Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
Mostrando las entradas con la etiqueta Blog NonGirlyBlue. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Blog NonGirlyBlue. Mostrar todas las entradas

20170206

La nausée en la tina

La nausée en la tina


inspirado en Present Tense - Radiohead
heal blind love
is that even a sentence? she didn’t know
she’s ––

Se dieron un último beso que parecía a penas una pista, el primero de muchos. En público, un beso en la mejilla es solo una promesa. En privado, había habido miles de besos de labios húmedos y sedientos, cuerpos sudando; las barbilla se raspan con besos y barbas. Adiós; tranquilo y casual. ¿Cuántos deseos habían contado sin contar cada beso?

Cayeron suspiros y amenes y cosquillas se asentaron en el estómago, separados. (Mis piernas aún tiemblan, dice; pero no cuenta, jamás.) Un buen respiro y ella, espalda recta, sale preparada para lo peor, el peso del ahora no cuenta cuando canta el pasado y condiciona al futuro, y empieza entonces a avanzar sin él a su lado, pero con él en su mente. Azulejos y piedritas firmas no se comparan con la estabilidad de sus emociones, como late tranquilamente mi corazón al verte estar allí, aquí. Hay distancia, y la acepto, le dice saboreando el té helado con menta. Solo allí, en un café que ahora ya no existe, sirven buen té helado hecho en caso.

Debe ser la menta.

O es que, como ya se está yendo el verano, el hielo mentolado sabe mejor que nunca.

(Esta es su vida, con barbilla raspada y encontrando sabor a lo insaboro.)

Ignoró a los testigos y se fijó de nuevo en los labios quebradizos, había que volver a besarlos. ¿Es normal que se besen y abracen? Hace tiempos que ya en su cabeza se habían besado, y cada vez que hablaban él se iba a un mundo en el que no había barreras ni tapujos.  Pero había que irse, dejarla; la semana empezaba y la vida sigue. Me quedo hasta el viernes.

Había que caminar, y necesitaba café de manera urgente. Lo acompañan, el largo de la calle y en cada callejón, el murmullo de la música, cada elemento de cada canción. Así suenan los espacios de descanso: a los pedazos de belleza que le revelan sus gustos, que graba. Y pesa más su cuerpo que de costumbre, con esta mente liviana.

Su camisa está empapada en sudor.

Aún tiene ropa limpia, pero todo le da la impresión de estar usado y envejecido, salvo por el recuerdo de él y ella.

(Deja correr el agua y se llena la bañera. Se deja caer en el manto del agua caliente, una cerveza y lee La Nausée, solo.)

20170116

Los grandes bulevares


Los grandes bulevares
 Tame Impala - "The Less I know the better"


Chocaron las voces del final de la tarde con el principio de la noche, con la mitad de la estadía parisina, justo cuando empezaban a caducar contratos de alquileres y renovarse otros; atrás las mudanzas. Pasan cosas pequeñas y grandes épocas frenéticas, y esta era una noche sobre una calle perpendicular a los grandes bulevares (sí, Les Grands Boulevards como menciona Zola en sus novelas pseudo-naturalistas, las calles limpias, grandes y majestuosas que desembocan en L’Opéra Garnier y sus acabados dorados). Nos quitamos, sin darnos cuenta, el sombrero y felicitamos al ingeniero Haussman por dejar el fondo nítido y clásico, listo para ensuciar con todo el poder de nuestros sentimientos incómodos.  ¿Porqué salir del confort de las callejuelas de République que albergan las luchas cotidianas de los extranjeros y escapar de ese ruido que desborda del sinfín de bares? Quien haya visto cuadra tras cuadra de bares, sabe reconocer “un sinfín de bares” cuando lo ve, o al menos ese es el ritmo al que baila el humo del cigarrillo humedecido por el frío. Porque, pues sí, llegó aquella invitación en forma de volante digital que decía que allí, en ese bar conocido como Le Comptoir de No-sé-qué, los tragos iban a estar baratos – ¡baratísimos! – toda la noche.

Erick y Clara se proclamaron anfitriones y ampliaron las aceras de los grandes bulveras para que cupiera el decorum salvadoreño, y abrieron la locación que iban a tomar prestada, habiendo enviado ya una convocatoria extensa, el paladar de Clara emocionado por la posibilidad de beber, beber y beber. La estrategia era muy sencilla: llegar a tal hora, a tal dirección y aprovechar el alcohol; y eran los primeros en conquistar 6.6 mesas y escoger un poco de cerveza, un poco de whiskey, un poco de olor a tabaco. De allí, los demás ahí que vean qué hacen y, pues, si nos da hambre, ahí buscamos y nos comemos un grec.

La calle de dicho bar/comptoir estaba iluminada únicamente por el sereno de las noches largas de invierno y por la luz que rebasaba de las otras calles, el brillo de las vitrinas de Galeries La Fayette, ostentosa y caliente. ¿Serán estos contrastes una parte importante de la belleza de esta ciudad? Clara siempre apreció el filtro oscuro que ensucia a la imagen de cartas postales, fotografías de lo divino, romántico y perfecto; prefiriendo conocer los malos olores, la hostilidad y el estrés que existen pero que no se dibujan en las películas. Luego, después de por lo menos un par de años, entendió que la ciudad del amor no fuera lo que es sin esta utopía. Lo utópico, inalcanzable como las vidas burguesas dentro de apartamentos en los que baila el buen gusto con la educación, que está a la vista pero no podés tocar, es parte de París; estoy segura que allá en ese penthouse están los diseñadores planeando sus nuevas colecciones que llegarán con cigüeñas a Vendôme.

