Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
Mostrando las entradas con la etiqueta imaginación. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta imaginación. Mostrar todas las entradas

20160421

La que se negó a morir



Inspirado en Y si Fuera Ella
de Alejandro Sanz




Me esforcé tanto en matarla... Me tomó meses, años, días. No sabía que bajo esa gruesa capa de indiferencia y falsa madurez, todavía respiraba. Bastó arañar un poco la superficie para que volviera a salir.


La enredé en memorias falsas y borré poco a poco los recuerdos al punto que ahora no queda mucho para reconstruir la escena de nuestra despedida. Hice de todo para asegurarme que no regresara: dejé la pluma para cartas reales por siempre en el escritorio, no volvieron a sonar canciones de amor en mi presencia y tiré a la basura los libros con poemas.


La sepulté completamente vestida, con todos sus adioses aun vibrando en sus manos y todas sus mentiras blancas. Le cavé una tumba profunda, hecha con paciencia y dedicación. No fue algo repentino. Fue todo premeditado, planeé con suficiente tiempo y de antemano busqué la forma de llevar ese luto que estaba anticipando mientras calculaba el tiempo que le faltaría de vida. El detonante fue ver cómo reaccionaba a lo irreparable. Cuando me dí cuenta que lloraba, mintiendo y diciendo que estaríamos juntos por siempre, supe que debía morir. Sabía que ella creía firmemente en que todo duraría por siempre al principio, pero a medida iban pasando los años, ella mentía por mí. Yo sabía que las cosas no iban por buen camino y ella salía siempre al paso, asegurándole que todo iba a estar bien, que estaríamos siempre juntos. No me dejaba hablar. Ella: la romántica, la mentirosa, la cobarde, la débil, la ilusa, la ingenua, la que siempre tenía un abrazo lleno de perdón. No me dejaba progresar.  No me dejaba terminar algo que ya no tenía razón de ser. Me dolía el solo hecho de estar allí, de respirar, de ver el sufrimiento que ella causaba. Lo más generoso hubiera sido cortar con todo de raíz y temprano, pero ella todo lo alargaba con su permanente ilusión de un 'felices para siempre'. Para mí, eso era un motivo válido para que ella dejara de existir.


Nadie más que él y yo lloramos su muerte. A su ausencia los demás la llamaron "crecimiento", yo la llamé "alivio". No volvería  a extrañar sus sollozos. Por fin pude decir la verdad sin remordimiento, pude dejar de lamentarme por todo lo perdido y logré construirme un pasado nuevo. Reescribí todo cuando ella se fue. Aprendí a hablar sin las metáforas que construía en mi cabeza, a mantenerme firme por fuera mientras me derrumbaba por dentro y eso me ganó el respeto de quienes me veían tan entera aun en esos momentos de duelo. Me convertí entonces en la fuerte, la admirable, la valiente, la fría, la decidida, la vacía, la que sale adelante. El tiempo se dedico a irla borrando de mi memoria. Viví tranquila y sin pensar en ella después de algunos meses y por primera vez en años logré dormir una noche entera sin estar revolviendo recuerdos o recreando conversaciones que terminaban en promesas, más mentiras piadosas o más dolores. Creí que había desaparecido por fin de mi vida y fue justo esta mañana que la sentí asomarse en una lágrima. Volvía en mis lágrimas, en ese temblor de labios y en esa confusión mental que llevaba una eternidad sin ofuscarme.  



Verá doctor, ella no tiene que estar viva. Yo la maté, la maté y revivió. Es esa yo de veintidós años que revive, la que había enterrado en mi cabeza. Por favor ayúdeme a matarla de nuevo, que no quiero sentir, no quiero conmoverme, no quiero recordar. La maldita regresó cuando escuché esa canción, cuando sonó la voz de ese hombre deshaciéndose en gemidos flamencos casi llorando de amor. Por favor, doctor... Ayúdeme a no volver a sentir.

20160412

Adulto 1.0: Manual de instalación



Inspirado en
The Logical Song de Supertramp




Si tan solo fuera tan fácil...



¡Gracias por adquirir el sistema operativo Adulto 1.0! Esperamos que la instalación de este sistema le brinde años de una sana vida en sociedad.



Prólogo

El Manual del usuario del sistema operativo 'Adulto 1.0', tiene como objetivo responder a las preguntas relativas a la instalación y ejecución de este sistema en unidades humanas. El documento pretende abarcar de forma básica la instalación, configuración y precauciones de uso  con el sistema 'Adulto 1.0'.

A excepción de los componentes externos, la instalación o reposición de cualquier otro componente o pieza del sistema debe dejarse en manos de proveedores de servicios capacitados según se explica en este breve manual.

Este manual distribuye la información en un formato modular diseñado para responder al tipo de preguntas que un usuario se haría al instalar, configurar y utilizar el sistema 'Adulto 1.0'.


El usuario es el que determina cuánta información necesita leer.




Introducción
El sistema 'Adulto 1.0' está diseñado como programa de seguimiento a Adolescente 1.1 o posteriores. Resulta muy útil en el desenvolvimiento de la unidad humana en actividades independientes y para el funcionamiento adecuado de utilidades más avanzadas como "Préstamo Hipotecario" (en cualquiera de sus versiones), "Adquisición de bienes", "Vida en pareja" (en cualquiera de sus versiones"), "Manejo de finanzas personales", "Vida laboral" e incluso para la movilidad de la unidad en planos geográficos y lenguajes diferentes a los utilizados en su versión original. Resulta sumamente flexible y se adapta a variados programas.



Requisitos mínimos de instalación

El sistema 'Adulto 1.0' pretende ser accesible desde la mayoría de unidades humanas, independientemente del hardware y del sistema operativo instalado. En la mayoría de unidades muy probablemente no requerirá instalación adicional a la que ya dispone el usuario. No obstante, mencionamos los requisitos absolutamente necesarios para su instalación:

  • Deben haberse instalado y utilizado sistemas operativos anteriores (Entiéndase: "Infante", "Adolescente"). El sistema operativo no puede funcionar sin la instalación y uso previo de sistemas anteriores.
  • Deben haber pasado al menos 18 años desde que fuera creada la unidad. Se ha comprobado que el sistema operativo 'Adulto 1.0' no es compatible con unidades de fabricación reciente.
  • Los sistemas internos (nervioso, emocional y físico) deberán estar preferentemente en óptimo estado. De no contarse con un sistema de garantía, el usuario instalará 'Adulto 1.0' bajo su propio riesgo, aunque dicho factor no impide la instalación del sistema.





Cómo instalar su nuevo sistema operativo Adulto 1.0

Lea detenidamente estas instrucciones antes de actualizar su sistema y guárdelas como referencia para el futuro.



