Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
Mostrando las entradas con la etiqueta canciones azules. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta canciones azules. Mostrar todas las entradas

20170213

Ser la que soy

Uno de los grandes problemas que enfrento es que a estas alturas de mi vida sigo buscándome, tratando de entenderme... tratando de sanar.

Es un problema, pero también es la razón para seguir viviendo cada día.

Somos un cúmulo de experiencias, solas y acompañadas, alguna vez intenté estar sola, aislarme, alejarme y hacer de mi vida una especie de homenaje ermitaño, pero no pude. Me encariño de la gente, aunque no lo parezca, aunque a veces intente no hacerlo; tal vez sea cobardía, tal vez sea pereza absoluta de querer gente, tal vez sea una forma de protección de mi corazón. Igual he fracasado.

Pienso en lo que ha sucedido en los últimos 5 años y solo puedo ver el camino recorrido. Ese camino empezó con esta canción que hoy propongo a mis compañeras para escribir. Desde que Flor Aragón me invitó a ser parte de este proyecto literario dije que esta sería una de las canciones que propondría, pasaron ya varios años y no lo hice, hasta ahora.

Esta canción de Silvio Rodríguez es un parteaguas en mi historia personal. Es importante e indispensable para pensarme en cómo soy ahora, para pensarme en lo que he mutado en los últimos 5 años.

Nunca la había escuchado hasta que Miguel, mi pareja, me la regaló en una de las primeras conversaciones que tuvimos. Fue precisamente ese hecho el que me indicó que no estaba conversando con cualquier persona. No me equivoqué. Hemos seguido conversando desde entonces y no se nos han acabado los temas, ni las alegrías, ni las penas. Yo fui una vez alguien que estaba sola, que no entendía nada de la vida, alguien a quien le faltaban raíces y una brújula. Yo fui una vez una muchachita que no lograba acallar las voces más atroces, fui una vez alguien muy distinta a quien soy ahora.

La vida tiene eso, la inmensa dicha de seguir mutándonos. No creo que deje de buscarme a mí misma, ni de tratar de entenderme, ni mucho menos de sanar. Sanar. No sé hasta donde me lleve esta aventura, no sé si estaré de nuevo sola, pero si sé que jamás seré la misma.

Me despido así de este proyecto. Cierro un ciclo definitivamente en Nongirly Blue. Me llevo las risas, el camino recorrido con estas maravillosas mujeres y les dejo una parte de mi en esta canción. Esta canción que me sigue cada vez que necesito regresar a mí misma.

20151018

Not so blue

Relato inspirado en Azul Oscuro, de Zurdok.

Por: Mariana Belloso






Mandy sale corriendo del auditorio. La clase se atrasó y debe apurarse para llegar al trabajo. Mandy es periodista y trabaja en la redacción web del periódico más prestigioso de la ciudad.

Corre por los jardines, la mochila en un brazo y varios papeles en el otro. La melena obscura y abundante se mueve a uno y otro lado. Viste botas cafés, falda azul y suéter celeste. Mandy quiere ser una chica formal.

Al entrar a la redacción saluda con prisa, sube las gradas y llega a la sala asignada para el área web. Lo primero que encuentra es la isla del IT Crew. Los chicos de soporte son sólo dos, pero se encargan de todo, desde el diseño y mantenimiento del sitio, hasta resolver los problemas con las computadoras y tabletas del equipo. Cada día, cuando Mandy llega, lo primero que ve es el espacio de trabajo del equipo de soporte. Cada día, al llegar, a la primera persona que ve es a Phillip.
Mandy se aparta la melena de la cara y saluda a Phillip con su mejor sonrisa. Él apenas levanta la cabeza para devolverle el saludo y continúa trabajando. Phillip es un poco mayor que Mandy. Se encarga de la programación y el back end en el sitio del periódico. Es serio y reservado, además de excéntricamente formal. Parece un escolar disfrazado de abuelo, cubierto de tweed.

A Mandy le gusta que lo primero que ve al llegar sea el rostro cuadrado de Phillip, su cabello negro, sus grandes ojos verdes tras las gafas de marco gris, y los tiernos labios enmarcados por una perenne barba com crecimiento de dos días. Le gusta mucho Phillip, quisiera ser diferente y animarse a invitarlo. Se conforma con quererlo de lejos.

Continúa hacia su escritorio cuando un brazo, fuerte como un tronco, la levanta por los aires. Se le cae la mochila, se le sueltan los papeles y ahoga un grito mientras Danny la carga hacia el módulo de al lado, donde está la recepción. Mandy ríe mientras Danny simula gruñidos y levanta a Kim con el otro brazo. Ambas protestan, se carcajean y tratan de soltarse. Las chicas son menudas pero Danny es fuerte y mide dos metros, parecen muñecas presas en brazos de un gigante.

