Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]

20151012

“Shade of Blue” —Black Rebel Motorcycle Club





Llueve sobre la ciudad. Llueve grande, mojado. Llueve helado. Llueve escurridizo, como el recuerdo que tu ausencia deslavó. ¿Puede el azul, desaparecerte junto al trueno? ¿Puede el azul azotar con su látigo de viento circular? ¿Puede ahogarse el pasado en olvidos, e inundar el presente para nunca encontrarnos en futuros fragmentados?

Desconozco los poderes que hacen que el azul insista en disfraces de sonoridad líquida, esa que toquetea las ventanas y hace las cortinas bailar. Esa que como emisario de guerra, tamborilea sobre el techo de la enemistad mientras los recuerdos se diluyen lentamente en el vicio de los ansiosos.  
¿Cuántos tonos de azul esconde el olvido? ¿Cuántas horas de ahogo colorean la piel de mortecino azul? ¿Cuántas vidas bajo el agua arruga la memoria mientras evitas convertirte en pez?

No lo sé. 

De momento llueven tintas de azul. Llueve grande. Llueve helado. Entre grietas y paredes se resbalan infiltradas grandes gotas, formando ríos, reclamando la atención a través de recuerdos trastocados; oxidando lentamente la voluntad férrea de los desalmados. ¿Puede el azul carecer de compasión y desangrarse en torrentes desmedidos? ¿Puede acaso, en su fluidez, escapar de cualquier cárcel? ¿Precipitarse en la destrucción de vertiginosos torbellinos?

Más que respuestas, siembra dudas el azul. Encierra enigmas. Traicionera mezcla de verdades e imaginación ¿Cuántos tonos de azul son necesarios para emprender un viaje express hacia el olvido? ¿Cuántas gotas para anestesiar la memoria de los desquiciados? ¿Cuántos escalones más para encontrar la ciudadela de los corazones, por amor, naufragados?

Llueve. Llueve helado. Llueve grande y despeinado. Las gotas se congregan y, prepotentes, se amarran como cortinas de hierro, intimidando a los débiles, reforzando la cobardía de escapar hacia cobertizos, mientras afuera se arremolina la suciedad junto a un azul de pesadillas insufribles, bajo un cielo inclemente que sumerge a la humanidad en sus propios deseos, de mantos sagrados, punzantes lágrimas y diluvios legendarios. ¿Así de insufrible es el azul? ¿Así de despiadadas sus corrientes? ¿Así de mortíferas sus confabulaciones ancestrales? 


Es intriga. Es misterio. Es silencio el azul.

Pasa el tiempo agitado, y entre dedos fríos y vueltas de ventilador, ya no sé si es azul eso que durante la noche aparece. ¿Cuántos días he pasado sumergida en sueños de mortífera intimidad? Ya no sé si llueve o si son torrentes de suspiros desmayados. Paso a paso, se disuelven los caminos que llevaban a un hogar fecundado en tu silencio. Las sombras azules me sumergen en la oscuridad de charcos mientras pasos desgastados devoran recuerdos, atragantándose con la avaricia de tu azul profundo, silencioso, infinito.

Llueve.
Llueve lento.
Llueve escaso. 

Ya no llueve.



—DA20151012
 



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