Instalación fácil


  1. No instale el sistema bajo presión, violencia o en situaciones de estrés inminente en la interfaz humana a utilizar.
  2. Para un óptimo desempeño, instale el sistema sobre la plataforma "Infancia feliz 2.0". El no hacerlo causará graves problemas de funcionamiento y adaptación.
  3. Debe existir adecuada circulación y libertad de movimiento de la interfaz humana después de la instalación de su nuevo sistema.
  4. La distancia entre una entidad humana y otra con el mismo sistema operativo no debe ser mínima al equivalente a un cuerpo, excepto en situaciones donde quiera crear copias de sistemas anteriores como "Bebé 1.0" o iniciar "Sexo" (en cualquiera de sus versiones).
  5. Deberá sobre-escribir versiones de sistemas anteriores tales como "Adolescente 1.0", "Ilusiones Románticas" o "Modas" (en cualquiera de sus versiones) antes de instalar su nuevo sistema operativo.
  6. Limpie el exterior con una toalla seca luego de aplicar jabón y agua diariamente. En casos de suciedad severa de la unidad a actualizar, deberá utilizar "Retiro Espiritual 1.1", "Experiencia Religiosa 1.0" o "Psicoanálisis 3.0". Consulte al fabricante directo de cada programa alterno antes de su aplicación.
  7. Espere cinco años para conectarlo y utilizarlo después de instalado. Puede prolongarse su arranque inicial indefinidamente. Esto puede variar según la unidad y de ninguna manera indica un desperfecto. 
  8. Conéctelo a una fuente constante de alimento e hidratación en cualquiera de sus formas. Prolongará su vida evitando sustancias etílicas y alteradores de funcionamiento del procesador no autorizados (entiéndase: psicotrópicos, alucinógenos, tabaco, cannabis y otros similares)
  9. No remover ninguna parte de la unidad, a excepción del cabello y uñas. Puede dañar o desactivar la unidad de inmediato. 
  10. Deje que el sistema permanezca instalándose al menos cinco años antes de instalar uno nuevo. Algunos programas adicionales a instalar pueden ser: "Ingeniero", "Abogado", "Padre", "Madre", "Empresario", etc. Puede ser necesario esperar más tiempo entre un programa y otro dependiendo de los programas a instalar. Consulte el manual del programa que desea instalar, en caso de existir éste. Hay programas que no cuentan con manuales de instalación, tales como "Padre" y "Madre". Instale bajo su propio riesgo.



Precauciones de seguridad

  1. No utilice demasiados programas a la vez. Puede sobrecargarse la memoria de la unidad, causando variaciones de desempeño y mal funcionamiento.
  2. Si el procesador de la unidad llegara a sufrir desperfectos, consulte inmediamente a un especialista de acuerdo al punto 6 de la Instalación Fácil. Deberá tener en cuenta el programa de depuración de memoria con el que contaba la unidad antes de la falla.
  3. Nunca guarde sustancias peligrosas dentro de la unidad. Puede resultar peligroso e irreparable. La unidad no puede servir para almacenaje y transporte, excepto en el caso del desarrollo de la sub-unidad "Feto". No todas las unidades son aptas para la clonación de programas, sub-unidades o desarrollo de sistemas nuevos.
  4. La unidad no puede ser desarmada. Consulte a su centro de servicio más cercano y a un especialista en ensamblaje y reparación (conocidos también como miembros del "sistema de salud", "cirujanos" u "Hospitales".)
  5. No use dispositivos mecánicos o intente reparar la unidad después de instalar el sistema operativo. Extensiones para la reparación de unidades incompletas o dañadas pueden ser aplicados en caso de necesidad sin afectar su rendimiento.
  6. Manténgase lejos de fuentes extremas de calor, humedad o frío.
  7. Vacíe la unidad de alimentos no procesados al menos cada dos horas, de ser posible.
  8. La unidad puede dar indicios de mal funcionamiento si su sistema de género instalado no corresponde al sistema de género dado por el fabricante. Verifique que tanto el procesador de la unidad como el sistema de género de fábrica encajen. Consúltelo directamente con la unidad. Puede que sea necesario utilizar "Re-asignación de Género". Ver punto 4 de esta lista.
  9. Verifique que el sistema de protección interno siempre esté al día con las definiciones de virus y otras afecciones en sus versiones  más recientes.
  10. Si la unidad presenta fugas, apagones súbitos, movimientos y/o ruidos inesperados, atienda inmediamente o llame a un especialista según convenga para identificar síntomas. Consulte el manual para el padecimiento interno o externo que corresponda. No todas las unidades responden bien a la instalación del sistema operativo 'Adulto 1.0'.


20150616

Susana, Leo, los perros y las cicatrices


Relato inspirado en 'Danzón'
Por: Ivonne Veciana
---

Cuando llegó a la playa, no esperaba encontrarse con un torneo de surf femenino. Había viajado varios kilómetros para huir de los que en vacaciones inundaban como hordas las playas detrás de su casa y se veía obligado a llevar su amargura a otro lugar.

Por eso subía a sus tres mejores amigos a la vieja camioneta Chevy restaurada en casa: un labrador negro como el carbón, un pastor alemán con aires de nobleza y uno de raza incierta, más feroz y autónomo que los otros dos. Coal, Sergeant y Whiskey. Durante tres meses empacaba más pertenencias de sus perros que propias, el bastón con el que impulsaba su pierna desaparecida en Irak y soportaba que le doliera esa herida por varias horas al volante hasta llegar a otra playa lo más alejada posible de la civilización veraneante. Elegía ese otro lugar porque siempre tenía prohibición de nadar por las corrientes traicioneras y pasaba casi vacía; pero el vigilante de Clearwater Beach había sido amigo del abuelo de Leo cuando llegaron como inmigrantes a Nueva York y lo dejaba hospedarse en una cabaña abandonada que poco a poco iba reconstruyendo.

Ahora estaba igual de atestado de gente y debía ponerle correa a Whiskey, el único volátil de los tres, para evitar algún accidente.

Al entrar a la vieja casa fue directo a la cocina para guardar y ordenar las compras del mercado para sobrevivir las primeras dos semanas. Coal fue detrás de él, mientras que Sergeant y el criollo corrieron al cuarto de baño.

De inmediato escuchó un grito, varias cosas que caían en la ducha y Coal se unió a los otros dos canes en sus ladridos. Tomó su bastón,sacó su navaja suiza que escondía en su bota especial y fue en busca de sus perros y el grito. Encontró a una joven deteniendo la cortina de la ducha con una mano y un bote de shampoo en la otra para defenderse de sus tres agresores.

Se quedó en  la puerta y ella volvió a gritar. Leo hizo una señal de "afuera" a sus perros y cerró la puerta para que ella saliera de esa situación en paz.

A los 15 minutos, ella salió del baño con una mochila al hombro y más sonrojo que un atardecer.

_ ¿Quién eres y qué haces aquí? -Preguntó Leo si dejar de cortar filetes de pescado

_ Lo lamento mucho... no sabía que alguien venía aquí y yo necesitaba alejarme un poco de la gente del torneode surf porque...

