"No entiendo"

-"Que también me dejé a mi. Te veo ir y venir llenándote de lo tuyo. Luchando por tu causa. Riendo y sufriendo con tus amigos que respiran su causa igual que tu. Yo no tengo nada de eso"

-"Pero podríamos hacer que..."

-"No va a funcionar"

-"¿Hace cuánto pensaste ésto?. ¿Esto es por mi?"

-"Hace varios meses. Claro que es por ti; pero no por sentirme mal, es porque me causa envidia no poder sentirme tan bien como tu y necesito buscar lo mismo. Y sé que no es aquí".

-"¿Te pusiste mi vestido favorito para irte?"

-"Quería recordarnos así. Cenando juntos. Gustándonos", dijo mientras sacaba de un llavero su copia de la llave y poniéndola sobre el desayunador.

-"Esta también es tu casa"

-"No. Y es parte del problema. Me sumaste a tu vida hecha. Nunca pensaste en construir una nueva juntos. Una para los dos. Solo me sumaste a lo que ya tenías. Como algo más".


-"Nunca fue mi intención..."

-"Ni la mía". Se acercó para besarlo en la mejilla. Pero Tomás se inclinó y la besó en la boca. Se quedaron quietos sintiendo ese beso mojado con sal. Él intentó levantarse; pero las piernas le temblaron. Esa mujer perfecta caminaba en dirección contraria y no era capaz de detenerla. Se preguntó si así como él había roto un corazón hace años, le estaría pasando lo mismo. Si ese momento era un recordatorio del daño que él había hecho antes.

Sacudió los pensamientos cuando escuchó el sonido de un motor y vio un reflejo amarillo que le hizo suponer era un taxi. Vio la mesa servida. Todos eran platos que le encantaban y no se había dado cuenta. ¿Cuántas cosas más había hecho por él sin que se diera cuenta?. "Solo me sumaste a lo que ya tenías..." repicó en su cabeza una y otra vez. "A lo que ya tenías...a lo que ya tenías... a lo que ya tenías..."





20141124

La sonrisa del adiós

Mientras la abrazaba -un abrazo que duró más de lo usual- escuchó un silbido fino y largo. Era un silbido delgado como sus brazos y frío como el viento que entraba por el vidrio roto de la ventana.

La encontró en el suelo cuando entró a la habitación. Ya le había dicho que cuando decidiera morirse, tuviera la decencia de esperarla. Que por ningún motivo se le ocurriera morir sola.

Casi le contradice; pero logró esperarla. 

La vio en el suelo con la misma tranquilidad con la que vivió. En paz, siempre presente y muy consciente. Hasta sonriente. La vio desde el marco de la puerta que le sirvió para detenerse por el susto y tratar de entender -en un segundo- que había llegado su hora.

Se conocieron quince años atrás por pura casualidad. Uno de sus novios de esa época las presentó. A él lo recuerda no solo por haber sido un tipo decente, también por haber propiciado ese encuentro por el que seguía eternamente agradecida. 

Era una época de muchos cambios para ella, de muchas despedidas juntas y de sentirse como un aeropuerto donde la gente llegaba, se iba y nadie se quedaba. Hacía la broma de ser una eterna puerta por la que la gente cruzaba sin detenerse mucho tiempo. Reía de su metáfora para ocultar lo mucho que le costaba acostumbrarse a ese karma de ser puerta en lugar de un cómodo sofá.

En ese ir y venir de gente, países y cosas, decidieron hacerse amigas y vivir juntas para paliar como equipo sus problemas y hacerlos mitad para que pesaran menos. Esa relación creció como los cerezos en oriente: con reverencia, paciencia y mucha vistosidad hasta ser un símbolo de algo infinito.

Esa amistad desafió prohibiciones, tiempo, enfermedades, pobreza, noches de insomnio y cientos de dudas. Las dos se convirtieron en el camino de la otra.

Una aprendió a vivir el presente sin preocuparse tanto por el futuro. La otra aprendió a confiar, que era lo que más le costaba, al venir de donde venía. Una familia numerosa que poco se había ocupado de ella.

Cuando la amistad cumplió diez años, comenzaron los cambios. El invierno llegó a una de las cabezas y la sombra del tiempo se acomodó en sus para nublarlos. Su salud comenzó a decrecer mientras trataban de ignorar lo obvio para no adelantar el final.

Las alegrías siguieron igual a pesar del dolor de huesos. Los abrazos y apretones continuaron a pesar de la respiración cansada. La comida compartida, las siestas juntas y sentarse en la terraza para ver llover, siguieron como actividades favoritas sin mencionar nada más.

La que quedaba, entendió lo que tantas veces había escuchado: aquí y ahora, no hay más que el presente, hay que disfrutar y amar cuando se puede porque no se sabe cuándo será la última vez. Así fue como aprendió a vivir, cuando al fin estuvo consciente que había un final sin saber cuándo y no quería sorpresas.

Una tarde, en pleno invierno, cuando una regresó del mercado, la llamó para contarle que había encontrado de los mangos que tanto le gustaban y piña muy fresca para calmar sus antojos. Cuando nadie respondió, el peso de la soledad le cayó como yunque en el pecho y se le instaló un frío que le abrazaba cada vena hasta congelar sus pies. Levantó cada rodilla que pesaba una tonelada de hielo para buscarla, creía que la llamaba pero de su boca solo salía aire. La encontró enrollada detrás del sofá con dolor saliendo de sus ojos. 

