Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
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20170309

Ahogo


Relato inspirado en Amar y Querer de Jose Jose



Te voy a contar algo: esta mañana, cuando me desperté, no esperaba venir a verte. No esperaba tragarme toda esta cadena de recuerdos, pero mirá ve, las cosas no salen siempre como uno quiere.  Cierro los ojos y veo todavía las luces en el cielo de cuando nos conocimos, cuando celebraban la independencia con fuegos artificiales chinos y salchichas llenas de mostaza mientras nosotros salíamos a ver quién nos estaba viendo. La noche estaba regia, como si la hubieran hecho para nosotros dos.


Pero no, no sale todo como uno quiere. No, no llorés, tampoco yo me imaginé que terminaríamos así. ¿Todavía te tardás veinticinco minutos para bañarte? Te tardabas veinticinco casi siempre, pero cuando te lavabas el pelo se iba el tiempo hasta cuarenta minutos o más, mientras el jabón se hacía una bola aguada en el  baño. ¿Siempre te tomás el café negro?  No me contestés, me imagino que sí. Nunca te gustaron las cosas dulces. Me acuerdo porque te llevaba a veces pasteles que terminaban petrificándose en la refrigeradora. ¿Y todavía te gusta que te besen en las esquinas donde no cae mucha luz? No, creo que no. Buscar esas esquinas está bien mientras se es joven y estúpido, pero no a estas alturas. Mejor no me contestés, es mejor que no sepa.


Yo también mantengo algunas de mis mañas. Todavía guardo botellas en el tanque del baño para ahorrar agua y cuento cuántos perros pasan frente a la casa cuando llego, nada más para consolarme que en realidad no estoy tan solo entre tanto anciano donde yo vivo, veinte años más joven que la mayoría. Suspirá, pues... Pero no me llorés, mirá que esto no es tan malo como se ve, cada quien va a estar donde le corresponde, lejos del otro y ya.


¿A mí me venís a decir que estar solo es mejor? Mirá, eso depende. Uno puede pasar tranquilo y en paz, pero la mente no se calla. Es como querer comer carne sin nunca encontrarla, morder por gusto para sentir hambre todo el tiempo. ¿Por qué no te callás? Sí, mi cerebro tampoco se calla, pero vos no me estás ayudando. Que apestás a sudor.


Calláte. Calláte, que yo tampoco esperé que salieran las cosas así. Todo lo dí. Mirá, yo tampoco quería llorar. Pero vos sabés como es esto. Todos sabemos querer pero pocos sabemos amar y no sé qué. Calláte, no me dejás pensar en paz. No sabés como es esto, a mí tampoco me gusta. ¿Creés que me gusta oírte llorar? No. No me gusta y menos me gusta ponerme a llorar yo y es por eso que hago esto. ¿O pensás que me levanté hoy pensando en venir a dejarte acá, a este hoyo? Calláte, que no me dejás cerrar esto. Calláte, que estás levantando polvo.

20170206

Lázaro


Relato inspirado en
The Present Tense de Radiohead


Hagan un nicho para el cuerpo. Abran la tierra y envuélvanlo en lienzos, denle su lugar bajo las plantas, déjenlo formar parte de todo este aire que respiramos. Corten el pecho y esculpan la carne: este será su monumento, su huella de paso por este lugar. Cuando vuelva, se verá a sí mismo tal y como quedó en su último respiro.


Usen el cuerpo de molde. Déjenlo en la misma pose que tomó, que represente el momento que marcó su salida de este mundo. Digan que vivió feliz, que tomó aire dentro de sí y que nunca usó más espacio del que necesitaba. Guarden su corazón para que en la otra vida tenga el pecho vacío y listo para uno nuevo sin que pierda de vista al otro.


Ayúdenle a que sienta con piel nueva, que mire con los ojos que le darán allá para que sepa cómo hacerlo todo con el amor que en vida no logró tener. Pinten el molde: pongan color allí donde ya no lo hay. Paren todo y admiren su figura. Extiendan sus piernas y acuéstenlo en su última cama, donde despertará en el lugar que aún no conocemos y quizás cuando vuelva nos cuente qué hay.


Escriban su historia. Dibujen su vida en estampas, guarden recuerdos que pinten su memoria sin adornarla, sin mentir y sin despreciar. No olviden su nombre. Pronuncien su nombre.  Cuenten aquello que llenó sus años, días, horas, minutos. Marquen la fecha. Hagan que su estela perdure, que alimente la imaginación de los que quedan atrás.


Limpien el hueco. Digan adiós. Lloren sus últimas lágrimas. Este es el misterio de los que se van: regresan cuando ya no queda nadie.

20170117

Cambio de nombre


Relato inspirado en
Wrong de Depeche Mode



Se buscó en su letra a mano escrita hace tiempo, nerviosa en notas arrugadas y amarillas dentro de cajones polvosos. Revisó libros, versos y páginas sueltas hasta agotarse y aburrirse. Se leyó a sí misma y no se reconoció: estúpida y falta de palabras demasiado joven para pensar en las consecuencias de vaciarse en un papel. Se buscó en sus letras y no se encontró.


Cantó con los labios cerrados, oyendo susurros de otros tiempos. Siguió deseando oír su nombre de nuevo en aquellos labios y esperó en vano recuperar el Do Mayor que solía cantar a dúo. Se buscó en la melodía de canciones antiguas, sentimental y vana como era. Su garganta intentó acoplarse a nuevas notas y no salió más que un chillido sordo, sin tono. Ya no tenía la misma voz ni cantaba con el mismo aire. Se buscó en la canción ridícula que llenaba sus días soleados y no se encontró.


Se buscó entre las piernas del otro, en caricias silenciosas y en un cuarto a oscuras, en las sábanas cómplices que escuchaban y tocaban todo. Intentó verse en el otro rostro, en esas sonrisas recíprocas y guiños traviesos. Se buscó en sus recuerdos y no se encontró.


Caminó kilómetros bajo un sol furioso con la esperanza de encontrarse un nido. Dejó atrás la casa del pasillo grande con pilares y un jardín salvaje donde una montaña de grava era una tumba de soldado en su imaginación, la cocina con el mirto encerrado en cemento, los pisos de azulejo colonial y la verja de hierro forjado que llevaba al ático lleno de murciélagos presentes en sus pesadillas. Solo quedaban ruinas. Se buscó en la casa olvidada y no se encontró.


Fue a cavar en su furia, a buscarse en los ahogos de cólera, en el calor del disgusto recién reventado que le empezaba desde el estómago y le terminaba en forma líquida bajo los ojos, en la rabia que le trenzaba las entrañas y le cerraba la vista, en los monólogos de asco estrellándose en su cabeza. Se buscó en sus peores momentos y no se encontró.



Y se miró al espejo, buscando arrugas y canas. Encontró huellas de risas en los surcos de su cara y valor en las estrías de su piel. En los hilos blancos de su pelo vio horas, minutos y días de pláticas sin fondo que le terminaban confirmando que ya no estaba allí. El reflejo le devolvió una fugaz mirada a la que había sido hace poco y nada más. Se buscó en su imagen y no se encontró.


Suspiró, rendida. ¿No estaba en ninguna parte? La pregunta le pareció absurda. Tenía que estar en algún lado porque sabía que allí estaba, contenida en su piel sin saberse ver. Cerró los ojos y entre las sombras escuchó el Do de pecho, vio los murciélagos, las notas, las iras coloradas, la silueta caminando hacia ella, el mirto, la montaña de grava y el marco brillante con su cara viéndola. Allí estaba todo, incluso la antigua Ella, a quien tanto buscaba. Había buscado siempre en el lugar equivocado.






20161101

Heart y las Barracudas



Heart tiene un lugar especial en mi vida y mis gustos musicales. Fue amor a primera oída. Todo en las hermanas Wilson me encanta: sus voces, su actitud, sus letras y hasta su pelo alborotado.


Las hermanas Wilson, allá por los 80's.



¿Por qué elegí "Barracuda" como la canción de la quincena?

Las hermanas Wilson compusieron la canción para acusar a personas que quisieron dañar su reputación, la hicieron como una dulce venganza y defensa. Me puedo identificar con eso.


Verán: durante mucho tiempo, me porté bien. Pasé demasiados días bajando la cabeza, manteniendo la voz baja y haciendo la voluntad de todos menos la mía, hasta que un día tuve el valor de levantar la cabeza y reaccionar. Canciones como ésta, vienen perfectas a la hora de quererse mucho y "portarse mal" para poner a alguien en su lugar.


Está bien cuidarnos, está bien "ser malas" y sacar a la luz a quienes sean un amenaza para nuestra felicidad. Y si eso se logra con una canción tan audaz como "Barracuda", mejor.







20160826

Señorita perfecta


Relato inspirado en Garota de Ipanema
de Caetano Veloso y Roberto Carlos



Me enamoré de Simone el 24 de Septiembre del 2002. La tarde había sido aburrida hasta el momentó en que la ví. De lejos alcancé a ver el baile de sus caderas y fue así como me flechó. Su sonrisa relucía entre las otras y ya no pude mirar a otra, no me culpen porque no pude evitar tener mi mente solo ella. ¿Cómo podría ver a otro lado con semejante monumento de mujer a mi lado?  Normalmente espero unos meses para poder llevarme a alguien a casa, pero con ella fue diferente y esa misma noche me acompañó hasta después del amanecer. Y ya nunca más se fue.


