Cuando la música se convierte en inspiración

Cuando la música se convierte en inspiración y la inspiración se transforma en historias es cuando nace Non-Girly Blue.

Somos un experimento literario conformado por mujeres amantes de las letras y la música. Cada quince días nos alternamos para recomendar una canción sobre la cual las demás non-girly blues soltamos la imaginación y nos inspiramos para escribir... escribir relatos, historias, cuentos, personajes y a veces hasta poemas. ¿Y por qué no pues?

[Publicaciones y canciones nuevas cada quince días]
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20140820

Doña Yolanda

Relato inspirado en "Le Festin" de Camille


Doña Yolanda era una abuela con corazón de gran dama y maneras de señorita. Sabía Francés e Inglés, estudió en California en su juventud, tuvo su boda exagerada de encajes con luna de miel en México y autógrafos de Pedro Vargas, era socia del Club Tecleño donde me llevaba a comer copas de sorbete con merengue y tenía citas semanales con sus amigas del Colegio de monjas de donde había salido para ir a tomar el té y conocer a los nuevos nietos de las demás (por supuesto, yo, como buena nieta celosa que era, tenía la obligación moral de romper las fotos de estos nietos ajenos porque no me podía consentir sino sólo a mí), tuvo que aguantar miles de queridas de parte de mi abuelo con la mirada digna y orgullosa y era asidua lectora. Pero no conseguía cocinar. Se le quemaba el agua del café y doraba los fideos en aceite sin cocerlos.

Decía que su único arrepentimiento era no aprender a hacerse pasteles para saborearlos cuando quisiera.


Tenía debilidad por las cosas dulces: íbamos a comer melocotones flameados a su restaurante favorito, a ver el carrito de los postres y escoger entre un cardenal con fresas, un pastel de queso, un trozo de Selva Negra o un flan de coco bañado en caramelo mientras el mesero me llamaba por mi nombre y me daba una rosa y un dulce.

Más avanzada en su edad, mi abuela escondía turrones de Alicante con almendras en sus gavetas, lo que perfumaba su ropa con un olor a miel y yo iba a abrir las cajas para sacar trozos poco a poco sin que se diera cuenta y luego compartirlos con el resto de la familia. Los atesoraba con devoción obsesiva, más valiosos para ella que collares falsos y joyas de fantasía.

Oía a Mario Lanza y Plácido Domingo, a Frank Sinatra y a Nat King Cole... Se perfumaba con Yves Saint Laurent y Chanel, pero sus cremas favoritas eran sencillas y sin marca. Todos sus ungüentos la hacían oler a nata con azúcar y vainilla. Ahora la vainilla tiene su nombre.

Extraño sus manías de reina, sus manos suaves y nudosas, sus abrazos justo antes de acostarme cuando  recitaba de forma dramática partes del "Nocturno a Rosario" (... Adiós por la vez última, amor de mis amores, la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores, mi lira de poeta, mi juventud.. adiós!) y sus mimos.

Me dejó el romance y la nostalgia, el orgullo y el silencio placentero de leer un buen libro o saborear un buen chocolate, las aspiraciones de artista y la placidez de saberme querida y única. Por ella, los suspiros no son sólo una forma de respirar, son la nostalgia transformada en azúcar y merengue.

20140808

Sebastián

Para vos,
que me has hecho cocinar y vivir.

Llegaste hace poco más de siete años a esta vida. Eras una criatura pequeña y escurridiza que tuvo que pasar once días en una incubadora antes de ir a casa con nosotros. La primera vez que te vi, alejada por el vidrio de la nursería y las paredes de tu incubadora, lloré. Lloraba porque creí que te ibas a morir. Me sentí muy triste porque eras tan frágil y vulnerable. No sabía que no solo te pareces físicamente a mí, también heredaste mi necedad y en algún momento decidiste no morirte.

