Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
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20150825

Café Limbo.

No es que que haya tomado la decisión de desaparecer de un día a otro de nuestras vidas la convierta en una persona mala, no, no es eso; pero la forma en cómo nos dejó en medio de la nada, en medio de planes y de sueños a futuro... Eso no se hace. Y digamos que yo fui el que menos salió perdiendo de esta desaparición súbita. 
Apenas estábamos comenzando a darle forma al café Limbo, al lugar de libros e intelectuales que habíamos soñado desde el día que nos dimos cuenta de que no encajábamos en la oficina y teníamos que tener un plan be de salida. El Limbo, decíamos, y nos matábamos de la risa... Y como les iba diciendo, está también el esposo, Mario, con el que apenas tenían cuatro años de casados, un tipo un poco parco, para mi gusto, sin mucha conversación. Si me lo hubiera encontrado alguna vez por separado de Estela, nunca me hubiera imaginado que pudieran tener una relación. Ni siquiera sexual. Imagínense. Qué bueno que no tuvieron hijos. Sino, estarían los hijos y Mario. Y Saúl. Saúl era un tipo de greñas largas y mirada profunda que venía por ella antes del tiempo que destinábamos para nuestras reuniones de trabajo. Lo de la mirada profunda lo decía ella. Que la mataba su mirada. Que le había dado miedo desde el primer día que lo vio a los ojos. Lo había conocido en La Casa Tomada en una de esas tantas exposiciones a las que le gustaba ir y a las que yo le huía. Allí lo conoció, entre Pilseners y cigarros y a la noche siguiente ya estaban entre más Pilseners y cigarros. Y así sucesivamente. Al principio fue una cosa mas bien intelectual, o al menos eso me decía ella. El hombre le llevaba alrededor de diez años y yo creo que la había embobado con sus palabras. Había que ver la cara que ponía ella cada vez que Saúl le hablaba. Parecía como si el mundo entero desapareciera cuando estaban juntos, no solo para ella. Para él también. Era una cosa extraña. Se lo dije desde el principio, desde que no había pasado a mayor cosa que las cervezas y los cigarros, que iba a acabar mal ese asunto, era demasiado intenso, se sentía desde que tal Saúl entraba a nuestro lugar de las reuniones, una energía extraña, llamémosle casi cósmica, se apoderaba de la escena, y, no les miento, parecía que corrientes eléctricas de todos los colores volaban alrededor de ellos. Como buen observador que soy de las relaciones humanas, la cosa me parecía extraordinaria, les juro que no me aguantaba por el día en que todo ese asunto energético se consumara, claro, no iba a poder estar presente, a menos que ellos me lo permitieran; pero imaginarme toda esa luz desbordando por cada uno de los poros de los susodichos; me daba una curiosidad extrema. Por eso no me molestaba que Saúl llegara e interrumpiera nuestras reuniones de trabajo en las mejores partes, en esos momentos en que ya estábamos llegando a algo, como a seleccionar el menú apropiado, o encontrar los nombres ideales para nuestras quince variedades de café. Mario no se daba cuenta, se imaginarán, como en la mayoría de estos casos. A mí me conocía desde los días en que eran todavía novios y yo era el mejor amigo de la oficina. Confiaba en mí. El pobre. Yo tenía la asignación de dar fe que ella estaba conmigo hasta altas horas de la noche trabajando en el proyecto, esa era mi misión. Y nunca tuve que cumplirla, Mario confiaba demasiado en mí y en ella. Creo que siempre tuvo la impresión de que yo era gay y no representaba ninguna amenaza para su mujer. Y, bueno, he de confesar que en algún momento de nuestras vidas me había interesado mucho. Mucho, dije. Ya no caminan mujeres como esa en este mundo, entendiendo como mundo este paisito reducido a un amplio patio de hacienda. Pueblo, llamémosle, mejor. Este pueblito. Pero bueno, yo conozco mis límites, y en un acto de total valentía, decidí, a tiempo, que no iba a poder con una mujer como esa. Me gusta demasiado la vida pausada. Con altos por aquí y por allá solo cuando yo lo quiero o necesito. Esa mujer me iba a volver loco, señores.


