Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
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20140519

"Heroin" - The Velvet Underground






(It was hard to write with this song. Ramblings mostly would come out.)


Sweet addiction 
Sensations of a colorful mind
Diluted bodies in a splash of pleasure.
Tiny droplets of honey.
Sweet addiction to your perfect body
Naked femininity
Like some Renaissance statue
Sprinkled with golden dust
Magical fairies
Dancing all around
Collecting the juices
Of our love.
There we are
Dancing
Moaning
Coming
Becoming one
Eternal moments
In white space
Where we blend
Taking one last chance
Of hope and love
Like teenagers
Like cat’s tails
Like warm water
Like weightless feathers
Falling from the sky
In the form of liquid pleasure
In the form of tears
From our eyes
From our mouths
From our hands.
Expressions of the divine.
Bodily sensations
From us
The ones who create 
Universes 
To fly.
Sweet addiction 
To the transparent kissess
To the warm hands
To the playful smile
That recreate universes
And shoot mind away
Sailing
Away, far away
In empty spaces
Of magical dust
And milk.


—

NGB.DA20140519 

Tengo una blusa negra colgada en mi clóset.


No es una blusa cualquiera.

No es cualquier blusa negra como las demás que también cuelgan sin clemencia, esperando a ser usadas. Esta es de seda, de tirantes, corte imperio, cómoda como ella sola, para salir de noche y exhibir la espalda y los hombros. Es una blusa negra colgada en mi clóset que de vez en cuando pierde el equilibro en el gancho y cae mientras muevo las otras cosas. Una blusa negra con vida propia, que toma desiciones.

Como lanzarse al vacío y caer a mis pies para recordarme esa noche.

Para recordarme que era una fiesta y yo había tomado vino y fumaba como loca mientras te buscaba en la pista de baile sin encontrarte. Para recordarme que me volteé para salir entre el amasijo de gente y en la vuelta me tropecé con vos, quedamos como a un centímetro de distancia.

– ¿Qué estás tomando? – Atinás a preguntar al ver mis manos vacía.
– Ya no tomo – 
– ¿Desde cuándo? – 

Finjo ver la hora en el reloj de pulsera que no tengo...

– Desde hace como media hora–

Tengo una blusa negra colgada en mi clóset que cae de repente a mis pies para subrayarme que algún día te encontré en una fiesta y hablamos por horas y horas recordando los quince años anteriores, recordando cuando ni siquiera llegábamos a los veinte y me viste y nos vimos y después el tiempo que vino y se fue y todas las veces que nos encontrábamos y vos casado y divorciado y casado otra vez y yo casada y divorciada esta vez, también.

 – Como esa historia de Benedetti – te dije. 
– ¿Cómo cuál? – 
– Como Puentes como Liebres. Esa historia de Benedetti. Nuestra vida es un poco así–. 

Eso te dije.

Y a vos no te importó. Ni te interesó mucho el cuento. Querías un cigarro, otro whisky y salir de la fiesta. 

– No me creás tan tonta y veinteañera, te dije, ya me puedo esa historia de salir por el cigarro–. Y me reí. Me reí de verdad como no lo hacía desde los primeros años del desolador y fallido matrimonio. 

– Es increíble el poder que tenés de reírte solo con la mirada–. Dijiste, creyendo tal vez que tenías la necesidad de conquistarme como cuando teníamos menos de veinte años. Y te creí y sonreí con los labios y no pensé en besarte ni abrazarte. Es bien tonto, de verdad, pero yo no pienso en esas cosas. Sí me fijaba, por ejemplo, que la luz te caía justo en los ojos, como a la Ingrid Bergman en Casablanca. Claro, esa película era en blanco y negro y la nuestra, a color; aunque mi blusa fuera negra y tu camisa, blanca. De seguro si no hubieran habido más de quinientas almas de testigo sí se me hubiera ocurrido besarte, pero saliste con la historia del cigarro que querías irte a fumar afuera, como si no todos estaban fumando en la fiesta...