Porque es una característica que se riega y reparte, dividida por los diferentes arrondissements y no por partes iguales: la coexistencia del confort y la lucha, el lenguaje soez y lo vulgar que vive y respira justo al lado de estudios decorados y colecciones de arte... Y también  las oportunidades de hacer trampa y encontrarse en un lugar en el que el whiskey cuesta 1 euro  y la cerveza, 2. Y no, no es una tienda de un chino, y no estamos hablando de la banlieue a la que otros migran intentando equilibrar el costo de la vida y el deseo de ésta. Hablamos de un espacio un poco rudimentario, perfumado con olor a madera y tabaco. Un espacio para Erick y sus múltiples rondas de 50ml de cerveza que le alcanzan, y otras rondas; y otras caras, también, que se van sumando. La conversación hecha de complicidad y chistes internos, que empezaron estos dos amigos en el 2001, es interrumpida porque llegan otros. Los amigos se van separando y diluyendo entre los conocidos, los buenos amigos, los desconocidos.

Nubes de diálogo cobran vida en las mesas, absorbentes. Clara flota, de mesa en mesa, uniéndose poco a poco, porque sabe que la idea de perderse de algo de lo que está pasando le quitaría el sueño. Escucha y participa en las anécdotas de experiencias en metro por aquí, hacen planes por allá de qué van a hacer para año nuevo y, cuando está por compartir su gran idea, reconoce el rostro de su su ex-novio asomándose a uno de los grupo. No es el último, no es reciente, pero su rostro le sigue provocando en su vientre un revoltijo de contradicciones. “Lo que antes eran mariposas ahora son náuseas”, le explicó a Erick aquella vez en la playa. Con la mirada, la joven le dice “Hola, Esteban, ¿qué ondas?” antes de acudir a tomar asiento, en esta nube de conversaciones, lejos de él. Aquí estaría a salvo.

Pobre Clara perdió la cuenta de sus tragos y no alcanza a razonar. ¿Habrán sido las pláticas vacías con los amigos de los amigos de su amigo que quebrantaron su estabilidad? Pues, digo, al final del día las cosas por compromisos requieren un esfuerzo y el exceso cansa. No sabe qué es pero ya está mareada, como cuando virgen encontró en su primera cerveza un efecto soporífero del que hablan cuentos infantiles de literatura clásica.

-- Sostengo que los hombres no son tan malos, sólo son pendejos. O sea, sí, OK, las riegan, pero no lo hacen por ser malas personas. Lo hacen porque son tontos. Es cierto.

Es la voz de Clara, Erick la reconoce desde su mesa, y reconoce que suena a modo-monólogo, el estado al que uno entra cuando ha bebido en exceso y crece el protagonismo de tu inestabilidad emocional. O, por lo menos, es el estado que Erick reconoce en Clara y en Elsie, que padece del mismo mal y puede que te agarre en un descuido a recitarte su postura estoica y los males de su vida.

--Clara, ¿te acordás de la vez que la Elsie estaba sentada como sirena sobre la mesa hablando de estoicismo a media fiesta?-- le pregunta Erick a su amiga, metiéndose en las pláticas.

Y así quiebra el modo-monólogo, un poco. Ahora Clara y Erick cuentan en conjunto anécdotas producto de cuando compartían apartamento, y muchas involucran el protagonismo de Elsie, la amiga que cuando bebe se vuelve seria, inmaculada e irracional. Elsie, quien está allí, por cierto, esa noche en el Comptoir-de-no-sé-qué o no-sé-cuantos… Pero, ¿adónde? No la encuentran.

-- Allí está, mirá!-- Erick señala en dirección a las primeras mesas, a la mesa en la que está el ex-amor-de-la-vida de Clara, Esteban --vamos, venite.

No. Clara no quiere ir.

-- Allí está Esteban-- le susurra en voz alta a Erick, develando el secreto de borracha.
-¡Mejor me voy!

Los “¿Por qué te vas?” y los “Pero no sabés dónde estás” no la detuvieron. Rápido agarró su cosas, pasó repartiendo ademanes de Adiós. Se puso su abrigo, la temperatura subió a 35 C. e iba en la calle buscando, tratando de encontrar la entrada de métro. Que diablos se había hecho?
--¡Clara! ¡Pará!

Clara volvió a ver a los cielos, porque escuchó su nombre. ¿Será Dios el que le está hablando?

-- ¡Clara!

Era la voz de Elsie, ahora más cerca, quien salió del bar a buscarla y logró alcanzar.

--¿Adónde vas, tonta?

--No sé. Pero es que… Allí estaba Esteban, Elsie.

-- Yo sé, Clara. Pero es que vos te ponés muy terca, y estás muy borracha ¿qué estás haciendo aquí? Venite, te voy a llevar a mi apart, que yo ya me quiero ir a la casa. Ellos no sé qué van a hacer.

Ya no había necesidad de tomar el metro, ya que iban para el pequeño estudio de Elsie. Aunque era otra la ruta que llevaba a ese edificio en sobre las calles traseras del quartier Opéra. Todos los caminos llevan a lo mismo que el tiempo no borra. Esta era una ruta más lenta, porque llevaban la carga de la madrugada y de lo que habían bebido, afectadas por el berrinche de Clara. Sí, había sido exagerado de su parte salir corriendo; está bien, lo aceptaba… pero, aunque mareada y desubicada, sabía que era mejor para ella evitar las calles siniestras de su pasado. Esteban y Clara nunca iban a ser como los grandes bulevares y siempre existía el riesgo de volver a patinar y deslizarse en el intento de llegar a esa idea romántica de lo que podrían ser. Mientras no se vean y no los acerquen esas grandísimas avenidas, Clara podía olvidar el coqueteo de lo que no sabe, de lo que ocurre cuando ellos están lejos; porque siempre lo habían estado, y las cosas siempre acaban siendo o blancas o negras, pero no ambas.