_ No me interesa. Pregunté quién eres y qué haces aquí.

_ Susana. Me llamo Susana y no sabía que el viejo vigilante había dado permiso para que alguien...

_Yo pago por esta cabaña -interrumpió Leo- No me interesa lo que el viejo Joe te haya dicho. Esta casa está habitada los tres meses de verano, ¿Entendido? .

_ No pretendía quedarme, solo necesitaba una ducha en privado porque...

Y Leo dejó caer en el fuego las verduras picadas de su tabla de madera que hicieron un ruido suficiente para cortar la explicación de Susana. Al ver que su interlocutor ni siquiera la miraba, se acomodó la mochila en el otro hombro y salió dando un portazo que hizo temblar la pequeña ventana de la sala.

Leo se sentó en el sofá gigante con su plato recién servido y cuando estaba a punto de destapar la cerveza, se dio cuenta que ninguno de sus tres perros estaba en la casa. De un saltó en un solo pie llegó a la puerta, apoyó el bastón para bajar los escalones y se fue siguiendo el rastro a perfume que su invitada no deseada dejó al irse.

Ella casi llegaba a la playa donde estaban reunidas sus colegas de surf y no se había percatado que detrás venían los tres amigos que le habían dado un susto al salir de la ducha.

Escuchó que gritaban su nombre _¡¡Susana!!

Volvió a ver y era Leo tratando de correr en un solo pie y bastón con la cara descompuesta de pensar a sus perros como perdidos. Casi nunca se separaban de su lado. Los tres habían sido rescatados de un refugio de animales durante la guerra y estaban a punto de ser sacrificados hasta que él recibió su baja y decidió calmar sus demonios acompañándose de la soledad de esos tres desafortunados. Pagó una buena suma para traerlos hasta su casa y procurarles rehabilitación en una veterinaria mientras él aprendía a usar una pierna de acero y a cocinar comida que no saliera de latas con sello del gobierno federal.

Cuando ella identificó que era Leo, vio a unos metros que los tres perros venían siguiéndola emocionados, como si ella los guiara al agua donde tanto les gustaba jugar. Se agachó para abrazarlos y Leo vio cómo esos tres insoportables se dejaban acariciar por esa perfecta desconocida que les besaba la trompa como si no tuviera miedo a perder la nariz de una mordida.

_Tranquilo, no sabía que estaban aquí.

_Lo sé. Nunca se van así, no se qué pasó...

_¿Les gusta pasear? Podría pasar a traerlos cada tarde para sacarlos si es que tu no puedes

_No es necesario. Mi pierna no interfiere en su rutina de ejercicio. Están entrenados para ayudarme

_Lo siento, no quise decir eso. Me refería a que...

_Así déjalo. Nos vamos.

Hizo de nuevo la señal con su mano y los tres perros enfilaron de regreso a la casa.

La mañana siguiente Leo despertó sin el peso de los perros sobre su cama. Supuso que habían vuelto a huir buscando el mar -o a ella- y cuando salió del cuarto con el bastón, los vio echados en la alfombra de la sala mirando la puerta, como esperando a alguien.

Se asomó por la ventana y vio a Susana subiendo los escalones y antes que tocara le abrió

_Te dije que no necesito que los saquen a pasear

_No vine por los perros. Necesito que me dejes duchar aquí

_¿Ah?... pero qué...?

_Por favor

_Si eres competidora tienes tu propia ducha, ¿no?, ¿Se están hospedando en el...

_No, Algunas no alcanzamos habitación en el hotel y nos quedamos en una casa compartida. Con cocina y duchas compartidas y necesito ducharme aquí.

_No entiendo qué tiene que ver. No me parece correcto.

_¡Por favor! -Levantó la voz en tono demandante, como si estuviera harta de pedirlo

Leo le vio la expresión de súplica y en silencio se apartó dejándola entrar. Los perros se fueron detrás de ella al baño y Leo preparó dos cafés mientras veía las tres colas que casi nunca se movían por él.

Cuando la cafetera sirvió la segunda taza, regresó al sofá grande de la sala para esperar a que su autoinvitada siempre no deseada saliera y le diera alguna explicación. Vio la puerta del baño entreabierta, se inclinó un poco para evaluar si la vista y el ángulo alcanzaban para ver algo y... sí, la vio salir de la bañera con la toalla cubriéndole la espalda. Se volvió a sentar en la otra esquina del sofá pensando que estaba loco. Primeros sus perros actuaban extraño y ahora él. Tanto tiempo en entrenamiento y en guerra habían destrozado más su interacción con la sociedad que la soledad que siempre lo acompañó.

Volvió a inclinarse hacia el ángulo del baño y la vio de espalda frente al espejo ahumado por el agua caliente. Soltó su cabello. Era en verdad negro y más corto de lo que se notaba. Pasó su mano por el espejo para limpiarlo. Y en ese reflejo la vio acariciar dos grandes cicatrices.

Se quedó congelado aguantando la respiración tratando de entender cómo alguien tan joven y aparentemente sana podía no tener su cuerpo completo. En ese mismo segundo recordó las cicatrices de su pierna y cómo poco a poco la fue perdiendo hasta ganarse el apodo de 'Ironman' cuando le instalaron la de acero. Recordó despertar en la cama de un hospital cutre con gente agonizando a ambos lados. Recordó las veces que se ha despertado con dolor en una pierna que ya no existe.

Susana salió del baño con su mochila al hombro. Caminó hacia la puerta y cuando dijo "gracias", sacó a Leo de su s recuerdos y  la detuvo:

_Preparé café

_¿En serio?, pensé que no era bienvenida aquí

_No lo eres. Pero es importado y se enfría... -Le acercó la taza a la orilla de la mesa

Ella la tomó y se sentó en la esquina donde minutos antes había sido espiada.

Leo la observó de reojo tratando de ver cómo su ropa tenía la curva normal de sus senos y se preguntaba si esas prótesis funcionaban similar a su pierna...

_¿Puedo preguntar qué te pasó en la guerra? -Dijo ella

_¿Cómo sabes que...?

_Tus placas de metal cuelgan de tu cuello, y...también...tu....

_Pierna. -Leo la miró fijamente y sintió una profunda confianza con su desconocida nunca bienvenida.

Pasaron toda la mañana hablando de Irak, las Torres Gemelas, política internacional, los estudios de relaciones internacionales de Susana, su amor por el mar, su cáncer y doble mastectomía a los 28 años, la emboscada del escuadrón de Leo, la metralleta que vaciaron en su pierna, sus perros con sus propias cicatrices. Todos en esa sala tenían más de una herida física y varias emocionales que les costaba compartir con alguien más porque no soportaban la lástima ni los beneficios de discapacitados que la sociedad brinda para sentirse menos culpable.

Cocinaron el almuerzo entre las historias de sus respectivos padres. De cómo los de Leo lo convencieron de unirse al ejército siendo él un vegetariano pacifista y cómo los de Susana quisieron tomar decisiones por ella pensando que le ayudaban con su enfermedad pero en realidad la enfermaban más asfixiándola.