Con mucho esfuerzo la cargó hasta la alfombra, le puso toallas calientes para cubrirla y masticó un remedio casero que luego puso en su boca. Como las mamás pájaros hacen con sus crías salidas del cascarón. Ese remedio llevaba más amor y paciencia que medicina.

Para tratar de quitarse el peso del susto que le duró varios meses, un día la sentó al sol, le puso una fotografía de ambas a sus pies, la tomó de las manos y le dijo:

Sos un ser maravilloso por el que agradezco cada día
Con vos he aprendido a vivir, más que a estar viva
Decidí dejar de pensar para imitar tu simple sentir
Esa simpleza de estar que tanto me alivió la soledad.

Has sido una maestra en respirar
Una manta al sol
Representas la mayor nobleza en tu mirada
Sin juzgar, ni pedir, ni mentir
La autenticidad en un constante dar
El verdadero significado de estar conectada con algo más
Ahora sé que vienes del más alto bien.

Gracias por tu fuerza, tu honestidad, tu tiempo y tu paciencia
No he sido la amiga que debí; pero te he amado a ami manera
Gracias por tu vida en la mía.

Esa noche sintió que alguien se sentaba a la orilla de su cama y le sobaba los pies. Pensó que el susto que se le había instalado aquella tarde había decidido perdonarla y soltarla.

Por si acaso, a veces iba a verla a su cama y le ponía la mano en el estómago para sentir que subía y bajaba. Para sentir que sí respiraba.

Otras, le daba un besito en la frente y llegaba hasta la ventana para que el suspiro de alivio saliera y no regresara. Lo último que necesitaba era llevarse más suspiros a la almohada y desacomodar su tamaño.

Cuando despertó, muy temprano antes que el sol, escuchó cantar a lo lejos una aurora. Cayó de rodillas suplicándole a la vida que fuera lo suficientemente lejos para que se llevara a alguien más.

Salió a hacer sus mandados con su nombre en los labios. Pasó por la calle principal que ya vendía la época en canastos itinerantes. Dobló por la iglesia que repicaba campanas de otra fe. Siguió por la fuente del parque central que le trajo un silbido a sus oídos. En ese momento decidió desandar el mismo camino. 

Llegó a la casa y sin saber nada, su instinto la llevó hasta donde estaba. Levantó su cabeza y la puso en sus rodillas, arrastró de la cama la manta que a veces compartían y la cubrió. 

_Gracias por esperarme. No quería que te fueras estando sola. Ya vine, ya vine.
Aunque me ayudarías mucho si pudieras esperar un poco más. No estoy segura de poder seguir sin vos. No estoy segura de estar lista. No lo estoy. No lo estoy. No lo estoy.

[silencio]

Con una mano le tapaba los ojos y con la otra espantaba al ángel oscuro que le seguía silbando al oído. Estaba segura que si no se veían, no se la llevaba. 

Las dos terminaron como siamesas en el vientre de la Tierra. En el suelo y de frente. Como flotando en un espacio solo de ellas. Cuando cruzaron miradas, sonrieron. 

Vio una pequeña luz dorada salir de su boca, rebotar en su nariz, en la cama, en el espejo y detenerse flotando en la ventana rota. 

Desde el suelo y con los ojos muy abiertos y mojados, le tiró un beso hasta la ventana y le hizo una reverencia, como antes se saludaban a los maestros, a los reyes que daban favores y a los sabios que veneraban al sol, el mar y el fuego. 

Una reverencia que seguía guardando esa última sonrisa. La sonrisa del adiós.



20140714

(im)Posibilidad

Dicen que no todo se puede dar ni decir.

Hay experiencias que crean miedos,
miedos que crean frenos,
frenos que se hacen piedra
piedras que nos tropiezan
tropiezos que nos callan.

Pero hoy no callo tanto, aunque no todo se dice: Sigo guardando una posibilidad.
De esas que nacieron flexibles en una camada de rigidez.

Que no se confundan las palabras, si fuera esperanza estaría vestida de humo.
Con la posibilidad me visto de cinismo largo hasta los tobillos.

La guardé por instinto. No pensé volver a usarla y hoy la encontré. Sigue siendo mi talla y no ha perdido brillo.

No te diste cuenta; pero la pusiste al sol. Hoy huele a aire limpio y quiero usarla con sandalias.

Dicen que no todo se da,
pero esa posibilidad insiste.
Más que aquel error. Más que la sensatez y el tiempo
Más que tu necesidad de huir.

Esa posibilidad duerme a tus pies
te mira ir y venir en la madrugada
se fija en los detalles que extraño
te espía bajo la cama
te entiende el silencio
te acompaña
Sabe.

La olvidé por un tiempo; pero no la puedo obviar. No la quiero ignorar
Sigue ahí con la misma tibieza con que la guardé.
No se puede perder lo que ya sabe cómo regresar.

Dicen que no todo se dice,
Amor
Amor
Amor, te digo ya sin culpa y sin miedo.

Como el derecho que tengo a tenernos
Como cada impulso que amarro cuando te veo
Como la implosión que termina en sonrisa
Como esa posibilidad que conoce tu insomnio
Como la libertad con la que te quiero.

Te digo y te doy una posibilidad
Sigue ahí.
Dejemos que nos acomode
Te la voy a regalar