Tengo una blusa negra colgada en mi clóset que cae de repente a mis pies para recordarme que afuera había llovido. Sí, como cualquier julio que se preste a los aguaceros. Vos hiciste algún comentario de mi blusa y el frío. Y por suerte no llevabas saco o chaqueta, porque hubiera sido el colmo que me lo pusieras en los hombros como cualqueir película cursi de adolescentes, y no. Me senté en el suelo y vos no quisiste. Estaba mojado y no querías ensuciarte el pantalón caro. Yo me siento en el suelo mojado y me quito los zapatos cuando me da la gana. Vos sos demasiado apropiado. Creo que por eso el destino nos ha traído y llevado y vuelto a llevar y a traer y no nos ha juntado nunca. No podría ser feliz con un hombre que no se sienta en el suelo ni se quita los zapatos, de verdad, por mucho que nos demos cuenta mientras compartimos un cigarro que nos reímos de lo mismo y nos gustan las mismas canciones y leemos los mismos libros y vemos las mismas película. En ese momento soy conciente de lo mucho que me gustas, de lo mucho que me has gustado desde que tenemos menos de veinte años. La cadencia de tu voz, tus palabras, el vino, tu mirada; me hacen sentir más borracha de la cuenta. Vos te das cuenta. Por fin te sentás en el suelo. Me hacés alguna broma del frío y la blusita de tirantes y sin más aviso, me besás.

Esa blusa negra colgada en el clóset que cae al suelo con voluntad propia me hace recordar que me besaste, que pasé mis dedos por tu pelo, que respiraste entrecortado en mi oreja, que te dije qué rico olés. Esa blusa negra me recuerda que el piso mojado de un lugar para fiestas y convenciones no es muy apropiado para hacer lo que hicimos.

Tengo una blusa negra colgada en mi clóset. Cada vez que cae al suelo me acuerdo de vos.

(Relato inspirado en Heroin de The Velvet Underground)


20140518

Cathy



Cada quien escoge su veneno, o vicio; esa fuente de destrucción placentera, pues existen cosas que nos hacen daño, o nos hacen daño a medida hagan daño a nuestro entorno… y que aún así nos enamoran. ¿Será el caso de todos? Jim nunca sabría decirlo, pues únicamente reconocía la lógica detrás de perseguir las ganas y las pulsiones. No compartía el pensamiento de Juan, quien tenía una serenidad y sensatez capaz de afectar y contagiar a quien se le acercara. “Es que vos porque te hacés ese tipo de preguntas, Jim.” Al final, de todas formas, entendían profundamente qué era lo que no entendían del otro. Descansaban en este acuerdo tácito que guiaba, llevaba, alimentaba la amistad.

La siguiente ronda la iba a pagar Jim, Juan siempre pagaba la primera. Eso era como siempre, pero algo que le decía a Jim que algo había cambiado. Juan parecía haber perdido algo de su inseguridad que caracterizaba la manera en la que hesitaba antes de tomar cualquier decisión que podría cuestionar la forma en la que tenían que fluir las cosas.  Hasta sonreía más de lado, como con picardía y confianza.

“¿Tenés fuego?” preguntó Jim, habiendo buscado cerillos en sus bolsillos.

“Perame” dice el otro, y empieza a buscar en su blazer, acción interrumpida bruscamente con una mueca y una mirada viendo al frente. Se levanta Juan a recibir a una mujer que viene caminando, brazos abiertos y saludo de beso.

“Jim, te presento a Cathy”.

Ella es la razón por la que Juan se siente, o por lo menos se ve, mejor que nunca. Juan que ha buscado y buscado lazos estables con mujeres a veces hasta vacías, hoy a parece en sintonía con una mujer elegante e inteligente, hasta misteriosa. Dicen, recuerda Jim, que uno no escoge quien causa qué impresión en ti. A veces solo pasa que, bueno, conocés a alguien que te atrapa, te gusta, a la primera. Otras veces, todos sabemos, la primera impresión no es representativa de esa atracción creciente que nace y vive entre dos personas, de manera bilateral en el mejor de los casos; o hacia una persona. Otro cigarro, y otra ronda, y lo más embriagante era la sonrisa, la cara, la energía de esta mujer. Su risa, sonaba cada vez más familiar y atractiva, como si se acercaran más a medida pasaba el tiempo. ¿Cómo hacen, este tipo de mujeres, para aparecer un día con todo lo que pudiera pedir? Y Jim, tranquilo, poniendo barreras a medida, en su mente, se compenetraba más con la compañía de Cathy.

“Ya vengo”, y sonrió. Quizás iba al baño, y Jim la siguió en su mente a otro bar, a otra calle, a otro momento en el que han estado solos por mucho tiempo.