Pienso ahora en las cosas que me atrajeron a ella, pienso en las advertencias antes del desastre: amigos y familiares preguntándome si lo había pensado bien antes de juntarme con ella, mi conciencia diciéndome que el silencio de ella era prueba más que suficiente para ver que lo nuestro no iba a funcionar jamás, que estuviera siempre con la piel brillante y con menos ropa que yo porque era tan fácil dejarla desnuda y que yo hiciera con ella lo que quisiera o verla tan pequeña entre mis manos.


Todo me hizo recapacitar. Entiéndanme y escúchenme: las muñecas son para verlas y no para casarse con ellas. Es mejor dejarlas en el estante de la tienda y seguir de largo.


No se casen con una muñeca. Aun si tiene un nombre de chica Bond como Simone.

20160808

Prohibido reír




Relato inspirado en Creep versión de Postmodern Jukebox




Me preguntó usted por qué es que soy así. O mejor dicho, por qué creo yo que soy así. Le dije que varias cosas tienen la culpa: las figuritas de las corredoras que flotaban por la pista con velocidad envidiable mientras yo apenas alcanzaba a salir de la meta, el árbol seco del área social donde aquella amiga me mandó a la mierda, los hot dogs insípidos con los que aquel primer novio me pidió que anduviera con él, aquella señora que me vio con desprecio cuando llegué al cumpleaños de su hija un día antes por querer encajar. Usted no sabrá cómo es esto de ser yo, de ser invisible a voluntad y de ser notoria por los motivos equivocados. Usted no lo sabe y es mejor así, porque si no, no estaría contándole todo a $40 la hora. Quisiera que me dijera que esta combinación de cosas que llevo adentro es culpa de todo eso y de esta cobardía de no haberles dicho lo hijueputas que eran todas, de no haber tenido el valor de defenderme. La verdad es que yo misma sé la respuesta, no tendría ni por qué estar sacando toda esta sarta de cosas. Después de tres meses de estar dando vueltas a la misma cosa, no creo que sea necesario que me siga escuchando, pero como ya le pagué todo el tratamiento, voy a seguir en esto. Me da risa pensar que me decían que parecía dragona, me da risa porque en realidad no tenía ni la mitad de la furia que tengo hoy, porque la única diferencia es que hoy la disimulo mejor.


Verá usted, si hay algo que no entiendo es cómo toda esa gente que nunca se esforzó ni la mitad de lo que yo me he esforzado vive viajando por el mundo, en pent-houses de lujo y con veinte fotos por día en Instagram, en Facebook y en cuanta red que aguante fotos exista. Le pasan machacando a una por casi veinte años que es especial cuando en realidad es una poco menos que ordinaria. Los otros restaltan no por sus logros, sino por sus apellidos y por las amistades de papá y mamá. Es una lástima que eso lo haya venido a aprender demasiado tarde. Antes veía los calendarios y de repente me caía un anuncio para avisarme de la nueva imagen de alguien, porlagrandísima. Ellos en un yate, ellos en París, ellos en el bautizo del segundo hijo y ellos en los juegos de invierno en milnovecientosquiénsabe en algún lugar de Europa del Este, con nieve en el fondo. Seguí su consejo y por mi salud mental dejé de seguir a toda esa gente, desinstalé programas de todo, cerré cuentas de redes y solo paso hablando con la gente que de verdad me importa. Resultó que encontré amigos entre perfectos desconocidos que hablaban mi idioma y boté supuestos contactos de gente hipócrita que conocía desde hace veinte años. El que dijo que los amigos del colegio eran eternos, claramente no conoció a la misma calaña de personas que conocí yo. El que a usted lo obliguen a estar encerrado en un salón seis horas al día con el mismo grupo de personas durante ocho años no lo hará tener amigos entre sus compañeros de encierro. Si no me cree, pregúntele a un ex-convicto. No veo la diferencia entre las paredes de un colegio al de una cárcel. Bueno, si... El cambiar de juego de paredes pasado el mediodía puede que haga la diferencia, pero el encierro forzado y el falso compañerismo comparten la misma naturaleza. Juzgue usted.


Y no hablemos del falso fervor. Falso, falso... Todo falso. Creo que esa palabrita resume todo en esta vida. O al menos una buena parte de la mía. Podría pasarme horas quejándome de esa porquería, siempre encontrando algo nuevo que criticar. Amén la clase de catecismo, oremos por el Santo Padre que lleva en sus hombros la salvación de todos nosotros y no recuerdo qué más. Yo misma veía a los supuestos líderes coqueteando con las muchachas del grupo, que solo eran grupos de encuentro para potenciales novios y novias aprobados por los padres y a veces asolapados por los mismos curas. Pero le veo la cara de espanto y el labio arrugado; no me mienta, que sé que le ofendo. Y está bien, usted es libre de creer lo que quiera, pero a mí ya no me vienen con cuentos. Pasé por eso: por los hermanitos de los coritos dominicales, por los Hare Rama Hare Hare, por los otros hermanitos del diezmo que es del Señor y muchos otros. Creo que brinqué por todas las religiones, a excepción de los mormones y musulmanes. Mejor le cambio el tema porque veo que no le voy a poder echar la culpa a eso con usted. Ya lo ví, creo que es mejor que no le diga nada más de eso. Cerremos nomás al decir que yo no voy a buscar la religión como un consuelo así como hacen otros porque ya pasé por eso y sigo sin encontrar a Dios. No me malinterprete, que no soy atea. Creáme cuando le digo que sí quiero encontrar a Dios. Quiero creer en El pero la vida me tira razones para no creer directamente a la cara, todos los días. Dios y yo nos entendemos y El me conoce. Dejémoslo allí.



¿Le cuento algo? Creo que encontré una forma de maldecir menos y pensar menos. Así paso los días concentrada en cosas más productivas que en cómo insultar a esas malnacidas si me las llego a topar en la calle algún día. Sí, es mejor si paso buscando formas de reírme por estupideces. Si la vecina patea porquería de perro, me río. Si alguien me cuenta un mal chiste, me río igual. Reírse es gratis, disfrutar pequeñeces es barato, no jodo a nadie y me siento mejor después. Lo que más me gusta es que puedo reírme al fin de mis errores aunque no me de risa, aunque quiera llorar o mandarlos a todos al carajo. Es más fácil reírse a la fuerza que fingir que alguien me cae bien porque a la larga termina dándome risa de verdad. No importa si al principio no siento cosquillas en el estómago, porque la risa no comienza en el estómago sino en el cerebro. Una vez me dijeron que la risa abunda en la boca del tonto, pero no creo en eso. El que se ríe a propósito no tiene ni un pelo de tonto, sino que navega sutilmente con bandera de pendejo para enterarse de todo y no afectarse por nada, digo yo. ¿Sabía que dicen que disfrutar del sarcasmo es signo de inteligencia? Desde que oí eso, me siento menos estúpida cada vez que hablo antes de pensar. Sigo pensando en las cosas que encuentro risibles y no logro entender todavía si soy penosamente idiota o increíblemente lista. ¿Será que eso importa? Yo digo que mientras logre pasar un día más sin agarrar a alguien del cuello para cobrármelas todas, eso sale sobrando. ¿Usted que piensa? Ah, sí. No me puede decir. El tiempo se nos ha terminado y esos $40 no alcanzan para que me diga eso.  Será para otro día.

20160706

La Coleccionista



Relato inspirado en Only Happy When it Rains de Garbage




Era una noche más en ese cuarto oscuro que solo ella conocía. En un rato tendría que salir y mostrarle algo nuevo a su audiencia, el reloj tocaba los segundos faltantes y la desesperaba ese silencio ansioso que solo le hacía darse cuenta de lo mucho que le faltaba una canción para llenar el vacío. Tendría que recurrir a su reserva. Eso le pasaba cada vez más a menudo y creía que los años eran el motivo.



Debía proteger su rarísima colección de la luz y los olores fuertes porque lo que se guardaba allí era demasiado valioso: solo ella podría darle uso. Un par de rayos de sol podrían fácilmente evaporar lo que guardaba con tanto primor. Una mala ráfaga de aire podría destruir la esencia de su tesoro. Sabía que los minutos contaban, así que se escurrió silenciosa a lo largo del pasillo, esperando que nadie la viera u oyera. Tomó la llave en sus manos y abrió la puerta que se quejó con un chillido, cerrándola a los pocos segundos. Tomó la lámpara cómplice de sus escapadas y con cuidado comenzó a buscar en los estantes, entre cientos de frascos de vidrio empañados pero delicadamente etiquetados.