20160615

Toto - "Africa"

El mundo está un poco más susceptible, últimamente. Y además del riesgo de que exploten tensiones que parecen acumularse más que hace unos años, existen nuestros terremotos emocionales. Pero en todo este ruido y polvo, siempre se asienta, tarde o temprano, y quedan las relaciones que hemos cultivado y las experiencias por probar. Mientras unos dicen que la nostalgia se enriquece mientras se mantiene como recuerdo y que el recuperarla significa su muerte, yo creo que solo son cosquillas de que si nos gustó antes, pues, lo más seguro es que nos va a seguir gustando. Y algo así es lo que escucho en esta canción:


20160201

Agenda gitana

Relato inspirado en "Gypsy" de Fleetwood Mac
Carmela se sentía muy ansiosa. Eso era esta tembladera. Ese ahogo que sentía, que subía y bajaba. ¿Porqué será que estaba allí? Sentada en el café, al resguardo del frío; sí, eso tenía sentido, pero un escalofrío que bajaba por su columna vertebra le decía que no debió de haberle hecho caso. Son las 10:00 am un martes, Carmela, y no estás donde debes.

¿Qué debía hacer exactamente? Si siempre hacía caso. Asentada con la cabeza o decía Sí explícitamente, nunca decía que no. "Me acordás a Inés", le susurrarían al oído. Y en esas vueltas mentales estabas cuando optó por leer algo. Allí tendidos estaban los periódicos que apenas y tocaba, might as well have a look. Esculcando, saltándose la sección de deportes que le remueve recuerdos; ¿qué hay? ¿qué ha pasado? Y justo cuando el campo léxico de poder legislativo empezaba a marear, aparecieron entremetidos una serie de post-its, en un formato curioso muy lejano a esa edición de ayer de El Periódico.

  • 2:31 Ver el reloj. ¿Por qué diablos?
  • 3:34 No hay que ver el reloj cuando no puedes dormir bien. Es lo último que debes hacer.
  • 5:11 ¿Será que es hora de despertarse? Aprovechar el tiempo libre y perseguir el amanecer. Una manera divertida de perseguir el atardecer.
  • 6:25 Hora de salir de la casa. Llegar tarde es recibir menos plata.
  • 8:25 Se ecabó el termo del café y los alumnos se portaron bien.
  • 9:01 Hacer ejercicio. Porque me gusto.
  • 9:58 Antojos de fruta. Con la edad vienen preocupaciones que los alumnos no entenderían.
  • 10:11 Odio las citas en el dentista, pero amo tener tiempo para ello.
  • 12:35 Conseguir una agenda que reemplace este especie de diario volátil.
  • 13:00 Cocina para uno. Para llevar. Almorzar en un café mientras leo el periódico.



Mientras Carmela se hundía periódicamente en presiones que la tocan, esta desconocida se llenaba de tiempo a solas, navegando sin la dirección de los Sis destinados a los demás.

20151214

Quédate, quédate Luna

Hay días cortos, pero también días largos, o días cortos que se sienten larguísimos. En esta época del año, los lunes que terminan con un atardecer a las 6 de la tarde, hora sin sol, parecen interminables, llenos de tensión que se reparte en el tráfico que se multiplica. Hay lunes largos que se pueden acortar (fácil) con la compañía adecuada, y un sorbo espumante de cerveza con cuerpo y sabor a un masaje en El Tunco. Toma su mano y beban, descansen en el placer de apagar el mundo cuando están juntos, ustedes que tan buena compañía se hacen, todos tenemos un "nosotros" en algún lado. Y pongamos Play; cualquier día es bueno para que la voz de Devendra Banhart nos lleve a ese sorbo espumante, a esas olas que suenan y que revientan bajo un cielo estrellado sobre el litoral, a manejar y cantar al unísono a las dos de la mañana. Esta canción suena a que se nos van las arrugas, arrullados por la promesa de descanso que le sigue a cualquier esfuerzo que vale la pena. 


20150921

Reza por mi

Texto insirado en
Cupid Carries a Gun - Marilyn Manson
--*--

Cuando la muerte venga,
cuando me pida cuentas,
y me exija moverme de tus brazos.

Cuando me mire a los ojos
y yo sepa reconocerla,
estando cansada de todo.

Cuando sienta el frío interminable
de un viento ajeno que viene por mi
y solo sepa recordar tu nombre.

Cuando mi reloj quiera detenerse sin opciones,
le diré que regrese por donde vino:
Que no hay corazón que deje de latir si sigues conmigo,
que no tiene nada que llevarse si mi vida está contigo,
que esta alma que nunca dejó de errar no es mía en verdad.
Que toda yo viví por vos.

Que venga otro día,
que busque a quién cazar,
porque estos labios solo conocen tu nombre.
Y no puede decidir por mi, si soy de ti.

Cuando esa vieja amiga que -que en verdad nunca se fue-
quiera decidir mi último camino,
le diré que te consulte primero
lo que ya decidiste cuando los besos los repartimos.