– Y esa es la mejor decisión que he tomado en mi vida.

Porque luego de algunos meses transpirando colores con Saúl en los escenarios más bizarros de la ciudad, ella desapareció. El primero en notar la ausencia fue Mario, claro. Ella no había faltado ni una noche a calentar la cama. Me llamó por teléfono alrededor de las cinco de la mañana. Parco, como siempre. Que si yo sabía en dónde estaba. Y yo no sabía. ¿Y qué iba a decir? Entenderán que lo primero que pensé fue que se les había ido la mano con Saúl y las corrientes de colores y había amanecido con él en alguno de sus escenarios favoritos. Y le llamé. Y no, no estaba con ella. Y a ese punto entenderán que se apoderara de mí la angustia. Saúl se quedó de lo más tranquilo. "Ya va a aparecer", me dijo. Que andaba en esos días pensando en darse un tiempo libre, que quizás se lo había tomado. Pero yo era su mejor amigo, se suponía. Su mejor amigo que a esas alturas no sabía nada. Menos mal que el calmado Mario se tomó su tiempo para notificar a la policía. Menos mal que el intenso Saúl lo pensó dos veces antes de aparecerse en la historia contando su verdad. Porque a las diez de la mañana en punto apareció el mensaje en el WhatsApp de cada uno:

La vida está llena de ausencias.

Que no quería seguir siendo la ausencia de nadie y que nadie siguiera siendo una ausencia demasiado profunda en su vida. Eso nos dijo. Que iba a estar bien y que si le daba la gana cuando se asentara en la vida nos iba a dar su paradero. Eso nos dijo.

Días después, pasado el asombro, Mario, Saúl y yo nos reunimos para hablar de ella. Había mucho que contar y compartir, la verdad. No nos alcanzó una noche, ni varias, ni siquiera un mes. Seguimos reuniéndonos regularmente, hasta que Mario y Saúl decidieron unirse conmigo en la creación y apertura de Limbo. Desde aquí cuento esta historia, en la que no piensen que Estela es la mala. Ya saben, nunca hay malos ni buenos. Seguramente ella sigue tratando de llenar sus ausencias. 


20150824

Sorbo a sorbo

Relato inspirado en Mala de La Garfield


Ya no recuerda cómo empezó todo. Sabe que alguna vez su vida fue tranquila, aburrida y que alguna vez amó a alguien de cara difusa que ya no recuerda. Quizás fue feliz, ya no lo sabe. Lo único que le importa es encontrar algo que pueda saciar su sed de una vez por todas. Los días pasan lentos y parsimoniosos y ella contempla las hojas del calendario con desgana. Se siente vacía de nuevo. Poco a poco decide que no puede quedarse esperando a que su salvación caiga del cielo: empuja a un lado sus dudas y sale a buscarla.


Nada le importa más que su sed entonces. En su cabeza, todo da vueltas. La sensación de soledad la abruma. Escoge una calle oscura y se funde con la negrura de la noche. Paciente, espera. Cierra los ojos y se da cuenta de cada reacción de su cuerpo: cada inhalación, cada gota de sudor, cada temblor. A lo lejos todo se magnifica y escucha... Desde el gato en la esquina dentro de un basurero, un vigilante que anuncia la medianoche con un silbato y los tacones de una mujer que va suspirando. Sigue esperando, sabe que tarde o temprano va a encontrar lo que busca. Después de un par de horas, se da cuenta que no está de suerte. Llega el amanecer y se resigna a no encontrar sosiego una vez más.