"Fin de relación con X, 2002"
"Partida de Y, 1997"
"Encierro después de malas noticias con Z, 1999"
"Prueba reprobada 1, 2003"
"Pérdida financiera 23, 2010"
"Nacimiento de B", 1989



Hace veinte años, su abuela le había enseñado a guardar lágrimas. "Los ojos se cuidan solos. No hay necesidad de lavarlos ni limpiarlos porque ellos siempre lo van a hacer mejor y cuando de verdad sea necesario. Llorar te limpia por dentro y por fuera. Lo que tu ojo saca es eso que sientes adentro, gota por gota hasta que sale", dijo la abuela. Y así, sin una ceremonia especial, sacó un frasquito de vidrio y lo puso debajo de sus ojos  para guardar la primera muestra, regalándole sus lágrimas de alivio.



"Vas a tener que usarlas tarde o temprano, para olvidar o recordar, para llevarte de nuevo a ese momento en que tus ojos decidieron limpiarte. Déjalas que llenen tus ojos de nuevo para volver a sentir." 


La primera vez que abrió un frasco fue para componer su primera canción. Amaneció con una melodía insistente en la cabeza que le pedía poner orden a eso que su mente había procesado en sueños y que no terminaba de salir. Tomó uno reciente y lo vació en sus pupilas, esperando el milagro. Al principio, no pasó nada. Se preguntó si la abuela la había engañado y se reprochó a sí misma el haber creído esas fantasías de cuando era niña. Pasaron ocho, diez, quince minutos y nada. Al minuto diecinueve sintió que sus latidos eran más fuertes. Al minuto veintitrés comenzó la congoja. Y al minuto veintisiete, se había vuelto una Magdalena, con los ojos diluidos por el llanto. Entre suspiros, ahogos y una euforia purificadora final, había escrito estrofas para la canción que comenzaría con todo: las giras, los espectáculos y las salas llenas de gente que esperaban oír sus letras cargadas de emoción.



20160623

Only happy when it rains



Hace muchos años, cuando ni siquiera pensaba en escribir para Non-Girly Blue, me gustaba dibujar con música. Muchas veces escogía canciones por lo mucho que me gustaban y me ponía a dibujar para ver qué salía. Por allá por el 98, descubrí a Garbage y Shirley Manson. Hasta la fecha, me sigue gustando su música y pienso que ella es lo que cualquier rockera moderna debería aspirar a ser.






"Only happy when it rains" es para mí una canción que encierra mucho más de lo que se ve a simple vista. Me recuerda un poco a la mecánica de escribir para la mayoría: tenemos que entrar un poco en un estado que es totalmente opuesto a la felicidad. Es complicado. Es caótico, pero es hermoso. A los que escribimos no es que nos guste la misera o estar tristes. No. Nos gusta ese estado en el que terminamos después de escribir, muy parecido a pasar por el fuego y salir intactos. Y sí, implica quizás algo de oscuridad, algo de miseria, algo de tristeza pero una increíble satisfacción. Es por eso que elegí a "Only happy when it rains" para esta quincena.



Mi verso favorito siempre será este:

I'm only happy when it rains 
You wanna hear about my new obsession? 
I'm riding high upon a deep depression 
I'm only happy when it rains 
(Pour some misery down on me) 




20160622

Amargo adiós



Relato inspirado en Africa de Toto





Querido mío:

Te amo, realmente te amo. Pero tenemos que dejar de vernos.


Verás, no puedo describir lo que me haces. ¿Te das cuenta como me haces temblar y me cortas la respiración? Todas las noches me quedo sola en mi cama, despierta y mirando al techo, sin poder dejar de pensarte y sin poder decirle a mi corazón que se calme. No encuentro paz, no sé qué hacer para que dejes de hacerme sentir de esta forma. Es una angustia constante de saber que si me acerco, volveré a estar igual: desesperada y sin poder ocupar mi mente y cuerpo en otra cosa.


Pasan los minutos y me quema el deseo de poder tener mis labios sobre tí: moreno, tibio y siempre ansioso de verme. Solo de estarte recordando de nuevo, vuelvo a estar nerviosa. Tu aroma me hace falta, necesito esa fragancia celestial en mi nariz, en mi cara... Necesito saberte cerca de mí.

Mis días no son lo mismo sin tí. Al levantarme, la falta de sueño me mata: mis ojos están tristes, mi piel se ve opaca y mis pensamientos están nublados, camino como entre algodones, sin saber dónde estoy parada. Me quitaste el miedo, me hiciste moverme pero muy a costa de mi seguridad, mi tranquilidad y comodidad. Pienso de nuevo en nuestro último encuentro y me pregunto con todas mis fuerzas: ¿Valió la pena?


Nuestra relación ha llegado a lo enfermizo. Sé que te estoy usando y que me usas también. Es increíble la desesperación por tenerte y creo que esto se ha vuelto una adicción. Pienso entonces que si puedo tan solo pasar un día sin tí, voy a poder ser libre al fin. Pero no es así. No puedo. Siempre vuelvo. Regreso arrastrándome hacia tí y es solo eso lo que me hace sentir viva una vez más.


Lo admito con todo el dolor de mi ser: no puedo vivir sin tí, sin tu calor. Pasa el tiempo y esto es peor para mí. Necesito más de tí en mis labios, no puedo sobrevivir con esta necesidad.


Veo que el único camino seguro para sanar de esto es el no verte más y cortar todo contacto contido. Así que no nos encontraremos "accidentalmente" en los pasillos, ni nos miraremos con ansiedad en el comedor o el supermercado, ni siquiera por casualidad. No pasarás por mi puerta nunca más, ni siquiera en la madrugada como hacías antes.


Quizás algún día pueda olvidarte del todo y pueda superarlo. Quizás pueda continuar con mi vida, no lo sé. A lo mejor pruebe con otras cosas más claras, compañías tibias y no hirvientes de ansiedad como la tuya.


Me iré no sin antes decirte: otros te querían envuelto de espuma, más dulce y apapachador, pero yo no. Te quise siempre así como eras: amargo e insoportable, pero lleno de vida. Cambiaste mi aburrida existencia, pero ahora debo dejarte para calmar mi corazón.



Esto es todo. Bueno, quizás después de un último beso y una última taza. Respiro profundo, entras por mi nariz y recito tu nombre dulcemente:



Coffea Arabiga, Café.

20160519

Microdelirios


Microcuentos inspirados en
UFO Starmen de Piotr Kalachyn



A veces, cuando me levanto en la noche y me paro frente a un espejo, miro para todos lados antes de acostarme. Me da miedo pensar que mi reflejo me mira cuando duermo.

***
Vivo con el pensamiento horrible de algún día abrir un huevo y encontrar algo que se mueva y no sea un pollo.

***
Me preocupa que esta vida sea un sueño. Quizás solo soy un perro con demasiada imaginación.

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Espero que algún día el fantasma de mi difunta abuela me encuentre. Muero de lástima al pensar que está en la casa de mi infancia esperando verme.

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¿Qué tal si un día alguien en el gobierno dijera que hay un impuesto al llanto? ¿Habría más gente valiente?

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Había una vez una mujer con el pelo tan largo pero tan largo, que tenía que llamar al fontanero dos veces al mes para que destapara las cañerías de su casa.

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Esta muchacha pensaba que los niños nacían por el ombligo. Se alegró cuando le dijeron la verdad, porque dijo que allí abajo al menos había más espacio.

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Don Armando Huevostibios agonizaba en su cama de anciano. Mandó al carajo a su hija cuando le dijo que lo sentía más caliente de lo normal.

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Aprendí a nunca discutir con un creativo. Un pleito se vuelve una lucha eterna por ver quién sale con el peor insulto.

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Soñé que veía a mi hermana desaparecer bajo el suelo en un túnel de luz azul mientras yo le pedía que me devolviera los cien pesos que le presté hace dos meses.

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Le temo a los murciélagos. Creo que son fantasmas de ratas que lograron entrar en este mundo por algún error.

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Las muñecas de porcelana son portales o lupas. Esos ojos de vidrio no me pueden convencer de lo contrario.

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Ella dejaba platos con agua salada en las ventanas. Decía que quien quisiera entrar se iba a quedar allí, estuviera muerto o vivo. Tiene más de treinta años haciendo lo mismo.

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No soporto ver ropa sucia tirada en el piso porque me hace pensar que El Rapto ya pasó y yo me quedé en la tierra como un pecador sin remedio.

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Juan lleva a un muerto a cuestas. En algún lugar, hay una tumba con su nombre, de alguien que solo existió un día, antes que él naciera.

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En la antigua casa, teníamos una rata que se robaba la comida del perro. Era la rata con el pelo más sedoso y brillante que hayamos visto jamás.

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20160510

Chévere como la China


Relato inspirado en
God gave me Everything de
Mick Jagger con Lenny Kravitz




Chévere como la China... ¿Sabés? Como meterse en una carcacha chuca y salir a tomar chelas y un par de pupas con chicharrón por la noche con los cheros a un changarro. ¿Me entendés? Todo azul, todo chill, bien chévere.


Chivo, te voy a contar como conocí a la China. Fue en una de esas fiestas de pueblo donde ves a los viejos con cuetes de vara, a los bichos haciendo rueda alrededor de un bolo bailando y a una maitra refunfuñando en una esquina porque la hija se le había perdido... Te podés imaginar la escena. La China era esa hija perdida, pero yo todavía no lo sabía.


