Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
Mostrando las entradas con la etiqueta Cartas a Felice. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cartas a Felice. Mostrar todas las entradas

20150323

Llueven subjuntivos















Relato inspirado en Kitsch en C, de Cartas a Felice.

Podría ser que ese dolor en el corazón le durara toda la vida. Y él lo sabía. A lo mejor lo supo desde el principio, quizás desde que ella se le apareció con el pelo revuelto y los zapatos gastados de tanta vuelta por el mundo. En ese momento él supo que podría mirarla dormir todos las noches.

– Me gustaría apagarte la luna cada vez que sea necesario–, le ofreció él.


Puede que haya sido lo único que podría darle; no permitir que la luna le empañara la mirada. Esa mirada de ámbar desmesurado que le haría pensar en todos los "y si" que fueran posibles. Y así sería siempre. Él queriéndole tapar la luna, los defectos y las imperfecciones para que ella pudiera levantarse cada mañana; fresca y sonriente, mirando las nubes y los amaneceres, pensando en palabras como nadie más podría hacerlo, como tal vez solo ella pudiera, cada vez que quisiera. O que imaginara. 

– Deberías saber que la vida real es una mentira –, le dijo ella una mañana.

Tal vez enojada por el descubrimiento de que, cada noche, por más intentos de él de opacar la luna, esta siguiera estando tras las cortinas. 

• Foto, Flor Aragón

La dialéctica del No



Inspirado en "Kitsch en C" – Cartas a Felice

"Yo sería tu Humphrey Bogart, te sacara de Casablanca. " ("Kitsch en C" – Cartas a Felice)