Al fin pudimos llevarte con nosotros a nuestro hogar. Aunque hacías tus mejor intento en no morir de las múltiples enfermedades propias de esa edad, aún no nos enterábamos que no podías comer cualquier cosa. El doctor dijo que si comías como lo hacía normalmente otro niño, entonces si, entonces morirías en medio de un doloroso retorcijón. Entonces afinamos todos los detalles y mientras cocinaba tus alimentos siempre me acompañaste, preguntando qué era cada utencilio, cada ingrediente, pasándome con tus manitas todo lo que iba necesitando para cocinar.

Vos siempre has sido el amor. A secas, sos el amor. No solo mío, aunque no seas mío, aunque no hayas estado dentro de mí, no importa, desde que naciste estás dentro de mí y ahora comparto este texto que espero que leas cuando seas adulto, que aprendas a cocinar y les preparés a tus hijos lo que tanto te gustó comer de pequeño.

Querido Sebastián: El dolor y la tristeza no son eternos, te lo prometo y lo digo con propiedad, con concimiento de causa. El dolor y la tristeza se van justo cuando logramos hacer algo que alimente a otra persona, a ese que tenemos más cerca. Vení, vamos a cocinar.




Edad: 1 año

Puré de manzana con canela y miel

Ingredientes:

1 o 2 manzanas maduras
1 raja de canela (preferiblemente bien entera y sin astillas)
1 cucharadita de miel.


Preparación:

Ponga las manzanas a hervir con agua suficiente para cubrirlas, previamente puede pincharlas con un cuchillo, junto a las manzanas colocar la canela.
Cuando hayan hervido las manzanas y la canela hay soltado su color rosa tan hermoso, saque las manzanas y quíteles la cáscara. Con un tenedor deshagalas, haciendo un puré. Cuando ya tenga el puré añada la miel y revuelva muy bien.
Coloque el puré en recipientes de vidrio y refrigere, duración: una semana o hasta que el infante en cuestión se lo acabe.



Edad: 3 años

Ternera en salsa

Ingredientes:


  • 1 lb. de lomo de ternera
  • 1 zanahoria
  • 1 cebolla
  • 300 ml. de caldo de verduras
  • 100 ml. de vino blanco
  • Sal
  • Pimienta negra molida
  • Aceite de oliva
  •  








Preparción: 
Para preparar la ternera en salsa empezaremos por cortar el lomo de ternera en dados. Cuando lo tengamos cortado lo reservamos mientras preparamos el resto de ingredientes.

Ponemos una olla al fuego con una poquito de aceite. Pelamos la cebolla y la cortamos en juliana. Pelamos también la zanahoria y la cortamos en dados. Agregamos ambos ingredientes a la olla con una generosa cantidad de sal. En unos cinco minutos, añadimos la ternera en dados y dejamos que se dore.

Cuando la carne esté dorada, agregamos a la ternera en salsa el caldo de verduras y el vino blanco, y dejamos reducir. Una vez que la salsa haya reducido, probamos para que esté correcto de sal y añadimos más si fuese necesario.

A la hora de servir, agregamos un poco de aceite de oliva por encima de la ternera en salsa, para que el sabor sea más rico.





Edad: 5 años

Macarrones "a la KR"

Ingredientes:

1 paquete de macarrones (a mí me gustan los linguinis)
7 tomates grandes y bien maduros
1 chile verde

1 diente de ajo
1 cebolla pequeña picada
1/2 lb. de carne molida
orégano
sal y pimienta
aceite de oliva
queso morolique rallado


Preparación

Primero cocine la pasta en una olla con agua y un chorrito de aceite, cuando esté hirviendo añada sal y hojitas de orégano. Escurra y reserve.

En otra olla ponga a cocer agua y cuando esté hiviendo, eche los tomates, durante 5 minutos, sáquelos y pélelos. Ya pelados, pongálos en la licuadora, junto con el chile verde. Licúe bien hasta tener una salsa, si queda rala, puede añadir una cucharadita de maicena.

En una cacerola grande, con un poquito de aceite de oliva, fría la cebolla y el ajo, yo le saco el ajo porque qué feo que le salga el ajo a la gente en el plato, añada la carne desmenuzada y sofría, añada sal, pimienta. Cuando esté bien cocida la carne añada la salsa de tomates y termine de cocinar. Cuide que sea más salsa que carne.

