Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
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20141013

Un año de NGB. "In My Place".







       No soy escritora ni mucho menos, soy solo un esbozo de principante poeta, de letras abusivas que se diluyen en el teclado de mi computadora, de ideas mal dibujadas que tratan de formar coherencias y darle significado a un mundo, uno que no entiendo, uno que mi cerebro lee mil veces, uno donde mi corazón dedica letras a otros corazones… en fín, simplemente humanidad queriendo ser expresada.

       No recuerdo ni dónde ni cuándo fue que la Flor Elisa me contó de esta idea. Sin duda fue entre cerveza y cerveza… en una de esas noches de “perame… te voy grabar porque… porque esa idea me parece interesante” y en mi intento de mantener la sobriedad prendía el grabador del iPhone con la ilusa intención de “recordar” al día siguiente esas ideas brillantes que se diluyen con la bebida… 

       En fin, ha sido un año largo. Desde mi auto-exilio para huir del corazón a Honduras, desde la expatriación impuesta a Guatemala para entender qué hacer con mi vida… hasta las visitas mensuales a esa tierra dueña de mi corazón, a esos chats en Facebook, a mensajes privados en Twitter tratando de coordinar qué hacer y cómo seguir este proyecto, así Non-Girly Blue es de esas ideas que cuando las oís, lo único que respondes es “¿Y por qué no pues?” y terminan siendo de esos proyectos que agradeces haberte involucrado, que aunque se hace difícil sentarse a escribir, agradeces haberte embarcado con la maravilla de mujeres que lo componen.

       La vida es eso que recordamos con canciones. Sin duda, Non-Girly Blue no es mi playlist favorito, debo aceptar que en cada recomendación es un reto. Un reto a decir “Va pues, voy escuchar esa canción de los Héroes del Silencio que ya no quiero volver a escuchar”,“Voy escuchar 36 veces Paint It Black de los Rolling Stones, y escribir por más de 2 horas”, de abrirse un poco la mente y escuchar No es serio este Cementerio de Mecano, y aceptar que es la historia que más me gusta, de afirmar que “Jamás voy escuchar a Therion, porque definitivamente YO NO OIGO ROCK SINFONICO!!” y después arrepentirte de negarte la oportunidad de escuchar algo diferente y escribir algo diferente, solo para variar pues... “De quedar traumada y querer vomitar cada vez que escuche Heroin de The Velvet Underground, porque nunca la entendí y el único producto fue una verborrea…” No, no es fácil, pero es divertido salir del comfort.

       En fin, es un proyecto que como dice la Ka Erre, no es por la gloria, ni por la fama, ni por el ego de “ay si ay si soy escritora”. Es mas bien la humanidad que se desborda, que abusivamente presta palabras al español y al inglés, presta inspiración a canciones y decide cobrar vida y manifestarse en historias. Así, así estoy escribiendo desde una cama que no es mi cama, desde un lugar que no es mi lugar tratando de describir lo que ocurren en mi lugar interno, tratando que describir lo que pasa por esta percepción humana.


       Gracias por leer.



NGB.DA20141013



20140429

"Magic" - Coldplay




        
        Hay algo sorprendente sobre el desierto: esa expansión mágica de vacío donde la arena, el aire y el sol reclaman sus dominios jugando todo el día a crear remolinos gigantes que llegan a todas partes del mundo en sutiles brisas llenas de arena. Hay algo que embruja en ese espacio moldeable donde la arena, el aire y sol juegan a ser escultores y darle minuto a minuto una forma diferente a las dunas. De algún lugar dentro de mí, surge el deseo de formar parte de ese juego, quizás como agua, quizás como plantas, quizás como luna; una parte de mí quiere de alguna forma inmortalizarse junto a esas arenas que parecen poder con todo, esas arenas que parecen tragarse todo sin dejar rastro alguno.

        Pero lo que realmente me intriga no son los remolinos gigantes, ni las habilidades de escultor del viento, ni el poder ilusorio del sol que lleva a los hombres a ver cosas donde no las hay; admiro que el viento sea un verdadero escultor abstracto y sensual y que el sol sea el maestro ilusionista por excelencia, pero no son más que trucos muy bien logrados e inteligentes. No, lo que realmente me intriga es la arena: el poder infinito del minúsculo grano de arena. Lo realmente mágico y aterrador de todo no son los espejismos, no son los remolinos: es la forma invisible en la que grano tras grano se forma un inmenso paisaje árido. Es ese grano de arena inquieto que nunca se queda en el mismo lugar y que constantemente cambia el paisaje de forma imperceptible y sin aviso lo que captura mi atención.