Allá a lo lejos vi a una bicha cantando, destemplada, a todo pulmón, casi chillando. Tenía unos pantalones de lona rotos en la rodilla, una pañoleta roja en la cabeza, una blusa blanca y unos mocasines negros chuquitos de lástima. Toda ella era bulla, bochinche y colochos. Tenía un marco de resortes negros alrededor de la cara que brincaban cada vez que se movía. Sonreía y venía un colocho a saludarte. Saltaba de emoción y allá iba otro colocho metiche a ver qué pasaba. No puedo imaginármela sin sus colochos. Por eso le decían China, no porque tuviera los ojos chiquitos o achinados. En esos tiempos era de esperarse que todas las bonitas se hicieran la permanente, pero ella no lo necesitaba. Había nacido con los colochos que otras tanto se esforzaban en hacerse. ¿Te había dicho ya que me gustaban sus colochos? ¿Te acordás de Medusa, la convertía a los hombres en piedra? Si salía en un libro de esos que nos pusieron a leer en Octavo Grado... Bueno, no te acordás. Dejá y te cuento. Medusa tenía serpientes en lugar de pelo y la China tenía resortes en lugar de mechones. Era chula, chulísima, bien chévere. No me convertía en piedra, pero me ponía aguado cuando la veía. Bastó que viniera a mí con sus colochos y me sonriera para que fuera de baboso a hacer lo que ella quería.


Para no hacerte el cuento largo, fue en esa fiesta de pueblo cuando también conocí a la nana de la China. Ella no era tan chévere, pero no he llegado a esa parte. La China y yo nos subimos a la Chicago, al Tagadá, al Zipper, a los carros chocones y al Gusanito. No, en serio, nos subimos al Gusanito, ya vás de cochino... No, no fue así. En serio nos subimos a los vagoncitos del Gusano ése porque al final ya no me alcanzaba para nada más. Con lo que me sobró, fuimos a buscar unos algodones de azúcar; ella agarró uno azul y yo agarré uno amarillo. Seguimos platicando, contándonos todo. Yo le contaba como había llegado allí por la presión de mis cheros que querían ir a conocer la dichosa Perla de Oriente y ver si era verdad que en el carnaval se podía bailar hasta las seis de la mañana, siempre con bichas diferentes. Ella me contaba cómo la hostigaba la nana: ya se había ido la hermana a otro lado con un bicho que la había dejado panzona y no quería que a ella le pasara lo mismo. Me decía que eso le había pasado por tonta, porque no se había cuidado y que ella era mucho más viva. Me reía de las sinvergüenzadas de la China, pensando en la nana que de verdad iba a tener mucho trabajo con ella, por deshuevada. Era libre a su manera. Me impresionó, para qué te voy a mentir. Yo solo la miraba y me decía que era un tipo con suerte porque semejante mujerón me había hablado y se reía conmigo. Fue en una de ésas que me agarró la cabeza para plantarme el beso más dulce que me han dado en mi vida. El azúcar se nos deshacía en la lengua, en la cara, en la nariz. De pronto los dos teníamos la cara pintada de verde y mi nariz era un revoltijo de colores. Los colochos se le miraban escarchados, como de turrón. ¿Te había dicho ya que era chula toda ella con sus colochos?


Así nos encontró la nana, con la cara y los labios pintados de verde, en pleno beso. No alcancé a sentir cuando sus labios se separaron de los míos porque fue más rápida su yina Balco en mi cara que mi sorpresa. Reíte, reíte, desgraciado, que justo así fue. Nunca le conté a nadie de la China porque nadie me hubiera creído. No me creás, pues. Fue el beso más dulce, el más chévere, el más colocho. Chévere, así como la China.


20160421

La que se negó a morir



Inspirado en Y si Fuera Ella
de Alejandro Sanz




Me esforcé tanto en matarla... Me tomó meses, años, días. No sabía que bajo esa gruesa capa de indiferencia y falsa madurez, todavía respiraba. Bastó arañar un poco la superficie para que volviera a salir.


La enredé en memorias falsas y borré poco a poco los recuerdos al punto que ahora no queda mucho para reconstruir la escena de nuestra despedida. Hice de todo para asegurarme que no regresara: dejé la pluma para cartas reales por siempre en el escritorio, no volvieron a sonar canciones de amor en mi presencia y tiré a la basura los libros con poemas.


La sepulté completamente vestida, con todos sus adioses aun vibrando en sus manos y todas sus mentiras blancas. Le cavé una tumba profunda, hecha con paciencia y dedicación. No fue algo repentino. Fue todo premeditado, planeé con suficiente tiempo y de antemano busqué la forma de llevar ese luto que estaba anticipando mientras calculaba el tiempo que le faltaría de vida. El detonante fue ver cómo reaccionaba a lo irreparable. Cuando me dí cuenta que lloraba, mintiendo y diciendo que estaríamos juntos por siempre, supe que debía morir. Sabía que ella creía firmemente en que todo duraría por siempre al principio, pero a medida iban pasando los años, ella mentía por mí. Yo sabía que las cosas no iban por buen camino y ella salía siempre al paso, asegurándole que todo iba a estar bien, que estaríamos siempre juntos. No me dejaba hablar. Ella: la romántica, la mentirosa, la cobarde, la débil, la ilusa, la ingenua, la que siempre tenía un abrazo lleno de perdón. No me dejaba progresar.  No me dejaba terminar algo que ya no tenía razón de ser. Me dolía el solo hecho de estar allí, de respirar, de ver el sufrimiento que ella causaba. Lo más generoso hubiera sido cortar con todo de raíz y temprano, pero ella todo lo alargaba con su permanente ilusión de un 'felices para siempre'. Para mí, eso era un motivo válido para que ella dejara de existir.


Nadie más que él y yo lloramos su muerte. A su ausencia los demás la llamaron "crecimiento", yo la llamé "alivio". No volvería  a extrañar sus sollozos. Por fin pude decir la verdad sin remordimiento, pude dejar de lamentarme por todo lo perdido y logré construirme un pasado nuevo. Reescribí todo cuando ella se fue. Aprendí a hablar sin las metáforas que construía en mi cabeza, a mantenerme firme por fuera mientras me derrumbaba por dentro y eso me ganó el respeto de quienes me veían tan entera aun en esos momentos de duelo. Me convertí entonces en la fuerte, la admirable, la valiente, la fría, la decidida, la vacía, la que sale adelante. El tiempo se dedico a irla borrando de mi memoria. Viví tranquila y sin pensar en ella después de algunos meses y por primera vez en años logré dormir una noche entera sin estar revolviendo recuerdos o recreando conversaciones que terminaban en promesas, más mentiras piadosas o más dolores. Creí que había desaparecido por fin de mi vida y fue justo esta mañana que la sentí asomarse en una lágrima. Volvía en mis lágrimas, en ese temblor de labios y en esa confusión mental que llevaba una eternidad sin ofuscarme.  



Verá doctor, ella no tiene que estar viva. Yo la maté, la maté y revivió. Es esa yo de veintidós años que revive, la que había enterrado en mi cabeza. Por favor ayúdeme a matarla de nuevo, que no quiero sentir, no quiero conmoverme, no quiero recordar. La maldita regresó cuando escuché esa canción, cuando sonó la voz de ese hombre deshaciéndose en gemidos flamencos casi llorando de amor. Por favor, doctor... Ayúdeme a no volver a sentir.

20160412

Adulto 1.0: Manual de instalación



Inspirado en
The Logical Song de Supertramp




Si tan solo fuera tan fácil...



¡Gracias por adquirir el sistema operativo Adulto 1.0! Esperamos que la instalación de este sistema le brinde años de una sana vida en sociedad.



Prólogo

El Manual del usuario del sistema operativo 'Adulto 1.0', tiene como objetivo responder a las preguntas relativas a la instalación y ejecución de este sistema en unidades humanas. El documento pretende abarcar de forma básica la instalación, configuración y precauciones de uso  con el sistema 'Adulto 1.0'.

A excepción de los componentes externos, la instalación o reposición de cualquier otro componente o pieza del sistema debe dejarse en manos de proveedores de servicios capacitados según se explica en este breve manual.

Este manual distribuye la información en un formato modular diseñado para responder al tipo de preguntas que un usuario se haría al instalar, configurar y utilizar el sistema 'Adulto 1.0'.


El usuario es el que determina cuánta información necesita leer.




Introducción
El sistema 'Adulto 1.0' está diseñado como programa de seguimiento a Adolescente 1.1 o posteriores. Resulta muy útil en el desenvolvimiento de la unidad humana en actividades independientes y para el funcionamiento adecuado de utilidades más avanzadas como "Préstamo Hipotecario" (en cualquiera de sus versiones), "Adquisición de bienes", "Vida en pareja" (en cualquiera de sus versiones"), "Manejo de finanzas personales", "Vida laboral" e incluso para la movilidad de la unidad en planos geográficos y lenguajes diferentes a los utilizados en su versión original. Resulta sumamente flexible y se adapta a variados programas.



