Sobre la calle antigua que antes era de los dos, hoy conducía el auto destartalado que sonaba con cada hueco que le golpeaba las llantas. Invariablemente debía pasar por ahí, ya que las otras dos calles estaban cerradas por reparación. "Si supieran que ésta tiene peores condiciones, habrían comenzado por aquí" - pensaba mientras caía en un nuevo bache.
Para ella era más triste lo que esa calle guardaba que los golpes que su auto de lata sufría: en esa calle, a una orilla del triángulo central, estaba el parque donde iban hace diez años cuando él todavía existía.
Siendo esa la única vía alterna, debía armarse de paciencia e indiferencia cada mañana cuando al llegar al último semáforo y doblar a la derecha, aparecía ante sus ojos el primer árbol que tapaba el juego de columpios, la caja de arena para niños y la resbaladera donde una vez se golpeó las rodillas y tuvo un raspón durante dos semanas.
"Los recuerdos duelen más" - murmuró mientras buscaba alguna canción que le gustara en la radio local.
Sin darse cuenta disminuía la velocidad para disfrutar cada grada de piedra, cada arbolito nuevo, cada nueva flor que daba hacia la calle. Veía pasar desde el asiento de conductora todos los buenos momentos que ese parque y ese barrio le dejaron.
Recordó la primera vez que se sentaron en los columpios y platicaron sobre la vida... "par de estúpidos enamorados a los 20 años..." - pensaba mientras sonreía de oreja a oreja. De esa plática salió un acuerdo de alegría. Así le llamaron. No era noviazgo, ni intento de serlo. No fue un negocio de amor ni mucho menos un pacto. Fue un acuerdo de alegría. De estar más alegres y compartirse mientras estuvieran juntos.
Se sentaron descalzos a la orilla de la caja de arena para los más chicos. Con los pies, aplanaron como pudieron la arena que ya no era tan blanca por el paso del tiempo. Él tomó una ramita seca y escribió:
"Intentaré estar mejor por mí y por tí. Intentaré sonreír más por los dos. Intentaré compartirme en lo bueno y malo" y abajo firmaron con la misma rama.
Luego se levantaron, se sacudieron los pies y se fueron caminando a la casa de él que quedaba a la vuelta del parque. Se lavaron las manos y se sentaron a la mesa para cenar con la familia que los esperaba. Esa familia sustituta que tanto la quiso y que ella casi no ha vuelto a ver.
Circular por esa calle es un déjà vu. Es volver a sentirse descalza en la arena, abrazada en el columpio y golpeada en el cemento de la resbaladilla. Lo morado de ese golpe duró dos semanas, pero fingió dolor otras dos, porque sabía que él le ponía hielo y vendas cada día.
Desde que se fue, ella ha querido decirle que su acuerdo sigue intacto. Que intenta sonreír y ser mejor por ella y por lo que ya no pudo ser. Y que a pesar del dolor ante el amor que terminó sin querer, su simple recuerdo es una completa alegría.
Cuando la música se convierte en inspiración
Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.
Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?
[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
Mostrando las entradas con la etiqueta Deja Vu. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Deja Vu. Mostrar todas las entradas
20140505
20140504
"Deja Vu" - Gustavo Cerati
“¿Crees en el amor a primera vista?” preguntaste con miedo de sonar estúpido. No, no es estupidez es solo que no creo en el amor a primera vista.
Me encuentro atrapada en una imagen que no sé si es un sueño o realidad. La arena bajo mis pies y el olor salado del mar son demasiado reales. Tomo tu mano y miro en tus ojos la infinita claridad del agua, son un océano profundo de serenidad. Tu piel brilla como una extensión del sol y después de titubear por un segundo, descubro que es la sal la que le da sabor a tus besos.
Si, te he visto antes en la lucidez de mis sueños, caminando hacia al Sur sobre amplias dunas mientras la blanca espuma se disuelve entre tus pies. Detrás de ti se abre el cielo en un azul inmenso. El sol brilla intacto creando sombras que juegan a atrapar la escurridiza arena que dejan nuestros pasos mientras gaviotas con peces en sus picos vuelan hacia lo más alto de aquellas montañas donde una habitación con enormes cortinas blancas se alzan como velas por las ventanas entreabiertas.
El bronceado de tu piel, tu camisa celeste desabotonada y las gafas de sol sobre tu frente me inspiran libertad. Caminas a mi lado masticando un silencio eterno y me miras con esa serenidad infinita que la edad otorga mientras me distraigo trazando historias sobre las arenas del tiempo.