Las historias de la tarde surgieron caminando los cinco hacia el mercado de frutas frente al parque. Dejando que Coal, Sergeant y Whiskey disfrutaran el césped, la tierra y los charcos, que asustaran a los patos y se dejaran acariciar por los niños que los sobornaban con pan y dulces para acercarse.

El atardecer lo vieron a la orilla del lago de los patos. Vieron a todas las familiar regresar a sus casas, las aves esconderse para dormir y ellos continuar con sus aventuras de adolescentes y niños, mucho antes que sus pesadillas se hicieran realidad.

Leo no sabía cómo acercarla a él para besarla. Le daba miedo ponerle la mano en la espalda, en los hombros, no estaba seguro de dónde tocar. Había entendido porqué esa chica buscaba esconderse cada tanto de la multitud y necesitaba una ducha privada, un espacio solo para ella y su cuerpo en recuperación. Y él sabía exactamente cómo era eso.

Apenas estaba procesando lo que sentía al soltarle a ella cada una de sus historia; pero cada recuerdo que intercambiaban los hacía más ligeros. Cada palabra pronunciada era un alivio.

De regreso en la cabaña, Leo servía los tres platos a sus canes hambrientos que esperaban sentados en fila a la orilla del lavaplatos. Cuando sirvió el último y se apoyó sobre la mesa de la cocina para descansar su pierna, sintió las manos de Susana en su espalda. Eso lo paralizó aún más que verla a ella en la mañana en su baño frente al espejo. Cuidó de no mover sus manos. Ella se colocó frente a él, se inclinó tomándole la cara y lo besó.  Lo suficiente para cicatrizar.



20150602

Pasos perdidos


Relato inspirado en I don´t think about you anymore but i don´t think about you any less de Hungry Ghosts.

Al amor que me espera cada noche.



La sombra bañaba el piso mientras él sigilosamente los acariciaba con cada paso dado. Siempre se preguntaba por qué tanta soledad, por qué tanto silencio, no entendía... ella llegaba a penas unas horas por las noches, ¿era un fantasma? ¿era un recuerdo? ¿era una alucinación?

La espera cada hora del día, siempre veía el paso de la luz por las ventanas, desde la mañana, cuando ella desaparecía al filo de las 7 a.m. hasta su regreso. A veces regresaba temprano, a las 7 p.m., pero habían épocas en las que su ausencia era más larga y aparecía hasta en la madrugada.

Todo era parco, a pesar de la luz cuando ella no estaba, pero cuando aparecía con el manto oscuro de la noche su vida se iluminaba. Había alguien a quien acariciar, a quien mirar con amor, recorría la casa buscándola, guiado por el sonido de su voz... lo llamaba y él hipnotizado acudía a verla.

Sus pasos perdidos, su mirada llena de amor era el mejor regalo para la mujer. Cada noche ella regresaba del trabajo, cansada, pensando muchas cosas y él la esperaba, ella se quedaba dormida acariciando su bello pelaje. Amaba ser gato.


20131223

Anónimos


(Relato inspirado en Love Is Blindness de Jack White)

Un mes antes había decidido llamarla La Noche del Final. Y en ese momento, treinta días le habían parecido de lo más lejano. Treinta días no llegarían nunca, había pensado. Y sin embargo, allí estaba: sentado en la esquina más apagada del Bar Anónimo, en donde había empezado todo hace ocho meses. 

El Bar Anónimo era de esos lugares desconocidos en la ciudad, “underground” como solían llamarle elegantemente. Solo se podía ingresar por invitación y luego de una exhaustiva investigación acerca de los contactos, costumbres y discreción del sujeto. Todos habían oído hablar del lugar, muchos se morían por asistir, tal vez por curiosidad, tal vez por pertenecer a ese grupito cerrado; pocos podían decir haber estado cerca. Nadie había estado allí nunca. Esa noche de diciembre, nuestro amigo había recibido –sin mucha ceremonia- el sobre color gris plomo. Solo su nombre cubría el exterior. En el interior, una tarjeta negra con una dirección y la hora. Hora exacta, decía; si no estaba allí en punto, perdería la entrada... Para siempre. Al principio le pareció una de esas bromas tontas del Día de los Inocentes, ya que la había recibido ese día, el día en que todos se vuelven creativos para hacer caer a los más incautos en las más absurdas mentiras. Pero no, al parecer no era una broma. Estaba citado para el día 30 de diciembre a las 9 de la noche. Tenía todavía dos días para arrepentirse de la idea, a esas alturas, todo le parecía demasiado surreal como para vivirlo. Él, el tipo más equis de la ciudad, el que siempre pasaba desapercibido en las reuniones y en las fiestas, qué iba a hacer allí en el Bar Anónimo.

Sin embargo, veinte minutos antes de la hora convenida estaba allí, en la esquina más oscura de una casa en la parte baja de la Colonia Escalón. A las nueve de la noche en punto un carro polarizado se detuvo despacio junto al andén. "Vamos", le dijo una voz saliendo de la penumbra del carro... Al verlo dudar, la voz le dijo desde adentro su nombre, apellido, dirección y hasta número de celular. En el interior, solo un motorista, casi una sombra y el tipo que lo había llamado. "Uno de los requisitos para poder entrar al bar Anónimo es que te tengo que vendar", le dijo el tipo, sentado a su lado, pero metido tanto en la oscuridad y en su papel, que no asomaba más que la mano blanca sosteniendo el pañuelo rojo. "Te podés bajar ahora, si querés, y aquí se olvida todo."

-No, dale.

Desde ese momento en adelante su vida no volvió a ser la misma. Claro, él no lo sabía en ese instante en que su vida se partió en dos: la real y la anónima. Por algunos minutos, diez, quince, veinte, el carro siguió y siguió por la calles desconocidas y secretas, esas que recorrió durante meses con la misma venda roja de ese primer día, con una emoción nueva recorriéndole cada milímetro de la sangre. Cada milímetro de noche de allí en adelante... Cuando el carro se detuvo el mismo tipo le ayudó a bajar, como un ciego en la penumbra de su ceguera -pensó-. Dos toc-toc y una puerta que se abrió. Los olores  y sonidos se confundieron de golpe con la noche. Voces, murmullos, una versión demasiado electrónica de la Toccata y Fuga de Bach. Humo de cigarro, alcohol, tal vez whisky, perfumes baratos. Voces y más murmullos sonándole en los oídos al pasar. Risas lejanas. Risas estridentes.

Silencio.

Perfume de jazmín envolviendo la noche.

-¿Qué querés tomar? Pregunta una voz diminuta de mujer en algún rincón de la habitación mientras la puerta se cierra detrás de él.

-¿Tenés whisky? Un doble. ¿Me puedo quitar la venda?

-No, todavía no. Nunca. Dice ella, con la misma voz tan profunda que pronunció todo a partir de esa noche.

