Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]

20160808

You're so fuckin' special

Relato inspirado en Creep, de Radiohead, pero en la versión de Postmodern Jukebox.


A mi amiga,
la imaginaria... 


Giró la perilla de la ducha y el sonido del agua cayendo la alejó de todo. El agua llegó a su cabeza y empezó a bajar por su rostro, su cuello, sus pechos y pasó acariciando su vientre antes de desviarse por los pliegues donde inician las piernas. Tenía mucha fiebre. 

Levantó los brazos para que el agua mojara sus axilas, sentía que la fiebre la debilitaba, apoyó sus manos sobre la pared, exponiendo su espalda a la frescura del agua, quería que pasara la sensación de morirse. 

Agachó la cabeza, un poco más abajo de sus hombros, cerró los ojos y quiso recordar el momento más feliz de su vida, por si se moría, podía hacerlo llevándose la mejor experiencia que había vivido. Vio a Mario, su marido, sentado en la silla que ocupaba un lugar en el gran reino de su habitación, todo lo demás estaba a oscuras. Ella estaba recostada sobre la cama, desnuda, tal cual estaba bajo la regadera, con los cabellos sueltos, el aliento agitado, sentía el corazón rebalsando, la sangre galopando, de pronto sintió el suave tacto de unas manos. Eran manos de mujer. 

Sintió el recorrido interminable de esas manos, había iniciado en sus muslos, rodearon la carnosidad de su vientre y se divirtieron un poco al llegar a las protuberancias de sus pezones, los dedos juguetearon un momento con la suave vellosidad de su piel. Mario veía fijamente hacia ellas. No decía nada. Ella se permitió suspirar. Cuando las manos terminaron de llegar a sus hombros y empezaron a acomodarse en su espalda, mientras los brazos se deslizaban sobre sus homóplatos rodeándola, vio al fin el rostro de la mujer. Era bella, como ella. Eso era lo que pensaba Mario de ambas. Las deseó. Se le notó.

Ambas se querían, eran amigas desde hace años; para ella, su amiga siempre había sido tan especial, jamás se lo habían dicho pero lo sabían, se sentían atraídas, pero ser mamás y esposas era un deber, una obligación, un cumplimiento del deber que no podía ser detenido por fantasías lesbo-eróticas. Ambas sabían que aquello no era un error, sino una enmienda a años interminables de cumplimiento del "deber ser". Sus labios se juntaron y Mario hizo evidente su necesidad de acercarse, se sentó a la orilla de la silla y abrió las piernas, ambas vieron su increíble erección. Separaron un poco sus carnes y extendieron, cada una, un brazo, invitándolo a unirse al festival de caricias. Mario se dejó guiar. Sin hablar le mostraban dónde tocar, donde dejar una marca en la piel, dónde juguetear, él se maravilló.

Ninguno dijo nada, incluso cuando al fin Mario penetró a la amiga de su mujer, viendo cómo se movían sus pechos con cada arremetida, mientras su mujer abría las piernas para que la lengua de su amiga entrara fácilmente a su región más escondida. Cerraron el triángulo Mario y su mujer al juntar sus bocas. Los tres se vinieron en ese momento. 

Ella abrió los ojos, el agua seguía corriendo por todo su cuerpo. Seguía caliente. Cerró la llave, se envolvió con una toalla y salió del baño; a la salida, uno de sus hijos adolescentes le preguntó si seguía sintiéndose mal.

"Ya me siento mejor" - le dijo.

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