De nuevo, comienza un día repleto de preguntas para ella. Se acuerda que dejó a alguien esperando pero no deja que eso la distraiga. Todo es nuevo y la luz del sol está especialmente brillante, sus ojos arden y quiere evitar a la gente. Quiere llorar y no puede, todo se ahoga en su garganta y hierve su cabeza con más preguntas que la noche anterior. Ha pasado algún tiempo sin poder entender cómo es que todo de un momento a otro parece fastidiarla más de lo normal. La música es algo más que un par de notas para sus oídos, nadie parece entender todos los matices que una canción lleva sino ella, nadie busca entenderlo y no logra concebir cómo es que no oyen las trompetas, las cuerdas de cada guitarra y bajo que suena. Sin querer, cierra los ojos y comienza a caminar por la acera, casi cantando. Ama la música porque es lo único que logra apartarla un poco de tanta incertidumbre, adora la seda que entra por sus oídos, las notas que acarician sus sentidos. Siente cada vibración, disfruta el toque del viento sobre su piel que se siente casi de papel. De repente hay silencio y vuelve la ansiedad. Deja de estar tranquila y se da cuenta que debe verse como una loca bailando en plena calle, está segura que los demás la miran y lo que menos desea es llamar la atención. Asustada y nerviosa, se cubre la cara y sale corriendo lo más rápido que pueda hasta su casa, dispuesta a ver llegar la noche de nuevo.


Ha hojeado libros, ha intentado dormir y no ha podido, No ha comido, no ha bebido nada. No es ella misma. No se siente completa, no como hace dos días. Elástico, el tiempo la traiciona y se enrosca en su cerebro, torturándola. No soporta el pasar de las agujas del reloj, la nada que pasa con las horas, minutos, segundos. Finalmente, comienza a oscurecer y ve su oportunidad.


Toma lo que necesita y busca un lugar nuevo donde buscar. Descarta los parques. Hay demasiada gente allí. No toma en cuenta las plazas porque le han fallado demasiadas veces. Detrás de las tiendas puede ser, usualmente hay quienes se quedan allí después de las jornadas de trabajo. Sabe que quien sea ese a quien encuentre, tiene que estar solo, estar callado y tener ese aire de desamparo de quienes no han conocido nada que los ilumine todavía.  Si llega con una sonrisa, es probable que alguien le sonría y le pregunte qué hace tan sola, que le ofrezca acompañarla a su casa, que le brinde un hombro donde llorar para lamentarse de sentirse tan abandonada en una ciudad tan grande. Se lo imagina. Tal vez le pregunten por quién llora o para adonde va. Intenta hacer su mirada lo más líquida y pequeña que puede. Ellos se pierden por un par de pequeños ojos vidriosos. Para rematar, deja mostrar un hombro y suspira.


Sabe reconocer a aquellos que intentan buscar presas sin saber que son ellos mismos los que terminan siendo las presas. Ha pasado años haciendo esto, tantos que ya no puede precisar cuándo fue la primera cacería. Sabe reconocer a los depredadores fallidos. Sabe cómo ir sacando lo más asqueroso de ellos y lo más frágil de ella misma para tentarlos. Alguien que se alimenta de almas sabe cómo obtenerlas.

“Mala” —La Garfield




I thought you were supposed to be good. 
Aren't you the... "good" man?
- Roy Batty. Blade Runner.



     Hay cosas malas, como eso de irse, pero no en dulces besos durante orgasmos de colores, sino que irse a medias en ese exótico e infinito REBOUND1. 


rebound 1 |ri'bound, 'rë,bound|

Source: Urban Dictionary
Going from one relationship to the next right away to avoid the pain of a breakup.
ORIGIN late Middle English: from Old French rebondir, from re- ‘back’ + bondir ‘bounce up.’


     Eso de enamorarse se va pareciendo a ese ciclo de clásicos que ponen en el cine cada dos meses: películas que ya viste en repetidas ocasiones, en la pantalla de la computadora, en el monitor del pseudonovio, en la televisión en la casa de mamá; pero  que, de vez en cuando, hace bien —tan bien, demasiado bien— magnificar la ya conocida historia en un 16:9 remasterizado (sepa la gente de cine qué significa eso), amplificar la fantasía en un dolby 7.5 y maravillarse con la restauración del color, ahora “digital” como anuncia orgullosa la publicidad.

     Otras veces se parece a un ciclo de venganzas eso de enamorarse. Venganzas inconscientes. Una eterna rueda de caballito 

          haces-y-te-hago, 
          hiciste-y-te-harán, 
          olvidar-para-asombrarse 
          cuando todo es realidad,
     cuando las acciones impulsivas de uno, de dos, de tres, —de todos—revitaliza el fuego de aquello que quedó en el tintero del karma y
          ¡juácata! 
     te regresa como golpe de karateka en la nuca, en la espalda, en las piernas o en donde carajos sea que caiga el dolor y el estrés.