Una noche iba llegando a su fin cuando se cayó del carro y se resbaló en la acera, empujada por Él y Ella quienes se habían dado la tarea de hablar y seguir hablando. Era un accidente, no tenía que caerse la noche: se suponía que la noche iba a ser anfitrión de una reunión inocente cuando de pronto ya estaba lisiada y ellos se quedaron viéndose a las narices en la entrada de la casa a la que no iban a entrar juntos. Ya lo habían dicho, y habían porqués regados por todos lados. Todo sucedió en ese espacio amorfo ubicado, con tacto, entre las 5 y las 6 de la mañana. Peleaban ya con el sueño, en un ring de sus palabras que bailaban con el tono cómplice que las había viciado desde hace horas, días, semanas. Un cúmulo de segundos, una y otra vez producían brindis con vasos imaginarios y corrientes frías de un río de pensamientos que chocaron contra los vidrios del carro cuando se dijeron que No. No, no fue un yo también, ni un quizás, ni tampoco una cachetada sentida – fue un No construido a base de melancolía adictiva, la melancolía que muestra el mejor lado del pathos. Está la cara del fracaso y la fatalidad, del final que no queremos, pero también el de la imposibilidad de sufrir, la carta que le gana a la posibilidad de herirse, el del subjuntivo y el condicional que vivirán atrapados a costa de un sí, por un No que los separa, rígido, en medio de dos cuerpos pensantes que saben que no saben nada. // Átame las manos para no tocarte, y que nunca se acerquen esos labios, para nunca chocar dientes y mordernos las risas, y nunca llegar el sonido de tus risas que se conjugan con los abrazos que nunca me diste. Muérdeme el cuello, pero solo en tu cabeza, y desvísteme con los ojos todos los días saltando por encima de las piernas cruzadas y los brazos abiertos, y que nunca te haga dudar una mirada, porque nunca nos vamos a ver. Si nunca nos vemos, nunca nos perderemos, y si no nos perdemos, las palabras darán vueltas a solas y seguirán siendo ellas, sin que nuestras manos arruguen las promesas que bailan con el tono de tu voz. // Y se movían, llovían, los deseos líquidos y móviles, hasta quedarse dormidos. Penúltimo juego de miradas hasta quedar hechas a un, porque las reglas no dependen de Él y Ella, porque todos tienen que obedecer a reglas más grandes que escoger adonde irse o cómo encontrarse. Las hacen los otros, y existen otros detrás de los vidrios empapados con el arrojo de palabras. Soltaron las palabras pero no las riendas, porque al fin y al cabo un poco más y podían perder incluso las palabras. Un poquito basta para perderlo todo y perder la imagen lejana de ¿qué podemos hacer con nuestras lenguas si el condicional fuera juez? // Podría desvestirme y quedarme horas en tu cama, solo hablando. Quisiera, sería, podríamos. Podría vivir feliz sabiendo que esa sonrisa que te provoqué se extiende hasta después de horas hábiles y me abrazaran tus pupilas al mismo tiempo que tus cejas. Podríamos seguir si me sueltas las manos y me miras como me miras y me hablas como me hablas. Podríamos bailar lejos de la música, o jugar a contarnos historias que no conmueven, un intercambio de pedazos de las ideas que se coquetean aunque no me mires. ¿No sería genial encontrar escapatorias y llegar a los mismo lugares por caminos distintos? Valdría la pena el esfuerzo sin esfuerzo de acercarnos. // La deliberación comenzaba a casarse con la idea de lo inconcluso, apagando a las curiosidades inquietas que habían decidido reclamar todas las veces en las que no les habían dado voz ni voto... pues dejó de pelear la incertidumbre ante la dialéctica del No que venía con su amigo Jamás. Ya no importaban las preguntas de sus cuerpos ni de sus gustos, pues era más grande la masa de resignación que había que tragar, el difícil proceso de pasar por encima de todo. ¿Cómo hacer de lado algo invisible que se mete e interfiere con la inocencia? Un abrazo que cierre tratos, un beso con tacto, una mano amiga, un paso hacia atrás. Volvamos amnésicos, dijeron los jueces que se escondían debajo de la calle de piedras, y vivamos en la promesa de que si nunca empieza, nunca termina. Hagamos de caso de que no importa, que no es para tanto, que estamos contentos con nunca saber cuáles son los límites, si es que hay límites, cuánto quisieran callarse los monstruos que asustan, que separan, que callan. Dejemos al sí en la calle y que no nos moje la lluvia, porque después los que se mojan en la lluvia caen en cama con fiebre. // Podríamos hacer cuenta y caso que así pasa siempre, que no es inusual, que qué exagerado. Deberíamos guardar lo que podamos y deshacernos de lo demás, sin nunca decir nada, sin tener que hacer nada. Si hiciéramos más, no nos quedara más que reemplazar las excusas por razones, contar con momentos y no con ideas, escupir sentimientos que se agachan y conocer más a qué hay atrás de un No que defiende la inocencia. 

Una idea toda azul

Relato inspirado en Kitsch en C de Cartas a Felice



Querida niña,

Acaba de amanecer y ya me estoy acordando de vos. Era bonito cuando caminábamos en esos días soleados, con cielos despejados y atravesábamos las calles sin mayor preocupación, quizás lo único que empañaba tu entusiasmo era que no fueras a llegar a tiempo a tu oficina. Las escapadas mañaneras eran la excusa perfecta para verte: que si eran las horas extras, que si había reunión, que si tenías que reponer una clase. Te salía a recibir con el pelo revuelto, listo para llevarte de paseo, me sentía feliz con tan poquita cosa.


¿Te acordás de la panadería que estaba frente a tu casa? Te gustaba comer canastas rellenas de leche, berlinesas, merengues. No sabía cómo te podía caber tanta azúcar. Conservabas la cordura, cantabas para mí. Te daba pena, decías que tenías la voz más fea del mundo, pero a mí me encantaba oírte. Nadie tenía el placer de oír tu voz de ratón: fina, pequeña y dulce, sólo para mí. Decías que me amabas, le dabas vuelta a las letras y les ponías mi nombre, y yo muy callado, escuchaba el resto de la canción y sin decir nada, sentía aguado el corazón.