Añada los macarrones y revuelva hasta integrar muy bien todo. Cuando sirva, espolvorée queso morolique rallado, puede ser casi cualquier tipo de queso, pero no recomiendo el duro viejo porque no es muy agradable su olor.





Edad: 7 años

Atol de elote

Ingredientes:

10 elotes tiernos
1 litro de leche
Azúcar y canela al gusto

Además... 5 elotes tiernos y azúcar.

Preparación:

Destuze los elotes y desgránelos, lleve los granos al molino y dígale al molinero que lo quiere como para atol.

Al regresar a su hogar, ponga la masa de elote con la leche a hervir, con suficiente canela, vaya agregando azúcar a su gusto.

No debe dejar de mover el atol, porque se corre el riesgo de que se ahume, eso le daría un sabor y olor muy feo.

Se estarán preguntando para qué los 5 elotes adicionales, es fácil... ponga a hervir los dichosos elotes con azúcar, hasta que estén bien blanditos, sáquelos, déjelos enfriar y desgrane los elotes, estos granitos de elote serán para añadir al atol a la hora de servir.


20140623

El Museo

El Museo
(Relato inspirado en "So I thought" de Flyleaf)


Se tiene miedo cuando se está en desacuerdo consigo mismo.
- Demian, Herman Hesse.


Tocó a la puerta de vidrio. Estaba impecable y sin embargo, tenía un leve olor a óxido que le revolvió el estómago. La recibió una anciana de pelo blanco, vestida de negro y con una radiante sonrisa.


- Bienvenida, hija. Sabía que vendrías.
- No sé si estoy en el lugar correcto.
- Claro, no todos lo saben. El Museo recibe a todos por igual. ¿Traes algo para mí?
- ¿Es para usted? Me dijeron que si lo dejaba acá, mi memoria sanaría y mis recuerdos verdaderos regresarían. Que podría ser yo misma otra vez.
- Eso no lo puedo garantizar, hija. Eso depende de tí.
- ¿Hay algo que pueda hacer para acelerar el proceso? ¿Papeleo, permisos? No creo que debería ser complicado.
- No. Pero antes debes estar segura de lo que vas a hacer.
- Lo estoy. No tengo dudas.
- Me imagino, hija. Pero es parte de mi deber darte un recorrido antes. Debo asegurarme que sabes lo que estás haciendo. No todos están dispuestos a pagr el precio por limpiar sus recuerdos. La nostalgia es una amiga traicionera, pero una amiga al fin y al cabo. No todos quieren dejarla.
- Haga lo que tenga que hacer. Sé que no cambiaré de opinión.
- Como tú digas, hija.


Pasaron por el salón primero de la exhibición. La primera urna de vidrio tenía un zapato algo, esbelto, hermoso y de charol rojo.

- ¿Y esto qué es? ¿Por qué está aquí?
- Lo dejó una mujer que fue engañada por otra. Dejó esto porque era de esa 'otra'.
- Qué estupidez. Páseme a la siguiente y las que sean, terminemos esto ya.
- Como digas.


La segunda urna tenía una copa rota. Estaba sucia, empañada.
- ¿Y ahora?
- Esta la dejó un joven. Su padre era alcohólico. Esto lo dejó porque fue la que le tiró a la cara el día que decidió no volverle a hablar nunca.
- Bueno, quizás lo merecía. Los borrachos no son dignos de lástima.
- Todos merecemos una lágrima por nosotros, hija.
- No, no lo creo. Vamos a la siguiente.
- Muy bien.


La tercera urna tenía un hacha. Vieja, desgastada, oxidada. Parecía haber sido usada muchísimas veces.
- ¿Qué historia sangrienta tiene ésta? ¿Por qué un hacha?
- No es lo que parece, hija. Esta hacha fue usada por un hombre para cortar leña... de muebles.
- ¿Cómo? ¿Deshizo su sala?
- No. Deshizo todos los regalos de su esposa cuando ella desapareció. Nunca volvió a saber de ella. Dicen que hasta la fecha nadie sabe qué le pasó. El hombre estaba tan dolido que hizo pedazos cada mueble en el que ella se había sentado. Luego sacó todo a una pira en el jardín y le dio fuego.
- ¿Qué? Esto ya no me está gustando. Yo no estoy loca, yo sólo vine a dejar esto y ya.
- No todos reaccionamos igual al abandono y la pérdida. Ese hombre escogió una vía extrema, pero válida.
- Estaba loco. No es para tanto.
- No se sabe nunca, hija.
- Sigamos, ya no quiero estar aquí.
- Sígueme. Ya sólo quedan dos.