        Día tras noche y noche tras día,  con la paciencia inmutable de aquellos que no conocen el tiempo, los granos de arena se dejan  llevar por el viento, tejiendo nuevos surcos, disolviendo y creando nuevas dunas, pero sobre todo, disolviendo los caminos tercos trazados por los hombres. Esos hombres quienes en su obsesión de medirlo todo, inventan medir los días y las noches encerrándolos en transparente cristal, creando la idea del tiempo en su afán de recordar momentos y eventos. Lo sorprendente es que a pesar de su encierro, desafíante como quien no tiene nada que perder ni que ganar, la arena se va de lado a otro, de arriba para abajo, con la constancia de un prisionero perpetuo, jugando sienciosamente con el sol y con la luna a dictar el paso del tiempo: juntos se divierten confundiendo las memorias y desvaneciendo los recuerdos mientras inmutablemente observan el paso de los hombres. ¿Quién imaginaría que un prisionero sería el perfecto dictador?

        De todas, esa me parece que es la mejor travesura: la habilidad invisible de desvanacerse en el tiempo. El único juego del cuál formo parte también, dejando rastro alguno.

NGB. DA20140429

20140417

Caminando





"Somos inmensamente ricos", decía el Tío Ramón.
(Isabel Allende, El Plan Infinito)


Relato inspirado por: "Magic" de Coldplay

Verán, no me fue fácil llegar a ser la mujer más afortunada sobre la tierra. Fue una hilera constante de cartas de amor, algunas flores y mucho esfuerzo: desvelos, sudor, ojos abiertos para saber qué importa y qué no. Hubo lágrimas, hubo cóleras y también amargura. Todo lo de esos años, en un instante, se convirtió en mi mayor tesoro, lleno no sólo de joyas, sino de mucho más que eso, de cosas que nadie me podría regalar ni que vender. 

Decía mi abuela que no hay árbol que dé frutos si no ha sido regado con lágrimas de tristeza y alegría y ahora ... veo que tenía razón. 

El día que me reveló mi enorme riqueza comenzó con silencio. Había una bruma deliciosa en el aire, soplaba una brisa fría y las calles estaban vacías. Me pregunté dónde estaban todas esas personas que llenan las aceras con sus canastos, su humo y sus cigarros. No habían muchas. Seguí caminando, sonriendo mientras oía a los pájaros cantar. Las nubes seguían moviéndose con su pereza de algodón y llovían rayos de sol en hilos de oro sobre mi cabeza. 

En la esquina, un anciano se reía mientras veía a una niña intentando caminar. Tenía la cara sucia y hablaba en su media lengua, furiosa por no poder mantener el paso. Volvió a soplar el viento y flores de maquilishuat cayeron. Era la niña la que reía después. Cantaban las chicharras.

Seguí caminando. El redondel, con su ceiba enorme al centro, brillaba de verdor. Pasó un bus con su pachangón y bajó una señora con su delantal de revuelos y su canasto. Armó su puesto de venta de galletas, chucherías. Pasé y le compré unos chicles. Me sonrió mientras le preguntaba si estaba allí todos los días. Dijo que sí, porque siempre allí pasaba gente que le comprara, así que gracias a Dios tenía un buen rato de estar vendiendo en la misma plaza.

El sol, perezoso, comenzaba a ocultarse. Llegué a casa y abrí la puerta rumbo al jardín. Estaban allí el macetero con la menta, la tortuga patoja, el gengibre tierroso, los helechos, el palo de mango con su sombra generosa y el papachús de yeso en el muro. Estaban allí también ustedes, dándome la bienvenida, uno con palabras y risas; y la otra con una sonrisa y manitas llenas de hojas. 

Fue entonces que supe: las flores de maquilishuat, las risas, el sol, el canasto, el pachangón, la lluvia de luz, esas nubes de algodón y el verdor eran todos míos. Míos eran los años para disfrutarlos a todos y a ustedes, amores. Nadie más que yo tiene eso. Y eso, queridos míos, me hace la mujer más afortunada sobre la tierra.