Requisitos mínimos de instalación

El sistema 'Adulto 1.0' pretende ser accesible desde la mayoría de unidades humanas, independientemente del hardware y del sistema operativo instalado. En la mayoría de unidades muy probablemente no requerirá instalación adicional a la que ya dispone el usuario. No obstante, mencionamos los requisitos absolutamente necesarios para su instalación:

  • Deben haberse instalado y utilizado sistemas operativos anteriores (Entiéndase: "Infante", "Adolescente"). El sistema operativo no puede funcionar sin la instalación y uso previo de sistemas anteriores.
  • Deben haber pasado al menos 18 años desde que fuera creada la unidad. Se ha comprobado que el sistema operativo 'Adulto 1.0' no es compatible con unidades de fabricación reciente.
  • Los sistemas internos (nervioso, emocional y físico) deberán estar preferentemente en óptimo estado. De no contarse con un sistema de garantía, el usuario instalará 'Adulto 1.0' bajo su propio riesgo, aunque dicho factor no impide la instalación del sistema.





Cómo instalar su nuevo sistema operativo Adulto 1.0

Lea detenidamente estas instrucciones antes de actualizar su sistema y guárdelas como referencia para el futuro.



Instalación fácil


  1. No instale el sistema bajo presión, violencia o en situaciones de estrés inminente en la interfaz humana a utilizar.
  2. Para un óptimo desempeño, instale el sistema sobre la plataforma "Infancia feliz 2.0". El no hacerlo causará graves problemas de funcionamiento y adaptación.
  3. Debe existir adecuada circulación y libertad de movimiento de la interfaz humana después de la instalación de su nuevo sistema.
  4. La distancia entre una entidad humana y otra con el mismo sistema operativo no debe ser mínima al equivalente a un cuerpo, excepto en situaciones donde quiera crear copias de sistemas anteriores como "Bebé 1.0" o iniciar "Sexo" (en cualquiera de sus versiones).
  5. Deberá sobre-escribir versiones de sistemas anteriores tales como "Adolescente 1.0", "Ilusiones Románticas" o "Modas" (en cualquiera de sus versiones) antes de instalar su nuevo sistema operativo.
  6. Limpie el exterior con una toalla seca luego de aplicar jabón y agua diariamente. En casos de suciedad severa de la unidad a actualizar, deberá utilizar "Retiro Espiritual 1.1", "Experiencia Religiosa 1.0" o "Psicoanálisis 3.0". Consulte al fabricante directo de cada programa alterno antes de su aplicación.
  7. Espere cinco años para conectarlo y utilizarlo después de instalado. Puede prolongarse su arranque inicial indefinidamente. Esto puede variar según la unidad y de ninguna manera indica un desperfecto. 
  8. Conéctelo a una fuente constante de alimento e hidratación en cualquiera de sus formas. Prolongará su vida evitando sustancias etílicas y alteradores de funcionamiento del procesador no autorizados (entiéndase: psicotrópicos, alucinógenos, tabaco, cannabis y otros similares)
  9. No remover ninguna parte de la unidad, a excepción del cabello y uñas. Puede dañar o desactivar la unidad de inmediato. 
  10. Deje que el sistema permanezca instalándose al menos cinco años antes de instalar uno nuevo. Algunos programas adicionales a instalar pueden ser: "Ingeniero", "Abogado", "Padre", "Madre", "Empresario", etc. Puede ser necesario esperar más tiempo entre un programa y otro dependiendo de los programas a instalar. Consulte el manual del programa que desea instalar, en caso de existir éste. Hay programas que no cuentan con manuales de instalación, tales como "Padre" y "Madre". Instale bajo su propio riesgo.



Precauciones de seguridad

  1. No utilice demasiados programas a la vez. Puede sobrecargarse la memoria de la unidad, causando variaciones de desempeño y mal funcionamiento.
  2. Si el procesador de la unidad llegara a sufrir desperfectos, consulte inmediamente a un especialista de acuerdo al punto 6 de la Instalación Fácil. Deberá tener en cuenta el programa de depuración de memoria con el que contaba la unidad antes de la falla.
  3. Nunca guarde sustancias peligrosas dentro de la unidad. Puede resultar peligroso e irreparable. La unidad no puede servir para almacenaje y transporte, excepto en el caso del desarrollo de la sub-unidad "Feto". No todas las unidades son aptas para la clonación de programas, sub-unidades o desarrollo de sistemas nuevos.
  4. La unidad no puede ser desarmada. Consulte a su centro de servicio más cercano y a un especialista en ensamblaje y reparación (conocidos también como miembros del "sistema de salud", "cirujanos" u "Hospitales".)
  5. No use dispositivos mecánicos o intente reparar la unidad después de instalar el sistema operativo. Extensiones para la reparación de unidades incompletas o dañadas pueden ser aplicados en caso de necesidad sin afectar su rendimiento.
  6. Manténgase lejos de fuentes extremas de calor, humedad o frío.
  7. Vacíe la unidad de alimentos no procesados al menos cada dos horas, de ser posible.
  8. La unidad puede dar indicios de mal funcionamiento si su sistema de género instalado no corresponde al sistema de género dado por el fabricante. Verifique que tanto el procesador de la unidad como el sistema de género de fábrica encajen. Consúltelo directamente con la unidad. Puede que sea necesario utilizar "Re-asignación de Género". Ver punto 4 de esta lista.
  9. Verifique que el sistema de protección interno siempre esté al día con las definiciones de virus y otras afecciones en sus versiones  más recientes.
  10. Si la unidad presenta fugas, apagones súbitos, movimientos y/o ruidos inesperados, atienda inmediamente o llame a un especialista según convenga para identificar síntomas. Consulte el manual para el padecimiento interno o externo que corresponda. No todas las unidades responden bien a la instalación del sistema operativo 'Adulto 1.0'.


20160314

Séptima Calle Oriente


Relato inspirado en
Miss Sarajevo de Passengers y Luciano Pavarotti




Me pasé toda la tarde mirando esos zapatos. Tenía zapatillas, botas, tacones... linduras que me habían costado en su tiempo mucho dinero. Cerré la caja polvosa y tiré a la basura todos esos pares que ya no me servían, los que se habían pelado y los que ya estaban por deshacerse. ¿Te acordás cuando  fuimos a comprar esos que llevaban piedras? Me insistías que llevara algo cuando en realidad no lo necesitaba. Nunca me ponía tacones ni nada parecido. Eso fue así hasta que aparecieron tus ansias de felicidad y grandeza. Eran delirios apresurados que se volvieron una desesperación por aferrarse a una vida que se escapaba como niebla.


Sigo sin entender cuál era la gana tuya de gastar dinero como si no hubiera un mañana. ¿Cómo iba a saber yo que en realidad no lo iba a haber? Ya venías pensando en cómo iba a terminar todo esto, de seguro. Quizás ya lo sabías o lo habías visto y no me habías querido decir nada por no querer matarme la ilusión. ¿Cuántos años pasaron? Unos ocho o diez, ya no me acuerdo. El juez desaparecía por días y te ibas a los tribunales a ver qué había pasado. A los días, te volvía a ver con la misma cara gris de meses anteriores y entendía que no habíamos tenido avances. Parecía que íbamos a tener una vida nueva sin realmente salir de la que teníamos. ¡Todo lo bueno se nos venía encima y no lo sabíamos! O al menos eso pensábamos. Esas salidas de noche a restaurantes donde te saludaban por tu nombre y donde eras Don Fulano de tal, los viajes en vacaciones y las tardes horneando pollo con hierbas en la casa con jardín de dos pisos... Todo se ve ahora tan lejano. Parece que fue ayer. Ponías el tocadiscos y la sala se llenaba de voces dulces, aterciopeladas y a veces graves y cremosas. Podía ser ópera, new wave, clásica... cualquier cosa. Me gustaba verte sentado en la sala bajo el óleo enorme que teníamos allí, en el sofá rosa viejo con madera clara, justo al lado del enorme armario que tenía los discos que con tanto amor habíamos pasado coleccionando todos durante décadas. Sentía que no me iba a pasar nada mientras estuvieras allí, cuidando de todos nosotros. Casi puedo oler el polvo, el olor a años acumulados entre las tapas. A veces cierro los ojos y puedo sentirlo todavía.



Paso a veces frente a la casa y la veo con nostalgia: se ha convertido en un flamante consultorio de uno de esos doctores con injusta fama de guapos que ven a señoronas de apellidos largos para cobrarles facturas largas. Pudo haber sido nuestra casa. Pudimos habernos quedado en esa zona de árboles viejos y casas con techos de tejas, pero no. No era para nosotros. Todo había sido un espejismo. Fue algo pasajero para hacernos apreciar lo que venía después. De una noche a otra nos dijeron que teníamos una noche para salir de esa casa porque ya tenía otro dueño. De repente la definición de "amigo" cambió a "persona que desinteresadamente te pueda dar cajas vacías sin importar que sean altas horas de la noche". Hasta risa me da ahora, pero en el momento fue todo lo contrario. Nunca voy a entenderlo. Le doy vueltas todos los días a esto y sigo sin entenderlo. De un día para otro, toda nuestra vida se vio resumida a dos camiones llenos de cajas. Tuvimos que vender la mitad de los muebles a los pocos amigos de buen bolsillo que les quedaban a ustedes, llamar a los que alguna vez habían sido ordenanzas o jardineros en la casa y pedirles que nos ayudaran a mover las cosas. Todavía los unía un sentimiento de lealtad a quienes habían tenido como sus patrones por tanto tiempo. Insistimos en pagarles y no nos cobraron. Pude ver que les dimos lástima. "Pobrecita la niña", alcancé a oír los susurros detrás de la columna de la cochera. Nunca te lo dije. No quise aplastarte más el orgullo. No más de lo que ya estaba.