La cuarta urna tenía una llave de metal antigua. Era realmente encantadora. Tenía  incrustaciones de piedras preciosas, relieves de hojas y parras plateadas con una forma inusual.

- Esto no parece tétrico. Esta llave es hermosa.
- Sí, hija. La dejó una mujer que vivió sola toda su vida.
- ¿Y entonces? ¿Cuál es la historia?
- Quien se la dio nunca quiso estar con ella. La llenaba de regalos, dicen que la adoraba pero no quiso casarse con ella ni darle hijos. Sólo la visitaba y le llevaba pequeños regalos.
- ¿Y cuál es el problema? Nadie está obligado a casarse con nadie.
- El hombre murió después de un año de una enfermedad incurable y contagiosa. No quiso estar con ella para que ella no llorara su pérdida. La llave fue el último regalo que recibió esa mujer y la vino a dejar aquí porque no quería continuar con  "esa herida abierta", como dijo.
- No veo el problema. Debería de alegrarse que la quisieran alguna vez.
- Ese fue el problema, hija. Ella no siente que nadie volverá a quererla igual. No quería recordar para poder continuar. Pero la mente es impredecible. Sus recuerdos volvieron y ahora sigue tan sola como antes, sin querer que nadie se le acerque.
- Qué terrible, pero tenía muchos buenos recuerdos de él. No tendría que haberlo olvidado.
- Ahora que lo sabes... ¿Quieres continuar?
- Sí. Ahora más que nunca. Lo mío es diferente.
- Muy bien. Hemos llegado a la última urna. Esta es la tuya.
- Sí, veo que está vacía. El Museo podrá tener esto.
- Dame el paquete y ábrelo, hija.


Sacó un objeto enrollado en papel de seda y lo puso en las manos de la anciana. Era un cuaderno.

- Este es un cuaderno, vengo a dejarlo para siempre. Quiero que mis recuerdos falsos se vayan. Quiero ser quien era, no la que soy ahora. No quiero seguir engañada.
- Entrégame tu historia, hija.

La anciana abrió el cuaderno. Estaba lleno de dibujos de hadas, de príncipes, de castillos y armaduras, de flores y unicornios.


- Estos son mis recuerdos falsos. Cosas que no existen. Quiero que se vayan.
- Parece que fuiste muy feliz, hija. No dejaste una esquina sin ilustrar.
- Pero todo era falso, cosas que no existen. No los quiero. Quiero que queden en el Museo para que otros sepan que no existen, que no cometan el mismo error que yo cometí.
- ¿A quién quieres olvidar?
- A la que era hace diez años. No puedo seguir así.


Sus ojos se humedecieron. Comenzó a sollozar y ahogó un suspiro.


- Hija, veo tus dudas. Es tu última oportunidad. Decide si quieres dejarlo, eres libre de llevártelo si quieres. Una vez lo dejes, tus recuerdos vinculados a este cuaderno se borrarán. Y cambiarás. Piénsalo bien.


El suspiro se convirtió entonces en un lamento. Extendió su mano y lo tomó de regreso. La anciana la tomó en sus brazos y la consoló con un abrazo.

20140619

Creo que hemos llegado

Abrió los ojos y no le pareció que estuviera demasiado bien. Vio su mano y recordó que estaba en un hospital al ver el fino tubo que se insertaba en la piel. No podía pensar muy bien. El dolor siempre había sido una dimensión demasiado conocida para ella. Desde siempre. 