Que sepa que mi cuerpo te responde,
que no depende de mi cambiar de lugar.

Ni siquiera respirar es cosa mía,
estas manos que no dejan de buscarte,
que te vea sonreír si no me cree.

¿Qué hará esa triste consejera cuando me busque y sepa que mi vida y muerte hace ratos no me pertenecen?

20150908

Escrito inspirado en Just Breathe de Pearl Jam
--*- -

Hoy no es martes
tampoco septiembre
perdí el año que traía
y perdí el amor en el camino.

Dejé pasar el frío
pero regresó a cuestionarme.
Me quedé sin respuestas
y me quedé sin ti.

No se si dije lo que pensé,
no se si estuve adonde fui,
no recuerdo lo soñado,
y tampoco lo sentido. 
Todo se fue contigo.

Esta música que sigue en mi,
la que suena al reír
la que calla al dormir
sigo siendo yo. 
Sigues en mi.

Aprendo a solo ser
para no cruzar espejos y encontrarnos
para no tenerte solo al rezar.

La muerte sabe lo que hizo.

20150713

La mala memoria que no tengo


Relato inspirado en "Self esteem" de Offspring
Por: Ivonne Veciana

---

Lo bueno y lo malo de la memoria, es que no aprendió a mentir.

Podemos intentar reprogramar un recuerdo,
Sumar o restarle a una situación,
Adelantar lo que queremos o fingir que nunca pasó.

Convencernos de algo invisible y jurar por lo más sagrado que fuimos testigo, o bien ponernos de rodillas y e implorar al olvido que nos abrace hasta no recordar.
Acomodar momentos en otro tiempo, suponer que todo lo que pasó fue por una buena razón y hasta aducir demencia cuando ya no podemos más.

Pero lo bueno y lo malo de la memoria, es que es nuestra mejor editora:
Nos recuerda datos exactos, nos presume claridad y no le importa si no la podemos aceptar, le informa a la conciencia que estamos haciendo trampa y ahí es cuando saca del basurero esa hoja que arrancamos y tiramos para no volver a leer.

La memoria es eso: la mejor escritora feroz, con dientes de perra, anotaciones de jueza y alma triste.

La que guarda todo por obligación, aunque también se muera por olvidar.

20150630

Todo lo posible o

Relato inspirado en "Special to me" – OST Phantom of the Paradise 
La mesa de madera se tambaleó un poco cuando Sara dejó ir el shot glass sin tequila, luego de los 9 tequilas que llevaba encima, consecutivos, una competencia con ella misma. No, no es nada más que estaba chambona –como dispareja– y que había que decirle al mesera que, con la ayuda de una servilleta, les arreglara el desnivel de la mesa que habían escogido, porque si algo le molestaba a Alejandro eran las mesas disparejas, y si algo le molestaba a Sara era sentirse así de dispersa… Era que Sara sí le había pegado con fuerza a la mesa. Porque ya basta, ya no podía seguir así como estaba.

Al principio, la reciente relación de Sara, no tenía la misma pinta que tenía hoy, domingo 17 de julio de 2016. Retrocedamos un par de años, tal y como Sara se permite hacer cuando está en la ducha y se aferra, cerrando los ojos, a los altos y no a los bajos que definen el relieve de una relación tumultuosa. No, yo sé, había llegado a comprender más tarde que temprano que ya no se podía dar el lujo de una vez más perseguir el conflicto, ni de alimentarlo con sus conflictos. Sos una boba, Sara,  y ¿cómo así que es culpa de mis papás? Su reflejo era más apacible que el del Doctor y era claro que si seguía así Sara lo iba a perder, a este hombre amigo compañero amor.

Esa relación lucía una cara fresca y encantadora, cuando se presentó ante la pareja en un mirador en Valparaíso, y el día olía a rocío de madrugada y a lavanda. Ven, le dijo él, que estos son aceites esenciales de lavanda. Doctores, reyes y botanistas coinciden con que dicha fragancias tiene propiedades antidepresivas y se convertiría en el elixir en forma de olor para revivir a Sara de sus días grises. Bien dicen que la juventud enamora y que cuando enamorado, todo enamora: eran los primeros días de una promesa de besitos y pactos tácitos de hacer mucho. ¿Será que entonces no había nada que perder porque tenía tantísimo en común? El porvenir no había sido truncado por las amenazas de que una de las partes se fuera a trabajar al extranjero –a su país inventado en el que nadie envejece y los hoyos sin legado se llenan de trabajo– ni tampoco se había identificado bien los riesgos como para que ellos pudiesen mitigarlos.

Aceptar, resolver, seguir adelante. Él no quería hijos pero ya después de un rato no podés dejar que tu corazón se siga rompiendo, cuando está en vos estar en paz con las cosas. Y aunque nos hayamos aguantado los tires y encojes y pongamos nuestra mejor cara, a Sara le ardía tragarse las veces en las que él era inaccesible por sus trabazones. Los amigos en común no alcanzaban a tropezarse con estas tensiones y nudos en medio de un intercambio tan personal, pero ¿de qué nos sirve que todos nos crean bien?

En todo lo que Alejandro tenía de conocer a Sara, jamás la había visto tan enamorada. Lo sabía, pues, digo, ella tampoco se había visto tan enamorada. Debe ser, pensaba él, que quizás tenía razón, después de todo, cuando decía de que para todos existen alguien que te mueve el piso y que, pese las circunstancias y las opciones tendidas para regarlas, con todo; esa conexión impermeable que muta con el tiempo mas no desaparece. Eso suena muy bonito, pero ¿qué hago, Alejandro?