Si tan solo la edad fuera nuestra aliada, pero realidades como estas son solo un sueño, uno de esos que enamoran y se viven a través de la imaginación. Quisiera borrar el tiempo para encontrarnos de verdad y nunca disolvernos en las aguas del despertar pero nacimos para desaparecer, así como esas gaviotas, nacimos para volar.
--
NGB.DA20140504. edited 20150424
20140429
Dedicatorias
Relato inspirado en la canción Deja Vu de Gustavo Cerati.
Por Flor Aragón
Por Flor Aragón
El libro verde, le llamamos,
porque no encontramos otra forma más adecuada de nombrarlo. Lo encontramos en
una de esas escenas simultáneas que solían atacarnos cuando menos lo
esperábamos. Escenas repetidas de vidas anteriores o cosas que ya habíamos
vivido antes o simples anticipaciones del inconsciente, saben, eso que
normalmente solemos llamar deja vu.
El asunto es que los dos vivimos
por separado la escena: el momento de andar deambulando por una librería equis
de la ciudad y ver allí el libro verde, la novela por pocos conocidos, y sentir
que ese momento, es instante infinito e ínfimo ya había pasado antes. En una
vida anterior o lo que sea, como ya dijimos. Y los dos, por separado, como
también ya dijimos, sacamos el libro del estante y lo compramos para
regalárselo al otro. Como un hecho aislado e irrelavante, como esas cosas que
se hacen porque en el instante tuvieron sentido. Y después ya no.
Los dos escribimos nuestras
dedicatorias en la primera página en blanco, que, como ya sabemos, fueron
hechas para escribir dedicatorias.Saben, esas
cosas suelo pensarlas demasiado. Una dedicatoria es algo que queda allí escrito
para siempre en una página que de alguna manera se va volviendo amarilla con el
tiempo, en una página que de alguna manera va a ser leída varias veces, muchas
veces en la historia, tu historia y la del libro o la historia del otro o la
historia de la persona a la que algún día va a llegar el libro. Creo haberlo pensado por
varios días. Semanas, si lo quieren contabilizar de esa manera. El tiempo se
pasa volando mientras se piensa en la dedicatoria para un libro que va a llegar
a las manos de alguien que alguna vez, dentro de diez o veinte o treinta años
va a abrir la portada y viendo la tinta desgastada sobre el
papel amarillento va a recordar el preciso segundo histórico en el que en medio
de canciones de amor o algo parecido, pusiste el libro entre sus manos.
Un año pasa demasiado rápido, y duele, como cuando subrayas sin
precisión eso que llaman nostalgia.
Y luego todo lo demás, saben, mi
nombre y la fecha. Lo de rigor. Sí, bastante cursi, lo sabemos. Todos mis
amigos mi tildaron siempre de cursi. Él no lo era tanto, no lo fue, no lo sigue
siendo, me cuentan. Tenía esa forma tan particular, que siempre admiré tanto de
él, de anular los sentimientos y las emociones. Como si de alguna forma las
separaciones, por cortas o eternas que fueran, los dolores del color que
quisieran pintarse, las dudas, e incluso el cariño, el rencor, el amor, el
obvio de siempre; se pudieran tapar con solo el hecho de creer que no existían.
No es que no los tuviera. Yo lo sé. Siempre lo supe. Es que simplemente los
ocultaba de una manera tan estrepitosa, que a veces hasta dolía.
No sé si pensó mucho su
dedicatoria. Cómo lo podría saber. Después de ese día no volvimos a vernos. No sé si se habrá dado cuenta de que eso, de
que esas palabras iban a quedar grabadas allí para siempre. Sí sabemos que no
era cursi, que el tiempo no se le iba en melodramas de ese tipo. No sabemos si
habrá pensado que en el momento que íbamos a darnos los libros verdes con las
dedicatorias se cumplía un año de que nos habíamos besado por primera vez en
una noche demasiado surreal para contarla aquí. No sabemos. Nadie podría
saberlo.
Te compré esto movido por un Deja
Vu, la frase más gastada del francés.
Sin nombre y sin fecha. Como todos los recuerdos que se
han ido borrando con la nostalgia.
20140427
Reencuentro
Relato basado en Deja Vu, de Gustavo Cerati
Despertó aquella mañana, se sintió tristemente bella... estaba sola y solo su gato pudo ser testigo de su cabello alborotado, alborotado justo como a él le gustaba verla. Lo recordó en los amaneceres compartidos. Lo extrañó mucho. Dejó que su gato la acariciara para darse cuenta que aún vivía. Pensó en todo lo que tenía que hacer. Tomó impulso para levantarse.