No me gustaba ser cursi. Era un asunto serio eso de guardar las apariencias. Me perdía en pensamientos vagos, una nube de ideas difusas para no sentir toda esa ola de cosas que me provocabas. Verás, tenía que guardar la compostura. Eras un remolino de emociones, todas a flor de piel, todas visibles, todas revueltas. Yo intentaba todo para permanecer sereno, para quedarme quieto, para poner orden entre los dos. ¡Estaba tan equivocado!


Me escribías notas. Tu letra ínfima, lisa y redonda, como letra de escolar, me contaba todo: desde cómo habías preparado el desayuno, hasta qué planeabas hacer al siguiente día. Yo era escueto, no pasaba del "te quiero mucho" de siempre y vos derramabas toda una letanía de poesía como la niña enamorada que eras. Nunca volví a escribir poemas. ¿Sabés algo? Creo que la tinta se me acabó aquel día en que me despedí de vos. Me despedí de vos sabiendo que no quería irme. Llorabas. Llorabas a mares y no pude verte más, me partía el alma verte llorar.


A veces todavía salgo a caminar, solo, rumbo a tu antigua casa, donde vivías cuando eras una parte de mi vida. Veo el cielo limpio, me como una canastilla de leche y tengo una idea toda azul: que sós más feliz que nunca porque te dejé ir.





Inspirada también en: "Una idea toda azul" de Marina Colasanti

20150320

Escribirnos


Texto inspirado en la canción 'Kitsch en C' - Cartas A Felice
por: Ivonne Veciana

---

Con lo que tenemos, vamos a escribirnos.

Escribirnos palabras fuertes
duraderas
incomprensibles y necesarias.
como esto que sentimos.

Sentirnos entre párrafos
hacernos líneas
comernos puntos
besarnos cada margen.

Redactarnos la necesidad del otro,
de leernos
Subrayarnos la necesidad de existirnos y ser prólogo.

Dejarnos un pie de página en el alma por haber llegado tarde
dejarnos cocido un verso para cenar.

Escribirte con mis dedos en el rostro la alegría de sentirte. De tenerte en el índice de mi vida.

Escribámonos.
Dame tiempo. Para escribirme a mi. Sólo a mi, por mi y para mi

Escribámonos.
Lento,
sin analizar significados.

Dibujando cada letra que nos trazamos
sin resumir nada. Completos.
En una página extendida lista a recibir tintas

Escribe. Escribe. Escribe

Haz de cada idea una excusa para escribirme,
que tu inicio y desenlace sean mi argumento.

Hazme una sola idea de ti.

20150317

Música nacional en Non-Girly Blue

Esta quincena propuse inspirarnos para nuestros relatos en una de las bandas nacionales que me resultan más auténticas: Cartas a Felice.

Un grupo de chavales que abrieron las cortinas de la creatividad, sin poderlos comparar a nada ni nadie que haya existido en la movida salvadoreña porque son más originales que el número cero para los Mayas.

Son capaces de escribir lo más bonito sobre el desamor, lo más dulce sobre la muerte y lo más irónico sobre la vida cotidiana. Una de esas canciones es Kitsch en C.

La palabra Kitsch es un vocablo alemán que significa la relación del humano con la estética que le rodea.Era usado a mediados de 1860 para referirse a dibujos y bocetos sin estilo, sobrecargados o con valor de baratija. En síntesis: algo de mal gusto.

Esta canción tiene una de las letras que más me gustan de Cartas a Felice:

"Quisiera, sería, podríamos. 
Llueven subjuntivos, se han vuelto mis amigos ya 
Y han abierto un cine en el interior de mis párpados 
Donde ponen 24/7 siempre una imagen de vos"

Toda una posibilidad sin llegar a decirlo. Un algo que está ahí aún sin nombre, Un "pienso en vos" sin decírtelo...

"Yo sería tu Humphrey Bogart, te sacara de Casablanca. 
Sería Clark Gable en nuestra versión de Lo que el Viento se Llevó, 
hasta haría de Di Caprio y te salvara del mismísimo Titanic, 
para hundirme en vos, para hundirme en vos."

Tienen que escucharlos. Si es en vivo, mejor.