Su rostro estaba adormecido por el tequila pero el ánimo la estaba despertando. Cuesta pasar por estos lares disfuncionales que hacen que todo pese y que querrás arrojarle a tu pareja tu colección de DVD’s, habiendo bajado del pico en el que le gritaste que de todas formas siempre supiste en qué te mentía, pero Sara seguía, terca. Yo ya sé qué quiero, y lo voy a exigir, le dijo. “Después nuestés llorando” recuadraba Alejandro que eran las palabras de Sara, que entonces si nunca le dijiste a la tipa que la querías y que la querías de regreso, ¿qué putas vas a hacer cuando estés llorando? Cuando hemos hecho todo lo que podemos hacer, no podemos quedarnos llorando, punto final, le escribió una vez esta misma Sara en un correo electrónico, ¿te acordás? Nos mandábamos correos cuando vivías en Alemania y allí me imaginaba tus historias con las bichas.

La resaca no la afectó tanto al día siguiente como ese nudo en el estómago que le enderezaba la espalda con tensión, para dar vueltas en la cama vacía. Él volvería y lo van a resolver, así es como se deshacen los nudos de gastritis. Por mientras, café y tabaco para calmar lo sofocante que es saber lo que querés pero no estar segura de que si él va a querer. Lo más seguro es que me dice que no, porque él así es, mucho me aguantó ya. Y yo ya no aguanto pero quiero más.

Él regresó al apartamento hasta pasadas las 7 p.m. y no sabemos de donde venía. Fue la primera y la última vez que largaba así sin avisar, sin contestar llamadas, sin decir más nada. No lo volvería a hacer, Sara no tendría que acostumbrarse a él. Hacía mucho calor pero él estaba frío y ¿qué te pasa? ¿no me vas a escuchar? No, Sara. Esto no está funcionando. Lo he pensado ya mucho y creo que no estamos bien juntos.

Seguro volverás a lo que hacías antes y estarás mejor sin mí. Estoy seguro que en algún momento volveremos hablar, no estoy seguro en qué términos, pero por ahora no es el momento.

Las palabras que se añadieron a esta cola de ruptura se desvanecen, no alcanzan ya los oídos de la ahora exnovia. Lo perdí y un collage de palabras que acompañaban este sentimiento de que algo se salió al cuerpo de Sara, un extraño sentimiento de vacío que tardaría luego en convertirse en paz. Ya más no podíamos hacer.


20150629

Microcuento bailable


Relato inspirado en 'Special to me' de Jessica Harper
Por: Ivonne Veciana

---

Cuando entró al antro, no podía creer que sus amigos le habían convencido de ir a ver bailes exóticos. Pensó que si su familia o compañeros de trabajos le vieran en ese estado: con una botella de ron en la mano y pagando el cover para ver nudistas bailar, se le armaría una revuelta.

Se sentaron en la mesa y pidieron la otra botella de ron, de todo modos, estaba en oferta para las fiestas grupales. Sintió todo el humo de quienes fuman cigarros -normales y chistosos- ponerle rojos los ojos, alguien le pellizcó una nalga y un mesero le pasó golpeando la cabeza con su bandeja al ir de prisa hacia la mesa VIP de la esquina donde celebraba su cumpleaños el empresario soltero del año junto a su grupo de amigos ricachones.

Justo cuando pensaba que quería irse a dormir a su casa porque no era parte de esa realidad nocturna, se apagaron las luces, se iluminó la pista central y el público aplaudió para dar la bienvenida al personaje de striptease más famoso del momento. Su coordinación con la música, los pasos modernos, la forma de bailar en el tubo, la canción particular con la que se quitaba los pantalones... era una locura la que desataba entre la gente que moría por ponerle todo tipo de cosas en la tanga: billetes, tarjetas de presentación, servilletas con números de teléfono y llaves del hotel de quieres llegaban como turistas a ese rincón de la capital siguiendo el mito.

Cuando no podía sentir más incomodidad ante ese espectáculo y sus amistades parecían absortas, sintió una mano sobre su hombro. No podía creer que semejante personaje se acercara para detener su partida: "espérame hasta que termine el show", le dijo entre los gritos de su grupo.

Se volvió a sentar con la cabeza girando entre el ron, el humo, los amigos y la música.

Cuando se encontraron en el pasillo de los baños, le preguntó si el show le había parecido aburrido como para levantarse así

_Eeeh... claro que sí, bailas muy bien...

_¿Pero?

_Nada... bueno...

_¿Nunca habías visto a un hombre hacer eso?

_Eeeh... no... la verdad no. Es nuevo estar en un club de striptease masculino

_Si te doy mi número de teléfono ¿llamarías?

_ [...]

_Jajaja... Que haga esto como trabajo nocturno, no significa que no me gusten las mujeres o que no pueda estudiar leyes durante el día

_Bueno, yo pensé que... la forma por como... es decir...

Le tomó la mano y con el lapicero que colgaba de la guía telefónica le anotó su número en la palma.

_Llama. En verdad me gustaría invitarte a salir.

20150616

Susana, Leo, los perros y las cicatrices


Relato inspirado en 'Danzón'
Por: Ivonne Veciana
---

Cuando llegó a la playa, no esperaba encontrarse con un torneo de surf femenino. Había viajado varios kilómetros para huir de los que en vacaciones inundaban como hordas las playas detrás de su casa y se veía obligado a llevar su amargura a otro lugar.