     Es una repetición eso de enamorarse, 

          de buenos y malos, 
          de obsequios y regalos, 
          de besitos abreviados y 
          orgasmos prestados, 
     de sentir así, parecido
          (parecido nueslomismo)
     a lo que ya se ha vivido y
     escribir, con más o menos palabras, 
     lo mismo.
     De cantar y enrojecerse y
     decir pa'no olvidar y 
     olvidar pa'no decir. 

     Así, un ciclo es eso de enamorarse, eso de dejarse perder y dejar que otros se pierdan, no en uno, sino que en ellos mismos. Así de ciclos y vicios es eso de enamorarse. Una vez más —o menos—un ciclo de salvación, de perdición. Para otros, de redención, pero para todos, una eterna REN-DI-CIÓN.

     Otras veces se va pareciendo a las piñatas eso de enamorarse. 
          ¡Izquierda! ¡Derecha!
          ¡Arriba! ¡Abajo!
          ¡Cabesha! ¡Eshtómago!
          ¿Shapato?

     A una excesiva celebración unánime o a la ronda infinita del juego de sillas 
          7 contra 6
          6 contra 5
               canta, canta la canción,
               rueda, rueda el corazón,
          5  contra 4
               se detiene, luego un golpe
               sin an-ti-ci-pa-ción;
          4 contra 3
          3 contra 2
               van saliendo con aplausos,
               premios de con-solación.
          2 contra 1
               ¡cabesha! 
               ¡eshtómago!
               ¿shapato? 
     y termina en un
          exceso
               ex-seso
                    ex-eso 
     1 para 1
          ¡aplausho para el marashito!
     ...
     pa pá
      pa ra ra ra ra 
          pa ra rá
             ...
               pa pá
                    pa ra ra ra ra 
                         pa pa rá
                         ... 
                         (¿ya she va mamita?)
                         shalú pue!)

      Así, un intenso loop histriónico, una repetición con—muy breves—lapsos de lucidez. Es toda una vuelta, un show, una fantasía rimbombante mejor que las luces Campero o las de Nayib.
     Enamorarse.
     En-
          amor-
               arse.

                    (arse?)



arse |ärs|

British spelling of ASS2.
ORIGIN Old English ærs, of Germanic origin; related to Dutchaars and German Arsch .

ass 2 |as| (Britarse)

noun     N. Amer. vulgar slang
  • a person's buttocks or anus.
  • a stupid, irritating, or contemptible person.
  • women regarded as a source of sexual gratification.
  • oneself (used in phrases for emphasis): get your ass in here fast | the bureaucrat who wants everything in writing so as to cover his ass.


     —Y tú, ¿te enamorass?
     —A poco no cabrón. Ya ves qu'eso de enamorarse es malo. 


               (¡malo!)
               (¡malo!)
               (¡malo!)

     Malo como la mano-araña en Alien y Prometheus. 
     Malo como la soledad.
     Malo como una flatulencia pues enamorarse no es amor, güey. 
     Enamorarse es— 
          (si, eso es)
     tupidez.







—DA20150824
 


20150811

Rerecomendación: La Garfield - "Mala"

Aquí está la canción que te comenté esta tarde. Es una banda indie de Monterrey, me parece una genialidad y este tema es una maravilla. 

Ojalá te guste y consideres que vale la pena compartirlo.

Saludos.
JR



Así empecé a escuchar La Garfield, cuando me recomendaron esta canción que ahora yo recomiendo para Non-Girly Blue. 

La Garfield me suena familiar pero no me acuerda a nada, y no sé cómo definir el tono ni los sonidos. Identifico que por allí son animados por emociones y sentimientos y en "Mala", una historia.

¿Qué nos dice? ¿Qué nos cuenta? ¿Que nos deja contar?

Esta rerecomendación combina mi manía por acumular probar cosas nuevas a las que no le asociamos ideas o experiencias anteriores y, también, el inevitable juego de asociaciones al que somos sujeto al ver una misma escena, escuchar una misma canción, con diferente subjetividad.