"Todavía no. Nunca", llegó a ser como el lema de esos encuentros anónimos, una frase tan acariciada, como lejana y extraña. Le preguntó si ella también tenía venda en los ojos y le dijo que no, pero que podía tenerla cuantas veces él quisiera. Y así comenzó el juego de nunca acabar. Sus manos, las de ella, eran suaves, pequeñas y lisas, pero lo suficiente fuertes como para masajear su espalda si el día había sido duro. Pero lo suficiente leves como para deslizarse como mariposas entre sus piernas, para meterse como hilos entre los hilos finos de su pelo y su cuello. Esa parte que le gustaba acariciar tanto, le decía ella al oído, confundiéndose entre olores a whisky y jazmín, entre sonidos como vocales y consonantes. A veces eran pocas las palabras, porque los cuerpos eran largos y al tacto se proclamaban soberanos. A veces jugaban a ponerse los dos la vendas, a reconocerse los cuerpos en la oscuridad y al tacto, y todo era como si estuviera planeado. Como si estuviera escrito desde hace siglos. "Sos mi oasis", repetía ella entre besos y caricias.

-No olvidés que la mayoría de veces los oasis son un espejismo.-

Ocho meses había sido demasiada oscuridad como para seguir siendo anónimos, dos cuerpos y dos nombres extraños, dos pieles desconocidas a la vista. Dos ciegos, cegados quién sabe por qué.  Así que allí estaba él, sentado y sin venda en la Noche Final: "Todo esto se fue tan de nuestras manos", había dicho ella un mes antes, argumentando que había que darle fin, que no podía dormir ni vivir. Él, había accedido, apelando a lo imposible del asunto, el primer hijo de él estaba a punto de nacer en esos días. Todo era real ahora: paredes rojas, sábanas rojas, espejos en el cielo más falso de todos los cielos. Una rosa, inesperadamente, también roja, posada solitaria en un florero transparente. Todo el set iluminado apenas por dos velas blancas junto a la rosa.

-Apaga las velas.- Dice ella con la misma voz tan profunda de siempre.

-Todavía no. Nunca.- Repite él.

20131216

Por ti

Tenes 17 años.

Tenes 17 años y la vida se te abre de par en par como centro comercial en navidad. Acabas de terminar segundo año de bachillerato y tenes esa forma de ser linda que solo se tiene a esa edad. Tenes la fuerza en el corazón para amar como solo se puede amar a esa edad.

Estas de vacaciones y el inicio de una libertad que no sabes cómo manejar. El colegio se quedó estático un momento, te ha dejado un par de meses para que jugués a vivir, para que hagas un simulacro para ver qué se siente ser casi adulta. 

Él ha estado rondándote durante más de medio año, con toda la precaución de la que sos capaz lo dejaste acercarse. Cuando viste que es inofensivo lo dejaste ser tu amigo. Jamás has entendido a los muchachos, tampoco a tus compañeras, a decir verdad. Más de alguna ya te lo dijo, vos le gustas a él. Eso te puso alerta.

La primera pista propia fue que leían juntos. 

Eso te destripió, no habías conocido a nadie más callado que vos, más lector que vos, más loco que vos... hasta que chocaste con él en el pasillo del colegio. Es un poco mayor que vos y tiene los ojos que siempre supusiste que tendría el amor. Lo mirabas de lejos a veces, sin querer interrumpir cuando iba en el bus, cuando interactuaba con sus compañeros de clases y cuando hablaba con otras muchachas, no era igual con vos, cuando te veía, cuando te hablaba, cuando te llevaba esos malditos chocolates que tanto detestas, pero que igual se los agarras y los guardas para que tus hermanas los devoren, él tenía una forma de mirar que no la usaba con nadie más, solo con vos. 

Dos días antes te había llamado por teléfono, no recordabas si le habías dado el número, pero de repente su vos al contestar. El momento de vergüenza al no saber qué contestar te lo reservas para tu historia personal, menos mal que no había nadie a tu alrededor que fuera testigo de tu rubor, de tu vos tartamuda, de tu sorpresa al escuchar su voz invitándote al cine. El miércoles. 

Tenes 17 años y todo el miedo del mundo en tu piel... y todo el miedo del mundo para preguntarle a tu papá si te deja ir al cine el miércoles. Agarras todo el coraje del mundo, al fin y al cabo en algún momento tenes que preguntar. "¿Con quién vas a ir?" fue la pregunta que te hizo de entrada tu papá, no tuviste corazón para mentirle y decirle que irías con alguna amiga, le dijiste la verdad. No sabes cómo es que te dio permiso. Claro primero te interrogó hasta el último detalle... día, hora, lugar, película, de dónde lo conocías, a qué año iba, dónde vivía y si irían a otro lugar después. No sabes ni cómo pudiste darle toda la información requerida a tu papá, al parecer se quedó satisfecho, no tranquilo... satisfecho... de momento. Le prometiste que le llamarías a la oficina al regresar a casa.

Tenes 17 años y casi un mes de no verlo, algo que pocas veces has sentido llega a tu estómago, es de ese mismo tipo de vértigo que te da justo antes de un examen de matemáticas. Te da la impresión de que no sos como las demás muchachas de tu edad que se ven tan sueltas al relacionarse con los muchachos, a vos te cuesta, te da pena aburrirlos y otros simplemente no te interesan pero ni para hacerles un favor. Con él es diferente, te parece increíble todo lo que pueden hablar, durante horas pueden conversar de todo lo que les maravilla de la vida, de los libros leídos, de las películas vistas, de los lugares que quieren conocer, de lo que quieren ser cuando sean grandes. De los sueños, de los miedos, de los compañeros, de los amaneceres. ¿Será esto estar enamorada? Aún no lo sabes. Solo sabes que es algo que jamás habías sentido. 

Ya casi es navidad, con esa excusa buscas un libro que leíste hace poco, tuviste que ahorrar de tu mesada durante varias semanas para comprarlo, cuando lo leíste sentiste que el mundo tenía otro tono, otro impulso, otro latido. Decidiste que se lo regalarías porque sabías que a él también le impactaría. Lo envolviste con papel kraft, ese que es café y que a todo mundo le parecía feo, vos amabas ese papel, era hermoso, le encasquetaste un laza azul y te pereció el regalo más hermoso del mundo. 

Aquel miércoles tomaste el regalo y otros dos libros que le prestarías, los metiste en una bolsa plástica, te pusiste tus jeans, los tenis y una camisa a cuadros que le robaste a tu papá y con los ajustes necesarios para que fuera de tu medida. Peinaste tus cabellos negros y por fin usaste el brillo labial que tu mamá te regaló para tu cumpleaños meses atrás, te pusiste unos aritos y los lentes que no podías dejar de usar... te viste al espejo. Eras la misma y estabas cambiada. Tenés 17 y estas enamorada. 