Intentó respirar profundo, le dolió el pecho cuando el aire entró. Tenía frío, la bata de manta rústica con el logo del ISSS no le daba el calor que necesitaba. Sintió cómo temblaba todo su cuerpo. ¿Cuánto tiempo tenía de estar en aquella cama? No lograba recordar. Lo último que recordaba era que llegó a consultar porque aquella gripe se había salido de proporciones. Luego de muchas horas de espera al fin había entrado en una de las pequeñas habitaciones para que una doctora, pasada en años y libras, le dijera.... "acuéstese"... cuando la vio entrar con dificultad. Luego nada.

La nada es un espacio-tiempo muy raro. Es como flotar a la deriva. 

Se acercó un enfermero, moreno, grueso, pelo crespo y negro. La vio con un poco de compasión, pero no le dijo nada, solo le tocó la frente, notó el constante temblor en su cuerpo y cómo se abrazaba a sí misma, se fue y regresó con una frazada gruesa y se la puso encima. "Tome agua" le dijo, mientras le destapaba una botella, "tiene mucha fiebre todavía". Con dificultad pudo arrecostarse y sintió llegar el agua a su boca, era como intentar apagar un incendio con un guacalito de agua. Sin embargo había un dejo de alivio esperanzador al pasar el líquido por su garganta, pudo sentir todo el recorrido hasta que el agua llegó a su estómago. "Alivio" pensó. Cerró los ojos de nuevo, el dolor de cabeza era demasiado intenso. 

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- ¿Vos crees que te vas a morir joven?
- No sé... creo que ya no estoy tan joven
- jejejeje - se ríe recordando que pronto ella cumplirá 40 años.
- Digo... morirme joven hubiera sido antes de los 30. De todos modos eso no me aturde. Uno se muere y ya.
- Creo que nos hemos ido atrasando en algunas cosas.
- ¿Por qué decis?
- Creí, cuando te encontré, que ya tenías hijos, casa y estabas casada.
- mmmm... eso de atrasarse en esas cosas es relativo, además, creí que esas "cosas" no eran una preocupación para nosotras.
- Bueno, a los 15 no, pero ya vas pateando los 40.
- Hemos hecho otras cosas, igual importantes y lindas - le dijo a la chica que era hace 21 años. 
- ¿Cómo cuales?
- Hemos viajado, hemos conocido gente y la hemos querido y hemos aprendido a des-quererlas, hemos estudiado y leído mucho.
- Si me lo preguntas ahorita no le veo lo grandioso... 
- No te quejes, hemos sido felices - su ella de 15 años la veía un poco incrédula y con un poco de lástima. 
- ¿Nos han amado?
- Si
- ¿En serio? y entonces por qué no nos casamos.
- Porque casarse no es imprescindible para amar.
- ¿Nunca quisimos hijos?
- A veces, pero no podía ponerme a parir a lo loco.
- Pero estamos solas ahora... nadie viene a vernos.
- Si vienen, además nos llaman por teléfono.
- Enseña ese bolado, en 1992 no habían de estos - dijo la chica tomando el celular entre sus manos, como si se tratara de un delicado animalito.
- Vamos a tener uno hasta el 2000 - dijo la actual, mientras se acomodaba la almohada.
- ¿Cuánto llevas acá? 
- No sé, ni sé qué día es...
- 7 de junio dice aquí - dice la cipota, viendo la fecha en la pantalla del celular.

En aquel momento el celular empieza a vibrar y la "ella" joven se asusta y se lo pasa a la "ella" adulta. Qué gracia le hace a esta ver los ojos asustados de su juventud a algo que se ha hecho tan cotidiando con el paso del tiempo.

- Aló?... Hola... si... mejor, creo... no... creo que vendrán al mediodía,... no, no te preocupes. Vaya... nos vemos.

Ella cuelga.