Por eso subía a sus tres mejores amigos a la vieja camioneta Chevy restaurada en casa: un labrador negro como el carbón, un pastor alemán con aires de nobleza y uno de raza incierta, más feroz y autónomo que los otros dos. Coal, Sergeant y Whiskey. Durante tres meses empacaba más pertenencias de sus perros que propias, el bastón con el que impulsaba su pierna desaparecida en Irak y soportaba que le doliera esa herida por varias horas al volante hasta llegar a otra playa lo más alejada posible de la civilización veraneante. Elegía ese otro lugar porque siempre tenía prohibición de nadar por las corrientes traicioneras y pasaba casi vacía; pero el vigilante de Clearwater Beach había sido amigo del abuelo de Leo cuando llegaron como inmigrantes a Nueva York y lo dejaba hospedarse en una cabaña abandonada que poco a poco iba reconstruyendo.

Ahora estaba igual de atestado de gente y debía ponerle correa a Whiskey, el único volátil de los tres, para evitar algún accidente.

Al entrar a la vieja casa fue directo a la cocina para guardar y ordenar las compras del mercado para sobrevivir las primeras dos semanas. Coal fue detrás de él, mientras que Sergeant y el criollo corrieron al cuarto de baño.

De inmediato escuchó un grito, varias cosas que caían en la ducha y Coal se unió a los otros dos canes en sus ladridos. Tomó su bastón,sacó su navaja suiza que escondía en su bota especial y fue en busca de sus perros y el grito. Encontró a una joven deteniendo la cortina de la ducha con una mano y un bote de shampoo en la otra para defenderse de sus tres agresores.

Se quedó en  la puerta y ella volvió a gritar. Leo hizo una señal de "afuera" a sus perros y cerró la puerta para que ella saliera de esa situación en paz.

A los 15 minutos, ella salió del baño con una mochila al hombro y más sonrojo que un atardecer.

_ ¿Quién eres y qué haces aquí? -Preguntó Leo si dejar de cortar filetes de pescado

_ Lo lamento mucho... no sabía que alguien venía aquí y yo necesitaba alejarme un poco de la gente del torneode surf porque...

_ No me interesa. Pregunté quién eres y qué haces aquí.

_ Susana. Me llamo Susana y no sabía que el viejo vigilante había dado permiso para que alguien...

_Yo pago por esta cabaña -interrumpió Leo- No me interesa lo que el viejo Joe te haya dicho. Esta casa está habitada los tres meses de verano, ¿Entendido? .

_ No pretendía quedarme, solo necesitaba una ducha en privado porque...

Y Leo dejó caer en el fuego las verduras picadas de su tabla de madera que hicieron un ruido suficiente para cortar la explicación de Susana. Al ver que su interlocutor ni siquiera la miraba, se acomodó la mochila en el otro hombro y salió dando un portazo que hizo temblar la pequeña ventana de la sala.

Leo se sentó en el sofá gigante con su plato recién servido y cuando estaba a punto de destapar la cerveza, se dio cuenta que ninguno de sus tres perros estaba en la casa. De un saltó en un solo pie llegó a la puerta, apoyó el bastón para bajar los escalones y se fue siguiendo el rastro a perfume que su invitada no deseada dejó al irse.

Ella casi llegaba a la playa donde estaban reunidas sus colegas de surf y no se había percatado que detrás venían los tres amigos que le habían dado un susto al salir de la ducha.

Escuchó que gritaban su nombre _¡¡Susana!!

Volvió a ver y era Leo tratando de correr en un solo pie y bastón con la cara descompuesta de pensar a sus perros como perdidos. Casi nunca se separaban de su lado. Los tres habían sido rescatados de un refugio de animales durante la guerra y estaban a punto de ser sacrificados hasta que él recibió su baja y decidió calmar sus demonios acompañándose de la soledad de esos tres desafortunados. Pagó una buena suma para traerlos hasta su casa y procurarles rehabilitación en una veterinaria mientras él aprendía a usar una pierna de acero y a cocinar comida que no saliera de latas con sello del gobierno federal.

Cuando ella identificó que era Leo, vio a unos metros que los tres perros venían siguiéndola emocionados, como si ella los guiara al agua donde tanto les gustaba jugar. Se agachó para abrazarlos y Leo vio cómo esos tres insoportables se dejaban acariciar por esa perfecta desconocida que les besaba la trompa como si no tuviera miedo a perder la nariz de una mordida.

_Tranquilo, no sabía que estaban aquí.

_Lo sé. Nunca se van así, no se qué pasó...

_¿Les gusta pasear? Podría pasar a traerlos cada tarde para sacarlos si es que tu no puedes

_No es necesario. Mi pierna no interfiere en su rutina de ejercicio. Están entrenados para ayudarme

_Lo siento, no quise decir eso. Me refería a que...

_Así déjalo. Nos vamos.

Hizo de nuevo la señal con su mano y los tres perros enfilaron de regreso a la casa.

La mañana siguiente Leo despertó sin el peso de los perros sobre su cama. Supuso que habían vuelto a huir buscando el mar -o a ella- y cuando salió del cuarto con el bastón, los vio echados en la alfombra de la sala mirando la puerta, como esperando a alguien.

Se asomó por la ventana y vio a Susana subiendo los escalones y antes que tocara le abrió

_Te dije que no necesito que los saquen a pasear

_No vine por los perros. Necesito que me dejes duchar aquí

_¿Ah?... pero qué...?

_Por favor

_Si eres competidora tienes tu propia ducha, ¿no?, ¿Se están hospedando en el...