La mente nos juega mal. Yo me acuerdo todavía de los detalles. Trato de domarlos en mi mente, intento manternerlos a raya para que no me coman viva en un momento de silencio. Porque en esos momentos donde no había explicación a nada, estaba el silencio. Y las remolachas. ¿Todavía te gustan las remolachas? Me dijiste un día que eran dulces porque encapsulaban azúcar de la tierra, que el sol las pasaba cociendo a fuego lento para que supieran así, para que yo me las pudiera comer en la ensalada y me hicieran fuerte. Tenías una forma curiosa de decir las cosas: suaves para que me gustara oírlas y directas para que las entendiera. No he encontrado todavía a nadie que hable así. Unos son melosos y asquerosamente poéticos y otros son tan directos que resultan aburridos. Creo que me voy a morir sin encontrar a nadie que me explique el mundo de esa forma. Las remolachas son ahora una forma muy morada para mí de describir al mundo. Siempre las ocupo de ejemplo con quien me quiera escuchar y tenga la paciencia de descubrir conmigo lo poco que le queda de poesía a lo cotidiano. Me aferro a ellas porque son el último símbolo que me queda de tu lucidez. Porque fueron lo último que comí en una mesa sola, pensando qué había sido de aquellos días en esa casa enorme que limpiábamos entre cinco personas mientras sonaba el tocadiscos.

20160229

Descolor

Inspirado en Vladivostok 2000 de
Mummy Troll




Estoy en la niebla que empaña tus caminos,
en el suspiro que das por la mañana,
fuera de la puerta de tu casa mientras tomas un café y
en la marca de las olas que no volviste a ver.

Estoy en la nieve revuelta que agoniza a tus pies,
en el velo de la novia que algún día esperas encontrar y
en la espuma de la cerveza que celebra un año más.

Me guardas en tus manos,
en la punta de los dedos que toman tus sueños
y los convierten en letras,
en lo ancho de tus ojos que guardan
los recuerdos a estamparse en tu memoria.

Aparezco en las mejillas de los muertos,
en el lino el sudario,
en los ramos de difuntos y en las perlas de la viuda,
esperando a que me miren
por quien soy,
por lo que encierro.

Mírame de nuevo,
llénate de mí,
pues abundo en la ciudad de tus amores,
eterno en las montañas y pasajero en las calles.

20160215

El timbre


Microrelatos inspirados en
What it takes de Aerosmith


A los héroes anónimos del pasillo



El chicle tenía un mal sabor después de estarlo mascando por dos horas. Llevaba un marcador en el bolsillo de la falda desdoblada de su uniforme. Allí venía la sueca amargada que le daba clases de Inglés. Seguía preguntándose qué putas había venido a hacer a este país de podridos, de muertos y de recuerdos grises cuando tenía todo un mundo civilizado a sus pies, a un país que aseguraba el futuro de sus mujeres y sus recién nacidos con buena salud y educación gratuita. No entendía por qué siempre olía a whisky y cigarros. O quizás sí. Se ponía a pensar en sus propios zapatos mal lustrados y en los pellejos de la sueca asomando por las mangas de la chaqueta que llevaba. No ha de haber sido fácil para la pobre sueca seguirle el ritmo a ese montón de malcriados que se creían con derecho a todo por venir de una familia con dinero. Después de pensar en todo eso, botó el chicle y se puso a dibujar, sentada con las piernas cruzadas en el pasillo polvoso.


*****


Un par de minutos después, sonó el timbre que llamaba a clases. Recogió el cuaderno, los lápices y la orilla de la falda llena de polvo. Volvía a oír a las mismas idiotas de siempre que la llamaban, preguntándole por qué nunca hablaba. Las oía pero no les daba el gusto de dejarles ver una rección de su parte. Sintió algo húmedo en el bolsillo. Justo lo que le faltaba: el marcador se había derramado. Pensó en la suerte que tenía. Menos mal que el marcador no era rojo. Eso le hubiera dado algo más para  reír al grupo de arpías de los recreos.



*****


Allí estaba otra vez, leyendo un tomo de las enciclopedias que quedaban en la biblioteca. Le gustaba ver cómo leía. Le gustaba ver como se podía quedar callado durante toda la hora con aparente y fingido interés a la clase mientras seguía leyendo cualquier cosa: desde los ritos funerarios de una tribu africana perdida hasta cuántas clases de bacterias puede haber en un cabello humano. Podía haber estado haciendo cualquier cosa y ella lo hubiera seguido viendo con el mismo encanto. Tenía pestañas largas, el uniforme sucio (como ella), pelo negro como el de un cuervo (como el de ella) y por qué no decirlo, un buen trasero (Con eso ella no había tenido tanta suerte). Verlo era lo único que hacía tolerables esas largas horas escuchando fórmulas, reglas y teoremas que en realidad nunca terminaba de entender. Era simple en realidad: cuando no veía que estaba en clase, las horas se estiraban y multiplicaban hasta lo insoportable.



*****



Había terminado una pintura más. La esposa del director daba las clases de pintura más por amor al arte que por el sueldo. Se le notaba en la cara sonriente que tenía, enmarcada con una melena corta de color plata. Se deshacía en elogios y le decía que tenía talento. Ella apreciaba a su maestra pero pensaba que en realidad la señora tenía buenas intenciones y no comprendía que en ese jodido país nadie jamás apreciaría el hecho que pudiera imitar a Klee o Kandinski de esa forma. Jamás le serviría de nada. Pobre mujer. (Pobre... ¿Ella?) Sus ilusiones germanas no se habían aclimatado todavía al país en el que le había tocado vivir. Se limitaba a sonreírle de regreso a su maestra. ¿Cómo le explicaría que la ilusa era ella y no sus alumnos?



******


La fuerza centripetal (¿O era centrípeta?) era esa que actuaba sobre objetos en movimiento en una trayectoria curvilínea... O al menos eso era lo que recordaba al final de la clase. La señora holandesa tenía un inconfundible tono de voz nasal que actuaba como un tónico para el sueño. Con su compañera de mesa se dedicaban a señalar (con risas secretas) todos los errores gramaticales al intentar componer oraciones en otro idioma. Terminaban armando una lista que revisaban después, sacando un "top 10" de los errores más garrafales, sin acordarse que ellas también estaban leyendo un idioma extranjero. Eso, claro... Si acaso el sueño no las dominaba primero.



*****



La señorita (No señora) de apellido italiano tenía más telarañas que cabello. Veía su enorme y canosa cabeza adivinando si habrían bichos adentro. Seguro era un nido de alacranes y otros animales con más patas que ella misma. Había decidido que todo lo que tuviera más de cuatro patas era horrendo y debía ser eliminado del planeta... Esa señora (no, señorita) debía albergarlos a todos en su cabeza. Estaba segura. Ese pelo no era normal. Les dictaba lentamente como debían ir sus dedos sobre el teclado. A con meñique, S anular, D con el medio y F con el índice. ("F" de 'Fuck you'. Eso siempre la hacía reír) No sabía si era viuda, solterona o simplemente sin suerte en el amor o adicta a su persona sin espacio para nadie más. Siempre la veía sola y se imaginaba que aparte de su población secreta de animales en su cabeza, tendría muchos gatos con los que hablar en sus horas de soledad, quizás dándoles instrucciones para mecanografiar correctamente o para lamentarse acerca de sus alumnos que ya no entendían el arte escondido en las enormes máquinas Olivetti del salón. Era realmente una mala alumna: pasaba fantaseando más con la vida oculta de su profesora que poniéndole atención a lo que intentaba explicarles. Y así, sin darse cuenta, comenzaba a sonar entre sus oídos el timbre de salida.


20160121

Nombre para un recuerdo


Relato inspirado en
Gypsy de Fleetwood Mac




Anoche soñó conmigo. Sé que está tejiendo memorias y esperanzas futuras con los hilos de lo que le queda de mí. Me tiene allí, anclada en su mente y a la vez muy lejos de su conciencia. Cuando despierta, soy un poco más que un vago recuerdo o un pensamiento difuso y nuestros subconscientes son como dos amigos que se saludan el uno al otro desde las esquinas de un cuarto grande. Allí estoy. Casi invisible, pero allí estoy.


Es de noche otra vez y se prepara para ir a dormir. Se acuesta en su cama y poco a poco se borra esa avalancha de cosas que carga en su mente para dar paso de nuevo a mi persona. Me voy dibujando de nuevo a medida se va quedando dormido y es entonces cuando toma mi mano.


Abre una puerta oscura y hermosa para llegar a donde estoy. Reconozco esa puerta: es la de la casa que casi compramos antes que yo muriera. Lo veo como una entrada a los recuerdos que tiene de mí, una barrera que separa a lo que queda de mí dentro de sus pensamientos mientras está despierto y que a la vez crea un santuario para que estemos juntos.