Puso los pies en el piso frío. El gato la acompañó en cada vuelta que dio en su casa, limpió la caja de arena de la mascota, sacó la basura, cocinó el desayuno, tomó su primera taza de café mientras revisaba sus correos y pineaba alguna imagen en Pinterest... se fue a dar un baño.
Escogió el vestido que tanto le gustaba a él verle puesto, era un día especial, tenía un encargo que le dejaría una buena cantidad de dinero para sus gastos... pagar la casa, la refri que aún debía en un almacén, los recibos, las vacunas para el gatito... el café que se tomaba una vez al mes con las amigas, en fin... esa vida que nos exige tener dinero hasta para lo más mínimo.
Mientras acomodaba los artefactos para realizar su trabajo recordó cuando conoció a Mario, ambos eran buenos en su profesión, claro él tenía más experiencia y le enseñó nuevas "mañas" a ella para hacer el trabajo más limpio y rápido. Aún le dolía su ausencia. Extrañaba que le dijera que se veía hermosa enfundada en aquel vestido de lunares amarillos. Pensó en el aroma que lo envolvía justo cuando acarició el gatillo.
Salió de casa en un día común y corriente. El cliente esperaba... debía presentar resultados aquella misma tarde. Era limpia y rápida en su trabajo gracias al hombre que la formó. Ser asesina a sueldo era lo único que podía ser, con cada muerte daba muerte a su luto.
Tomó posición, su rifle de precisión listo... se escuchó el golpe de la pólvora en el casquillo de la bala.
... Despertó aquella mañana, se sintió tristemente bella... estaba sola y solo su gato pudo ser testigo de su cabello alborotado, alborotado justo como a él le gustaba verla. Lo recordó en los amaneceres compartidos. Lo extrañó mucho. Dejó que su gato la acariciara para darse cuenta que aún vivía. Pensó en todo lo que tenía que hacer. Tomó impulso para levantarse... "el cliente espera" pensó mientras puso los pies en el piso frío. La esperaba un vestido a lunares amarillos...
Despertó aquella mañana, se sintió tristemente bella... estaba sola y solo su gato pudo ser testigo de su cabello alborotado, alborotado justo como a él le gustaba verla. Lo recordó en los amaneceres compartidos. Lo extrañó mucho. Dejó que su gato la acariciara para darse cuenta que aún vivía. Pensó en todo lo que tenía que hacer. Tomó impulso para levantarse.
Puso los pies en el piso frío. El gato la acompañó en cada vuelta que dio en su casa, limpió la caja de arena de la mascota, sacó la basura, cocinó el desayuno, tomó su primera taza de café mientras revisaba sus correos y pineaba alguna imagen en Pinterest... se fue a dar un baño.
Escogió el vestido que tanto le gustaba a él verle puesto, era un día especial, tenía un encargo que le dejaría una buena cantidad de dinero para sus gastos... pagar la casa, la refri que aún debía en un almacén, los recibos, las vacunas para el gatito... el café que se tomaba una vez al mes con las amigas, en fin... esa vida que nos exige tener dinero hasta para lo más mínimo.
Mientras acomodaba los artefactos para realizar su trabajo recordó cuando conoció a Mario, ambos eran buenos en su profesión, claro él tenía más experiencia y le enseñó nuevas "mañas" a ella para hacer el trabajo más limpio y rápido. Aún le dolía su ausencia. Extrañaba que le dijera que se veía hermosa enfundada en aquel vestido de lunares amarillos. Pensó en el aroma que lo envolvía justo cuando acarició el gatillo.
Salió de casa en un día común y corriente. El cliente esperaba... debía presentar resultados aquella misma tarde. Era limpia y rápida en su trabajo gracias al hombre que la formó. Ser asesina a sueldo era lo único que podía ser, con cada muerte daba muerte a su luto.
Tomó posición, su rifle de precisión listo... se escuchó el golpe de la pólvora en el casquillo de la bala.
... Despertó aquella mañana, se sintió tristemente bella... estaba sola y solo su gato pudo ser testigo de su cabello alborotado, alborotado justo como a él le gustaba verla. Lo recordó en los amaneceres compartidos. Lo extrañó mucho. Dejó que su gato la acariciara para darse cuenta que aún vivía. Pensó en todo lo que tenía que hacer. Tomó impulso para levantarse... "el cliente espera" pensó mientras puso los pies en el piso frío. La esperaba un vestido a lunares amarillos...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