- ¿Con quién hablaste?
- Era Miguel.
- ¿Quién?
- Mi pareja.
- Ah... tu novio!
- A esta edad una no tiene novios, niña... tiene parejas. Es algo que vas a descubrir en un tiempo.
- Y él como es? ¿estamos enamoradas de él? ¿viven juntos?
- Preguntas mucho niña.
- Ve, chis! es mi vida, quiero saber.
- No creo que sea buena idea darte tantos detalles... es bueno tener cosas con las que te podas sorprender. 
- ¡Contame, no seas así!
- Quiero dormir, no me siento bien.
- Y si le pregunto al enfermero cuándo nos van a dar el alta?
- No te va a decir. 
- ¿Qué apostamos?
- Nada.
- Me he vuelto algo aburrida... 
- Siempre hemos sido aburridas, no te hagas...

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El enfermero se acercó al ver la mujer murmuraba, supuso que estaría delirando. Era la tercera vez que el doctor le cambiaba el antibiótico porque no parecía que la enfermedad quisiera ceder. Neumonía, decía en el cuadro metálico que contenía un legajo de páginas entre resultados de exámenes, indicaciones y garabatos.

Puso su mano sobre ella y confirmó la fiebre... regresó a la estación de enfermería para tomar un termómetro y poder ver la temperatura exacta. 

Ella abrió los ojos cuando sintió la mano gruesa y pesada del enfermero tocarle el brazo para ponerle el termómetro en la axila. No sabía qué le dolía más. Sintió la boca seca y vio la botella de agua que estaba en la mesa al lado de la cama. El enfermero entendió y tomó la botella y se la acercó a los labios. Fue un solo y corto trago de agua.

- Debería tomar más agua - dijo el enfermero.

Ella solo le respondió con una mirada que decía "ahora no". El cerró la botella y la puso de nuevo sobre la mesa. Sacó el termómetro de la axila de ella y vio... 40 grados... sin decir nada se fue y regresó con una compresa húmeda y se la puso sobre la frente. Se quedó unos segundos a su lado y regresó a su estación. 

- Creo que se va a morir - dijo el enfermero a una mujer que también estaba de turno con él.
- Todos nos morimos - contestó ella sin levantar la mirada de los papeles que estaba leyendo.
- Lo sé, pero ella pronto.
- Igual, no es que no hayas visto a alguien morirse antes.
- No, claro que he visto. 

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- Karla, despertá - dijo la joven.
- ¿Qué queres? - contestó la Karla adulta sin abrir los ojos.
- Creo que hemos llegado...

20140526

Mañana era lunes


Mañana era lunes y el pasillo se abría con su completa alfombra arabesca de lado a lado, de principio a fin. El pasillo más largo que habrías visto en tu vida. Tu vida colgando del hilo de la incertidumbre, la emoción, el miedo, la emoción otra vez, el paso que no querías dar, el paso que no querías comenzar, el paso con todas sus consecuencias. 

El paso detenido, mirando puertas a un lado y al otro, puertas y más puertas y el final, el final lejano, más lejos que cualquier pensamiento o cualquier evidencia o cualquier emoción que no podría describirse en ese momento. 

El primer paso que dabas y luego del cual volvías a detenerte y volvías al punto de partida, al punto de inicio, el principio, todo en lo que te ibas a convertir, pero no poder impedir dar el siguiente, mover un pie delante del otro, sintiendo apenas la blandura de la alfombra, la suavidad de todos los momentos que ni siquiera podían adivinarse, que ibas a temblar ante el momento que ya no serían dos, sino uno, debatiéndose en la lucha de brazos y manos confundidos, de todo lo que seguramente querrían alcanzar, que iban a vaciarse en sí mismos para volverse a llenar, que los vestidos, pantalones, calcetines, blusas, zapatos iban a volar, que las luces iban a apagarse tantas y tantas veces, que el tiempo no iba a alcanzar para decirse, para contarse, para mirarse, para hacer planes, para volverse eternos en un segundo, que las canciones nunca iban a terminar y que cuando terminaran iban a volver a empezar, que las dudas iban a ser pequeñas y las soledades grandes, que los incentivos nunca iban a alcanzar para tantos recuerdos felices