La sonrisa y la seguridad de Juan eran como el sello de un amor y una emoción sin precedente. Ella es, le contaba a Jim. Desde esa vez que se la presentaron, no tenía más remedio que intentar conocerla más y seducirla, sin la seguridad de que esta mujer, tan interesante y entretenida, iba a permitirlo. Pero parece que queremos lo mismo, por suerte que tuvo de que se cruzara con ella en el camino.

Le bajó el nivel de sonrisa, lo miró y le dijo “A ella no te dejo, Jim.”

“Por supuesto.”

Cathy regresó, y era el turno de Jim de levantarse. Sus pensamientos lo siguieron, no había llegado al baño cuando había decidido dejarla irla. Sacarla de la cabeza. Comerse la curiosidad por saber si a él también le podría hacer lo que le hizo a Jim. Igual, Sara lo estaba esperando, en la cama de ella. Sara era lo que Jim de verdad necesitaba, porque no le pedía nada. Aunque ella le dijera esas palabras dulces como… ¿Cómo fue lo último que le dijo? Que entre más tiempo pasaban juntos, más tiempo quería que pasaran juntos. “¿Qué hacemos Jim?” ¿Y qué iban a hacer, pues? Nada: sólo entender que las cosas van a pasar en los términos de Jim. Que falta mucho para que Jim ceda lo que lo hace sentir más cómodo y apegarse a los modelos de una relación estable. Que pasan cosas que te provocan otras cosas, que no hay que renunciar a ellas. Más bien, hay que actuar en función de los deseos. Pero, hoy no puede. Hoy, quizás, esté ganando Sara, con esta lealtad que lo empuja a la cama que no quiere. Ya, se lavó la cara, se volvió a ver al espejo por última vez, y regresó a la mesa.

Cathy pidió una siguiente ronda. Ya casi era viernes, ¿qué tiene de malo? Ya eran las 11, se le había hecho tarde a Juan. ¿Y entonces? Cathy propuso quedarse con Jim, tomarse la última, y ya. Podía confiar en él para llegar bien a su casa, ver a Juan mañana, normal; y otro día encontrarse de nuevo los tres. Juan dejó el dinero de su parte, Jim insistió en que no. Los tres de pie, Juan se fue después de darle besos a su novia y un abrazo a su buen amigo.


20140506

Mi heroína... que diga, mi pick de Lou Reed

I don't know just where I'm going
But I'm goin' to try for the kingdom if I can
'cause it makes me feel like I'm a man
When I put a spike into my vein
Then I tell you things aren't quite the same

When I'm rushing on my run
And I feel just like jesus' son
And I guess I just don't know
And I guess that I just don't know


Entre más humano, más me gusta. Me gusta la luz natural en las fotos y lo audiovisual, y me gusta la riqueza de detalles en lo autobiográfico; y también los escenarios contemporáneos, algo con lo que me pueda relacionar contado desde un punto de vista ajeno al mío. Es quizás por eso que me enamoré de The Velvet Underground y de la música de Lou Reed. Esucho en sus sonidos asimétricos y melodías sesenteras algo tan espontáneo como cuando escuchás una anécdota o te perdés en una plática; música que viene de algo cotidiano, algo que yo comparto. Esta música con las historias de las que no hablás en público fueron como una droga, cuando me agarró por ponerme los audífonos y salir escuchándolos; eso y a Nico.

"Heroin" no es mi favorita, pero no está lejos en la lista de mis preferidas de The Velvet Underground. Me enciende, como con ironía trágica porque el título no es tan alegre como lo es "Perfect Day" o "Who loves the Sun". Al contrario, todo el contenido supone un escenario de entrega y pérdida, con palabras que lo ponen más y más en evidencia aunque la música vaya encendiéndose y no decreciendo. Y la voz de Lou Reed y el crescendo de la melodía, que al final se despoja de la tranquilidad y termina en chillidos que hacen que mi suegra quiera que alguien ya quite eso... Es una manera muy seductora de contar la misma historia, una historia que no comparto pero me puedo imaginar a medida me dan ganas de cantar 'cause it makes me feel like I'm a man / When I put a spike into my vein.

Ahora, a ver qué nos hacen escribir esos 7 minutos de heroína.