Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
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20150713

La mala memoria que no tengo


Relato inspirado en "Self esteem" de Offspring
Por: Ivonne Veciana

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Lo bueno y lo malo de la memoria, es que no aprendió a mentir.

Podemos intentar reprogramar un recuerdo,
Sumar o restarle a una situación,
Adelantar lo que queremos o fingir que nunca pasó.

Convencernos de algo invisible y jurar por lo más sagrado que fuimos testigo, o bien ponernos de rodillas y e implorar al olvido que nos abrace hasta no recordar.
Acomodar momentos en otro tiempo, suponer que todo lo que pasó fue por una buena razón y hasta aducir demencia cuando ya no podemos más.

Pero lo bueno y lo malo de la memoria, es que es nuestra mejor editora:
Nos recuerda datos exactos, nos presume claridad y no le importa si no la podemos aceptar, le informa a la conciencia que estamos haciendo trampa y ahí es cuando saca del basurero esa hoja que arrancamos y tiramos para no volver a leer.

La memoria es eso: la mejor escritora feroz, con dientes de perra, anotaciones de jueza y alma triste.

La que guarda todo por obligación, aunque también se muera por olvidar.

20150629

Microcuento bailable


Relato inspirado en 'Special to me' de Jessica Harper
Por: Ivonne Veciana

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Cuando entró al antro, no podía creer que sus amigos le habían convencido de ir a ver bailes exóticos. Pensó que si su familia o compañeros de trabajos le vieran en ese estado: con una botella de ron en la mano y pagando el cover para ver nudistas bailar, se le armaría una revuelta.

Se sentaron en la mesa y pidieron la otra botella de ron, de todo modos, estaba en oferta para las fiestas grupales. Sintió todo el humo de quienes fuman cigarros -normales y chistosos- ponerle rojos los ojos, alguien le pellizcó una nalga y un mesero le pasó golpeando la cabeza con su bandeja al ir de prisa hacia la mesa VIP de la esquina donde celebraba su cumpleaños el empresario soltero del año junto a su grupo de amigos ricachones.

Justo cuando pensaba que quería irse a dormir a su casa porque no era parte de esa realidad nocturna, se apagaron las luces, se iluminó la pista central y el público aplaudió para dar la bienvenida al personaje de striptease más famoso del momento. Su coordinación con la música, los pasos modernos, la forma de bailar en el tubo, la canción particular con la que se quitaba los pantalones... era una locura la que desataba entre la gente que moría por ponerle todo tipo de cosas en la tanga: billetes, tarjetas de presentación, servilletas con números de teléfono y llaves del hotel de quieres llegaban como turistas a ese rincón de la capital siguiendo el mito.

Cuando no podía sentir más incomodidad ante ese espectáculo y sus amistades parecían absortas, sintió una mano sobre su hombro. No podía creer que semejante personaje se acercara para detener su partida: "espérame hasta que termine el show", le dijo entre los gritos de su grupo.

Se volvió a sentar con la cabeza girando entre el ron, el humo, los amigos y la música.

Cuando se encontraron en el pasillo de los baños, le preguntó si el show le había parecido aburrido como para levantarse así

_Eeeh... claro que sí, bailas muy bien...

_¿Pero?

_Nada... bueno...

_¿Nunca habías visto a un hombre hacer eso?

_Eeeh... no... la verdad no. Es nuevo estar en un club de striptease masculino

_Si te doy mi número de teléfono ¿llamarías?

_ [...]

_Jajaja... Que haga esto como trabajo nocturno, no significa que no me gusten las mujeres o que no pueda estudiar leyes durante el día

_Bueno, yo pensé que... la forma por como... es decir...

Le tomó la mano y con el lapicero que colgaba de la guía telefónica le anotó su número en la palma.

_Llama. En verdad me gustaría invitarte a salir.

20150529

Soñar con insomnio



Escrito por: Ivonne Veciana
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Anoche me costó dormir. Siempre he tenido al insomnio como compañero de cama; pero anoche estaba particularmente grave. Quizás porque bebí una taza de café en la tarde y  el café puro después de las 2 pm me produce el triple de problemas para dormir.

En fin, logré conciliar el sueño pasada la una de la mañana. Comenzó a llover y usualmente eso me ayuda. Creo que la lluvia de madrugada me recuerda a la casa de mis abuelos donde pasé un par de años de mi infancia. Recuerdo el olor de las galletitas de mi abuela, los sonidos que salían de la oficina de abuelo donde daba consultas y hasta la calma de una calle secundaria donde en esa época no transitaban muchos autos, solo personas a pie con su canasto del mercado bajo el brazo sin miedo a ser asaltados.