Allí es donde hablamos. Me habla y yo escucho atenta todo acerca de sus fobias, sus miedos y sus arrepentimientos, sus triunfos y sus nimiedades. Solo puedo decir todas aquellas cosas que le pude decir mientras vivía. Casi siempre, son cosas relevantes, que tienen sentido. A veces no tengo nada que decir que se ajuste a lo que habla y solo me limito a acariciar su frente, delineando con mi dedo la cicatriz que le dejó el accidente en el que perdió también mi cuerpo. Se estremece de frío cuando lo toco. Es algo que le recuerda que esto no es real para él y ambos lloramos. De vez en cuando se despierta empapado de sudor y lágrimas, con el corazón angustiado.


Me amó mucho más de lo que se permitió amar antes. Incluso ahora, no está seguro si tenía esa capacidad de amar o si yo lo empujé a eso. Pensó en mí durante su hora de almuerzo. Siempre lo hace. Yo le preparaba almuerzos y le dejaba notas azucaradas. Guardó la última en su mochila y la lee antes de comer. Hoy vio la nota arrugada y la dejó doblada en cuatro partes. Abrió apenas la puerta oscura otra vez y me vio a los ojos para cerrarla luego. El corazón le dolió. Lo pude sentir. Me asusté y me apoyé en la puerta, confundida. Me puse a esperar a que se durmiera.


Cuando se durmió al fin y abrió la puerta, me encontró nerviosa y tan llena de energía que casi abrí la puerta sola. No podría hacer eso. Imposible. Me muevo en su subconsciente pero no tengo autoridad sobre su mente. Tampoco quisiera eso. No quisiera hacerle daño. Su mente es tan delicada...


Me llamó por mi nombre. Su voz es tan tenue que apenas lo escucho. Lo veo casi tan nervioso como yo. Le pregunto como estuvo su día, con las mismas palabras que usaba cuando llegaba de trabajar. Intento ignorar ese miedo que crece a cada segundo. Me  dice que debemos hablar y está llorando. Lo veo y hago lo mismo que hacía cuando lloraba: beso sus ojos. Luego espero y suspiro. Me dice que necesita que yo sepa que siempre me ha amado y que me ama más que al aire que respira y luego me explica que siempre tendremos este lugar para los dos. Me dice también que ya no podrá venir tan seguido como hasta ahora. Se ahoga un poco con sus palabras y respira profundo antes de continuar. Finalmente me cuenta que conoció a esta mujer, que seguramente a mí me caería bien. Dice que sabe que da igual, porque yo siempre encontraba algo bueno en los demás. Se ríe a medias y el sonido me parece agridulce.


No estaba esperando esto. No tengo palabras de nuestra vida juntos para este momento, así que digo algo que dije en mi cumpleaños número 27 para expresar mi sorpresa. Dice que lo entiende y me promete siempre venir a verme, insiste en decirme que necesita que yo sepa lo mucho que me ama.



Le digo que también lo amo. Si tuviera un corazón, en este momento estuviera en pedazos.


Me explica que se quedará conmigo hasta que despierte y me suplica quedarme con él, dice que no es necesario que diga nada porque ya es tiempo de una vida nueva y palabras nuevas. Me pregunta si lo comprendo. Le digo que sí y guardo silencio. Nos quedamos así hasta la mañana siguiente. Por mi culpa se despierta tarde y llega con retraso al trabajo. Cierra la puerta y me acuesto en el suelo, sobre la alfombra que habíamos escogido para la sala, todo dentro de su delicada y hermosa mente que no quiero tocar.


Pasan los meses.


Se casa con ella. Un día entonces abre mi puerta y la puedo ver. Se ve radiante como el sol en su vestido de novia. Me alegro por ella porque sé que él tiene todo para ser un esposo maravilloso. Casi fue mío. Después de eso, me ve cada vez menos. Cada vez que abre la puerta estoy más transparente, soy menos yo hasta que un día la puerta se cierra y de mí no queda nada más que un trozo de papel doblado en cuatro partes en las manos suaves y abultadas de una mujer esperando a su bebé.



Ella pregunta por el papel y él se acerca mientras la nota cae de una vieja y polvosa mochila que estaban apartando para una venta de garage. Cierra los ojos y lo veo en mi puerta. La abre y entonces están la alfombra, el olor de las gardenias mojadas, mi perfume favorito y los melocotones, pero yo ya no estoy allí. Intenta con todas sus fuerzas atraerme hasta allí, excavando en lo más profundo de sus recuerdos; pero no logra encontrarme. Al fin, abre sus ojos. Le cuenta a ella que la nota era mía, que le dejaba muchas como esas con sus almuerzos.



Ella queda fascinada con mi nombre y le dice que le parece lindo para su hija. Decide que se llamará como yo y se acaricia el vientre. Dentro de ella, dos pequeños pies dan su aprobación. Ambos se ríen y yo suspiro una vez más.

20160115

Amir y El Ojo



Relato Inspirado en
Under Pressure de David Bowie y Queen


Amir entró a la cámara con cuidado, le daba miedo poner los pies en un lugar tan sagrado. Pocos como él podían atreverse siquiera a asomarse. Había algo en el aire que lo ponía nervioso. No sabía si eran los cánticos, el incienso o el constante murmullo de los monjes recitando los nombres de los viejos reyes. Había poca luz, pero la suficiente como para poder ver el movimiento de sus pies. Respiró profundamente para sentirse vivo. Su nariz no lo engañó: a lo lejos sintió un suave olor a flores de altar y más cerca, casi pegado a su nariz, el penetrante perfume del incienso, con su dulzón rastro a madera quemada a fuego lento. El suelo de madera pulida crujía a cada paso y solo pedía que esto no fuera el llamado final o un castigo. Que recordara bien, no había hecho nada que llamara la atención de su Regidor. Nunca había tenido ninguna razón para entrar a ese lugar ni hablar directamente con El Ojo. Los Regidores se dedicaban a dar órdenes y repartirlas entre los Pastores como él. Esa mañana había despertado deprisa y no esperaba que fuera para eso,



Justo estaba tomando su ración diaria cuando fue llamado por su Regidor. Era de por sí extraño verlo tan temprano, aun más raro que lo llamara por su nombre y todavía más inusual que le dijeran que El Ojo quisiera verlo en persona. Nunca antes lo habían volteado a ver y de inmediato supo que algo no andaba bien. Con un grito le ordenó levantarse y terminar de comer.

"El Ojo quiere verte. ¡Ya! ¡Es una orden!"



Podía ver la rabia en su cara. "Definitivamente, algo no anda bien", pensó. Luego el Regidor se esfumó antes que pudiera seguir Amir pensando en qué preguntarle.



Lo pasaron por el corredor del templo y rápidamente olvidó que no quería hacer ruido con la madera del piso. A su espalda, una enorme puerta de metal se cerró con estruendo y alcanzó a oír un cerrojo pesado encajando en su lugar.


"Eso es. Ahora sí podemos hablar con tranquilidad." Era la voz de El Ojo. Se oía por todas las esquinas del cuarto y llenaba todo. Podía sentir cada gota de sudor en su frente. Se sintió pequeñísimo, no era nadie para estar allí.



"Amir. Entra. Pasa."

Amir balbuceaba. Era una mezcla de admiración y terror.

"Eehh.. Sí señor. ¡Señora! ¡Señor!" Así era como le habían enseñado a dirigirse a sus superiores. No sabía si El Ojo tenía género. ¿Era hombre o mujer? ¿Qué o quién era El Ojo? No sabía. ¿Para qué lo querría? No sabía.

"¿Me necesitaba?"

El Ojo ignoró la pregunta.

"Serás el nuevo Regidor de tu clan. Tu Regidor ha sido enviado a otro lugar donde pueda servir mejor."

Amir no lograba contener su asombro. Finalmente, logró escupir la pregunta: "¿Por qué? ¿Por qué yo?" Hubo silencio un momento.

El Ojo logró mostrarle a Amir una imagen en su mente. El anterior Regidor trasegaba información con otro clan. Era un espía. O al menos eso le pareció, porque lo logró escuchar sonido alguno. Eso pareció haber pasado durante las celebraciones de la Reconciliación. 

Tragó saliva y se atrevió a decir: "El Regidor mentía." Siempre había tenido un don especial para encontrar personas difíciles y saber qué las hacía vulnerables. No era un guerrero, sino un buen observador. Defenderse era algo que había tenido que aprender a la fuerza. De otro modo, no hubiera podido sobrevivir entre sus siete hermanos y hermanas.



"Es por eso que tu antiguo Regidor no es de mi confianza. Has sabido llevar a tus rebaños a buen destino y reportar todo. Sabrás mantenerme bien informado, aun de aquellas pocas cosas que se me escapan y no logro ver. ¿Quién sabe qué más no me contó?"


Hasta ese momento, la conversación había sido monótona. Imaginó que a El Ojo le importaba más que le reportara la verdad y no sus dudosos talentos para arrear ovejas perdidas. Siempre había creído que El Ojo lo veía todo. Supo entonces que había estado equivocado. Escuchó cambiar de tono su voz, sintió como comenzaba a hablar con tristeza.