Danny las suelta finalmente y se dobla de risa. Las chicas lo regañan y le reclaman su falta de seriedad, sin dejar de reír. El juego se ha vuelto un ritual matutino para los tres, siempre y cuando no haya jefes a la vista.

Phillip los observa, pero luego se hunde más entre el teclado y el monitor. Danny se sienta a su lado, aún riendo. Es el otro IT guy del sitio web, el especialista en diseño y front end. Rubio y alto, siempre con jeans gastados y camisetas, parece más un surfista californiano.

Mandy recoge sus cosas y va a su escritorio, mientras le dice a Kim que debe ponerse al día con sus clases. Ha faltado mucho y los profesores han preguntado por ella. Kim asiente con una sonrisa mientras recoge en un moño sus rizos rojos. No se toma muy en serio los estudios desde que trabaja allí. Mandy y Kim son compañeras en la universidad y aplicaron al mismo tiempo a plazas de reporteo en el periódico. Mandy logró un puesto como redactora web, pero a Kim la colocaron como recepcionista. Asistente operativa, dice su ID, pero la decepción es la misma.

Ordena su escritorio y mira a Danny, que corta pedacitos de papel para luego hacerlos bolitas y tirárselos a Mandy. Ríe y su rostro enrojece. Kim suspira. Ha pensado mucho en renunciar, en buscar un trabajo en una redacción y demostrarles a todos que puede ser una excelente periodista. Kim aprecia y admira a Mandy, pero desea mucho estar a su nivel y en esa oficina lo ve difícil. Quiere irse. Quiere irse pero la detiene Danny, el niño grande que provoca sus sonrisas a diario. Ve sus ojos azules y piensa en cómo le gustaría ser más interesante, para que se fijara en ella. Quisiera ser diferente e invitarlo a salir. Baja la vista y vuelve a suspirar. Se conforma con quererlo de lejos.

Danny se levanta y les recuerda que el domingo es el cumpleaños de Phillip, y les propone ir por unos tragos esa noche al salir de la oficina. Es viernes, y aquella ciudad gris olvida su opacidad los viernes en la noche, y se tapiza de fiesta.

Mandy se ha quedado callada esperando la reacción de Phillip ha levantado la vista y se ha quedado congelado, como un niño al que han sorprendido tratando de escapar de la escuela. Es Kim la que pone fin al momento incómodo. ¡Qué buena idea! Hace mucho que no salimos los cuatro juntos, les dice, con una sonrisa amplia y despreocupada.

Danny la ve y le palpita fuerte el corazón. Le fascina esa pelirroja alegre, le cautiva su forma relajada de ver la vida, su facilidad para la risa, la ternura de su mirada. Esta puede ser la noche, se dice, sólo para contestarse con amargura, claro, siempre dices que este será el día, trozo de cobarde bueno para nada, y al final es lo mismo, tú jugando al payaso, a hacerla reír. Danny quisiera ser más decidido, tener suficiente valor para tomarla en sus brazos con suavidad, pero con firmeza, robarle un beso y decirle que le encanta, que ya no quiere pensar en vivir sin su risa. Nunca ha llegado siquiera a intentarlo. La única forma en la que logra acercársele es con chistes y bromas, y se siente mucho mas cómodo cuando Mandy es parte de la charada. Se conforma con hacer reír a Kim. Se ha resignado a quererla de lejos.

Phillip ve a Danny y le dice que no había pensado salir esa noche. Mandy lo escucha y se le encoge el corazón. Danny se voltea y le da un manotazo, vamos, hombre, es tu cumpleaños, qué más regalo que la compañía de estas tres bellezas. Todos ríen, hasta Phillip. La cita ha sido acordada.

*****

Es la 1 a.m. y la tibia noche, las risas y el alcohol han hecho que vuele el tiempo. Están en el Heaven's Pub y han conseguido una de las mejores mesas, justo al lado del muelle, con vista a la bahía.

La luna se asoma a ratos entre el entramado de nubes que permite prever que aquel inesperado clima cálido es antesala de lluvia.

Pero mientras tanto, la neblina que comienza a asomar por el muelle es apenas la materialización de la magia de aquella noche. Se han divertido más de lo que esperaban. Hasta Phillip ha hecho chistes, se ha quitado la chaqueta de tweed y se ha arremangado la camisa para acompañar sus bromas con mímica. Mandy está fascinada, lo ve y cree soñar. De pronto la despierta, bajo la mesa, el roce de una mano sobre la suya. Se sobresalta y la aparta. Phillip la mira fijamente y vuelve a intentar tomarle la mano, ella vuelve a apartarla y lo ve con un gesto de espanto. Se excusa y se levanta de la mesa. Kim y Danny ni siquiera la ven, están absortos en su propio idilio platónico, en el imaginario heroico del supuesto amor no correspondido.