Escribir sobre mis sueños nunca ha sido fácil. Suelo repetir muchas escenas de un sueño y luego las reproduzco en  otro sueño. Puedo levantarme, volverme a acostar y retomar el sueño exactamente donde lo dejé y otras veces escribo en una libreta que dejo a propósito sobre mi mesa de noche para anotarlos, y al día siguiente no recuerdo absolutamente nada de lo que estoy leyendo.

Mis sueños son muy reales: si sueño que corro o voy huyendo me levanto asustada, agitada y con la certeza que hay alguien debajo de la cama. Si sueño con mis abuelos (ya fallecidos), despierto sintiendo su olor, si en el sueño lloré, al levantarme me seco las lágrimas y veo la almohada con un círculo mojado. Y el colmo: he soñado que no puedo dormir.

Mi madre cuenta historias del peor período de insomnio que he tenido en la vida: la adolescencia. Supongo que entre el trastorno de sueño heredado, las hormonas de la época y las presiones imaginarias que uno solito se impone para sentirse grande y dejarse de ver en el espejo a ese ser humano que ya no es ni pollo ni gallo.

Ella y yo dormíamos en habitaciones opuestas. Cuenta que una vez escuchó la puerta de mi cuarto, mis pasos por el pasillo, abrí la puerta de su cuarto y ahí me quedé viéndola. Ella se despertó asustada pensando que algo me pasaba, me preguntó varias veces si estaba bien; pero nunca respondí. Se levantó de la cama y dice que me tronaba sus dedos en mi cara para que reaccionara. Yo estaba con los ojos abiertos sonriéndole. Me tomó de la mano y me llevó de nuevo a mi cama, me arropó y regresó a su cuarto pensando a cuál de sus amigos médicos podía preguntarle por semejante episodio.

Otra noche, cuenta que me escuchó gritar en mi cuarto: "¡puta! ¡no me importa!"... entró para preguntar con quién estaba peleando y me vio profundamente dormida.

Anoche -por ejemplo- soñé con dos ballenas. Una negra parecida a las orcas y una totalmente blanca, como una jorobada albina. Ambas nadaban al lado de la otra en un río, no en el océano. Era un río turbio, de agua café y una velocidad increíblemente rápida. Ellas iban cerca de la orilla derecha y solo alcanzaba a ver sus dorsales haciendo olas.

Recuerdo que yo las veía desde arriba, esperaba que sacaran la cabeza del agua para verlas. Sentía que necesitaba verlas; pero alguien me llamaba. Tenía la prisa de irme rápido; pero no quería perderme la oportunidad de saber que esas dos ballenas estaban bien y que llegarían seguras al mar.

Había bebido mucha agua antes de acostar, así que en la madrugada tuve que levantarme. recuerdo haber pensado "ojalá pueda verle la cara a esas dos". Me volví a dormir; pero el sueño que retomé fue otro:

Estaba en una terraza de un edifico alto; pero era realmente un jardín inmenso, como si el Central Park estuviera en una azotea. Venía caminando de la mano de un hombre a quien nunca le vi la cara me él venía cantando y yo burlándome de su acento en inglés. Nunca distinguí de dónde era.

Fue algo que comencé a soñar en enero y me había pasado en la cabeza solo un par de veces, nunca pensé que le daría secuencia a esa escena cuando esperaba retomar a las ballenas.

Ambos de la mano nos acercábamos a una vendedora de flores que las tenía al lado de un camino donde pasaban muchos corredores y madres paseando a sus bebés. Cada vez que estaba a punto de verle la cara, me despertaba.

Y ni hablar de cuando sueño con mi abuela. La madre de mi madre fue una mujer con exceso de pantalones para su época y con exceso de sazón en sus comidas que siguen siendo legendarias. Cuando sueño con ella siempre intercambiamos recetas o me da consejos de lo que sea que me pasa en mi vida actual. Creo que ella es mi angel de la guarda porque de otra manera no me explico cómo sabe exactamente qué decirme cuando me la encuentro en sueños.

Cuando más me cuesta dormir, es cuando más tangibles son mis experiencias oníricas en ese plano que no termino de aprender a manejar. No es un tema fácil para hablar con cualquier persona porque siempre me sonríen con un poco de ternura pensando "toma leche caliente y nos vemos mañana".

Creo que es poca la gente que le pone atención a su inconsciente en ese estado , vulnerable; pero real. Son pocos los que se toman en serio las señales, mensajes, desahogos y temas no resueltos en sueños, como reflejo de lo que pueden hacer mejor cuando están despiertos.

Salir a correr 4 Kms. antes de dormir me está ayudando para que mi cerebro descanse mejor por la noche; pero los sueños siguen y a veces el insomnio es más fuerte que el ejercicio físico. Así que les iré contando por aquí cualquier otro sueño. Y si tienen alguna interpretación que quieran compartir, es bienvenida.