"Amir."

Lo interrumpió: "¿Qué es todo esto? ¿Usted?"

Hubo de nuevo un silencio incómodo.

 "Solía ser humano."

El corazón de Amir dio un salto. 



"Fue hace mucho tiempo. Solía ser un hombre, como tú. Lleno de vida, llevaba mi mensaje a todos. Tenía un cuerpo de carne y hueso, como tú. Construí una máquina para verlo todo. Sacrifiqué un ojo para eso. Fue mi mayor creación, la fusión perfecta entre arte y ciencia. Vertí mi mente y mis ideas en la máquina para vivir para siempre. Luego vino la guerra, esa competencia entre otros como yo para hacerse notar. La Gran Purga, como te enseñaron. Y ya no solo perdí mi ojo, sino también mi cuerpo. Todo se perdió: la sociedad que amaba en mis tiempos, los colores originales del mundo, las canciones de nuestros abuelos, las verdades que todos llevábamos escrita en la piel, mi ojo que veía las cosas de afuera. Solo me quedé con el ojo que ve las cosas de adentro. Es por eso que necesito que todo lo que me reporten sea verdad. ¿Entiendes la urgencia ahora?"



Amir suspiró y preguntó de nuevo. "¿Y para qué necesita saber tanto de todo?" Sintió que la pregunta era tosca, pero cumplía son su propósito.



"Eso es más simple. Es sencillo. Es para ayudarles a reconstruir este mundo."


20160111

Carta blanca



Un brindis por las buenas decisiones.



Relato inspirado en
Closing Time de Semisonic




Aprendió que la paz en privilegio de reyes. En su vida existían solo el caos, el desorden, las imágenes perdidas de una realidad que nunca fue. En la cochera tenía todas sus cajas llenas de ilusiones, de recuerdos de viajes, de ropa tres tallas más pequeña, de tiempos más felices. Junto a los zapatos de veinteañera estaban los jueguetes que había comprado ya siendo adulta. Los iba a coleccionar. Comprobó al verlos que todo había cambiado y nada era para bien. Ya no eran cuatro, ahora eran tres personas los fragmentos de otra. Intentaban en vano remendar lo que sabían que nunca había existido, aparentando ser la familia que ella hubiera querido tener. 


Ella ya no era la misma: sus metas habían cambiado, había dado paso a una vida menos pomposa y ya con ambos pies sobre la tierra. Era ínfima. Ya no iba a ser abogada, ni magistrada o fiscal, ni jueza. Apenas podía dirigir su vida sin estrellarse y volverse polvo... ¿Cómo pensaba ordenar entonces la vida de otros? Esas noches largas llenas de horas extra para cerrar el mes sin saldo negativo y las salidas a deshoras con otros tan desilusionados como ella eran solo formas de matar el tiempo. Le daba igual porque seguía estando a la deriva y no encontraba ninguna forma de cambiar eso. Cada mañana era igual a la anterior y solo esperaba que hubiera algo que rompiera su rutina; algo que la hiciera sentir que todo había valido la pena. Vivía en carne propia la estupidez de haber llevado una vida de ese mal-llamado "trabajo duro y honesto", se comparaba con otras más tramposas que habían resultado ser exitosas, no como ella. Tenía venticuatro y cargaba con el peso de cientocincuenta y siete años de fracasos en total. Los venticuatro propios, los cincuenta y cinco de él, los cincuenta y seis de ella y los veintidós de la otra. Se miraba envejecida en plena juventud. Eran demasiado la envidia, la amargura y el rencor.


Pensó que vivir sola sería la solución a todos sus problemas. Sus fantasmas la seguían: fieles al final de cada quincena para recoger lo que hubiera quedado de su esfuerzo. Contaba con los dedos de la mano (y le sobraban) las razones para seguir intentándolo. El escenario era distinto, pero la obra seguía siendo la misma. Nada era suyo, todo cambiaba de manos en una fracción del tiempo que había invertido en conseguirlo. Lentamente, se le iban consumiendo las ganas de vivir. No tenía nada que la impulsara.


La rabia iba guardándose en su alma. Gota a gota, iba llenándose de algo bastante parecido al odio. Llegó a preguntarse si era una persona cuerda: nadie podía tragarse tanto y salir ileso, pensaba. Quizás su límite estaba mucho más lejos de lo que imaginaba. Su paciencia se ponía a prueba a cada momento, mientras que su cordura alcanzaba esa frontera fina que la separaba de la locura. Soñaba con dejarlo todo, tomar un día las llaves de la vieja casa, llevárselas y dejarlos en la calle. Pensaba en mil formas distintas de fingir su muerte, liberarse de ese hastío de una vez por todas. No creía merecer tanta carga, tanta ingratitud. Se desvelaba desvariando y pensando en vidas alternas donde no tuviera la misma miserable existencia. 


Un día, dio con la solución perfecta. Era ideal, cada quien tendría que hacer su camino y por din la dejarían tranquila. Implicaba sacrificios, pero estaba lista. Guardó bien en su mente las fotografías de esos viajes que nunca podría volver a pagar, escogió dos pares de zapatos de las muchas cajas de la cochera y rescató una caja de sus libros más amados y polvosos llevándolos donde una de sus pocas amigas; envió a los otros tres a un paseo y lo preparó todo. Dio una última mirada a las cajas y saboreó un largo suspiro. Con un movimiento rápido de manos encendió un fósforo y lo lanzó a la cochera. En cuestión de minutos alcanzarían el piso superior de la casa y quizás tardarían un poco más (¿Horas?) en consumirse por completo. Con una risa histérica y lágrimas en los ojos, dejó caer la caja al suelo y por último se limpió la cara con la mayor calma que pudo alcanzar mientras veía crecer las llamas. Pensó en como el fuego lo purificaba todo, incluso su conciencia. 



Nunca se había sentido tan feliz. 

20151123

Después de la lluvia




Relato inspirado en
Hablando con mi Angel de Miguel Mateos



Otro gato histérico y mojado se le atravesó, casi se cayó de la impresión. Detestaba mojarse los pies de cualquier forma. Los pies se le resbalaban adentro de sus sandalias de correas y caminaba con cuidado para no quedar como ese maldito gato que la había asustado. Tenía tanta mala suerte que siempre que llovía resultaba que andaba algún tipo de zapatos poco práctico. Las aceras apestaban a fango y revoltijo de humo, chicle viejo y algo podrido. El cielo estaba poniéndose violeta, el tiempo estaba cambiando y anochecía más temprano. Le gustaba ver los celajes, se imaginaba que alguien allá arriba pintaba con brochazos gordos un lienzo con nubes y que lo que caía no eran gotas de agua, sino pintura perdida de quién sabe donde, pintura que no cobraba color sino hasta caer sobre algo.


Apretaba con amor su tesoro recién encontrado y cubierto con una bolsa plástica: era una edición limitada de un libro que había estado esperando por meses. Coqueteaba con la idea de tener algún día una librera hermosa con puertas de vidrio en la que pudiera mirar todos esos tomos guardados con primor. Los ojos se le iban al suelo puerco sobre el que caminaba para no caerse y de cuando en cuando se perdía tragándose esas imágenes de nubes de colores para llenarse de algo hermoso entre tanta porquería. Había terminado de anochecer y ya las nubes no se veían entre tantas luces.


La ciudad respiraba, se movía, cantaba como una vieja pasada de copas ese sábado. Entre tanto ruido,  no encontraba la tranquilidad necesaria para quedarse a solas con sus pensamientos y estaba apurada por llegar a su hogar, su rincón. Después de haber caminado poco más de media hora, sacó sus llaves y abrió la puerta de su cuchitril. No era más que una sección de un condominio de esos que habían construido durante el boom de viviendas hace quizás unos cincuenta años. En su época, el edificio debió haber sido hermoso, pero de eso ya no quedaba nada. Tenía buenos huesos, había resistido terremotos y dueños descuidados. Iba a aguantar un buen rato más, o al menos eso esperaba. Entró y se acomodó en el sofá. Poco le importó que hubiera sido sobre la ropa limpia, agradeció que al menos estaba seca porque se le había ocurrido meterla por la mañana, antes de irse a trabajar.


Fue entonces que cayó en cuenta que eso le era casi ajeno últimamente: agradecer. Se puso a pensar en todo aquello que tendría que agradecer. Todo, desde lo más banal hasta lo indispensable. Cerró los ojos y se puso a recordar. Dio las gracias en silencio por el huevo frito que pudo comer en tiempo récord, incluso agradeció la taza de café recalentado que la hizo terminar de despertar y por todo lo que había podido comprar para llenar la despensa y el refrigerador. Dio las gracias por no estar enferma, por el trabajo que la fastidiaba pero que la ayudaba a pagar las facturas y la mantenía cuerda. Fue recorriendo todo lo que llenaba su vida de novedad, de vida, de compañía y deleite. Abrazó más fuerte su libro y por sobre todas las cosas, dio las gracias por estar viva y tener sus ojos a su alcance, siempre listos para mostrarle el mundo real e imaginario.