Phillip se levanta tras Mandy, la sigue, la toma del brazo y la ve con un gesto suplicante. Te quiero, le dice, y trata de besarla. Mandy se aparta sin saber por qué, tiene un millón de lágrimas atoradas en la garganta y no entiende de dónde ni por qué han salido.

Phillip también está al borde del llanto. Te quiero, le repite. Te quiero, y no sé cómo hacer esto. Yo tampoco, le contesta ella, con la voz quebrada: ya me había resignado a quererte de lejos.

20151014

Azul como la felicidad






Relato inspirado en Mr. Blue Sky
de Electric Light Orchestra


~~~~

Hacía un día perfecto para caminar, era uno de esos días hermosos en los que la suerte brillaba y la acompañaba desde la salida de su casa. Brincaba por las lozas de la acera, le encantaba ir rebotando por las ramas de los árboles que se asomaban por el concreto, oler las flores que rebosaban de los arriates de las casas vecinas y dejarse despeinar por las hojas bajas de los sauces llorones. Venía cantando y sabía que en alguna parte la escuchaban y no importaba. No le importaba porque ya había volado en sus brazos alguna vez, porque la sensación de sentirse en el aire era liberadora. Tenía pocos compañeros de canto, pocas personas que entendieran lo mucho que la hacía feliz el poder cantar. Mientras divagaba en los versos de la próxima canción que cantaría, seguía por la acera hasta llegar al portón de hierro forjado que siempre la esperaba. Antes, pasó por la tienda por su María Luisa. Le gustaban con bastante azúcar colorada encima, era su tipo de pan dulce favorito y su placer culposo. Aunque lo pensó bien y pidió su canasta de leche habitual para poderla compartir, por si acaso. Su compañero de canto no entendía dónde podía caberle tanta azúcar. No le importaba. Siguió cantando y abrió el portón.


Ya dentro, recorrió el jardín con cuidado. Saludó al romero, le recitó un verso corto al mango, acarició a las albahacas y susurró una frase de aliento para el aguacate que se estaba marchitando. Tuvo la paciencia de regar todas las plantas mientras seguía cantando. Las notas la vestían de colores y le gustaba imaginar que llenaba de esos colores al jardín con su melodía. Cualquiera que la hubiera visto hubiera pensado que estaba loca, pero no le importaba. Tenía las manos ya llenas de tierra por el trabajo y soñaba con que era Blancanieves. La única diferencia era que ella no llevaba el vestido amarillo, el suyo hubiera sido azul, como ese cielo que la acompañaba siempre que iba a buscar a quien la oyera cantar siempre. Se reía de sus ideas. 


Terminó de cuidar de sus plantas y fue directo a su habitación a buscar el papel para las cartas. Ese que le habían mandado de Europa, el que olía a rosas, el que era ligero y podía usarse hasta para mandar correo aéreo. (¿Cuándo había sido la última vez que había ido a comprar estampillas o enviado una carta al otro lado del mundo? Habían pasado ya muchos años). Pensó en buscar la plumilla fina que guardaba para sus momentos de inspiración más dulces, la que usaba para practicar sus clases de caligrafía. Decía que si los reyes hubieran podido escribir, hubieran usado plumillas como esa. Solo le faltaba un sello de lacre con sus iniciales para sentir que iba a escribir la carta más hermosa del mundo. Respiró hondo y cerró los ojos, tarareando. Ya eran pasadas las cuatro, la hora en que se veía con su compañero de canto todos los días.


Justo cuando tomaba la plumilla entre sus manos, se acordó. No era tardanza de su parte, él nunca llegaba tarde. Ya no tendría compañero de canto nunca más. Le había dicho que lo mejor para ella era no estar con él. Se había despedido y ella había llorado. Había sido ayer. No entendía cómo había podido olvidar algo como eso. Había despertado esa mañana y el cielo azul la había engañado: no podía ser posible que el día estuviera tan hermoso a pesar de todo. Iba contra toda su lógica que ella fuera capaz de cantar sola. Fue entonces cuando sintió a las lágrimas anidar en sus ojos. Sintió un nudo en la garganta. Dejó la plumilla en la mesa, ya no fue a buscar la libreta de papel de arroz. Su mente le estaba jugando una mala pasada con esa amnesia temporal. Por eso sentía que nada le importaba. No estaba pensando en nada, realmente. Comprendió que el cielo seguía allí porque la vida continuaba y el planeta seguía girando, pero para ella nada sería igual. Fue la última vez que cantó.