La calle, el viento y el tráfico, la mitad de las cosas te dan miedo, pocas veces salías sola, pero la condición de ir en la mañana al cine era para protegerte, según tu papá, Llegas a la parada de buses, te había dicho tu mamá todo el recorrido que debías hacer, que tuvieras cuidado, que las cosas están difíciles, que los tiempos ya no eran los que eran cuando ella tenía 17, ahora es mucho más peligroso. Mientras tanto tu papá en su oficina veía el reloj y sabía que ibas en camino a encontrarte con el nefasto adolescente que te tenía pensando duro y tupido. 

Llega la 44, es la que te lleva hasta metro, lo abordas, pagas el pasaje y con los libros, primorosamente abrazados contra tu pecho, buscas un asiento, solo hay lugar al lado de una maitra con pinta de brava. Le pedis permiso por favor y ella te cede espacio para que te sentes, le preguntas "¿este bus llega a metro?"... "ajá" te contesta la mujer. 

Notas que ve de reojo la bolsa que contiene los libros, al parecer le interesa saber cuáles son, vos le sonreís, es tan fácil sonreír a los extraños a los 17, la maitra te mira y ha de pensar que sos otra cipota como cualquier otra, tan común, no tan corriente... después de todo llevas libros en tu regazo. 

¿Notará ella que una canción suena interminablemente en tu interior? ¿Habrá pasado esta mujer que viaja a tu lado, lo que estás pasando vos? Esa forma tan extraña de existir a través de la música, esa forma tan extraña de vivir pensando en un muchacho, en un tipo que te saca las mejores sonrisas de tu repertorio? ¿Sabrá esta adulta, como tantos otros adultos, el grito que llevas dentro? 

Y la ves ahí, es morena, bajita, pelo negro, muy negro.. como el tuyo, tendrá unos 30 y pico de años, lleva jeans y una blusa, lleva puestos unos audífonos, te agrada ver que los adultos escuchen música, aunque sea de esa aburrida que escuchan ellos. De repente ves que sonríe y empieza a mover la pierna izquierda, reconoces el ritmo que marca su pierna... alcanzas a escuchar el beat que sale de sus audífonos, te sorprende que esté escuchando tecno, de ese tecno empalagoso, de ese tecno inverosimil. Sonreís, pensas que el mundo tiene remedio si una adulta es capaz de disfrutar la música de tu generación.

Llegas a tu destino, te pones de pie y con la misma educación con la que pediste permiso al sentarte, igual pedis permiso para salir del asiento, alcanzas a ver que de la cartera de la mujer asoma un libro. Te sentís un poco cómplice. "Que le vaya bien" le decis y ella te sonríe. 

Te bajas del bus, el mundo es caótico, algo te dice que no te han dicho todo lo que implica salir a él, sabes que te vas a sorprender, que vas a llorar más de alguna vez, sabes que después de este miércoles nada será igual con él, algo va a cambiar, no sabes si tendrás tu primer beso, no sabes qué es lo que te recorre al ritmo de los beats, el viento te revuelve los cabellos y vos estás feliz con lo que sos, porque lo que sos le gusta a otra persona, porque lo que sos sigue en crecimiento pero estás segura que lo básico ya lo tenes. 

Allá va ella, con sus 17, sus libros, su música y su enamoramiento, la ves bajarse del bus... te pareció primorosa la forma en que había arreglado una camisa demasiado grande para que le quedara, sus tenis casi la hacían levitar... No sabes su circunstancia, ni sus timideces... la ves y te da la impresión de que va a encontrarse con alguien importante.

Vos seguis tu camino en la 44 mientras ella se interna en las entrañas del centro comercial... "tendrá unos 17" pensaste. Notaste su sorpresa cuando se percató de lo que vas escuchando. No se esperaba la muchachita eso.

Vos tenes 36 y a veces recordás cómo fue tener 17 y pedirle permiso a tu papá para ir por primera vez en toda la vida al cine con un muchacho.

Ella tiene 17, pero igual podría tener 21, o 30 o como vos, 36 y el corazón les va a latir siempre con el mismo ímpetu, con el mismo ritmo, con el mismo candor. Porque todas sentimos eso, porque todas nos enamoramos al menos una vez en la vida. Porque esa vida que a veces parece tan cabrona, también nos trae sorpresas agradables, como ver a una muchachita cargando unos libros para su primer amor. 



NOTA: Esta semana nos toca relato libre, con canción elegida al gusto, para mí es difícil salir de mis rutinas, de mis gustos establecidos y aunque me considero de otros géneros esta canción llegó a mis oídos la semana pasada mientras iba a la oficina. Es un pequeño homenaje a la niña que se sentó a mi lado y a tantas otras que viven los 17 de la manera más coherente que se puede: a través de la música dulzona, porque el corazón a esa edad es precisamente eso... un dulce. Por ti, que me recordaste que no importa la edad que tengamos, todas las mujeres tenemos el derecho de recordar que nuestro corazón también puede ser dulce.  KR

20131209

Lo único que sé

Lo único que sé es que este sonido va dentro de mí, navega en la correntada de sangre que me inunda, explota, me devora.

Este sonido me invade, llega lejos, se extiende sobre mi piel, revienta en mis vellos, destroza las gotas de mi sudor. Este sonido me hace caminar, me detiene, saca alas de mi espalda y yo vuelo.

Este sonido me mantiene despierta, me hace dormir, se instala en mis sueños, me destierra y en el exilio también me acomapaña.

Este sonido tiene ojos que me miran a los ojos, me hace sentir bella, me dice que puedo ser mejor, que me quiere; este sonido tiene manos que me tocan, que se posan en mis caderas, que me deslizan hacia el desamparo y espera pacientemente hasta que todo mi cuerpo vibre a su ritmo y emita un gemido de placer.

Este sonido me abraza entonces, se queda quieto y se posa sobre mi pecho... pretende escuchar el sonido que sale de mi interior, quiere este sonido, escuchar el sonido de mi corazón y yo se lo permito. Abro mi sonoridad y dejo que este sonido se confunda con mi propio sonido.

Este sonido sos vos.

20131208

Todo lo que sé.

Relato inspirado en All I Know de Washed Out


Todo lo que sé es que su cuello, visto desde aquí, desde un pupitre detrás, es la cosas más hermosa que he visto en la vida: largo, infinito, con un moño divertido, como de bailarina de ballet recién estrenada, con algunos pelos saltando por aquí y por allá... Pelos castaños, de color de miel, de color absurdo, como sus ojos, como los ojos que  ahora no puedo ver, como los ojos que ahora estarán concentrados en las preguntas del examen.
Su mirada estará absorta, lo sé. Perdida en las preguntas y analizando cada una de ellas. Lo sé porque presiento cada uno de sus pensamientos, los adivino entre la paredes que se elevan, que caen a veces, entre las paredes estas de tantas veces, de tantas palabras que he ido inventando para llamar su atención, de tanta sonrisa tonta que he dibujado cada mañana al verla entrar al aula. Aula C-24 de nuestras interminables clases de Derecho Romano y la profesora contando la historia como si hubiese estado allí, como si Marco Antonio o Augusto o Julio César fueran o hubiesen sido amigos de ella, como personajes cotidianos...