_No, Algunas no alcanzamos habitación en el hotel y nos quedamos en una casa compartida. Con cocina y duchas compartidas y necesito ducharme aquí.

_No entiendo qué tiene que ver. No me parece correcto.

_¡Por favor! -Levantó la voz en tono demandante, como si estuviera harta de pedirlo

Leo le vio la expresión de súplica y en silencio se apartó dejándola entrar. Los perros se fueron detrás de ella al baño y Leo preparó dos cafés mientras veía las tres colas que casi nunca se movían por él.

Cuando la cafetera sirvió la segunda taza, regresó al sofá grande de la sala para esperar a que su autoinvitada siempre no deseada saliera y le diera alguna explicación. Vio la puerta del baño entreabierta, se inclinó un poco para evaluar si la vista y el ángulo alcanzaban para ver algo y... sí, la vio salir de la bañera con la toalla cubriéndole la espalda. Se volvió a sentar en la otra esquina del sofá pensando que estaba loco. Primeros sus perros actuaban extraño y ahora él. Tanto tiempo en entrenamiento y en guerra habían destrozado más su interacción con la sociedad que la soledad que siempre lo acompañó.

Volvió a inclinarse hacia el ángulo del baño y la vio de espalda frente al espejo ahumado por el agua caliente. Soltó su cabello. Era en verdad negro y más corto de lo que se notaba. Pasó su mano por el espejo para limpiarlo. Y en ese reflejo la vio acariciar dos grandes cicatrices.

Se quedó congelado aguantando la respiración tratando de entender cómo alguien tan joven y aparentemente sana podía no tener su cuerpo completo. En ese mismo segundo recordó las cicatrices de su pierna y cómo poco a poco la fue perdiendo hasta ganarse el apodo de 'Ironman' cuando le instalaron la de acero. Recordó despertar en la cama de un hospital cutre con gente agonizando a ambos lados. Recordó las veces que se ha despertado con dolor en una pierna que ya no existe.

Susana salió del baño con su mochila al hombro. Caminó hacia la puerta y cuando dijo "gracias", sacó a Leo de su s recuerdos y  la detuvo:

_Preparé café

_¿En serio?, pensé que no era bienvenida aquí

_No lo eres. Pero es importado y se enfría... -Le acercó la taza a la orilla de la mesa

Ella la tomó y se sentó en la esquina donde minutos antes había sido espiada.

Leo la observó de reojo tratando de ver cómo su ropa tenía la curva normal de sus senos y se preguntaba si esas prótesis funcionaban similar a su pierna...

_¿Puedo preguntar qué te pasó en la guerra? -Dijo ella

_¿Cómo sabes que...?

_Tus placas de metal cuelgan de tu cuello, y...también...tu....

_Pierna. -Leo la miró fijamente y sintió una profunda confianza con su desconocida nunca bienvenida.

Pasaron toda la mañana hablando de Irak, las Torres Gemelas, política internacional, los estudios de relaciones internacionales de Susana, su amor por el mar, su cáncer y doble mastectomía a los 28 años, la emboscada del escuadrón de Leo, la metralleta que vaciaron en su pierna, sus perros con sus propias cicatrices. Todos en esa sala tenían más de una herida física y varias emocionales que les costaba compartir con alguien más porque no soportaban la lástima ni los beneficios de discapacitados que la sociedad brinda para sentirse menos culpable.

Cocinaron el almuerzo entre las historias de sus respectivos padres. De cómo los de Leo lo convencieron de unirse al ejército siendo él un vegetariano pacifista y cómo los de Susana quisieron tomar decisiones por ella pensando que le ayudaban con su enfermedad pero en realidad la enfermaban más asfixiándola.

Las historias de la tarde surgieron caminando los cinco hacia el mercado de frutas frente al parque. Dejando que Coal, Sergeant y Whiskey disfrutaran el césped, la tierra y los charcos, que asustaran a los patos y se dejaran acariciar por los niños que los sobornaban con pan y dulces para acercarse.

El atardecer lo vieron a la orilla del lago de los patos. Vieron a todas las familiar regresar a sus casas, las aves esconderse para dormir y ellos continuar con sus aventuras de adolescentes y niños, mucho antes que sus pesadillas se hicieran realidad.

Leo no sabía cómo acercarla a él para besarla. Le daba miedo ponerle la mano en la espalda, en los hombros, no estaba seguro de dónde tocar. Había entendido porqué esa chica buscaba esconderse cada tanto de la multitud y necesitaba una ducha privada, un espacio solo para ella y su cuerpo en recuperación. Y él sabía exactamente cómo era eso.

Apenas estaba procesando lo que sentía al soltarle a ella cada una de sus historia; pero cada recuerdo que intercambiaban los hacía más ligeros. Cada palabra pronunciada era un alivio.

De regreso en la cabaña, Leo servía los tres platos a sus canes hambrientos que esperaban sentados en fila a la orilla del lavaplatos. Cuando sirvió el último y se apoyó sobre la mesa de la cocina para descansar su pierna, sintió las manos de Susana en su espalda. Eso lo paralizó aún más que verla a ella en la mañana en su baño frente al espejo. Cuidó de no mover sus manos. Ella se colocó frente a él, se inclinó tomándole la cara y lo besó.  Lo suficiente para cicatrizar.



20150529

Soñar con insomnio



Escrito por: Ivonne Veciana
---


Anoche me costó dormir. Siempre he tenido al insomnio como compañero de cama; pero anoche estaba particularmente grave. Quizás porque bebí una taza de café en la tarde y  el café puro después de las 2 pm me produce el triple de problemas para dormir.

