Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]

20160510

El Blues de la Soledad



   
 Soy Liza Onofre, la new girl in town. Me uno a este círculo de mujeres creativas con mucha ansiedad y entusiasmo.  Cómo dice por ahí una canción, a lo mejor resulta bien




EL BLUES DE LA SOLEDAD: las invenciones que recordamos
@LaOnofreEscribe
Me cuento entre las hijas no reconocidas de la radio Súper Stéreo o, como la conocimos, la doble SS. No sé por qué bondad extrema de los dioses viví parte de mi adolescencia y de mi despertar estético con la programación de la doble SS. La escuchaba hasta las tantas en mi habitación de hija de dominio  que le gustaba leer y escribir, pero sobre todo dibujar un mapa en el carril auxiliar donde van las locas, las que fuman  puro, las ave fénix, las lectoras, las que investigan, las que hablan en voz alta, las brujas, las alquimistas, las fiesteras, las playeras, las borrachas, las libres y todas esas a las que a veces se les acusa de no ser aptas para los actos de la vida civil y sus mieles de columpio en el jardín, para ponerlo, indeseadamente, en liricas de un señor Sabina.

Y según leí, en un blog perdido en  el magma de los blogs personales, Sabina fue el compositor de El Blues de la Soledad, cuya versión más popular en los 90 fue interpretada por Miguel Ríos. Pensaba que quizás  los programadores de la radio inconscientemente la tenían contra mí, porque casi no programaban mi canción favorita o no la programaban a las horas que lograba sintonizarla en paz. Mi percepción de aquel tiempo juvenil era que tenía que pasar un trimestre para volver a escuchar El Blues de la Soledad. No eran los tiempos de Spotify o Youtube.

El Blues de la Soledad tuvo por aquellos años la capacidad de ponerme a fantasear sobre los dos protagonistas de la canción. Sobrellevo una personal inclinación a engancharme a esas canciones que más que canciones son relatos musicalizados.

Más o menos la canción de Ríos, que también es la de Sabina, cuenta  de un hombre al que en una de esas noches de calma postrera a la tormenta (el dato anterior es una elaboración propia de la imaginación de la autora), el taxista, que lo lleva a quien sabe dónde, silba una canción y con solo ese golpe detonador de la memoria el tipo aparece en el bar donde encuentra a una mujer con quien quizás dejó, hace diez siglos,  algo pendiente; algo como una botella.

 En mi imaginación, ese hombre y esa mujer no eran más que un par de espías  jubilados de la segunda guerra mundial. Ella se había quedado con una de sus falsas identidades y él había seguido en el servicio secreto.

La lírica de este blues es un mapa de como la nostalgia nos puede conducir ilusoriamente por nuestra historia. En la canción, la escenografía (taxi, lluvia, bar, piano, taxi) esta puesta  para acompañarte sin resistencias a añoranzas en la mayoría de los casos sin asideros en la realidad. Añoramos, con una claridad de testigo ocular,  lo que nunca hemos hecho y ni por asomo nos han pasado. Pero las historias, las intimas y las multitudinarias, son las que se cuentan y no las que fueron, y  ni siquiera las que contamos si no las reconstrucciones que cambian según sea el receptor de las mismas.  

Por eso la canción de Ríos y Sabina es  toda una postal para que dos náufragos transfieran sus horas en común – pasadas, presentes, ya que del futuro casi nadie se hace cargo- de los archivos de nostalgia impostora a los expedientes finiquitados, y ya de una buena vez las historias que los unen no sean añoranzas ficticias sino más bien un ajuste de cuentas con esa vida que nos da un solo momento, un solo disparo, una carga de munición en el momento preciso. Lo que toca es decidirse.
La nostalgia es una escenografista efectiva; nos hace retener en la memoria (porque nostalgia y memoria  son experiencias siamesas) fotogramas, olores, dimensiones, intensidades de luz, mobiliario, sonidos de un tiempo que al volver la vista atrás nos parece idílico y edénico. Es el Imstagram de la memoria. Y hay en la nostalgia una angustia tramposa por volver “al lugar donde se ha sido feliz y  El Blues de la Soledad sentencia que al lugar donde se ha sido feliz es mejor que no trates nunca de regresar. Hay que ver que esos de andar visitando locaciones pasadas es de nostálgicos y asesinos seriales.

Porque la memoria idealizada es esto: imágenes sin indexar de lo que fue, con anhelos de entonces y las ganas de ver nuestro pasado bajo la lupa de felicidad conjugada en tiempo verbal imperfecto. Y es posible que ese pasado sea normal y hasta vulgar, que no haya mayores glorias ni noblezas venidas a menos o actos heroicos de superación y coraje o tal vez sí, pero que esas trampas cerebrales nos hagan ficcionarlas en un devenir personal de prócer patrio.

Y ahora, que revisito la fantasía,  me planteo si ese cuento fue solo una ensoñación de ese viejo espía que quiso tomar todas las diligencias para encontrarse de nuevo con la  espía pianista, porque el blues de la soledad  finalmente se impacta con el baúl de un Wolkswagen azul y ese movimiento pueda ser que lo arrebató  del túnel de la memoria que lo estaba conduciendo por unos sucesos más deseados que reales..

Como remate, canta Ríos que el Blues   “es Goma 2 conectada al corazón”. Como si no supiéramos que una sola estrofa puede hacernos estallar, estallar mil veces para seguir- auxiliados con esa capacidad de regeneración que nos aporta la música- acumulando historias reales o inventadas como la de que los locutores de la Súper Estero la tenían contra mí.



2 comentarios:

  1. buenísimo!! yo también crecí con la DobleSs

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  2. Sin duda creo que en esa época de la SS inicié a llorar con la música y creer que se era parte de algo más grande... soñar y vibrar con la música, cosa que aún hago.

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