Pero lo único que sé ahora es que ella, vista desde aquí, desde apenas un metro de distancia es una Livia, una Julia Augusta, una emperadora romana, la emperatriz de todos mis pensamientos, y, sí, se que suena cursi, pero qué más puedo pensar, si lo único que sé es que su mirada me sosiega, que su pensamiento me domina, que su número de teléfono está clavado en mi mente como flecha: 77298900-77298900-77298900-77298900-77298900-77298900-77298900-77298900-77298900

Y lo marco y suena y corto cuando ella contesta, aunque sepa que soy yo... Aunque lo sepa siempre y nunca diga nada. O nunca pregunte "¿me llamaste ayer?, porque yo sé que no le interesa saber que le he llamado, no le interesa saber qué quería o si algún día le voy a decir algo o si algún día la voy a invitar a un café, a cenar, al cine o, al menos, a estudiar, a repasar las lecciones, para eso que soy bueno. Porque los aventajo a todos en todas las materias, más a ella que le cuesta tanto, a ella, que quiere, pero no puede, a ella que se quema las pestañas todas las noches porque no quiere ser una más de la facultad, una bonita más caminando por allí en los pasillos... Yo sé que ella quiere más, porque me lo ha dicho cada mañana mientras esperamos a que la profesora de la vuelta por el pasillo y aparezca con sus blusas y pantalones de lino blanco, la profesora italiana que parece ser amiga de todos los augustos y césares y marcos del libro, la profesora que nos sonríe todas las mañanas mientras la esperamos y nos mira con desdén y con recelo: la niña bonita y el pobre intelectual que nunca va a conseguir a la niña bonita, lo sé porque yo fui una niña bonita y nunca un intelectual obtuvo nada de mí. Nunca, ninguno.

Todo lo que sé es que su cuello, visto desde aquí, me embruja, me atrae, me hechiza, me siembra ganas de ponerle un beso allí, un beso en ese lugar en donde hay un remolino de pelitos casi rubios que dan vueltas y vueltas y vueltas y vueltas... Sí, sus pelitos me emborrachan, me intoxican, me hacen olvidar. Me hacen olvidar todo lo que sé. Lo que sé de ella, de su nombre, su número de teléfono, su dirección, su color favorito, su postre favorito, su película favorita, su canción favorita, el actor que la hace perder la cabeza, todo lo que sé de ella porque me lo ha dicho, porque le presto atención cada vez que me lo dice, aunque ella me lo cuente como algo que no le importa, solo por pasar el tiempo, solo para perder los diez minutos en lo que llegamos -ella y yo- y aparece la profesora por el pasillo, con su blusa y pantalón de lino, sintiendo lástima por mí, no por ella, porque es linda. Es lo más lindo que ha caminado por estos pasillos gastados de la universidad.

Ya no soporto su cuello. Querer besarlo es todo lo que sé.

Está tan cerca y a la vez tan lejos.

Me levanto y entrego mi papeleta.

- Señor Quintanilla, su examen está sin contestar.- Me dice la italiana con su blusa y pantalón de lino.

- Es todo lo que sé-, le contesto abandonando el aula.

20131125

Esta no soy yo


(Relato inspirado en Copy of A de Nine Inch Nails)


esta no soy yo es una copia de mí una copia de mí una manzana una manzana con todas sus dulzuras y sus dramas una manzana jugosa roja y despiadada una manzana que puede convertirse en una excusa para hacer lo que no es debido una manzana que puede ser una excusa para la humanidad para los hombres para las guerras para las inconstancias para los denuedos para los absolutismos para las pancartas de las calles para las bombas que caen y suenan y resuenan en algunas conciencias soy una manzana y a veces me pelan a veces me desnudan me desuellan me sacan las semillas para tirarlas por allí para ser una excusa también para los venenos para las muertes las cosas seguras los odios que nacen de mañana y no mueren en la noche enveneno corazones y en mi nombre inventan lamentos soy una manzana una manzana una manzana la mentira de los doctores y de la vida el jugo de sueños que nunca fueron ni serán ni vendrán nunca jamás de sueños que no se lamentan de ser o de no ser en ningún plato o en ningún postre o en ningún pastel ni en el cuchillo de nadie el cuchillo sin filo que se lleva la pulpa que parte las partes que las sala o las endulza o sea como sea el cometido esta no soy yo es una copia de mí una serpiente que sube y lame su lengua despiadada una serpiente serpenteando con mi piel lisa y lustrosa una serpiente de colores inventando mentiras enroscándome en un árbol en las verdades de todos los que nunca fueron ni serán ni quieren ser soy la mentira de nadie y la excusa de todos una serpiente odiada y temida arrastrando mi piel y mi cuerpo por laderas y montañas y desiertos los desiertos del mundo los desiertos no descubiertos los que nadie quiere saber si existen o no soy una serpiente una serpiente un veneno a tiempo que se desliza despacio por las palabras por las mentiras por las ramas de los árboles y los brazos soy la excusa -ya dije- la excusa soy la cabeza que todos quieren aplastar para convertirme en nada en una serpiente que cambia de piel y de colores que puede engullir un elefante si es necesario si es conveniente si es acordado y salgo engullendo elefantes en los libros y de esa manera me odian soy un ejemplo un mal ejemplo esta no soy yo es una copia de mí una hoz afilada y resplandeciente reparto verdades a tajo corto palabras sin remordimientos destrozo letras y latidos y esperanzas letras que se van volando olvidadas que se convierten en mentiras del día a día mentiras templadas brillantes afiladas soy una hoz que destrozo al mundo una hoz con sus motivos y sus metáforas y sus mentiras bien arraigadas cortantes punzantes que hieren soy el motivo de una sombra de un hilo de sangre de una muerte de plantas de árboles de personas de muertes a veces justificadas a veces irreales a veces surreales soy un motivo y una pena una pena de muerte y de resucitación una pena con lágrimas y sudores y delirios cotidianos una hoz dije soy una hoz que capita y decapita un arma digo un arma blanca negra gris un arma de cualquier color un cuchillo una navaja una idea que tal vez no nazca un amor que es cortado cortado de raiz y de principios cortado de finales de esperanzas de libélulas de luciérnagas de todas las cosas que pudieron ser hermosas y duraderas soy un veneno soy una muerte soy un destino soy una hoz esta no soy yo es una copia de mí una manzana una manzana reluciente y dulce una serpiente que serpentea una manzana que inventa mentiras una serpiente que la engulle esta no soy yo es una copia de mí soy una hoz una hoz con toda su dulzura y sus dramas soy una serpiente que sube y lame su lengua despiadada esta no soy yo soy una manzana una copia de mí una serpiente una guadaña esta no soy yo es una copia de mí una hoz del cerebro un desierto que cambia de piel y de cáscara y de mañas

esta no soy yo es una copia de mí una manzana

20131029

Malo... malote...