En fin, logré conciliar el sueño pasada la una de la mañana. Comenzó a llover y usualmente eso me ayuda. Creo que la lluvia de madrugada me recuerda a la casa de mis abuelos donde pasé un par de años de mi infancia. Recuerdo el olor de las galletitas de mi abuela, los sonidos que salían de la oficina de abuelo donde daba consultas y hasta la calma de una calle secundaria donde en esa época no transitaban muchos autos, solo personas a pie con su canasto del mercado bajo el brazo sin miedo a ser asaltados.

Escribir sobre mis sueños nunca ha sido fácil. Suelo repetir muchas escenas de un sueño y luego las reproduzco en  otro sueño. Puedo levantarme, volverme a acostar y retomar el sueño exactamente donde lo dejé y otras veces escribo en una libreta que dejo a propósito sobre mi mesa de noche para anotarlos, y al día siguiente no recuerdo absolutamente nada de lo que estoy leyendo.

Mis sueños son muy reales: si sueño que corro o voy huyendo me levanto asustada, agitada y con la certeza que hay alguien debajo de la cama. Si sueño con mis abuelos (ya fallecidos), despierto sintiendo su olor, si en el sueño lloré, al levantarme me seco las lágrimas y veo la almohada con un círculo mojado. Y el colmo: he soñado que no puedo dormir.

Mi madre cuenta historias del peor período de insomnio que he tenido en la vida: la adolescencia. Supongo que entre el trastorno de sueño heredado, las hormonas de la época y las presiones imaginarias que uno solito se impone para sentirse grande y dejarse de ver en el espejo a ese ser humano que ya no es ni pollo ni gallo.

Ella y yo dormíamos en habitaciones opuestas. Cuenta que una vez escuchó la puerta de mi cuarto, mis pasos por el pasillo, abrí la puerta de su cuarto y ahí me quedé viéndola. Ella se despertó asustada pensando que algo me pasaba, me preguntó varias veces si estaba bien; pero nunca respondí. Se levantó de la cama y dice que me tronaba sus dedos en mi cara para que reaccionara. Yo estaba con los ojos abiertos sonriéndole. Me tomó de la mano y me llevó de nuevo a mi cama, me arropó y regresó a su cuarto pensando a cuál de sus amigos médicos podía preguntarle por semejante episodio.

Otra noche, cuenta que me escuchó gritar en mi cuarto: "¡puta! ¡no me importa!"... entró para preguntar con quién estaba peleando y me vio profundamente dormida.

Anoche -por ejemplo- soñé con dos ballenas. Una negra parecida a las orcas y una totalmente blanca, como una jorobada albina. Ambas nadaban al lado de la otra en un río, no en el océano. Era un río turbio, de agua café y una velocidad increíblemente rápida. Ellas iban cerca de la orilla derecha y solo alcanzaba a ver sus dorsales haciendo olas.

Recuerdo que yo las veía desde arriba, esperaba que sacaran la cabeza del agua para verlas. Sentía que necesitaba verlas; pero alguien me llamaba. Tenía la prisa de irme rápido; pero no quería perderme la oportunidad de saber que esas dos ballenas estaban bien y que llegarían seguras al mar.

Había bebido mucha agua antes de acostar, así que en la madrugada tuve que levantarme. recuerdo haber pensado "ojalá pueda verle la cara a esas dos". Me volví a dormir; pero el sueño que retomé fue otro:

Estaba en una terraza de un edifico alto; pero era realmente un jardín inmenso, como si el Central Park estuviera en una azotea. Venía caminando de la mano de un hombre a quien nunca le vi la cara me él venía cantando y yo burlándome de su acento en inglés. Nunca distinguí de dónde era.

Fue algo que comencé a soñar en enero y me había pasado en la cabeza solo un par de veces, nunca pensé que le daría secuencia a esa escena cuando esperaba retomar a las ballenas.

Ambos de la mano nos acercábamos a una vendedora de flores que las tenía al lado de un camino donde pasaban muchos corredores y madres paseando a sus bebés. Cada vez que estaba a punto de verle la cara, me despertaba.

Y ni hablar de cuando sueño con mi abuela. La madre de mi madre fue una mujer con exceso de pantalones para su época y con exceso de sazón en sus comidas que siguen siendo legendarias. Cuando sueño con ella siempre intercambiamos recetas o me da consejos de lo que sea que me pasa en mi vida actual. Creo que ella es mi angel de la guarda porque de otra manera no me explico cómo sabe exactamente qué decirme cuando me la encuentro en sueños.

Cuando más me cuesta dormir, es cuando más tangibles son mis experiencias oníricas en ese plano que no termino de aprender a manejar. No es un tema fácil para hablar con cualquier persona porque siempre me sonríen con un poco de ternura pensando "toma leche caliente y nos vemos mañana".

Creo que es poca la gente que le pone atención a su inconsciente en ese estado , vulnerable; pero real. Son pocos los que se toman en serio las señales, mensajes, desahogos y temas no resueltos en sueños, como reflejo de lo que pueden hacer mejor cuando están despiertos.

Salir a correr 4 Kms. antes de dormir me está ayudando para que mi cerebro descanse mejor por la noche; pero los sueños siguen y a veces el insomnio es más fuerte que el ejercicio físico. Así que les iré contando por aquí cualquier otro sueño. Y si tienen alguna interpretación que quieran compartir, es bienvenida.

Feliz noche.