Feliz noche.


20140729

La vida es cocinar, escuchar música y amar

... o la combinación de todas.

Escogí esta canción luego de pensar mucho si me decantaba por una canción de metal gótico, o un clásico de piano tocado por Lang Lang, por supuesto a veces me gana el amor y decidí que Camille reúne, en esta canción, los amores más grande que he sentido: la cocina y mi sobrino.

Sentarse con un niño o niña es precisamente entrar a un mundo que hemos olvidado; verlo comer, verlo reír y escuchar su voz diciéndote que no hay mejor persona que vos (en mi caso, después de su mamá, por supuesto) es lo más maravilloso que le puede pasar a un ser humano: tener el amor de un infante.

Con eso como punta de lanza dejo este trozo de sentimiento con ritmo y armonía. Esperando que no solo el amor de adultas hacia un infante nos abrace, sino también que podamos recordar ese momento mágico de la infancia en el que fuimos inmensamente felices. Esos momento son los que nos hacen fuertes.

Un abrazo, los dejo, debo ir a cocinar.

20140429

Dedicatorias

Relato inspirado en la canción Deja Vu de Gustavo Cerati.
Por Flor Aragón


El libro verde, le llamamos, porque no encontramos otra forma más adecuada de nombrarlo. Lo encontramos en una de esas escenas simultáneas que solían atacarnos cuando menos lo esperábamos. Escenas repetidas de vidas anteriores o cosas que ya habíamos vivido antes o simples anticipaciones del inconsciente, saben, eso que normalmente solemos llamar deja vu.

El asunto es que los dos vivimos por separado la escena: el momento de andar deambulando por una librería equis de la ciudad y ver allí el libro verde, la novela por pocos conocidos, y sentir que ese momento, es instante infinito e ínfimo ya había pasado antes. En una vida anterior o lo que sea, como ya dijimos. Y los dos, por separado, como también ya dijimos, sacamos el libro del estante y lo compramos para regalárselo al otro. Como un hecho aislado e irrelavante, como esas cosas que se hacen porque en el instante tuvieron sentido. Y después ya no.

Los dos escribimos nuestras dedicatorias en la primera página en blanco, que, como ya sabemos, fueron hechas para escribir dedicatorias.Saben, esas cosas suelo pensarlas demasiado. Una dedicatoria es algo que queda allí escrito para siempre en una página que de alguna manera se va volviendo amarilla con el tiempo, en una página que de alguna manera va a ser leída varias veces, muchas veces en la historia, tu historia y la del libro o la historia del otro o la historia de la persona a la que algún día va a llegar el libro. Creo haberlo pensado por varios días. Semanas, si lo quieren contabilizar de esa manera. El tiempo se pasa volando mientras se piensa en la dedicatoria para un libro que va a llegar a las manos de alguien que alguna vez, dentro de diez o veinte o treinta años va a abrir la portada y viendo la tinta desgastada sobre el papel amarillento va a recordar el preciso segundo histórico en el que en medio de canciones de amor o algo parecido, pusiste el libro entre sus manos.

Un año pasa demasiado rápido, y duele, como cuando subrayas sin precisión eso que llaman nostalgia.

Y luego todo lo demás, saben, mi nombre y la fecha. Lo de rigor. Sí, bastante cursi, lo sabemos. Todos mis amigos mi tildaron siempre de cursi. Él no lo era tanto, no lo fue, no lo sigue siendo, me cuentan. Tenía esa forma tan particular, que siempre admiré tanto de él, de anular los sentimientos y las emociones. Como si de alguna forma las separaciones, por cortas o eternas que fueran, los dolores del color que quisieran pintarse, las dudas, e incluso el cariño, el rencor, el amor, el obvio de siempre; se pudieran tapar con solo el hecho de creer que no existían. No es que no los tuviera. Yo lo sé. Siempre lo supe. Es que simplemente los ocultaba de una manera tan estrepitosa, que a veces hasta dolía.

No sé si pensó mucho su dedicatoria. Cómo lo podría saber. Después de ese día no volvimos a vernos. No sé si se habrá dado cuenta de que eso, de que esas palabras iban a quedar grabadas allí para siempre. Sí sabemos que no era cursi, que el tiempo no se le iba en melodramas de ese tipo. No sabemos si habrá pensado que en el momento que íbamos a darnos los libros verdes con las dedicatorias se cumplía un año de que nos habíamos besado por primera vez en una noche demasiado surreal para contarla aquí. No sabemos. Nadie podría saberlo.

Te compré esto movido por un Deja Vu, la frase más gastada del francés.

Sin nombre y sin fecha. Como todos los recuerdos que se han ido borrando con la nostalgia.