Hora: 7 a.m.
Ciudad: San Salvador.
Trayecto: Desde tu casa a la oficina, aproximadamente 10 Kms.
Nivel de dificultad: Debido al tráfico y a la densidad poblacional de la ciudad... MÁXIMA.
Estrategia de traslado: Abordar dos buses.
Meta: Llegar a las 8 a.m.

Una creería que la vida es sencilla en su más mínima expresión, trasladarse al lugar de trabajo debería ser un momento aprovechado para ver el paisaje, para avanzar en la lectura del libro de turno, para meditar y planificar la semana. Hasta que se da cuenta que comparte el espacio del bus con aproximadamente 80 personas. 

Ella empezó a trabajar en esa oficina hace como tres meses... el ambiente y las funciones eran muy distintas a las que realizaba en una escuela de teatro en un pueblo perdido en el interior del país, ahora era una mujer decente y oficinista. Aún se negaba en usar las falda y chaqueta propias de esos puestos burocráticos. Se dio a la tarea de no apartarse tanto de la comodidad de los zapatos pachos y la versatilidad de los pantalones. 

Cada mañana sale de su casa, se enfrenta a la multitud, que como ella, busca llegar puntual al trabajo. Nunca sospechó que en este nuevo trayecto conocería a la maldad.

Él... no pasa de 1.25 metros, su cuerpo gordo y soso, su carita de niño... su uniforme de escuela pública. Su cabello casi rapado, su sonrisa diabólica. Cada mañana se traslada de su casa a la escuela, lo acompaña su madre, mujer de mediana edad, posiblemente contemporánea de nuestra protagonista, su pinta es distinta, desordenada, melena colocha tinturada, piel clara, siempre con cara de estres. 

La primera vez que se encontraron en la 44 fue determinante para esta relación de coexistencia. 

Contexto: bus casi lleno, al rededor de 48 personas sentadas y otras 24 de pie, entre ellas... ella... con su cartera, su libro y su bolsito donde lleva su almuerzo. De repente suben. 

El silencio reina, él con su forma torpe de moverse logra pasar por la máquina rotativa del bus, su madre se entretiene pagando el pasaje, en realidad lo que está haciendo es dejar que su hijo tome posesión del bus. Nada será igual.

Ese niño, con cuerpo de troll, mocoso, con cara de mediodormido a propósito, se rebuscó por golpear a cada uno de los presentes que iban de pie, más a algunos que iban sentados a la orilla del pasillo. Se fue a detener justo al lado de ella, si... ella que siempre odió a los niños como él, con esa incapacidad de manejar su propio cuerpo. Se detuvo en ella, el impulso de la marcha del bus hizo que él se impactara en su cadera. Pero entonces ella no se imaginaba que aquello no había sido un accidente, no, era una treta.

Lo vio con misericordia y pensó que menos mal que no se golpeó el niño. ¡Pobre ingenua!

Veinte minutos de viaje fueron suficientes, en ese lapso de tiempo, él la moquió, se quedó arrecostado adormitado sobre su hombro, eructó, dijo sentirse mareado... mientras su malvada madre hacía lo mejor que podía... ignorarlo. 

Ella se sintió mal por el chico. 

Pronto todo terminó, ella se movió pues tocaba bajarse. Cuando caminaba a la oficina, pensó en el cipote, le dio "cosita", quiso pensar que jamás lo vería. No fue así.

"Tengo tres meses de estar viajando en esta ruta, al menos tres veces a la semana lo veo... he llegado a la conclusión de que el cipote tiene un problema de psicomotricidad gruesa... ni quiero saber cómo será la fina... nunca he sido muy afecta a los cipotes entre esa edad, esa edad en la que no son ni niños ni adolescentes... pero hoy menos. Al inicio pensaba que su madre era una arpía, que lo dejaba a sus anchas para que su torpe hijo nos golpeara a todos, pero no... ahora comprendo... yo haría lo mismo, si esa mujer tratara controlar a su hijo en el bus, es muy seguro que ambos cayeran al piso. Pobre mujer, comprendo su cara de amargura."

Aquella mañana ella se sentía mal, la fiebre la había perseguido, sospechaba que tenía una infección de vías urinarias, deseaba con fuerzas tener un traslado tranquilo a su oficina. Es decir, deseaba no encontrarse con el niño. 

Pero nada es como deseamos, nada. Ahí estaba, justo cuando él y su madre subían, alguien le cedía el asiento a ella, pensó que tenía suerte a pesar de todo, el asiento cedido estaba del lado de la ventana, no habría forma que ese niño la golpeara ahora que ella se sentía tan mal. ¡Pobre ingenua! 

"Me senté, justo en ese momento, mi compañero de asiento se levantó, dejando libre el espacio. ¿Por qué? ¿Por qué la vida me hace esto?... él se acercó y al ver el asiento libre, su rostro se iluminó y se avalanzó para sentarse. Lo supe, su fuerza era tal que no le permitiría detenerse a tiempo. Sus 120 libras cayeron sobre mí. Mi instinto hizo que pusiera las manos a la altura que caería... lo empujé para que se quitara, su madre vio el gesto, la via  ella, la vi con cara de 'detesto a los niños... y más al suyo!', ella no se inmutó. Me esperaban 20 minutos de compartir espacio con él. Por supuesto, él que no entiende de limites de espacio personal, se quedó dormido sobre mi, con la cabeza echada para atrás, con su boca abierta, con sus mocos manando de la nariz, con su ronquido horriblemente atragantado... Mátenme por favor... ¿por qué no ocurre un accidente de tráfico cuando lo necesito?"

Con dificultad se quitó al niño de encima, la iba aplastando, el dolor de cuerpo y fiebre le incrementaban la sensación de aplastada, la madre del niño se sentó donde ella iba y con gran ternura tomó al niño, quien la abrazó y murmuró algo. "Mi bebito" contestó la mujer. 

o_O

A ella le pareció que el niño se incorporó justo cuando ella se dirigía a la puerta trasera del bus, le hizo un guiño y le dijo murmuradito... "nos vemos mañana". 

Cuando reaccionó, ella estaba en el hospital, una enfermera le explicó que sus heridas sanarían pronto, que la caída del bus fue brutal, pero que era afortunada, un buen samaritano la había auxiliado y ahora su fiebre estaba controlada y vio su pierna enyesada. "Se recuperará", dijo la enfermera, mientras le inyectaba un líquido en la sonda que iba hacia su brazo derecho. 

Al fondo, en la ventana de vidrio que separaba el cuarto del pasillo, estaba él, su pelo casi al rape, sus 120 libras sosas y flojas, su uniforme siempre chorreado, su mirada perdida diciendo... "nos vemos en la 44".

"Alguien, por favor... ¡máteme!"