otro paso 

y saber que nada podía detenerse ya, saber las consecuencias, preguntar las consecuencias, mirarse en un espejo, volverse a mirar, saberse otra persona, saberse otras personas, las que no podrían ser más que allí, saber que allí podría decirse todo, contarse todo, ser como quisieran, envolverse en sábanas si así lo quisieran, bailar y brincar, convertir el mundo en algo que de alguna otra manera no podía ser, mirar el cielo de otra forma, hacer de una historia toda la mierda capaz que podía ser una historia, y seguir a pesar de eso, seguir caminando y sintiendo y no pensando y caminando y caminando, en tardes que querrías que no terminaran nunca, tardes que afuera no existirían, en cosas que eran irremediables y en sonrisas y promesas y palabras, otra vez palabras, palabras largas como presagios, palabras tiernas como nubes y seguir caminando, caminando, caminando, y mediodías llenos de sol y todo lo que no debería ser pero -sin remedio- sería, y tantos adioses y buenas noches y buenos días, la certeza única de que algún día tendría que terminar, la certeza de noches y de labios y de abrazos, de tantos vinos compartidos de tanta cerveza derramada, la certeza la única e inevitable, la seguridad de saber que no se pertenece, de que todo es un oasis, un abismo, un lugar en donde caer cuando sea necesario, otro paso y un te quiero, otro paso y otro te quiero también, y perderse, perderse en un infinito de ideas y silencios, de palabras otra vez que era lo único que podría quedar, de palabras que iban y venían, de canciones dándole sentido a todo, de amor te digo amor y suena diferente y saber que no, que nunca podría sonar diferente porque era mentira, porque era un espejismo, un espejo en donde reflejarse, en donde encontrar la verdadera imagen, la imagen desde hace años perdida, la imagen que se quedo atrás, otro paso y que de repente el mundo solo fuera eso, nada mas que eso, la cadencia de unas cuantas horas de ser lo que que se hubiera querido, y las putas y malditas canciones sonando siempre de fondo, como un fondo interminable lleno de promesas que de repente comenzaban a desbaratarse, de estar contigo es estar presente en el fin del mundo, que comenzaban a ser de verdad el fin del mundo, el fin de un mundo para el que nadie puede estar preparado, el fin de un mundo, que por alguna extraña razón, llegó a ser todo el mundo, toda la vida, todo lo que podría ser, y las luces que eran y no, y las vidas que eran y no y las mentiras que de alguna manera comenzaban a dolerse, las vidas que nunca podrían ser, las horas que se iban terminando, los adioses que comenzaban a ser presagios, los adioses, ahora más largos, convertidos en todo lo que nunca podría explicarse, lo que nunca podría podría tener sentido, la vida que era, que empezaba a ser lo que fue, los adioses adivinados y pequeños, las navidades, las fiestas, adioses otra vez, escaramuzas y otro paso, y un nos merecemos más que esto, y las puertas a ambos lados, puertas encerrando historias, historias escondidas o de mentiras, historias que de alguna manera siempre llegan al final y las promesas de quererse igual toda la vida, las promesas de ser los mismos para siempre aunque pasen los años,

todo va despacio y los pasos nunca llegan a terminar

los pasos que no se escuchan en una alfombra que no tiene fin, en un pasillo que no tiene fin, decir que muchas cosas cambian con el tiempo, pensar que muchas cosas cambian con el tiempo, pero que nada va a cambiar que el amor el cariño o como pueda llamarse, nunca va a cambiar, que el tiempo los años, son una mentira, y los finales perfilándose como verdades, dulces y cariñosos, como un final de temporada, como un to be continue, porque seguramente serán más grandes que eso, eso van a pensar cuando el final sea una certeza

y alguien seguramente no va a poder respirar

la respiración como el único signo de vida

de la vida que termina con cada historia

seguir caminando, llegar al final, pararse frente a la puerta y mirar el número, el número que se borra como la única verdad posible, y volverse sobre los pasos, porque la persona que está allí dentro, no está inquieta, no se come las uñas, no mira la hora cada tres o cuatro segundos, no revisa si hay suficiente hielo para servirse una buena docena de tragos, porque la persona que está allí dentro no espera a nadie, es el irremediable personaje de otra historia.

Y el pasillo se abre paso con su completa alfombra arabesca de lado a lado, de fin a principio.

Mañana era lunes y ya es pasado, quedó atrás.